Si empezara esta entrada
diciendo que en el siglo XII vivió en Alemania una mujer extraordinaria, una
monja, que fue poeta, científica, compositora y consejera de papas y
emperadores, no me daría tiempo a añadir nada más, pues en seguida dirían ustedes:
“Claro, Hildegarde von Bingen”.
Y en efecto, a ella me refiero.
Hace poco leí un artículo
sobre las llamadas conlangs (constructed languages), es decir,
las lenguas inventadas, los idiomas creados de manera artificial.
Los ejemplos más populares de idiomas artificiales son probablemente el esperanto y las lenguas que creó
Tolkien para El señor de los anillos; y más recientemente, las creadas
para la serie Juego de Tronos.
Pero hay en la historia más ejemplos, y se cree que
el más antiguo es la Lingua ignota, que es el vocabulario que inventó
nuestra sabia medieval, Hildegarda de Bingen, y que utilizaba para poner letra a los himnos que componía.
De la Lingua ignota se
conocen unas mil palabras, pero de lo escrito por la abadesa utilizando este
vocabulario sólo se conserva un breve texto de pocas líneas. Este texto está escrito
en latín y en él se intercalan cinco palabras “ignotas”. De esas cinco palabras
sólo se conoce el significado de una (loifol, pueblo). Las otras cuatro
no están incluidas en ese glosario de mil palabras, por lo que su significado
es verdaderamente ignoto.
Diversos estudiosos y
expertos de diferentes épocas, como Wilhelm Grimm, han propuesto significados
para esas cuatro palabras misteriosas, basándose en el escaso contexto –y en su
imaginación, supongo yo-. Pero no dejan de ser sugerencias y especulaciones, y
lo cierto es que no podemos saber con certeza qué significados les dio
Hildegarda a esas palabras.
El texto que se conserva, traducido del
latín* y con las cinco palabras en lingua ignota, queda así:
Oh,
orzchis iglesia, ceñida con las armas
divinas y adornada con jacinto, eres la caldemia de las heridas del loifol, y la ciudad de las ciencias.
Oh, oh, tú eres la crizanta en altos sones, y la chorzta joya.
A mí me parece que el texto tiene un misterio que va
más allá del hecho de que no conozcamos el significado de esas cuatro palabras.
Es el enigma de su forma y su sonido, de cómo suenan ahora y de cómo sonarían
cuando las pronunciaba Hildegarda; y es
el misterio que produce el pensar en ella, inventando palabras, creando un
lenguaje secreto, por alguna razón ignota o porque sí, por un puro e irrefrenable afán creador.
Y es el misterio del lenguaje mismo, de su íntima conexión
no sólo con la mente sino con el espíritu, con la esencia del ser humano.
Pero
todo esto que antecede no es más que el preámbulo para presentarles un juego que quiero
proponerles, y que consiste ni más ni menos que en hacer lo mismo
que la abadesa Hildegarda: crear nuestra propia lingua ignota -en proporciones
reducidas, claro está- y utilizarla en un texto.
Así pues, si quieren jugar, les propongo que cada uno de ustedes invente una o dos palabras, y que me las hagan llegar o bien dejándolas en un comentario
o bien enviándomelas a mi correo electrónico.
Yo le atribuiré un significado concreto a cada una y escribiré
un texto en el que irán intercaladas.
Después
publicaré una entrada con ese texto para que ustedes intenten deducir
-guiándose por el contexto o por su imaginación- el significado que les he atribuido.
A mí me
parece que será muy interesante ver las coincidencias y las diferencias que
puedan darse en sus interpretaciones o traducciones de las palabras.
Por no hablar de lo mágico, sugerente y evocador que puede resultar el texto
con esas palabras ignotas creadas por ustedes.
Espero
que les parezca atractiva la idea y que, una vez más, me hagan el honor de
jugar conmigo.
Muchas
gracias.








