lunes, 26 de junio de 2023

Yo inventé los blogs

Juguetes del viento acaba de cumplir un año más, quince nada menos, y para celebrarlo he querido recordar esta entrada que se publicó originalmente el 2 de junio de 2011. También quiero manifestar mi más profunda gratitud a los lectores que me acompañaron en etapas anteriores y a los que siguen acompañándome hoy.


Yo inventé los blogs

Bueno, no es eso exactamente.
En realidad debería decir, para ajustarme más a la verdad, que yo deseé los blogs antes de que estos se inventaran.
Porque cuando yo era adolescente, preadolescente incluso, imaginaba -o deseaba- un lugar donde uno pudiera escribir cosas y otras personas pudieran leerlo.
Sí, claro, existían los periódicos, las revistas y los libros, pero eso era inaccesible para la gente normal y corriente y sobre todo para los niños.

Lo que yo anhelaba era un lugar, un medio, donde pudiera escribir cualquiera, por ejemplo yo, y que fuera público. Un sitio donde hablar de lo que a uno le interesaba o le gustaba; de lo que uno pensaba sobre cualquier asunto, o contar algo interesante que nos hubiera pasado; algo que fuera importante para nosotros…


Y pensaba y pensaba qué sitio podría ser ese, cómo se podría llevar a cabo lo que yo imaginaba. Pero no se me ocurría nada que no fuera lo que ya existía, y que, efectivamente, no estaba a mi alcance.

Por aquel entonces yo me conformaba –qué remedio- con escribir para mí misma: un diario para las cositas personales, y una libreta donde apuntaba otras cosas que sí me hubiera gustado "publicar". Por ejemplo, juegos de palabras que se me ocurrían; cuentecillos y sobre todo, errores de expresión encontrados en diferentes medios o curiosidades lingüísticas escuchadas por aquí y por allá.

Recuerdo, por ejemplo,  haber anotado una frase que oí en una película, en la que unos amigos iban a un restaurante y decía uno de ellos: “Vamos a ordenar una pizza”. Y  a continuación de la frase yo comentaba que deberían haber dicho “vamos a pedir una pizza”, y que sin duda se trataba de un error de traducción.
Ya se sabe: el repipi no se hace; nace.

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De manera que para dar rienda suelta a mi vocación de correctora repelente, de cansina notaria de lo cotidiano y de narradora pretenciosa, lo único que podía hacer era esperar a ser mayor, estudiar periodismo y, cuando trabajara en un periódico o una revista, escribir artículos sobre esas cosas.
O, directamente, hacerme escritora (risas).

Por supuesto, estamos hablando de la era paleozoica, de modo que los ordenadores no eran todavía, ni mucho menos, de uso doméstico, y de internet no conocíamos ni el nombre.

Durante un breve espacio de tiempo, pude en cierto modo dar satisfacción a esos anhelos míos de escribir cosas y que aparecieran en algún sitio. Fue cuando algún profesor del instituto, con mucha voluntad y pocos medios, puso en marcha una revista. Y allá que fui yo a contribuir con articulillos y comentarios.
La experiencia no duró mucho, pero sirvió para que me diera cuenta de una cosa: aquello no era lo que yo buscaba.
No. Seguía sin saber qué era, en qué consistía lo que yo soñaba, pero no era una revista de instituto.
Era otra cosa. Tenía que haber otra cosa.

Y ahí me quedé, en ese anhelo, en ese echar de menos algo que no sabía qué era pero que, estaba segura, tarde o temprano tendría que aparecer.

Hasta que un buen día, ya en el siglo XXI, y ya con internet en nuestras vidas como elemento cotidiano, oí hablar de los “diarios online”, de los weblogs y de los blogs.
 Al principio no sabía muy bien qué eran realmente, pero cuando lo comprendí y empecé a ver algunos me dije: ¡Tate! Ahí está. Eso era.

Y efectivamente, eso era.

Lo que hoy llamamos blogs tan alegremente, que consideramos algo de lo más normal y que está al alcance de cualquiera, es aquello con lo que yo soñaba, lo que yo esperaba, aunque no supiera ni cómo denominarlo.

Y es que como todos somos humanos y todos tenemos los mismos sueños y las mismas necesidades, no hay más que esperar –con paciencia, eso sí- a que alguien invente o dé forma a lo que otros solo podemos intuir vagamente.

Y siempre ocurre. Siempre hay alguien que, tarde o temprano, es capaz de hacer realidad lo que para otros no es más que una mera fantasía, una ilusión sin sustento.

Demos gracias por ello.


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domingo, 11 de junio de 2023

Lo inútil

Entre otras muchas cosas esenciales, dice Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, que mantenerse ajeno a las leyes del mercado,  no aspirar a beneficios materiales y estar al margen de la dictadura del utilitarismo que impera en el mundo actual, es una forma de resistencia, de enfrentarse a esa supremacía del tener sobre el ser que domina nuestra sociedad.

Dice también que las posesiones materiales importan hoy más que la cultura y los valores humanos fundamentales. Por eso, hacer las cosas por el puro gozo de hacerlas, de manera gratuita y desinteresada, es anticuado e "inútil", en el sentido de que no produce ningún beneficio material. Pero justamente por ello, es un antídoto contra la "dictadura del beneficio y la posesión" que impregna todos los aspectos de la vida cotidiana.

Añade que la literatura, la verdadera, la que no está supeditada a los mandatos del mercado, es necesaria para entender lo que es realmente esencial, y nos enseña a no caer en la obsesión por las ganancias y los beneficios materiales o prácticos. 

Porque la cuestión es que, como nos enseña el Quijote, la ilusión y los ideales, la fantasía, el entusiasmo, el deseo de conocer... es decir,  lo "inútil", es lo que en realidad da sentido a la vida, no las riquezas ni el poder.

Así pues, creo que podemos concluir que ustedes, señoras y señores que se dedican a bloguear, a compartir gratuitamente sus ideas y sus creaciones, a regalar pensamientos y conocimientos; a infundir entusiasmo e inspirar emociones y reflexiones, por el mero gusto de compartir y comunicarse, ustedes, blogueros, son unos desinteresados, unos antiguos, unos quijotes y unos poetas locos que van contracorriente y que resisten a la vorágine utilitarista del mundo. Y precisamente por eso son ustedes necesarios.



 

Nuccio Ordine, el filósofo, el profesor, el humanista, el clásico, nos dejó ayer, 10 de junio de 2023. Creo que ya habrá llegado al paraíso de los sabios.