Dedicado a MJ
En respuesta a la sugerencia que les presenté en la entrada de aniversario, nuestra amiga MJ me mandó un
correo con una propuesta.
Según me decía, había visto La llegada
(“Arrival”, Denis Villeneuve, 2016), y como le había interesado la teoría lingüística
en la que se basa esta película, me proponía que comentase algo al
respecto.
Yo también había visto la película, y me había llamado
la atención que tuviese como fundamento una teoría lingüística, en concreto la llamada “Hipótesis
de Sapir-Whorf”. Así que la sugerencia de MJ me da ocasión de meditar un poco
sobre asuntos que guardan relación con otros que ya han ido apareciendo en el
blog otras veces.
En la película citada vemos a unos lingüistas que
intentan desentrañar la forma de comunicación, el “idioma”, de unos
extraterrestres que han llegado a nuestro planeta, para poder comunicarse con ellos y conocer los
propósitos de su visita. Se podría decir, por cierto, que se establece entre
ellos una especie de “encuentros en la tercera frase”, y perdonen
ustedes la tontería.
En ese intento de comprender el lenguaje de los
alienígenas es donde aparece reflejada la hipótesis de Sapir-Whorf, también
denominada “teoría de la relatividad lingüística”.
Dicho en términos muy elementales, esta hipóteis
establece que el idioma que hablamos influye en nuestro pensamiento; es
decir, que los hablantes de lenguas
diferentes tienen formas diferentes de pensar. Por eso en la película se
plantea que cuando la protagonista descubra la clave del lenguaje del alien,
adquirirá no sólo ese lenguaje, sino también la concepción de la realidad que ese lenguaje conlleva.
Como han dicho algunos lingüistas, la película toma la
hipótesis de Sapir-Whorf al pie de la letra y la lleva al extremo, aunque para
eso es una película y además de ciencia-ficción. Sin embargo, en el terreno puramente
lingüístico, la cosa no es tan clara ni tan definida.
A principios del siglo XX (aunque la idea ya surgió en
el siglo XIX), el lingüista Edward
Sapir planteó la posibilidad de que el
lenguaje influyera en la manera en que sus
hablantes interpretan la realidad; es decir, que la forma en que concebimos el
mundo dependería en cierta medida de nuestros respectivos idiomas, de sus
estructuras internas.
Años más tarde, tras la muerte de Sapir, un alumno y
colaborador suyo, Benjamin Whorf, reelaboró y extendió la idea del profesor,
dando origen a la hipótesis que hoy lleva el nombre de ambos, aunque nunca fue
establecida como tal por ellos mismos, ni en común ni por separado.
Whorf estaba convencido de que la gramática de cada idioma influye
en la forma de pensar de sus hablantes, y para ello se basaba en sus
investigaciones sobre la lengua de los indios Hopi: había observado que
mientras que en las lenguas europeas el tiempo se representa de manera lineal
–pasado, presente y futuro–, en la lengua hopi el tiempo se percibe como un
flujo circular, y esa es precisamente la
característica que tiene el lenguaje de los extraterrestres de la película.
La hipótesis de Sapir-Whorf siempre ha sido polémica, y sigue siendo
objeto de debate hoy día. Muchos lingüistas descartan que el lenguaje determine
la forma en que sus hablantes conciben la realidad, porque las estructuras
lingüísticas, como planteó Noam Chomsky,
son universales, comunes a todos los idiomas; de manera que todos los
seres humanos pensamos las mismas cosas y concebimos el mundo de igual manera,
independientemente de cuál sea nuestra lengua materna.
Por otra parte, según indican otros expertos, la
teoría de Whorf implicaría que no existe una realidad objetiva, sino realidades
diferentes para los hablantes de idiomas de estructuras diferentes. Y se
derivaría también que nuestro pensamiento no es libre, sino que está limitado o
dirigido por el idioma que hablemos.
El asunto es sin duda apasionante, pero yo no puedo
opinar más que basándome en mi personal y poco científica intuición sobre el asunto.
Y en ese sentido, mi impresión es que el lenguaje no determina nuestra visión
de la realidad, del entorno en el que vivimos, sino que lo refleja, lo
representa; porque sí creo en la teoría de Chomsky, en que todos los hablantes
compartimos una gramática esencialmente universal; que todos, sea cual sea
nuestra lengua materna, compartirmos una especie de gramática innata, que se refleja en los llamados “universales lingüísticos” (rasgos que son comunes a todas las lenguas).
También creo que en las cuestiones humanas
fundamentales (los miedos, los deseos, las necesidades, las esperanzas…) todos
los seres humanos, seamos de la nacionalidad que seamos y hablemos la lengua
que hablemos, somos iguales. Por eso entendemos el arte y el pensamiento de
pueblos muy lejanos en el tiempo y el espacio. Y dado que las lenguas son todas
traducibles entre sí, ¿no significa eso que nuestra concepción del mundo y de
la vida es básicamente semejante, aunque nuestros idiomas sean diferentes?
También es cierto que se puede utilizar el lenguaje
-lo vemos casi a diario- para crear una supuesta realidad. Pero ésa es
otra cuestión.
Y también es verdad que pensamos con palabras, que le
damos forma al pensamiento con el lenguaje, pero eso no significa que el
lenguaje cree la realidad sobre la que pensamos; simplemente la expresa, y la
expresaremos mejor cuanto mejor sea nuestro conocimiento del lenguaje.
Y por último, creo también que aunque todos los
hablantes del mundo concibamos la realidad de igual o semejante manera, el
conocer diferentes idiomas nos da diferentes perspectivas de la realidad,
porque en ocasiones distintos idiomas enfocan una misma realidad desde puntos
de vista diferentes. De nuevo, esto no implicaría diferentes concepciones de la
realidad, sino la posibilidad de verla desde diferentes ángulos.
La película La llegada, al margen de que nos
guste mucho o poco, tiene un interés fundamental: que presenta una reflexión
sobre el lenguaje, eso tan nuestro, tan esencial y tan trascendente.
Por eso, sea cual sea la verdad del asunto, tengan
razón Sapir y Whorf, la tenga Chomsky o la tenga el próximo lingüista que
elabore una nueva teoría, lo más interesante de todo es precisamente que haya
teorías diferentes, que nos preguntemos por los orígenes y por todas las
circunstancias relacionadas con esta capacidad humana maravillosa que es el
lenguaje. Y, como he dicho otras veces, me fascina que después de miles de años utilizando el lenguaje sigamos sin desentrañar sus misterios y sigamos intrigados por la naturaleza de
lo que precisamente nos hace ser lo que somos.