Puede que algunos de ustedes recuerden los Premios Gamba, ese reconocimiento imaginario que en este blog hemos
otorgado muchas veces a quienes se esfuerzan por hacer que la lengua española
resulte más idiota cada día.
Los galardonados suelen ser personas que desde los
medios de comunicación generan fabulosas meteduras de pata (o de gamba), aunque
los resbalones y deslices lingüísticos se
encuentran también en libros, carteles publicitarios, doblajes de películas, y
en cualesquiera otras manifestaciones del lenguaje hablado y escrito.
En esta ocasión me voy a referir sólo a disparates que
he oído últimamente en la televión, que
irritan y mueven a risa al mismo tiempo, y que pueden dividirse en dos grandes
bloques: el de las frases construidas de manera
chocante y el de los anglicismos tontainas.
En el primer grupo podríamos incluir la frase memorable de una reportera que, al informar
sobre un caso de asesinato, dijo que la autopsia indicaba que la víctima “murió
de forma estrangulada”.
Y es que las autopsias revelan cosas asombrosas,
porque en otro caso se averiguó, según el reportero correspondiente, que las
víctimas “habían sido disparadas”.
Yo creo que estos periodistas merecen un Premio Gamba
doble: uno por la forma de construir las frases
y otro por la falta de respeto.
También resulta un poco estrafalaria la manera de referirse a la gran
cantidad de público que había acudido a despedir a una persona
fallecida: “La capilla ardiente ha
recibido muchísimas visitas y va a seguir haciéndolo”.
Sí, las capillas ardientes suelen hacer esas cosas.
Y la nieve también toma sus decisiones, no lo duden, porque un alegre reportero, colocado bajo una máquina de nieve artificial,
dijo: “Parece que está nevando, pero no
es así porque lo hace de forma artificial”.
En nuestro segundo grupo de frases atolondradas, el de
los anglicismos inútiles, podemos incluir el comentario de un tertuliano (o
tertuliana) que, refiriéndose a un ministro que había ido al congreso
sin corbata, dijo que “se presentó de casual Friday”. O el de aquel otro que se refirió al “comunity
manager” de una red social, porque seguramente no conoce la palabra
“moderador”.
Recientemente se ha inventado un verbo nuevo que sin
duda hacía muchísima falta en nuestro idioma. Es el verbo agendar , que
gusta mucho entre los políticos y los que dan información sobre ellos. Así, se dice
que un acto determinado, una comparecencia, etc, está o no está “agendado”, calcando del inglés scheduled, porque en español no disponemos de
palabras como “programado”, “previsto”, “proyectado”, “planificado”…
También oí un día a una persona televisiva referirse a “el storytelling del
asunto”, en vez de decir… bueno, la
verdad es que no sé qué quería decir.
Y tampoco estoy muy segura de qué quería decir otra cuando manifestó: “Yo exijo un streaming de las
negociaciones”; ni cuando otro comentó que “siempre ha habido conversaciones en
on y en off”.
Aunque, pensándolo bien, a lo mejor se refería a que
unas veces se habla con el cerebro encendido y otras apagado.
Para terminar, no podemos olvidarnos del periodista que afirmó que lo que había dicho
un político “es más bien whisful thinking”, en lugar de decir que
aquello era más bien “hacerse ilusiones”, o
“lo que él querría”. Se diría que algunos se creen periodistas de la BBC o de la CNN, pero eso
no es más que wishful thinking.
Yo no sé por qué dicen las estadísticas que en
España no se habla inglés. ¡Pero si no paran!
Todo esto me lleva a una profunda meditación: si
alguien que, como esta que les habla, apenas dedica a la televisión el tiempo
que dura un té o un café con tostadas, se tropieza con tantas tonterías
lingüísticas, ¿cuántas se producirán al cabo del día, en tantos programas y
cadenas como hay? Yo no me comprometo a comprobarlo.








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