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viernes, 1 de noviembre de 2024

Traducciones simpáticas

Esta entrada fue publicada originalmente en Juguetes del viento el 22 de octubre de 2012. 


Terminaba la entrada anterior con una referencia a ciertas expresiones que se utilizan en español directamente, es decir, no en textos traducidos, sino elaborados originalmente en español. Son frases que en algún momento fueron traducidas de forma inexacta y que así se siguen reproduciendo.


Una de ellas es “más grande que la vida”,  traducción literal de “bigger than life”, expresión que equivale a extraordinario.
Se utiliza con frecuencia en críticas y comentarios sobre obras artísticas, por ejemplo películas y videojuegos, en frases como “Un cine más grande que la vida”. 

Y siempre con ese sentido de extraordinario, magnífico, sensacional, superior, excelente, sobresaliente, maravilloso, fuera de lo común, grandioso...

¡Anda!, cuántas formas tenemos en español para decir bigger than life sin tener que calcar la expresión inglesa…

Bueno, yo estoy segura de que las personas que han utilizado la expresión en estos textos saben perfectamente que es un ‘transplante’ lingüístico innecesario y tontorrón, pero a lo mejor les parece que queda muy chuli y moderno.

Nuestra segunda expresión del día es “truco o trato”, que, como todo el mundo sabe, es la versión española de “trick or treat”, la famosa fórmula que caracteriza la fiesta americana de Halloween.
Yo tengo dos teorías con las que me intento explicar por qué en un momento dado “trick or treat” se convirtió  en “truco o trato”.
dreamstime.com

Primera teoría: lo tradujo alguien que sabía que trick significa truco y que treat significa tratar (verbo), pero no sabía que trick también significa travesura o broma, ni que treat (sustantivo) significa golosina, chuchería, regalo, detalle.

Porque al fin y al cabo de eso se trata: de dar golosinas o regalitos a los niños para que no te hagan una trastada.

Segunda teoría: se eligió esta forma a sabiendas de que “truco o trato” es una traducción muy poco atinada, para mejor imitar el ritmo y la sonoridad de la expresión original.

A colación de esto –y permítanme la tontería- intento yo imaginarme qué pasaría si los americanos nos copiaran a nosotros alguna de nuestras celebraciones tradicionales, propias y arraigadas en la tierra de los siglos. Por ejemplo, los desfiles procesionales de la Semana Santa, o la Feria de Sevilla, los Carnavales de Cádiz, las Fallas de Valencia…

Tendrían que transplantar al inglés expresiones propias de dichas fiestas, con el ridículo resultado de “To the heaven with her!” (¡Al cielo con ella!), cuando levantaran el trono o paso de la Virgen; o “Long live the Captive!” (¡Viva el Cautivo!), cuando pasa por las calles la figura del Cristo hecho preso; o “Excellent there, my soul! (¡Ole ahí, mi arma!); “What a salt-shaker you have!” (¡Qué salero tienes!).
Y cosas así.

La última expresión de hoy es “simpatía por el diablo” ("sympathy for the devil"), locución muy famosa y popular porque es el título de una canción de The Rolling Stones.
Pero, como muchos saben y algunos desconocen, sympathy no significa simpatía, sino compasión.
De hecho, en los diccionarios aparecen sympathy y compassion como sinónimos.
Una vez más, estamos ante una “fotocopia”,  una traducción palabra por palabra, de esas que tanto nos dejan en evidencia.

La expresión “sympathy for the devil” se usa en inglés cuando alguien manifiesta compasión o pena por alguien que no merece esa condolencia.
Si nos compadecemos de un canalla por el castigo que le impone la ley, alguien nos podrá decir que eso es “sympathy for the devil”.

Por otro lado, también se usa esta expresión para referirse a una narración que está planteada desde el punto de vista del malo.

The Rolling Stones, en su canción Sympathy for the Devil, juegan precisamente con los dos usos de la expresión: por un lado, la canción está escrita en primera persona y es el diablo el que se expresa (“Permitan que me presente/ soy un hombre que…”), y por otro, nos pide, él mismo, que tengamos compasión de él, pues quiere que le pongamos freno después de todas las maldades que ha cometido a través de los siglos: “Necesito un poco de control/ así que si se encuentran conmigo/ tengan la amabilidad/ muestren un poco de compasión…”

Como se ve, ni la expresión en sí  ni la canción tienen que ver con que el diablo nos resulte simpático ni nos caiga bien.

Es que el fenómeno de los “falsos amigos” es ciertamente muy curioso e interesante, sobre todo porque  parece un capricho lingüístico, una cuchufleta ideada por un duendecillo  que se divirtiera trasteando con las palabras. Pero es en realidad una mera y lógica consecuencia de la evolución del lenguaje y de los vaivenes que experimentan los significados de las palabras, según el uso que los hablantes hacen de las distintas acepciones de las mismas.
Una cuestión apasionante, ¿a que sí?



jueves, 16 de septiembre de 2021

Aquí la BBC

Sin duda habrán observado ustedes que cada vez resulta más difícil entender lo que se oye en nuestra televisión.

No me refiero a que se digan incoherencias, que se dicen, desde luego; ni a que se den explicaciones deslavazadas que no significan nada, ni a que en la verborrea de algunos haya sólo palabras que son como un huevo roto: una cáscara sin nada dentro. 

Todo esto ocurre, en efecto, pero ahora me refiero a esa otra manía de los parlanchines televisivos que consiste en adornar sus intervenciones con palabras en inglés, en incrustar términos de la lengua británica en sus discursitos, para, supongo yo, darse una pátina de modernidad y cosmopolitismo. Con resultado siempre ridículo, por cierto.

Comprendo que en algunos casos hay un estudiado afán de no llamar a las cosas por su nombre para hacerlas pasar por algo chuli. Es obvio, por ejemplo, en el caso de los minijobs, que suena mucho más simpático que "contrato basura"; o rider, que queda mucho más cool que "repartidor".

Pero no me explico qué necesidad puede tener un periodista de decir, por ejemplo, que habría que hacer "un test de antígenos antes del inside y cuando se acabe el inside cada uno a su  casa". O que "Reino Unido ha hecho un lock-down total".

También me cuesta entender qué lleva a personas de habla española a decir que hay que mutear el micrófono, topar el precio del gas, o "tranquilizar a la gente en cuanto al timing". Bueno, tranquilíceme usted primero explicándome qué es eso del "timing", hágame el favor.

Yo me pregunto si quien habla así es simplemente un cursi o un pedante, o si es que en realidad no sabe que esas palabras extranjeras tienen su forma correspondiente en nuestra propia lengua. A veces, sinceramente, creo que es lo segundo, que la ignorancia del propio idioma lleva a algunas personas a pensar que en español  no tenemos términos o expresiones  equivalentes a timingsmoothie, tipoutfit , fake news, trending topic..., y quizá por eso se dicen cosas tales como que "esto es un preprint"  o que "se va publicar un nuevo paper".

Me imagino la confusión y el desconcierto de muchas personas, sobre todo personas mayores, cuando oyen esa sarta de anglicismos, esa retahíla de términos ajenos a nuestro idioma que adornan las frases de quienes hablan en la tele, ya sea en una tertulia, en un concurso, en la publidad, etc.

Esta forma de complicar el discurso, de dificultar la comprensión llenendo nuestra lengua de palabras extranjeras me parece una falta de consideración y de respeto, no sólo a la propia lengua sino también a las personas que no entienden ni tienen por qué entender otro idioma. 

Creo que eso es lo que más me molesta de esta tendencia tontaina. O trending foolishness.

 

Dreamstime steampunk



jueves, 31 de octubre de 2019

Traducciones simpáticas

Celebrando la historia de Juguetes del viento, hoy recuperamos esta entrada, que fue  publicada originalmente el 22 de octubre de 2012.


Terminaba la entrada anterior con una referencia a ciertas expresiones que se utilizan en español directamente, es decir, no en textos traducidos, sino elaborados originalmente en español. Son frases que en algún momento fueron traducidas de forma inexacta y que así se siguen reproduciendo.

Una de ellas es “más grande que la vida”,  traducción literal de “bigger than life”, expresión que equivale a extraordinario.
Se utiliza con frecuencia en críticas y comentarios sobre obras artísticas, por ejemplo películas y videojuegos, en frases como “Un cine más grande que la vida”, y siempre con el sentido de extraordinario, magnífico, sensacional, superior, excelente, sobresaliente, maravilloso, fuera de lo común, grandioso...
¡Anda!, cuántas formas tenemos en español para decir bigger than life sin tener que calcar la expresión inglesa…

Bueno, yo estoy segura de que las personas que han utilizado la expresión en estos textos saben perfectamente que es un ‘transplante’ lingüístico innecesario y tontorrón, pero a lo mejor les parece que queda muy chuli y moderno.

Nuestra segunda expresión del día es “truco o trato”, que, como todo el mundo sabe, es la versión española de “trick or treat”, la famosa fórmula que caracteriza la fiesta americana de Halloween.
Yo tengo dos teorías con las que me intento explicar por qué en un momento dado “trick or treat” se convirtió  en “truco o trato”.

Dreamstime.com

Primera teoría: lo tradujo alguien que sabía que trick significa truco y que treat significa tratar (verbo); pero no sabía que trick también significa travesura o broma, ni que treat (sustantivo) significa golosinachucheríaregalodetalle.
Porque al fin y al cabo de eso se trata: de dar golosinas o regalitos a los niños para que no te hagan una trastada.
Segunda teoría: se tradujo así a sabiendas de que “truco o trato” es una traducción muy poco atinada, pero se eligió esta forma para mejor imitar el ritmo y la sonoridad de la expresión original.

A colación de esto –y permítanme la tontería- intento yo imaginarme qué pasaría si los americanos nos copiaran a nosotros alguna de nuestras celebraciones tradicionales, propias y arraigadas en la tierra de los siglos. Por ejemplo, los desfiles procesionales de la Semana Santa, o la Feria de Sevilla, los Carnavales de Cádiz, las Fallas de Valencia…
Tendrían que transplantar al inglés expresiones propias de dichas fiestas, con el ridículo resultado de “To the heaven with her!” (¡Al cielo con ella!), cuando levantaran el trono o paso de la Virgen; o “Long live the Captive!” (¡Viva el Cautivo!), cuando pasa por las calles la figura del Cristo hecho preso; o “Excellent there, my soul! (¡Ole ahí, mi arma!); “What a salt-shaker you have!” (¡Qué salero tienes!).
Y cosas así.

La última expresión de hoy es “simpatía por el diablo” ("sympathy for the devil"), locución muy famosa y popular porque es el título de una canción de The Rolling Stones.
Pero, como muchos saben y algunos desconocen, sympathy no significa simpatía, sino compasión.
De hecho, en los diccionarios aparecen sympathy y compassion como sinónimos.

Una vez más, estamos ante una “fotocopia”,  una traducción palabra por palabra, de esas que tanto nos dejan en evidencia.

La expresión “sympathy for the devil” se usa en inglés cuando alguien manifiesta compasión o pena por alguien que no merece esa condolencia.
Si nos compadecemos de un canalla por el castigo que le impone la ley, alguien nos podrá decir que eso es “sympathy for the devil”.

Por otro lado, también se usa esta expresión para referirse a una narración que está planteada desde el punto de vista del malo.

The Rolling Stones, en su canción Sympathy for the Devil, juegan precisamente con los dos usos de la expresión: por un lado, la canción está escrita en primera persona y es el diablo el que se expresa (“Permitan que me presente/ soy un hombre que…”), y por otro, nos pide, él mismo, que tengamos compasión de él, pues quiere que le pongamos freno después de todas las maldades que ha cometido a través de los siglos: “Necesito un poco de control/ así que si se encuentran conmigo/ tengan la amabilidad/ muestren un poco de compasión…”

Como se ve, ni la expresión en sí  ni la canción tienen que ver con que el diablo nos resulte simpático ni nos caiga bien.

Es que el fenómeno de los “falsos amigos” es ciertamente muy curioso e interesante, sobre todo porque  parece un capricho lingüístico, una cuchufleta ideada por un duendecillo  que se divirtiera trasteando con las palabras. Pero es en realidad una mera y lógica consecuencia de la evolución del lenguaje y de los vaivenes que experimentan los significados de las palabras, según el uso que los hablantes hacen de las distintas acepciones de las mismas.
Una cuestión apasionante, ¿a que sí?


domingo, 10 de marzo de 2019

Ingredientes para un enigma


 Seguimos celebrando los diez años de Juguetes del viento recordando algunas de  las entradas que conforman la historia del blog.

Ésta se publicó originalmente el 25 de agosto de 2014.


¿Se imaginan ustedes que existiera un libro escrito en un idioma que nadie entendiera? ¿Y que estuviera además lleno de  dibujos y gráficos que nadie supiese interpretar?
¿No sería intrigante un libro así, de factura medieval, de cuidada caligrafía y vivo colorido, que hubiera llegado hasta nosotros sin título, sin fecha y sin nombre de autor?
Pues lo cierto es que tal libro existe, y que no son estos los únicos hechos  interesantes relacionados con él.

Wilfrid VoynichPensemos ahora  en un joven polaco, químico de formación, que por motivos políticos fue encarcelado y deportado a Siberia en 1885;  que cinco años después consiguió escapar y que tras diversos avatares pudo llegar a Londres, donde se estableció definitivamente y comenzó una nueva vida como coleccionista y vendedor de libros  antiguos y curiosos.
El joven se llamaba Wilfrid Voynich.

Ahora nos vamos a Italia. Allí, en la ciudad de Frascati, había un antiguo edificio llamado Villa Mondragone, que pertenecía a la Biblioteca del Vaticano y que los  religiosos jesuitas habían convertido en escuela privada. A principios del siglo XX, necesitados de dinero, los religiosos  decidieron  vender parte de los fondos de su biblioteca. Ante tal reclamo para bibliófilos no es de extrañar que Voynich viajara hasta allí y acabara comprando una buena cantidad de manuscritos.
Entre ellos estaba el libro indescifrable, que desde poco después sería conocido como Manuscrito Voynich.

Esto ocurrió en 1912 y desde entonces hasta hoy el manuscrito Voynich ha seguido siendo un verdadero misterio sin resolver.
Muchos expertos, incluido el propio Voynich, trataron de descifrar el contenido de sus páginas, y tan imposible resultaba que algunos decidieron que el libro era una falsificación, que el idioma en el que estaba escrito era una lengua inventada y que en realidad no había nada que descifrar porque no significaba nada.

Manuscrito Voynich Se llegó incluso a acusar al propio Voynich de ser el autor del fraude, de haber creado un falso libro antiguo.
Sin embargo, investigaciones posteriores permitieron datar con certeza el manuscrito en  el siglo XV. Y también se  averiguó que el lenguaje  en el que está escrito tiene rasgos en común con las lenguas naturales. Es decir, no era un lenguaje inventado, sino un idioma real codificado.

Esto llevó a pensar que el libro pudiese ser un tratado de alquimia, pues los alquimistas, considerados herejes, publicaban sus estudios e investigaciones en textos cifrados. 

Pero teorías sobre el contenido y el idioma del libro hay otras muchas, como la que afirma que se trata de una obra de juventud de Leonardo da Vinci;  la que propone que se trata de un manual de higiene escrito en alemán medieval y en espejo, es decir, con la caligrafía invertida; la que asegura que es un texto escrito en un idioma secreto y que Jesús entregó a Judas; o mi favorita, según la cual el manuscrito Voynich es un libro llegado del futuro, escrito en hebreo cifrado y que trata sobre tecnología alienígena.

Manuscrito Voynich 
A pesar de todos los intentos, serios o disparatados, por descifrar el enigma, Voynich murió en 1930 sin saber cuál era el mensaje de su libro.
El siguiente propietario del manuscrito fue un coleccionista americano, Hans Peter Kraus, que lo compró a los herederos de Voynich en 1961, y que en 1969 lo donó a la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, donde se conserva en la actualidad.

Y de actualidad vuelve a estar el manuscrito Voynich en 2014.
El pasado mes de febrero se anunció que Stephen Bax, lingüista de la universidad de Bedfordshire y experto en manuscritos medievales,  ha conseguido penetrar en el misterio del libro y dar con la clave para desentrañarlo, utilizando minuciosas técnicas de análisis lingüístico.

Así ha logrado decodificar nueve palabras, correspondientes a nombres de estrellas y plantas como tauro, centaurea, algodón o eléboro.
Según el catedrático, estas palabras, que pueden ser el punto de partida para descifrar el texto completo, llevan a pensar que el manuscrito Voynich es probablemente un tratado sobre la naturaleza y que está escrito en alguna lengua oriental.

Qué emocionante tiene que ser descubrir el misterio de un libro cuyas páginas han permanecido en silencio durante 600 años.
Qué emocionante debió de ser para Wilfrid Voynich intuir la importancia del manuscrito que le había comprado a los frailes italianos.
Y qué emocionante es imaginar a alguien, perdido en el tiempo, escribiendo esas páginas, llenándolas con palabras secretas y dibujando, a la pobre luz de una vela, enigmáticas figuras. Alguien queriendo dejar testimonio de sus ideas; queriendo preservar, con enorme esfuerzo y dedicación, lo que sabía de su mundo  que es también el nuestro.



martes, 10 de abril de 2018

Lingüistas y alienígenas


Dedicado a MJ

En respuesta a la sugerencia que les presenté en la entrada de aniversario, nuestra amiga MJ me mandó un correo con una propuesta.
Según me decía, había visto La llegada (“Arrival”, Denis Villeneuve, 2016), y como le había interesado la teoría lingüística en la que se basa esta película, me proponía que comentase algo al respecto.

Yo también había visto la película, y me había llamado la atención que tuviese como fundamento una teoría lingüística, en concreto la llamada “Hipótesis de Sapir-Whorf”. Así que la sugerencia de MJ me da ocasión de meditar un poco sobre asuntos que guardan relación con otros que ya han ido apareciendo en el blog otras veces. 

En la película citada vemos a unos lingüistas que intentan desentrañar la forma de comunicación, el “idioma”, de unos extraterrestres que han llegado a nuestro planeta, para poder comunicarse con ellos y conocer los propósitos de su visita. Se podría decir, por cierto, que se establece entre ellos una especie de “encuentros en la tercera frase”, y perdonen ustedes la tontería.
En ese intento de comprender el lenguaje de los alienígenas es donde aparece reflejada la hipótesis de Sapir-Whorf, también denominada “teoría de la relatividad lingüística”.

Dicho en términos muy elementales, esta hipóteis establece que el idioma que hablamos influye en nuestro pensamiento; es decir,  que los hablantes de lenguas diferentes tienen formas diferentes de pensar. Por eso en la película se plantea que cuando la protagonista descubra la clave del lenguaje del alien, adquirirá no sólo ese lenguaje, sino también la concepción de la realidad que ese lenguaje conlleva.

Como han dicho algunos lingüistas, la película toma la hipótesis de Sapir-Whorf al pie de la letra y la lleva al extremo, aunque para eso es una película y además de ciencia-ficción. Sin embargo, en el terreno puramente lingüístico, la cosa no es tan clara ni tan definida.

A principios del siglo XX (aunque la idea ya surgió en el siglo XIX),  el lingüista Edward Sapir  planteó la posibilidad de que el lenguaje influyera en la manera en que sus hablantes interpretan la realidad; es decir, que la forma en que concebimos el mundo dependería en cierta medida de nuestros respectivos idiomas, de sus estructuras internas.

Años más tarde, tras la muerte de Sapir, un alumno y colaborador suyo, Benjamin Whorf, reelaboró y extendió la idea del profesor, dando origen a la hipótesis que hoy lleva el nombre de ambos, aunque nunca fue establecida como tal por ellos mismos, ni en común ni por separado.

ArrivalWhorf estaba convencido de que la gramática de cada idioma influye en la forma de pensar de sus hablantes, y para ello se basaba en sus investigaciones sobre la lengua de los indios Hopi: había observado que mientras que en las lenguas europeas el tiempo se representa de manera lineal –pasado, presente y futuro–, en la lengua hopi el tiempo se percibe como un flujo circular, y esa es  precisamente la característica que tiene el lenguaje de los extraterrestres de la película.

La hipótesis de Sapir-Whorf  siempre ha sido polémica, y sigue siendo objeto de debate hoy día. Muchos lingüistas descartan que el lenguaje determine la forma en que sus hablantes conciben la realidad, porque las estructuras lingüísticas, como planteó Noam Chomsky,  son universales, comunes a todos los idiomas; de manera que todos los seres humanos pensamos las mismas cosas y concebimos el mundo de igual manera, independientemente de cuál sea nuestra lengua materna.

Por otra parte, según indican otros expertos, la teoría de Whorf implicaría que no existe una realidad objetiva, sino realidades diferentes para los hablantes de idiomas de estructuras diferentes. Y se derivaría también que nuestro pensamiento no es libre, sino que está limitado o dirigido por el idioma que hablemos.

El asunto es sin duda apasionante, pero yo no puedo opinar más que basándome en mi personal y poco científica intuición sobre el asunto. Y en ese sentido, mi impresión es que el lenguaje no determina nuestra visión de la realidad, del entorno en el que vivimos, sino que lo refleja, lo representa; porque sí creo en la teoría de Chomsky, en que todos los hablantes compartimos una gramática esencialmente universal; que todos, sea cual sea nuestra lengua materna, compartirmos una especie de gramática innata, que se refleja en los llamados “universales lingüísticos” (rasgos que son comunes a todas las lenguas). 

También creo que en las cuestiones humanas fundamentales (los miedos, los deseos, las necesidades, las esperanzas…) todos los seres humanos, seamos de la nacionalidad que seamos y hablemos la lengua que hablemos, somos iguales. Por eso entendemos el arte y el pensamiento de pueblos muy lejanos en el tiempo y el espacio. Y dado que las lenguas son todas traducibles entre sí, ¿no significa eso que nuestra concepción del mundo y de la vida es básicamente semejante, aunque nuestros idiomas sean diferentes?

También es cierto que se puede utilizar el lenguaje -lo vemos casi a diario- para crear una supuesta realidad. Pero ésa es otra cuestión.
Y también es verdad que pensamos con palabras, que le damos forma al pensamiento con el lenguaje, pero eso no significa que el lenguaje cree la realidad sobre la que pensamos; simplemente la expresa, y la expresaremos mejor cuanto mejor sea nuestro conocimiento del lenguaje.

Y por último, creo también que aunque todos los hablantes del mundo concibamos la realidad de igual o semejante manera, el conocer diferentes idiomas nos da diferentes perspectivas de la realidad, porque en ocasiones distintos idiomas enfocan una misma realidad desde puntos de vista diferentes. De nuevo, esto no implicaría diferentes concepciones de la realidad, sino la posibilidad de verla desde diferentes ángulos.

La película La llegada, al margen de que nos guste mucho o poco, tiene un interés fundamental: que presenta una reflexión sobre el lenguaje, eso tan nuestro, tan esencial y tan trascendente.
Por eso, sea cual sea la verdad del asunto, tengan razón Sapir y Whorf, la tenga Chomsky o la tenga el próximo lingüista que elabore una nueva teoría, lo más interesante de todo es precisamente que haya teorías diferentes, que nos preguntemos por los orígenes y por todas las circunstancias relacionadas con esta capacidad humana maravillosa que es el lenguaje. Y, como he dicho otras veces, me fascina que después de miles de años utilizando el lenguaje sigamos sin desentrañar sus misterios y sigamos intrigados por la naturaleza de lo que precisamente nos hace ser lo que somos.


 Arrival film


domingo, 25 de febrero de 2018

Informal y relajado


Dedicado a *entangled*

En respuesta a la idea que les presenté  en la entrada de aniversario, *entangled* propuso un tema que me pareció difícil. Y me lo pareció por dos razones: porque mi primera impresión fue que requeriría unos conocimientos específicos que yo no tengo, y –más grave aún– porque no estaba segura de entender bien lo que planteaba.

Después he visto que se podía tratar el asunto sin recurrir a áridas explicaciones lingüísticas, pero sigo sin estar segura de si el contenido de esta entrada se ajusta a la propuesta. Espero sin embargo que sea así, y que, en cualquier caso, resulte de algún interés para ustedes.

La cuestión planteada por *entangled* es “por qué los angloparlantes hablan tan mal su propio idioma”. En concreto nos decía:
“Cuando estaba estudiando, me junté con una tropa de americanos […] con propósito de intercambios culturales. Ellos me corregían mis errores fonéticos y viceversa. Y un buen día apareció una tal Edna, que resultó que cometía los mismos errores que yo, pero a todo el mundo le parecía normal. Ante mis quejas, uno de los gringos me explicó en voz baja: «Verás… es que… Edna… bueno, ella es de Atlanta».

No sé si la persona que dijo eso hablaba en serio o si es que Atlanta es de esos lugares que en cada país se convierten en objeto de chistes más o menos graciosos sobre la supuesta rusticidad de sus habitantes.

Pero la cuestión es que Edna, al parecer, no hablaba un inglés académico precisamente. Y ante esto surge automáticamente la pregunta: ¿es que acaso todos los españoles (o todos los franceses, italianos, alemanes…) hablan su idioma de manera impoluta?

Creo entender que *entangled* se refiere a que aquella estudiante americana cometía errores de pronunciación impropios en teoría de un hablante nativo;  errores  que en él se consideraban como tales y le corregían, y que en ella en cambio se veían como algo natural.
Y yo creo que se trata precisamente de eso: en un hablante nativo determinados modos de pronunciación se consideran peculiaridades del habla, ya sean individuales o regionales; mientras que al extranjero que estudia una lengua esas peculiaridades se le corrigen como errores porque se alejan de la norma, de la variedad de lengua estándar, que es la que se estudia en los diferentes ámbitos de enseñanza.

De hecho,  con frecuencia, quienes han estudiado un idioma extranjero lo hablan con mayor corrección que el hablante nativo medio, ya que los hablantes extranjeros son más conscientes de las reglas gramaticales, y tienen también el afán de ir eliminando sus errores conforme avanzan en el estudio de la lengua.

Aparte de esto, creo que a veces nos parece que los hablantes nativos hablan mal su propio idioma debido a lo que se denomina “pronunciación relajada”, que es simplemente la forma en que hablamos cuando utilizamos un lenguaje informal (que no es lo mismo que vulgar).
Esa pronunciación relajada se caracteriza entre otras cosas, por la pérdida de letras o sílabas y por la fusión de unas palabras con otras, y esto puede dar la impresión de un lenguaje mal hablado porque no coincide exactamente con lo que hemos aprendido al estudiar el idioma.

El inglés, como cualquier otra lengua, tiene dos variedades básicas: la formal y la coloquial o informal.  Y en el inglés coloquial no se dice, por ejemplo, “want to” sino “wanna”; ni “don’t know” sino “dunno”; y más que “do yo”, oiremos “d’ju”; o “coulda” en vez de “could have”... 
Estos son sólo unos cuantos ejemplos de las variaciones que caracterizan la pronunciación relajada del inglés, y que se producen sobre todo con expresiones muy habituales, con palabras y fórmulas que se utilizan constantemente.
Además, el inglés, por sus peculiares características, permite también determinados procesos fonéticos, determinadas modificaciones de la pronunciación y la ortografía, que pueden resultar ajenos al hablante extranjero.

La tendencia natural de los hablantes de cualquier idioma es la de simplificar y acelerar el habla en su uso cotidiano, porque en este caso lo que se impone es la comunicación inmediata y cómoda.
Pero todo esto, como decimos, forma parte del lenguaje coloquial, que no implica necesariamente formas erróneas, como tampoco son erróneas, por ejemplo, las formas dialectales de cualquier idioma, aunque no se ajusten a la lengua estándar.

Otra cosa, claro está, son las formas incorrectas de la lengua, los vulgarismos. “Habemos visto”, “si lo fueras dicho”, “contra más”, “me se olvidó”, “aluego”, “medecina”, o cualesquiera otros dislates lingüísticos que oímos y vemos constantemente, son ejemplos de vulgarismos del español, en los que no caerá un extranjero que estudie nuestro idioma.  Y, obviamente, en los demás idiomas también se producen vulgarismos, ya sean gramaticales, fonéticos o léxicos.

En fin, no sé si aquella joven llamada Edna hablaba en verdad un inglés incorrecto. Y tampoco sé si los ingleses y los americanos que hablan mal su idioma son la mayoría. Lo que sí sé es que el uso deficiente del propio idioma no es un mal exclusivo  de los angloparlantes. 

old maps mapas antiguos

martes, 18 de abril de 2017

Literalmente bizarro


Repasando un libro de David Crystal, he encontrado una afirmación que me ha hecho pensar otra vez en un asunto del que ya hemos hablado en este blog con anterioridad.
Tal afirmación tiene que ver con los cambios que se producen en las lenguas a lo largo del tiempo, y que son precisamente lo que indica que una lengua está viva.

Dice Crystal que esos cambios, de cualquier aspecto gramatical, sólo se pueden identificar y analizar una vez que se han producido, ya  que es prácticamente imposible predecirlos.

Como digo, me he parado a pensar en esto, y más concretamente en los cambios de significado que experimentan a veces las palabras a lo largo de su historia. Y me parece que hay ocasiones en que esos cambios semánticos sí se pueden predecir o, al menos, verlos venir desde lejos. 
Y digo esto porque nosotros, en este blog, ya anticipamos hace tiempo uno de esos cambios de significado: el de la palabra bizarro.

Como saben ustedes, esta palabra significa (o significaba hasta hace unos años) valiente, aguerrido, gallardo
Era una palabra poco usada en la actualidad, pero desde hace algún tiempo y en algunos ámbitos, se ha vuelto bastante común, aunque con un significado diferente: el de raro o extravagante, que es el significado que tiene la palabra  bizarre en inglés y en francés.

En aquella ocasión señalamos que quizá con el tiempo esta palabra llegase a adquirir "oficialmente" el significado que tiene en dichos idiomas,  dado que su uso con el significado foráneo estaba cada vez más extendido.
En efecto, este significado ha seguido afianzándose en el habla coloquial, y como confirmación de ese uso generalizado, el nuevo significado ya aparece recogido en diversos diccionarios.
Por lo tanto, me parece a mí que podemos considerar que bizarro ha adquirido ya definitivamente el significado de extravagante


Esto puede resultar irritante para muchos, sobre todo porque es un cambio que tiene su origen en una  interpretación errónea (por ignorancia o por esnobismo) de un término extranjero. Y resulta difícil admitir que  un intruso de esa calaña se instale en el idioma.

Sin embargo, cuando una palabra hace fortuna y se asienta en el habla, es como una ola del mar que ha llegado a la orilla.

Pero no es esta la única palabra que está experimentando un proceso de modificación semántica; vamos, que está cambiando de significado ahora mismo, delante de nuestros ojos.  Me estoy refiriendo al adverbio literalmente. ¿No han oído ustedes ya muchas veces frases como “estaba literalmente en las nubes”, o “se subía literalmente por las paredes”, cuando es obvio que nadie estaba en las nubes ni se subía por las paredes literalmente sino figuradamente?

Así es: literalmente ya no se usa sólo para referirse a algo que se dice con exactitud, con pleno sentido, sino que está adquiriendo también un sentido enfático, para expresar una idea de manera exagerada o con intensidad.  

Dicho de otro modo, literalmente adquiere el significado de en sentido figurado. Curioso, ¿eh?
De ser así, de consolidarse este uso, como parece que está sucediendo, el término literalmente se convertiría en un contrónimo, ya saben, esas palabras que significan una cosa y la contraria. 

También es curioso que en inglés está ocurriendo lo mismo con literally, tal y como indica el Diccionario Oxfordque explica que en los últimos años se ha hecho muy común un uso no literal de esta palabra, para crear un efecto de exageración. Y añade que aunque este uso está muy extendido no se considera aceptable en contextos formales. 

Pero más curioso aún es que de este uso “no literal” de literally ya hay constancia en el siglo XVIII. ¿Estaremos entonces ante un caso de vaivén lingüístico, que es un concepto que me acabo de inventar? Es decir, que este nuevo sentido de la palabra sería en realidad una vuelta a sus orígenes. Y así podría ser, pues sin duda en los misteriosos mecanismos del lenguaje caben fenómenos  de este tipo.

Yo creo que hasta tiempos recientes las palabras, las expresiones, cambiaban con mucha lentitud, con la lentitud con que evolucionan los organismos vivos; y que los cambios necesitaban mucho tiempo para difundirse entre los hablantes; y que las formas nuevas tardaban en consolidarse, en asentarse en el habla primero y en la lengua escrita después.  
Y me da la impresión de que ahora las lenguas cambian mucho más rápido, como todo. Entre otras razones porque hay un contacto más intenso entre los idiomas (lo cual, como hemos visto, es una de las causas de los cambios semánticos), y la influencia de unos sobre otros es más inmediata. Y porque los medios de comunicación y las nuevas tecnologías hacen que los usos lingüísticos –sean o no acertados- se transmitan y se contagien entre los hablantes con una facilidad extraordinaria.
  
Yo no sé si esto será bueno o malo ni a qué conducirá, pero sí sé que es inevitable.