martes, 27 de abril de 2010

Los títulos de las películas, VII

Sabemos y comprendemos que hay ocasiones en que cambiar el título de una película es necesario y conveniente. Y que algunos de esos títulos ‘postizos’ son incluso mejores que los originales, o por lo menos más sonoros y significativos en un idioma determinado que en el original.
Pero, la verdad, me parece a mí que la inmensa mayoría de las veces ese cambio no solo es innecesario sino que puede perjudicar a la película y al espectador.
Por ejemplo, si The Prowler ("el merodeador") la titulan en Bélgica  Rosemary’s Killer (“el asesino de Rosemary”), le quitan toda la gracia y todo el intríngulis a la película. Con ese título, en cuanto la tal Rosemary aparezca en la pantalla, ya sabemos que no sale viva de allí.
Cabe señalar en este preciso momento que en España esta película se llama igualmente El asesino de Rosemary, pero también El asesinato de Rosemary. Más claro, agua.
Algo semajante ocurre con un título tocayo: Rosemary’s Baby, que aquí es La semilla del diablo.

Este tipo de títulos  se conoce como spoiler,  aguafiestas, para entendernos, porque echan a perder la clave o incluso el desenlace de las películas.

Otro spoiler de primera es el título francés de Home Alone (Solo en casa). Nuestros vecinos la conocen como “Mamá, he perdido el avión”. Pues eso, todo el arranque de la historia por los suelos.

Hay ocasiones en que la cosa adquiere carácter de conspiración internacional. Por ejemplo, la película de Nicolas Cage National Treasure (“tesoro nacional”) tiene diferentes títulos en Europa. En España se llama La búsqueda; en Francia, Benjamin Gates et le Trésor des Templiers, y en Italia Il mistero delle pagine perdute.
Obsérvese que si juntamos los tres títulos es como si nos contaran  la película. Ya solo falta que en algún otro país la hayan titulado "Benjamin Gates encuentra (o no) lo que andaba buscando", y ya no hace falta ir a verla.

Pero un título desafortunado no es solo el que ‘revienta’ la gracia de una peli. Hay también títulos que dan una idea falsa sobre el género del film. Es lo que ocurre con Fried Green Tomatos (Tomate verdes fritos) en Canadá, donde se titula "El secreto está en la salsa". Este título a mí personalmente me suena a comedia con cocinero cachas o similar. Y no es eso, claro.
Y luego hay casos que simplemente trastornan los sentidos, como ocurre con Army of Darkness (El ejército de las tinieblas), que en Japón se llama Captain Supermarket (sí, sí, Capitán Supermercado), que es lo más inexplicable que he visto yo en mucho tiempo.
Tampoco está mal el título que le pusieron en China a Full Monty, a saber, "Seis cerdos desnudos"(¡!)
Y me quedo sin palabras cuando veo que Being John Malkovich (Cómo ser John Malkovich) se titula, también en China , “Personas diminutas de mi cerebro, ¡dejad de mirar cuando orino!”

Es curiosa también la costumbre de Turquía, donde al parecer siguen una sencilla norma a la hora de titular las películas extranjeras: todas las películas románticas incluyen en el título la palabra amor, y todas las de miedo incluyen la palabra muerte. Vamos, que les gusta facilitarle las cosas al espectador.
Por eso no me atrevo a imaginar qué palabras utilizarán para identificar las películas porno.

Como se ve, el asunto llega a tales extremos que en Hollywood están pensando en la necesidad de ejercer algún control sobre los títulos que les ponen a sus películas en cada país, para unificarlos de alguna forma y evitar que esos títulos inadecuados revelen demasiado sobre el argumento, o confundan al espectador sobre el contenido del film, o lleven al aficionado a comprar dos veces la misma película, engañado por los diferentes títulos.

Yo me pregunto si es que en esto del tituleo no se tienen en cuenta los derechos de autor, ni el respeto a la creación artística, ni nada de eso que tanto se defiende últimamente.


domingo, 18 de abril de 2010

Los títulos de las películas, VI

(Para Sara)

(viene de aquí)
Siguiendo con el asunto de la entrada anterior, traemos a colación otro ejemplo de lío tremebundo con los títulos de las películas, sus secuelas y sus versiones.
En 1977, Francois Truffaut dirigió L’homme qui aimait les femmes, que tiene en español dos títulos, dos: la traducción del original y otro inventado. Es decir, El hombre que amaba a las mujeres, por un lado, y El amante del amor, por otro.


Esto ya sería suficiente para confundir al público:
-A mí me encanta una de Truffaut que se llama El hombre que amaba a las mujeres.
-Esa no la he visto, pero te recomiendo otra suya que a mí me gustó mucho, El amante del amor.



Pero la cosa tiene más complicación. En 1983 Blake Edwards hizo una versión del film, llamada The Man Who Loved Women, es decir, el título original francés traducido al inglés. Lo lógico.
Pero cuando tocó estrenar esta versión americana en España, la lógica se acabó. Porque lo suyo hubiera sido estrenarla como El hombre que amaba a las mujeres, respetando el título de Blake Edwards y por ende el de Truffaut. O en todo caso, con el segundo título español, El amante del amor, en un acto de coherencia (qué ilusa soy) que minimizara en lo posible el caos titulero, y para que el público más avezado supiera de qué se trataba.



Pero no. Aquí la bautizaron como Mis problemas con las mujeres.
La razón debió ser, como sospecho normalmente, que el distribuidor de turno se creía muy simpático y, por supuesto, más original que Truffaut y Edwards juntos. 
 

No se vayan todavía, amigos, que aún hay más.
Vaya usted a un establecimiento del ramo y compre la película  francesa. Está editada en DVD con el título de El amante del amor. Vale, se acepta.
Pero es que cuando ponga usted el disco y salga el menú, se encontrará con que aparece el título de Mis problemas con las mujeres (!!!).
Es decir, que a la película de Truffaut le ponen el título que se inventaron aquí para la de Blake Edwards.
Esto lo que se dice rizar el rizo. O no tener ni idea, que también puede ser.



Pero seamos justos. No es España el único país donde se trastocan los títulos originales de las películas. No, al contrario, se trata de una manía internacional, y lo veremos próximamente.

               

lunes, 29 de marzo de 2010

Los títulos de las películas, V

(viene de aquí)

Algunas veces, el bello arte de liar al espectador con los títulos que les ponen a las películas extranjeras, alcanza unas cotas de perfección inimaginables y sorprendentes.

Parece que a algunos distribuidores y editores de películas les encanta alardear de imaginación, y además parece que tienen en muy baja estima los títulos originales de las películas, y les falta tiempo para cambiárselos.

Ejemplos ya conocemos muchos, pero, como decíamos, hay casos que asombran hasta al cinéfilo más curtido.
Uno de esos casos asombrosos tiene su punto de partida en la película Phantasm, de Don Coscarelli, estrenada en 1979.
Esta película se llamó en España Phantasma, título que está muy bien, porque resulta español y exótico al mismo tiempo, como Raphael.
En ese mismo año, en Estados Unidos hicieron una miniserie de televisión, dirigida por Tobe Hooper, titulada Salem’s Lot y basada en la novela de Stephen King.

Y además de la miniserie, se hizo una versión cinematográfica para Europa, titulada, como la serie y la novela, Salem’s Lot.
Pero hete aquí que cuando la película llega a España me le cambian el título  y me la estrenan como Phantasma II. Así, por las buenas.
Supongo yo que Phantasma había tenido éxito, y el listo correspondiente pensó que había que aprovechar el tirón. Lo de confundir al público se ve que les daba igual.
Así que me imagino que los espectadores que habían visto Phantasma irían a ver este Phantasma II pensando que iban a encontrarse con nuevas aventuras de los hermanos Pearson contra ‘el hombre alto’, y se encontraron con David Soul interpretando a Ben Mears en una historia de vampiros, completamente ajena y sin relación alguna con Phantasma.

Pero ahí no acaba la cosa. Resulta que Don Coscarelli decidió, en 1988, hacer la verdadera y auténtica continuación de su Phantasm, y la tituló,  con toda lógica, Phantasm II.

Y claro, aquí ya habíamos tenido un Phantasma II -que no era tal-, así que, ¿qué hacer con este Phantasm II verdadero?
Pues se ve que ponerle Phantasma III les dio corte, así que optaron por añadirle un subtítulo, quedando la cosa en Phantasma II. El regreso.

Ya teníamos Phantasma, Phantasma II y Phantasma II. El regreso. De Salem’s Lot ni rastro.

Andando el tiempo, llegados ya a 1994, Coscarelli sigue con su saga, que se había convertido ya en obra de culto, y rueda Phantasm III. Lord of the Dead. Que levanten la mano los que crean que en España se limitaron a traducir ese "Señor de los muertos"...
Efectivamente, aquí, inspirados y decididos a no dejar nada como estaba, se titula Phantasma III. El pasaje del terror.
Cambiar por cambiar, vamos.

¿Y qué pasó en todo este tiempo con Salem’s Lot, Ben Mears y los vampiros? Pues que con el tiempo se editó aquí, en vídeo, la serie televisiva norteamericana original, pero no llamándose Salem´s Lot a secas, sino El misterio de Salem’s Lot, para que pareciera otra.

Y en 2004 se hizo una nueva versión, protagonizada por Rob Lowe, que mantiene el título de Salem’s Lot, y que aquí se vuelve a llamar El misterio de Salem’s Lot.
Y la película que se hizo en el 79 para ser estrenada en los cines europeos, se sigue editando en España –erre que erre- hoy día con el titulo de Phantasma II.

Así que si alguien va al videoclub, o a la tienda o a donde sea, a buscar alguna de estas películas, deberá tener en cuenta que :

Phantasma es Phantasm.

Phantasma II es Salem’s Lot (el film).

Phantasma II. El regreso es Phantasm II.

Phantasma III. El pasaje del terror, es Phantasm. Lord of the Dead.

El misterio de Salem’s Lot (de 1979) es Salem’s Lot (la miniserie original)

El misterio de Salem’s Lot (de 2004) es Salem’s Lot (la versión moderna de la miniserie).

Pero por supuesto  este no es el único caso –ni mucho menos- de títulos cambiados, primeras y segundas partes confundidas, versiones antiguas y modernas embarulladas... todo un desbarajuste del que seguiremos hablando otro día.


La auténtica
Esta en realidad es Salem's Lot
               
  (continúa aquí)                                          

jueves, 11 de marzo de 2010

Policía gramatical

(Dedicado a MJ)

Hace poco un amigo me envió dos e-mails, uno a continuación del otro.
El primero contenía (¡intolerable!) una falta de ortografía; creo que una b en lugar de v, o algo similar.
El segundo correo consistía exclusivamente en una disculpa por dicha falta, de la cual se había percatado mentalmente justo después de haberme enviado el mail (demasiado tarde, amigo).

A mí me pareció que el chico se preocupaba mucho por un simple error que cualquiera puede cometer, y que además no tenía ninguna trascendencia.

O quizá para él sí la tenía, pues es persona escrupulosa al máximo con lo que escribe. De hecho, yo siempre alabo su esmerada redacción y su perfecta ortografía.

Es curioso, dicho sea de paso, que hayamos llegado a tal extremo de ignorancia de nuestro propio idioma y de dejadez en su uso, que nos llame la atención, nos sorprenda y hasta nos maraville que una persona escriba con corrección, cuando esto debería ser lo habitual y lo más normal.
Es como si al ir a una tienda nos sorprendiera que nos dieran el cambio, o que los artículos estuvieran  en buenas condiciones.

Pero, como decía, hemos llegado al extremo de que lo correcto y lo lógico se han convertido en lo raro.

Y claro, como toda acción tiene su reacción, y todo bote su rebote, van surgiendo por doquier contumaces correctores, personas que para contrarrestar esa tendencia generalizada a escribir mal, se dedican a vigilar lo que otros escriben para señalar sus errores, regañarles y corregirlos.

computerEstas personas que se creen en la obligación de corregir cuanto error gramatical y ortográfico encuentran a su paso,  reciben los cariñosos apelativos de “policías gramaticales” o, en inglés, grammar police, así como spelling police (policía ortográfico), y grammar nazis.

En un par de emails recientes, también una amiga  se ha disculpado por los posibles fallos ortográficos que pudiesen contener sus correos, debidos bien a que su teclado estaba fallando, bien a despiste o falta de atención por su parte.

Esto ya me dio que pensar seriamente, y me preocupé por el hecho de que mis amigos se sintieran en la necesidad de disculparse ante mí por sus eventuales errores.

Y me asaltó entonces el temor y la duda: ¿soy yo uno de esos policías gramaticales?

Pensé también que a lo mejor me he ganado a pulso cierta fama de repipi con los textos que suelo escribir en este mi blog (y de todos ustedes), sobre desatinos semánticos y de expresión.

Por eso me gustaría aclarar que cuando critico la mala utilización del idioma me refiero exclusivamente a aquellos que lo tienen como herramienta de trabajo: periodistas, locutores, presentadores, traductores, redactores de textos oficiales, publicitarios, etc. Además procuro hacerlo con un tono jocoso y distendido, porque no se trata de ofender a nadie, sino de señalar fallos que mueven a risa la mayor parte de las veces. Y, por supuesto, considero que es lícito criticar la falta de profesionalidad en los medios de comunicación, del mismo modo que se critica a cualquier profesional de cualquier ámbito que haga mal su trabajo.


En otras ocasiones hablo de la utilización errónea de determinadas palabras por parte de personas anónimas, como yo, como cualquiera que va por la calle. Como se suele decir, el que tiene boca se equivoca, y ahí no cabe recriminación ninguna.
Y en esos casos especialmente, lo único que pretendo es dejar modesta constancia de lo divertido que puede llegar a ser el idioma, ya que jamás se me ocurriría criticar a nadie por una incorrección cometida en un texto o conversación coloquial, informal, sin pretensiones artísticas ni profesionales. Y además yo estoy tan expuesta al error como cualquiera.

Por eso precisamente me resultan cargantes los verdaderos policías gramaticales, esas personas que entran en foros, chats, blogs y en las secciones de comentarios de periódicos y revistas de la red, y se dedican cansinamente a fiscalizar, analizar, vigilar, corregir y acosar a los demás a cuenta de su forma de expresarse.

Y lo más gracioso del caso es que muchos de esos grammar nazis creen tener unos conocimientos gramaticales de los que precisamente carecen, y señalan fallos donde no los hay, y hacen correcciones que son en realidad tristes muestras de su ignorancia.

Así que espero y deseo que nadie me considere agente de la ley lingüística, ni fiscal del distrito de la Gramática, ni sheriff del condado de la Ortografía, ni nada de eso.
Yo lo único que quiero es jugar con las palabras, como el viento.





Nota Bene: Todo lo anterior no significa que me parezca bien  que cada uno trastoque la gramática como le plazca. Pero de eso hablaremos otro día.

martes, 2 de marzo de 2010

Premios Gamba 2010. Febrerillo el loco

*Hoy empezamos con una comparación extraña:
Un enviado de TVE a Haití dice que la población sigue necesitando agua y alimentos, pero que ahora sobre todo necesita vacunas, porque las enfermedades infecciosas “ya se están contagiando como la espuma”.
Pero ¿desde cuándo la espuma es contagiosa?¿ Y a qué espuma se referirá? ¿A la de la cerveza? ¿A la del baño?
*Seguimos con una traición del subconsciente:
En un informativo de Antena 3, una reportera nos informa de que por la tarde va a tener lugar una sesión de control del gobierno “con la asistencia de todos los pesos pesados”, y añade: “Esta sesión de control del pesado...”.
Parece que sí, que la traicionó el subconsciente, pero creo que no dijo nada que no hubiéramos pensado ya muchos.

*Ahora un problemilla de redacción básica:
En el Diario Sur del 18 febrero 2010 leemos, con referencia a los problemas causados por las lluvias:

“En los casos de Nerja y Torrox se han reeditado problemas que se repiten año tras año”.
Ah, ¿los problemas se editan y reeditan? Pues la RAE no lo sabe, porque dice que editar es publicar, o pagar y administrar una publicación, o adaptar un texto, y algunas cosas más, pero ninguna referida a los problemas.
Si lo que el redactor busca es evitar la redundancia, que le dé otro enfoque a la frase, que la construya de otra manera; que diga, por ejemplo, “En los casos de Nerja y Torrox estos problemas se repiten año tras año”; o “En los casos de Nerja y Torrox se han repetido los mismos problemas año tras año”, o cualquier otra  forma de las muchas posibles . En fin, se trata de tener recursos, de manejar el idioma con soltura y conocimiento, de poder expresar una misma idea de maneras diferentes... en fin, lo que cualquier periodista sabe hacer. ¿O no?

*Otro problema de expresión elemental:
Una reportera de Cuatro, informando sobre la puesta en libertad de un delincuente, dice que el susodicho “tendrá que acudir a los juzgados periódicamente, probablemente los lunes, para demostrar que ... (titubea) ... que sigue por ahí”.

Sí señora, eso es expresarse con claridad y con precisión. Qué bien explicado y qué profesional.

*Y aún hay más:

En un telediario, probablemente el de Telecinco, nos enseñan imágenes tomadas por las cámaras de la DGT que muestran graves infracciones de tráfico, y la voz en off se refiere a tales infracciones como “estas burradas”. No “locuras”, ni “barbaridades”, ni “temeridades”. No: burradas.
Está claro que cada uno comete las burradas que puede: unos al volante, otros al micrófono...

*Y terminamos con una frase tonta:

En el telediario, esta vez sin duda el  de Telecinco,  el día 26 dice don Pedro Piqueras que “las tormentas vuelven a Andalucía, cuando todavía están con el cuello hasta el barro”.
Y como el buen señor no se para a rectificar, ni se corrige, ni se corta, yo me pregunto, ¿esto es meter la pata hasta el cuello o hasta el barro?
Es que ya no sé, no sé...

jueves, 18 de febrero de 2010

El teléfono traductor: Google ataca de nuevo


Me parece fenomenal y admirable que en Google no paren de investigar y de trabajar para hacer nuestro mundo más cómodo (se supone) mediante la tecnología. Pero hay proyectos que, me da a mí la sensación, son más utópicos que otra cosa. Aunque probablemente me equivoco, y las utopías, en lo que a tecnología se refiere, ya no existen, porque todo se vuelve posible. En fin, ya se verá.

El caso es que hace unos días han anunciado que para dentro de un par de años estará listo un teléfono capaz de traducir nuestras conversaciones a otros idiomas.
En realidad, esto ya lo habían inventado hace tiempo los escritores de ciencia ficción, pero sólo en los libros, claro. Los chicos de Google parecen dispuestos a hacer realidad tan fantástica idea.

Ya sabíamos que Google tiene el mejor traductor  que existe (aunque esto no quiere decir que las traducciones automáticas que hace sean comparables a las que puede hacer una persona).
Pues bien, la tecnología para el futuro teléfono traductor es una combinación de este sistema de traducción con otro de reconocimiento de voz, que también lo tiene, pero no es tan bueno.

Por lo tanto, se supone que dentro de un par de años podré hablar por teléfono con un alemán, por ejemplo, sin problemas, porque yo hablaré en español, él escuchará la traducción al alemán de lo que yo diga, y viceversa.

Uno de los responsables del invento especifica que cuanto más usemos el teléfono mejor funcionará, porque reconocerá mejor nuestra voz, nuestro acento, nuestro tono, y todos esos elementos que forman parte del habla de cada persona.

Pero entonces, ¿qué pasará mientras el teléfono se entera bien de lo que decimos y cómo lo decimos?
Tomando como referencia el traductor existente, si una chica española anda en amores con un angloparlante, y en una conversación romántica ella le dice “calla, tonto”, el teléfono
probablemente traducirá “Be quiet, dumb”, o “silent, dumb.”
Pero claro, no es lo mismo decirle a un novio “calla, tonto” que decirle “cállate, idiota”. Con lo cual, conflicto a la vista.
O si un novio español le dice a su chica extranjera “Qué tontita eres, chiquilla”, en plan romanticón y meloso, el teléfono traducirá “How stupid you are, girl” (qué tonta eres, chica). Y no es lo mismo, no. Ni la frase ni las consecuencias.


Dicen los que de verdad saben de estas cosas que la variedad de acentos –en un mismo idioma- es tan grande, que no existe hoy día ningún sistema de reconocimiento de voz capaz de superar esta dificultad, ni creen posible que lo haya en un futuro próximo.
Pero en Google todo es posible...

Los entusiastas del traductor automático de Google dicen que las traducciones entre idiomas como inglés, francés, alemán y español son increíblemente buenas, y que quien lo critique es que no lo ha probado recientemente.
Bueno, pues como yo lo critico, lo voy a probar ahora mismo –más reciente imposible-.
Introduzco las palabras indian summer. Esta es la expresión que se utiliza en EEUU para referirse a ese fenómeno climatológico que se da cuando al principio de octubre hay unos días espléndidos, aunque ya no sea verano. Por lo tanto, indian summer es lo que en España llamamos veranillo de San Martín, veranillo de San Miguel o veranillo del membrillo.
Pero el traductor de Google, como traducción de indian summer nos da “verano indio”, que, obviamente, no significa nada.
Pruebo a usar la frase en contexto, por si acaso. Stephen King, en su novela nueva Under the Dome, utiliza esta frase: “a real indian summer day, for sure”, que en traducción mía sin pulir resulta “un verdadero día del veranillo de San Martín, sin duda”.
Pero Google lo traduce así: “un verdadero día de verano, la India para asegurarse de.”

Bueno, vale, le damos otra oportunidad. Otra frase del mismo libro:
“He was still on a roll” (“seguía en racha”), la traduce como “todavía estaba en un rollo”.
Y después, “his roll, it seemed, was over” (“la racha, al parecer, se le había acabado”), queda traducida como  “su papel, al parecer, era más.”

Que conste que a mí me parece admirable lo que se ha conseguido hasta ahora en este terreno. Pero también me parece que la cosa sigue dejando bastante que desear.

Y si esto hace el traductor con una frase sencilla, escrita, qué desmanes no cometerá el teléfono mágico cuando tenga que traducir a través de la voz, teniendo que interpretar no sólo palabras, sino pronunciación, entonación, intención...

Espero que ni los científicos, ni los ejecutivos ni los políticos del mundo lo utilicen para sus asuntos, porque no quiero ni pensar en los malentendidos que puede crear el telefonito.


lunes, 8 de febrero de 2010

Parejas complejas 3

Hay parejas, como Starsky y Hutch , Mortadelo y Filemón, Batman y Robin, que normalmente no causan ningún problema de identificación, porque sus componentes tienen siempre un rasgo diferenciador muy claro: uno es rubio y otro moreno; uno con gafas y otro sin gafas; uno adulto y otro joven, etc.

Pero con las parejas de palabras traicioneras esto no es posible. Se parecen tanto que muchas veces sólo se diferencian en una letra; o tienen las mismas sílabas, o las mismas letras en diferente orden... en fin, un lío.
Otras veces no, otras veces simplemente se trata de dos palabras que se asemejan ligeramente pero las confundimos porque su significado es muy similar.
Y con frecuencia estas confusiones nos causan risa porque además de la equivocación semántica, producen en nuestra mente imágenes cómicas o chocantes.

En una ocasión dos señoras estaban hablando de modas y complementos, y una de ellas dijo que “las medias negras esterilizan las piernas”.
Pues espero que no sea mediante un hervor...

Por cierto, lo contrario de estilizado es basto, ¿no? ¿O es vasto?

basto: grosero, tosco, áspero, sin pulimento;
vasto: amplio, extenso; dilatado, muy grande.

De donde se infiere que no es lo mismo una sábana basta que una sabana vasta. Y luego dicen que habría que eliminar las tildes.

También he oído decir alguna vez que a un delincuente lo sorprendieron “en fragante delito”.
Pues como no estuviera robando en una perfumería, no sé yo.
Pero la verdad es que entre fragante y flagrante hay un buen trabalenguas, aunque sus significados no guarden relación alguna:

fragante: de olor agradable y suave;
flagrante: que se está ejecutando en el momento; de tal evidencia que no necesita demostración.

Hace poco leí en la sección de cartas de los lectores de una revista, una en la que se decía que “hay bastantes mujeres que ejercitan la violencia”, pero se debió haber dicho “que ejercen la violencia”.
ejercitar: repetir, practicar reiteradamente una actividad para adiestrarse en ella;
ejercer: realizar una acción o influjo; hacer uso de una capacidad; poner en práctica formas de comportamiento determinadas.

Aunque claro, hay quien ejerce la violencia con tanta frecuencia que parece que la está ejercitando, o sea, practicando para perfeccionarse.

También hay quien dice: “Ese tiene muchas ínsulas”, para referirse a alguien que no es que posea varias islas, sino que tiene ínfulas, o, dicho más castizamente, que se las da de pan y manteca.

ínsula: isla; lugar pequeño o gobierno de poca entidad.
ínfula: presunción, vanidad, orgullo desmedido.


Aunque, pensándolo bien, tener ínsulas sí sería motivo para tener ínfulas. Como le pasó a Sancho Panza.
Bueno, mejor no complicarlo más.

sábado, 6 de febrero de 2010

J. D. Salinger (1 de enero de 1919- 27 de enero de 2010)


Hace mucho tiempo un amigo me recomendó un libro: El guardián entre el centeno, una novelita escrita en los años 50 por un tal J. D. Salinger.
Le hice caso a este amigo, leí el libro y antes de terminarlo ya se había convertido en uno de esos libros ‘especiales’ que todos tenemos, probablemente porque me pareció profundo y divertido, trágico y cómico en un equilibrio sin pretensiones.

Después quise saber algo sobre el autor y leer otros libros suyos, pero lo tenía difícil. En aquel entonces todavía no disponíamos de internet con la facilidad actual, por lo que la búsqueda de información sobre cualquier asunto era bastante más dificultosa que ahora. Y a esto se unía el hecho de que realmente existía muy poca documentación sobre tal autor, aunque eso yo todavía no lo sabía.
Más tarde ya tuve ocasión de saber que Salinger era un escritor nada prolífico, que vivía recluido en su casa de los bosques de New Hampshire, y que evitaba todo contacto con periodistas, críticos, estudiosos, editores y fans.
Parecen premonitorias las palabras de su protagonista, Holden Caulfield:


“Si no fuera por ti, no sé ni dónde estaría. Supongo que en algún bosque perdido o algo así.”

“...y con el dinero me construiría una cabaña (...) y pasaría allí el resto de mi vida.”


La novela le trajo a Salinger la fama, pero también los problemas. Sus miles de fans adoraban a Holden Caulfield, se sentían identificados con él, lo consideraban una especie de James Dean literario, un rebelde de la clase alta. Un adolescente perdido en el mundo, que busca sin saber qué está buscando y que se deprime con la misma facilidad con que se conmueve por detalles aparentemente insignificantes; que sueña, imagina, ama, odia, desea... y todo con la misma pasión.

El libro fue un gran éxito en Estados Unidos casi desde el primer momento, convirtiéndose incluso en lectura obligatoria en la secundaria. Pero Salinger no quería saber nada de la notoriedad pública ni de los editores, aunque esto fue precisamente lo que aumentó aún más el interés por su vida y su trabajo. Nunca consiguió que lo dejaran en paz.

El año pasado, sin ir más lejos, y con 90 años ya, tuvo que acudir a los tribunales para defender el respeto a su trabajo. Porque un tal J. D California –seudónimo tontorrón de F. Colting, un pequeño editor sueco- había escrito una ‘continuación’ de El Guardián entre el centeno, donde presentaba a un Holden anciano, escapado de un geriátrico.
Menos mal que la justicia demostró tener mejor gusto que el pirata sueco.

Anteriormente, en los 80, el crítico literario Ian Hamilton había escrito una biografía no autorizada de Salinger, que incluía fragmentos de cartas personales. Salinger recurrió a la justicia y consiguió que se prohibiera su publicación. Pero el señor Hamilton no desistió de su empeño, y publicó algo más tarde En busca de J. D Salinger, una biografía ‘camuflada’ en la que relataba precisamente su investigación sobre Salinger y las dificultades con las que había ido encontrándose por el camino.

El libro es sin duda interesante, aunque a mí me incomodaba un poco leerlo, sabiendo lo enemigo que Salinger era de que se especulara sobre él.
Y me resulta particularmente molesto el final del libro, cuando Hamilton dice: “...mi nombre y el de J. D. Salinger estarán unidos a perpetuidad (...) en los libros de Derecho, en las estanterías del Tribunal Supremo y en la mente de todos los que lean esto, la versión ‘legal’ de mi libro.”

Parece cosa de fan delirante, aunque menos peligroso, por suerte, que M. D. Chapman, también admirador declarado de El guardián entre el centeno, y que dijo haberle disparado a John Lennon para darle publicidad al libro.

Qué curioso resulta que quien no quiere la fama se vea perseguido por ella, y que en cambio otros busquen la notoriedad y el renombre aunque sea a costa de traicionar a la persona a la que dicen admirar.


Salinger es muy respetado, pero también denostado. Muchos dicen que está sobrevalorado; que sólo tuvo un acierto literario y que eso no es ser un escritor, y mucho menos un gran escritor; que su actitud esquiva, escurridiza y litigante no era más que una pose, un papel que interpretaba para conseguir ese protagonismo que fingía rehuir...

A mí personalmente no me parece que hubiera nada de eso. Yo creo que Salinger es simplemente un señor que escribió un libro que gustó muchísimo y siguió gustando a las generaciones posteriores. Y que a él no le gustó lo que la fama implicaba, que no le gustó el negocio literario y que quiso retirarse y apartarse de ese mundo. Así de sencillo.
Pero no lo dejaron.

**********



Sus otras obras:

Nueve cuentos (también publicado como For Esmé with Love and Squalor and other Stories).
Franny y Zooey.
Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción
.

sábado, 30 de enero de 2010

Premios Gamba 2010. Se veía venir

Desde el mísmísmo día 1 de enero, para qué esperar, los candidatos a los Premios Gamba han empezado a hacer méritos con sus resbalones y patinazos, que van desde palabras mal utilizadas, hasta oraciones incongruentes, sin olvidar expresiones vulgares, incorreciones gramaticales, faltas de ortografía... En fin, de todo lo que se nos ocurra nuestros medios de comunicación nos proporcionan jugosos ejemplos.

Veamos sólo unos pocos.

Hay una serie de televisión titulada 'Águila Roja', a la que en un par de ocasiones he llegado por el camino del zapping. Resulta que la serie está ambientada en el siglo XVII, pero ello no es óbice para que los personajes hablen como si se encontraran hoy mismo entre nosotros. El lenguaje no sólo resulta completamente anacrónico, sino que se recrea en la vulgaridad. En uno de los capítulos escuché, en no más de diez minutos, expresiones como:
-Piense con la cabeza, que las cosas pensadas con las tripas suelen ser una cagada.
-¿Sabe lo que más me jode?
-Salga usted, que yo me voy a escoñar.
-Pa haberse matao.
-Vamos rapidito, que estamos de un liao...
-Usted no rije.
-La madre que lo parió.
-No se haga usted el tonto, que sabemos que se la está pegando con la marquesa.

Yo no soy ninguna experta en el habla del siglo XVII, ni mucho menos, pero me resulta difícil creer que se utilizaran entonces tales expresiones.
Y claro, cuando hace pocos días, de nuevo con el mando de la tele en la mano, volví a topar con la serie en cuestión, no pude resistir la tentación de esperar a ver qué nuevas sorpresas me deparaba. Y no me llevé ninguna decepción, no. Ahí estaban los personajes, en especial uno al que llaman ‘Satur’, con sus anacronismos lingüísticos al por mayor.
Así escuché, entre otras cosas:
-Os va a caer la del pulpo.
-Vosotros sois mu pipiolos todavía.
-Para el carro.
-Pa lo pequeñajo que eres, acojonas.

 
Estoy viendo que se podría hacer una entrada monográfica sobre esta serie, pero hay otros candidatos por ahí que también merecen un poco de atención. Por ejemplo:

-Un enviado de Antena 3 a Haití, se refiere a los trabajadores de la televisión del país, quienes, según el corresponsal, siguen emitiendo, “en una condiciones lamentables, pero no por ello realmente heróicas”.
Resbalón a la vista. Las condiciones son lamentables y por ello realmente heróicas.

-En el programa ‘Otros pueblos’ de TV2, el 24 de enero dedicaron un reportaje a la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Sobre imágenes de unas turistas en un mercado, dice el narrador que “por cuatro dólares las veraneantas se llevan pescado...”

Este tipo de adjetivos y sustantivos acabados en –ente, -ante o –iente, que tradicionalmente se consideran participios de presente por su origen latino, teóricamente no se deben acabar en –a, ya que se refieren tanto al masculino como al femenino.
Hay algunas formas, como presidenta, clienta o dependienta, que se han generalizado y popularizado tanto que ya dificilmente  se pueden considerar erróneas. Pero son casos concretos, así que lo de veraneantas es una exageración. Porque si decimos veraneantas, ¿qué esperamos para decir amanta, cantanta o prudenta? Y ya puestos, iremos al banco a abrir una cuenta corrienta y les contaremos a los niños el cuento de la Bella Durmienta.

-En el Diario Sur (28 de enero), se lee: “Raquetazo a De la Torre”. Y claro, parece que el pobre señor de la Torre ha recibido un golpe de raqueta por parte de algún tenista ofuscado. Mira lo que le pasó a Berlusconi.
Pero no. Es que el redactor tenía el día metafórico, y para referirse a un problema de gestión de unos torneos de tenis, recurrió a esa ambigua figura retórica.
Pero su inspiración da para mucho más, así que insiste:
"... el portavoz del grupo municipal socialista, está dispuesto hoy a dar un 'smash' al alcalde, Francisco de la Torre...”

Y sigue:

“El PSOE cree que la bola entró y que pueden haber «presuntas irregularidades».”

Además de la retórica absurda, obsérvese el patinazo de pueden haber, y obsérvese sobre todo el tono tan poco serio, tan poco profesional y tan de charanga carnavalesca que se emplea en la redacción de una noticia que es meramente política y donde no caben -en teoría- chascarrillos ni burlas.
Qué poca formalidad.

-Y para terminar, un traspiés raro y desconcertante.
En un programa de televisión, una juez habla de la forma en que hay que realizar determinadas actividades. Y dice: “A eso yo lo llamo ‘las tres efes’: eficacia, eficiencia y efectividad”.
¿Las tres efes? ¿Por qué se salta la e?
Y para que no cupiera duda, por si estábamos pensando que se había equivocado, o que habíamos oído mal, la señora lo vuelve a decir no una sino dos veces más.
Inexplicable.

viernes, 22 de enero de 2010

Cuento. El hallazgo

-------------------------------La Galaxia Hoy. Diario virtual interplanetario

Gran descubrimiento arqueológico.

En las excavaciones que se están llevando a cabo en la antigua zona mediterránea, actual Eurobia, se ha realizado un importante hallazgo arqueológico.

Se trata de un descubrimiento clave para conocer mejor cómo vivían los antiguos pobladores del planeta Tierra, su tecnología y su cultura.

Según ha explicado el profesor Maxter, director de la excavación y primera autoridad galáctica en el campo de la antropología, el hallazgo en cuestión es un dispositivo usado en la época terrestre para almacenar y transmitir información de todo tipo.

Lo más sorprendente es que el dispositivo parece encontrarse en perfecto estado de funcionamiento, a pesar de su antigüedad.

“Es muy emocionante” –señala el profesor-. “Hemos podido acceder a la información almacenada en el aparato, aunque aún no se ha realizado un análisis completo de los contenidos”.
“El dispositivo está diseñado con un gran sentido práctico” –explica-. “Su tamaño y su peso hacen que sea muy fácil tanto su uso como su transporte. Además, la forma de acceso a la información es sumamente sencilla y directa. Parece pensado para que cualquier persona de cualquier condición pudiese utilizarlo.”
“Suponemos –continúa el experto- que funciona con algún tipo de energía natural, pues carece por completo de conexiones, es totalmente inalámbrico y tampoco requiere batería. Es sin duda un prodigio tecnológico”.

Se trata pues de un hallazgo de primera magnitud, que puede revolucionar el concepto que hasta ahora teníamos de la vida en el pasado.

“Aún tenemos que realizar algunos test y comprobaciones, -concluye Maxter-, pero creemos que el dispositivo encontrado en Eurobia es probablemente un ejemplo de lo que el hombre antiguo denominaba libro."



archeological setting Delphi


miércoles, 13 de enero de 2010

Palabras olvidadas

Hay palabras y expresiones que de pronto y sin razón que lo justifique, desaparecen de los medios de comunicación y del habla de aquellos que, incautos, tienen como modelo esos medios.
Y no me refiero a palabras raras, antiguas o que fueron una moda que ya pasó. No, me refiero a palabras normales, de todos los días, que siguen cumpliendo su función comunicativa perfectamente y que la mayoría de nosotros sigue usando.
Será que para los que hablan en público no son suficientemente estilosas, o cool, y por eso las destierran, aunque sea para sustituirlas por otras menos certeras, o incluso incorrectas.

Por ejemplo, desde hace unos meses, en la tele ya no se oye nunca la palabra afrontar, ni las expresiones “enfrentarse a” ni “hacer frente a”. Ahora sólo se dice “enfrentar”: Es un problema que tenemos que enfrentar con valentía; tuvieron que enfrentar una situación muy difícil; no sé cómo vamos a enfrentar esto... en vez de afrontar con valentía, enfrentarse a una situación, hacer frente a esto...
Pero se ve que lo de enfrentar les parece a ellos que queda como más así, o sea, sabes, como diferente, con estilo y tal.

Tampoco se usa ya en los medios el verbo volverse. Ahora ya sólo se dice girarse.
Al principio esto únicamente se oía en algunas películas con traducciones poco cuidadas, con influencias extranjeras. Después se ve que algunos guionistas de series españolas lo encontraron chuli y lo incorporaron a sus diálogos: se giró para mirarme; me giré para no verlo; no te gires ahora... Y de ahí, este uso giratorio pasó a personas que, viendo estas series, pensaron que hablar como en la tele queda mejor y más moderno. Y así, cuando se les acerca un reportero con el micrófono en la mano dicen: Escuché un grito, me giré y vi al ladrón corriendo. O: Eran raros, cuando te cruzabas con ellos te giraban la cara.

Y siguiendo con este bello verbo, tampoco se lleva ya que los cantantes vayan de gira o hagan una gira. Ahora lo que hacen es girar, cual peonza: Fulanito girará este verano por toda España; Pepito Pérez está girando por Latinoamérica.
Qué cosas, ¿eh? Y qué mareo.
Veo yo aquí, como en otros sitios, un mimetismo tonto o pedante, de las construcciones con el verbo tour (the band is touring), que no significa girar, sino ir de gira o hacer una gira; porque en español el verbo girar no significa dar conciertos, significa dar vueltas; o cambiar de dirección (gire usted a la izquierda). Por lo menos hasta ahora.

Estos son modos recientes, pero hay también formas de decir las cosas que un día, hace tiempo, se le ocurrieron a alguien y después otros creyeron, al parecer, que esa era la única manera de decir tales cosas. Lo cual deja ver la poca originalidad y el poco dominio de su idioma que tienen algunos.
Estoy pensando en concreto en la expresión dar luz verde. Casi nunca oigo en los telediarios ni leo en los periódicos que algo se apruebe, se admita, se autorice, se acepte, ni siquiera que reciba el visto bueno. Siempre dicen lo de la dichosa luz verde: el gobierno da luz verde al proyecto de...; el ayuntamiento dio luz verde a las obras del metro; luz verde a la remodelación del parque, al plan urbanístico, etc.
Unos cuantos ejemplos de hoy mismo y días recientes:

Diario Sur,13-01-2010:
El proyecto se remonta tres años atrás, pero no ha sido hasta ahora cuando el Ayuntamiento y la empresa responsable han dado luz verde al proyecto.

El país, 13-01-2010:
-La nueva etapa de Aguas de Barcelona (Agbar) se estrenó ayer con la luz verde de sus accionistas...

-Luz verde a una obra clave para aliviar el acceso a Pontevedra.

-... 19 meses después de que se diese luz verde a la declaración de impacto ambiental.

Diario ABC, 10-01-2010
La Junta da luz verde definitiva a la implantación de Ikea en Valladolid.

El país, 07-01-2010
La Ley General de la Comunicación Audiovisual (LGCM), que esta tarde ha recibido luz verde de la Comisión Constitucional del Congreso...

Seguramente, muchas de estas personas que hablan con frases manidas, clichés y lugares comunes, son las mismas que luego se deshacen en odas a la riqueza del idioma español.
Las harán de oídas, digo yo.