lunes, 17 de mayo de 2021

Qué sería de mí

En una ocasión prepandémica, asistí a una charla sobre un libro escrito por un autor ruso. El libro en cuestión nos había gustado a casi todos los presentes, y todos elogiaron el estilo literario: la belleza de las descripciones, la precisión con que se caracterizaba psicológicamente a los personajes, la naturalidad de los diálogos, etc. 

Como digo,  en esto coincidimos todos, pero al parecer nadie había pensado en una cuestión que para mí era obvia: si podíamos apreciar el estilo de la obra era gracias al trabajo de traducción que alguien había hecho. Cuando hice este comentario todo el mundo estuvo de acuerdo, y algunos de los presentes, incluido el conductor de la charla, casi lamentaron no haber reparado conscientemente en ello. Entonces se comentó que si la traducción es defectuosa, se nota y nos estropea la lectura, y que si está bien hecha se nos olvida que estamos leyendo una traducción.

Creo que ése es un buen medidor de la calidad de una traducción, porque eso significa que ésta no estorba, no extraña, no entorpece; no se interpone entre la obra y el lector.

Esta anécdota (aunque podría tratarse de otras similares) me vino a la cabeza hace unos días, cuando empecé a leer un libro de un autor húngaro que acabo de descubrir gracias a uno de esos grandes lectores que tengo entre mis amigos. El autor en cuestión es Dezsö Kostolányi (1885-1936)*, y en cuanto empecé a leer la novela empecé a disfrutar. La historia aún no estaba desarrollándose, sólo estaba leyendo las primeras palabras del personaje narrador, pero en seguida me encandiló la fluidez del estilo, las palabras sencillas con las que se expresan ideas profundas, el lirismo de ciertos pasajes;  el sentido del humor con que se tratan algunos asuntos y la ternura que se desprende de otros.

Así que no pude evitar pensar en el traductor con gratitud.  Qué sería de mí sin las traducciones, me dije. No podría disfrutar de este libro, ni de ninguno escrito en húngaro, en ruso, en alemán... en ninguno de tantos idiomas que por desgracia no conozco y que, gracias a las traducciones, me proporcionan tantos momentos de deleite; con los que aprendo, medito, sueño, comprendo, río y sonrío.

A veces he oído decir que la traducción es siempre inferior a la obra original, porque en ese proceso se pierden muchas cosas. Pero en esas ocasiones siempre pienso que al leer a Sándor Márai, a Rilke, a Stefan Szweig, a Colette, a Cartarescu, a Tsvieáieva, a Eça de Queirós... yo no tengo la sensación de perder nada, sino todo lo contrario. Tengo la sensación de ganar mucho. De ganar pensamientos, ideas, palabras, conocimiento del ser humano y del mundo. Del mundo que todos compartimos y del que cada persona lleva dentro.

No puedo imaginar cuánto perderíamos sin traducciones.


dreamstime.com

*Dezsö Kostolanyi. Kornel Esti. Un héroe de su tiempo. Bruguera, 2007. Traducción de Mária Szijj.

30 comentarios:

*entangled* dijo...

Es cierto que las traducciones nos permiten apreciar textos de otro modo inaccesibles. Sobre todo cuando hablamos de textos de lenguajes no muy extendidos, o muy lejanos culturalmente. No puedo aprender chino sólo para leer en versión original el "Sutra de Diamante". Pero sin ir tán lejos, basta que un texto esté escrito en polaco, por ejemplo, para que sea igual de inaccesible para mí. Se dice que Sigmund Freud aprendió español con la única finalidad de poder leer El Quijote en versión original. Aun así, dudo que lograra su objetivo, aunque el esfuerzo merece mi respeto.

La traducción es siempre un compromiso, como un tratado de paz, ceder en algo para obtener algo de otro modo inalcanzable. Creo que era Umberto Eco el que lo decía. Yo he traducido del inglés al español, (Y sospecho que tú también lo has hecho) y al enfrentarme a la tarea, siempre me venía a la memoria la maldición a los traductores, "traducir es siempre el relato de un fracaso". "Traduttore, traditore", o la descripción demoledora de Cervantes: "leer una traducción es como analizar el reverso de un tapiz".

Aun así, con todas sus limitaciones, la traducción es una necesidad, y debemos agradecer a los (buenos) traductores su labor, aunque siempre quede algo lost in translation.

Es muy triste la maldición de los constructores de la Torre de Babel. Cuando leo a Shakespeare en inglés, siempre tengo la sensación de que se me está escapando mucho por las rendijas. Basta con fijarnos en "El Quijote": Sólo el título, contiene ya cuatro chistes, y muy buenos, que sólo un español, que además conozca el estilo de la época, podrá apreciar. Cuando se traduzca, todo ello se perderá.

Suscribo tu homenaje a los traductores, pero no puedo evitar un sentimiento de honda impotencia al ver que los textos son tán difíciles de transportar entre culturas.

Saludos.

TORO SALVAJE dijo...

Es cierto.
No se suele reparar en el traductor.
Qué haríamos sin ellos...

Por cierto he encontrado este libro:

Kornél Esti, un héroe de su tiempo.

A ver si me gusta.

Besos.

Albada Dos dijo...

Es cierto, poco valorado, el traductor es pieza clave para hacernos llegar un texto en un idioma que no es el nuestro. Un merecido homenaje, me ha encantado.

Un abrazo

Macondo dijo...

Lo injusto para los traductores es que suele repararse en ellos cuando las traducciones son malas.
Merecido homenaje.

Ángeles dijo...


*entangled*, tu opinión sobre la anécdota de Freud me ha traído a la mente un pasaje de un libro al que le tengo un apego especial, y que no me resisto a reproducir aquí:
«¿Crees que esos traductores que han dedicado sus vidas al estudio y la práctica de este arte no son capaces de interpretar las diferentes sombras y colores de las palabras mejor que un mero aficionado a las lenguas extranjeras? Y además, ¿no es la vida demasiado corta como para que el amante de los libros pierda su valioso tiempo escudriñando las acepciones más recónditas, diccionario en mano? Querido señor mío, es una economía perversamente falsa el gastar tiempo y dinero en algo que otra persona sabe hacer mucho mejor y por mucho menos coste». (Eugene Field. Los amores de un bibliómano)

Dices bien, la traducción es un compromiso, por eso el traductor tiene que tomar decisiones constantemente. A veces simplemente para decidir el orden de un sustantivo y un adjetivo; otras sobre asuntos mucho más peliagudos, claro. Pero siempre sopesando, valorando, comparando...
Por eso me parece una visión muy negativa y sin mucho fundamento eso de que "traducir es siempre el relato de un fracaso". Alguien debió sentirse muy insatisfecho o muy impotente en algún momento :D

En cuanto al tópico de "traduttore, traditore", pues es eso, un tópico, un juego de palabras ingenioso que hizo fortuna y quedó como dogma. Pero no lo es, al menos hoy día, porque hay un respeto por el original, y una protección, que en décadas y siglos pasados no se tenía. Quizá por eso Cervantes dijo lo del reverso del tapiz. Sin duda, ha habido a lo largo de los tiempos traducciones que han desdibujado el original de muy mala manera.

En cuanto a las pérdidas inevitables, habría que extenderse sobre las pérdidas parciales, las totales (que por suerte no son frecuentes), las que se pueden solventar con compensaciones, refundiciones locales, etc. Es un tema apasionante.

Saludos, y gracias por tus opiniones.



Qué bien, Toro. Ése es el que estoy leyendo yo, Kornél Esti y tengo intención de leer también Anna la dulce y Alondra.

Espero que te guste. Ya me dirás.

Besos.


Muchas gracias, Albada, me alegro mucho de que te haya gustado.

Abrazo!


Así es, Macondo, parece que es una "injusticia" inherente a la labor del traductor. Mejor pasar desapercibido, jeje.
Pero también es cierto que poco a poco se empieza a valorar y a reconocer más este trabajo, y se menciona al traductor, al menos su nombre, en críticas, reseñas, etc.

Gracias.

Rodión dijo...

Este es un tema que me ha ido interesando cada vez más con los años, partiendo de mi ignorancia en el mundo de la traducción y sus profesionales. Los que hablamos un solo idioma (y mal hablamos un segundo) dependemos exclusivamente de las traducciones, no ya del húngaro (creo que solo he leído una novela de Imre Kertész) y otros idiomas minoritarios, sino del propio inglés, francés... Así que, sin pretenderlo, me he ido quedando con unos pocos nombres de traductores y, antes de comenzar con un clásico, dedico un mínimo de tiempo a elegir la edición que más pueda adecuarse a mis preferencias, otorgando especial importancia a la traducción.

Claro que, desde el desconocimiento inicial, un profano tiene que fiarse de las opiniones acreditadas para andarse con tiento y, solo cuando es posible, comparar directamente los primeros párrafos de la novela en cuestión. Me estoy refiriendo más a los clásicos porque es más fácil encontrar en ellos ese dilema inicial, habiendo varias ediciones disponibles que pueden cambiar bastante la experiencia lectora, desde las traducciones llenas de arcaísmos hasta las que escogen términos modernos, y una u otra opción pueden ser buenas en según qué casos.

Recuerdo, por ejemplo, cuando comencé 'Cumbres borrascosas', que había comprado en la traducción de Carmen Martín Gaite. Me pasó algo curioso: apenas leídos unos pocos capítulos, y completamente enganchado a la novela, por alguna razón me comenzaron a chirriar los abundantes coloquialismos castellanos que usaba esta traductora. Así que dejé la lectura y me descargué en ebook otra edición que inicialmente me satisfizo más, y que comencé desde el principio. Luego alterné las dos ediciones (no me importaba avanzar tan lento, porque es una de esas novelas que uno no quiere que se terminen); leía un capítulo en una edición y luego lo releía en la otra. Finalmente (ríete) abandoné el ebook y opté exclusivamente por la de Martín Gaite, ya acostumbrado a sus expresiones, pues lo que al principio me había sacado de los páramos ingleses para trasladarme casi a Valladolid, al final lo vi tan integrado en la prosa que pude apreciar las virtudes del trabajo de esta señora, así como la fuerza que no encontré en la otra traducción más convencional. Si es que existe eso de 'convencional' cuando hablamos de una traducción.

Otro ejemplo, de hace bastantes años, lo tengo con Stendhal: la primera vez que leí 'Rojo y negro' fue en una edición barata; pese a ello, se convirtió al instante en uno de mis libros preferidos. Pero en 'La cartuja de Parma', a través de la editorial Alianza, descubrí también a Consuelo Berges, y pude cotejar ambas traducciones, algo en lo que jamás me paraba a pensar de adolescente. Hoy tengo esas dos obras en la edición de Berges.

Ya me puedes perdonar el rollo, pero aprovecho a dejarte una pregunta: ¿qué opinas del uso de coloquialismos y localismos en las traducciones? En mi experiencia, creo que a veces pueden funcionar y otras no tanto.

Beauséant dijo...

Mi super poder favorito sería poder leer (y entender) todas las lenguas del mundo :)

Siempre que cae un libro en mis manos, miro quién ha hecho la traducción. Es una tontería porque nunca recuerdo los nombres, pero es una forma de agradecimiento hacia ellos en lo que, sospecho, debe ser un trabajo mal pagado.

Muchas veces me he encontrado con libros farragosos, sin ritmo alguno y he sospechado que era por la traducción, así que gracias por recordar la importancia de ese oficio que es casi artesanía.

Rick dijo...

Sí, probablemente uno de nuestros temores cuando leemos un libro que fue escrito en otro idioma sea ese, si hay o no fidelidad a la idea original que quiso transcribir su autor. Es uno de los peajes que debemos pagar, pero no creo que a estas alturas sea tan gravoso como hace un siglo o dos, o más: a día de hoy supongo que la mayoría de los buenos traductores no solo han hecho una carrera o dos, sino que además están con mucha frecuencia en el país de origen del idioma con el que trabajan y se sumerjen en su cotidianeidad verbal. Eso hace tiempo era mucho más raro de ver: las distancias eran mucho mayores, los costos también, y los presupuestos más menguados. Hasta yo, que no leo mucho, he leído de vez en cuando alguna traducción un tanto marciana.

Esa superación personal y técnica probablemente la hemos constatado todos los que solemos releer más que leer: tengo en casa el primer Ulises que compré, en una edición argentina bastante mediocre y que guardo por puro sentimentalismo, junto a la "versión" de 1999 en la editorial Cátedra, con su presentación, su comentario inicial... en fin, un lujazo. Y ahí es donde te das cuenta de que efectivamente los tiempos van cambiando, y que cualquier priofesional que se precie anda despierto. Por profesionalidad también, pero sobre todo por amor a sí mismo y a aquel instinto juvenil que un día le hizo elegir ese trabajo y no otro.

javierfuzzy.blogspot.com dijo...

Tema bien interesante. Aprovechando el comentario final de Rodion y el ejemplo de Rick con el "Ulises", me paso hace poco cuando releía el libro de Joyce. Pasé de la traducción demasiado "coloquial-castiza-cheli" (en algún episodio que ahora mismo lamento no recordar) de Fco. Gª Tortosa (Cátedra, 2001) a la más convencional de J.M. Valverde (Lumen, 1976). La primera, siendo en general un trabajo excelente (y además, obra de uno de los grandes especialistas joycianos del país) me chirriaba por todos lados en ese episodio en concreto.
Hay libros especiales (estoy pensando en los "Cantares" de Pound) donde la labor del traductor, ese traspase del espíritu original del idioma del autor hacia el lector de lengua diferente, es especialmente complicada.
De todas formas, creo que la traducción más difícil es la de la poesía, entendiendo (como la entiendo) que este género participa más de la sensación musical que la prosa.
Saludos,

Ángeles dijo...

Rodión, me parece muy interesante que te intereses (valga la redundancia) por el mundo de la traducción. No es algo frecuente, pero por suerte cada vez es menos raro, al menos entre determinados lectores, que se valore el trabajo de traducción, se tenga conciencia de cuánto pueden diferir las diversas traducciones de un mismo texto, etc.

Lo que tú haces, comparar las ediciones cuando es posible, me parece fantástico, pero claro, es difícil decir que una traducción es mejor que otra en términos absolutos (salvo que una de ellas fuese especialmente mala). Una traducción puede ser mejor que otra en unos aspectos y peor en otros. Como bien dices, una misma opción, por ejemplo, los arcaísmos, puede ser muy acertada en un caso y no en otro. Incluso en un mismo libro y para un mismo problema, puede ser conveniente tomar una decisión determinada en un momento, y otra diferente en otro.

El ejemplo que pones de Cumbres Borrascosas es muy bueno, porque presenta un problema habitual: el de reflejar unos modos de hablar particulares de una zona geográfica, de un personaje, etc, con supuestos equivalentes en la lengua de llegada (en nuestro caso, el español). Quizá en tu caso, la otra traducción no te gustaba por otras razones, y preferiste volver a la de Martín Gaite "a pesar" de esos localismos que al principio te chirriaban.

Una traducción se puede hacer orientada a la cultura de llegada o a la cultura de partida. Un caso paradigmático de traducción orientada a la cultura de llegada es el doblaje de Los Simpson, donde, por ejemplo, Homer canta "Mi carro me lo robaron". En el caso contrario las adaptaciones culturales son mucho menos marcadas, obviamente.
Para mí lo ideal es encontrar un equilibrio, es decir, traducir de manera que el lector lea la obra con toda comodidad, sin extrañamientos, sin pérdida de información, pero de manera que tampoco pierda de vista que está leyendo una obra extranjera y pueda sumergirse en un contexto social y cultural determinado.

A mí también me gusta mucho Stendhal, y cuando leí Rojo y Negro también se convirtió en uno de mis libros favoritos (por cierto, aunque sea en una edición barata, una traducción puede ser muy buena) y tengo también La Cartuja de Parma en traducción de Consuelo Berges.

Respecto a tu última pregunta, creo que ya más o menos he contestado. Pero por afinar un poco más mi respuesta, y teniendo en cuenta que cada frase y cada párrafo puede requerir un tratamiento específico, en general me parece poco acertado el uso de localismos y coloquialismos (ejemplos como lo de Los Simpson, son otra cuestión). Hace tiempo leí unos relatos de Dickens que quedaban totalmente desvirtuados porque los personajes londinenses hablaban como si fueran malagueños, como quien dice. Y como señalas, estos usos pueden funcionar unas veces y otras no, por eso no conviene aplicar una misma solución en todos los casos, aunque parezcan similares.

Muchas gracias por tu comentario, que no es ningún "rollo" en absoluto :)

Ángeles dijo...

Beauséant, yo también me pido ese superpoder :D

Me encanta lo que dices sobre mirar el nombre del traductor en los libros que lees. Es un reconocimiento que se agradece, no lo dudes. Y desde luego que hay traductores que trabajan o han trabajado con unas pésimas condiciones laborales.

Es cierto que una traducción desacertada puede echar a perder por completo una obra; tanto es así que se han dado casos de autores que, escarmentados en ese sentido, se han negado a ceder los permisos de traducción de sus libros.

Gracias.


Rick, no creas que hay que ir dos siglos atrás para observar falta de fidelidad a las obras originales. Hasta hace sólo unas cuantas décadas había ciertos traductores que se permitían modificar la obra original a su gusto.

Pero sí, hoy día hay una profesionalización de la traducción que antes no existía, además de unos medios técnicos impensables hasta hace poco. Y no me refiero a los viajes, que indiscutiblemente están mucho más al alcance de cualquiera que tiempo atrás; me refiero a internet. Hoy puedes averiguar casi cualquier cosa sin tener que moverte de tu escritorio, y consultar diccionarios, glosarios, corpus, manuales, prensa del siglo XIX, datos históricos, etc. Incluso puedes ponerte en contacto con los propios autores de las obras, si son contemporáneos y se dejan, y consultarles directamente.

Aparte de lo cómodo que resulta trabajar con un ordenador. Yo me imagino a los traductores de antes trabajando no ya a mano, sino con una máquina de escribir, y me parece que tenían un mérito tremendo. Muchas veces, cuando se encuentran defectos en traducciones antiguas, yo pienso que demasiado bien están, teniendo en cuenta el poco o nulo acceso que tenían esos traductores a los medios que hubieran necesitado para resolver ciertos problemas, dudas, etc.

Otra cuestión es que antes se encargasen traducciones a personas que "más o menos" se manejasen en la lengua extranjera; o que se hicieran traducciones indirectas (por ejemplo, obras rusas no traducidas del ruso sino de la traducción francesa del ruso). Cosas del pasado, por suerte.

Gracias por tus opiniones.

Ángeles dijo...


Javierfuzzy, el ejemplo que pones sirve también muy bien para ilustrar el peliagudo tema del uso de los coloquialismos y localismos. Me ha gustado eso de "traducción castiza-cheli", ja,ja, porque define muy bien lo que pasa en algunos casos con esos usos.

Hace unos días leía yo una traducción de un relato de Flannery O'Connor en el que abundan los casticismos del tipo "y'han estao", " s’ha escapao", etc, que desvirtúan por completo la intención de la autora, porque esa forma de expresarse caracteriza a los personajes de una manera que nada tiene que ver con la original. En cambio, en otros aspectos la traducción es estupenda y resuelve otros conflictos con soluciones muy acertadas.
En fin, justo lo que dices sobre el trabajo de esa primera traducción que leíste del Ulises.

En cuanto a la traducción de poesía, es cierto que entraña unas dificultades específicas y muy grandes. También en estos casos hay diferentes posibilidades y cada traductor optará por una, según su criterio: salvar ante todo la forma, ya sea la rima, la métrica, el efecto fonético, todo ello o parte; o salvar el contenido renunciando a la forma, en parte o en todo... Todo depende siempre de muchas cosas. Pero a veces, el intento de conservar la forma por encima de todo puede producir efectos indeseables, por ejemplo con rimas forzadas que banalizan u olvidan el contenido... Muy complicado, sí.

Gracias por tu comentario, y me alegro mucho de que te parezca un tema interesante.

José A. García dijo...

Las traducciones localistas de Plaza y Janés, esas sí que eran, son y serán de terror...

Saludos,

J.

Ángeles dijo...


Vaya, José A. García, parece que has tenido experiencias poco gratas con ciertas traducciones, jeje.

Saludos.



JuanRa Diablo dijo...

Qué cierto es eso de que que no caemos en la cuenta de que hemos leído muchas obras gracias a los traductores. La facilidad de abrir un libro de cualquier autor extranjero y empezar a entender lo que leemos nos hace olvidar que no fue escrito así, tal cual lo vemos.

Yo os doy aquí y ahora un aplauso muy fuerte a los traductores por ser el puente que nos permite acceder a cualquier fuente de comunicación de cualquier cultura. ¡Y eso es algo grandioso!

Ángeles dijo...


Gracias, JuanRa :)

Es como dices: un puente entre culturas, y entre generaciones. Yo me echo a temblar de pensar que no pudiese leer a todos esos autores que tantos momentos de felicidad y consuelo me han proporcionado.

Pero es una preocupación ilógica, en realidad, porque el mundo me parece impensable sin traducciones, no ya literarias, sino comerciales, legales, científicas... Allí donde halla un idioma habrá traductores, desde el principio de los tiempos linguísticos.

Anónimo dijo...

¿Y si el libro está mal escrito y es feo y el éxito depende del traductor que lo convierte en algo hermoso? Apuesto a que eso habrá pasado. Es más, si yo fuera traductor, me sería muy difícil no "mejorarlo".
carlos

MJ dijo...

Mi agradecimiento a los traductores.
No sé idiomas y siempre he sido consciente de que puedo leer libros de autores extranjeros, ver películas y series (dobladas o subtituladas), manuales de instrucciones, etc gracias a los traductores. Y siempre he imaginado el tacto, la diplomacia y el cuidado que deben tener los traductores que trabajan para instituciones internacionales, ONU, etc ... Estos tienen aún más mérito... quizá alguno de ellos haya evitado una guerra por traducir de forma "más amable" algunas malas contestaciones entre dirigentes políticos... O quizá me estoy formando una película yo sola :-)
Por cierto, antes me parecía razonable eso de que una obra original rusa fuera traducida al castellano desde una traducción francesa (porque habría más traductores de francés) pero hoy me parece una locura que nos aleja del texto original. Las decisiones que tomó el traductor francés y las que tomó el español... doble paso en el que ha de perderse mucho forzosamente... O esas versiones resumidas, o adaptadas "para señoritas" (que ya existían en su idioma original, porque yo tengo una edición de las obras de Shakespeare donde se aclara que es una versión para que los hermanos mayores tutelen a sus hermanas y, si creen necesario, purguen aún más la versión de estos "gentiles" adaptadores y que una editorial tuvo la feliz idea de traducir al castellano y yo de comprarla).
Tengo tres traducciones distintas de "Orgullo y prejuicio" y aún no he decidido cual es la mejor. Imposible para mí saber cuál será la más fiel, o si una menos fiel es más acertada...
Merecido homenaje a todos los que lográis que lleguen las palabras, ideas, historias... de otros idiomas al único que manejo.
Gracias.

recomenzar dijo...

En una época hice traducciones pagaban muy bien . Es fácil traducir. Lo que es difícil es la traducción simultánea Actualmente se paga $140 la hora por eso

Ángeles dijo...


Carlos, se supone que un buen traductor no debe mejorar una obra por muy deficiente que le parezca. Su papel no es corregir ni enmendarle la plana al autor. El traductor debe reflejar lo que el autor ha escrito, y después que el lector decida si le gusta o no.

Pero sí, sí que ha pasado. A mí eso me parece una falta de respeto al autor, a la propiedad intelectual, y también al lector. Aunque hoy día, por suerte, eso es más difícil que ocurra, por diferentes razones.

Gracias.


No sé, MJ, si un intérprete profesional se atribuirá el derecho a "suavizar" una respuesta, un diálogo, o lo que sea. Y tampoco lo contrario, por supuesto. Su misión es transmitir un mensaje, no modificarlo según su criterio. Aunque la idea da para una película, sí :D

Sí, en tiempos pasados se recurría a la traducción indirecta por esa razón, porque la disponibilidad de traductores era escasa, sobre todo de determinados idiomas. Hoy día por suerte, el estudio generalizado de lenguas extranjeras, el movimiento de personas entre países, y la profesionalización de esta disciplina, han hecho que todo eso cambie. Y desde luego, cuantos más idiomas interpuestos haya entre la lengua de partida y la final, más lejano queda el mensaje original, claro.

Las adaptaciones de obras siempre han existido, en efecto, tanto en la lengua original como en traducciones. Suelen se adaptaciones para distintos públicos, o ediciones para estudiantes de la lengua extranjera en las diferentes etapas del aprendizaje. Aunque si hay otras intenciones (morales), ya la cosa se parece más a una censura.

Como dije en otro comentario, es difícil que una traducción sea en todo mejor que otra, salvo que alguna sea especialmente defectuosa. Y también varias traducciones de una misma obra pueden ser muy diferentes entre sí pero igualmente acertadas. En esos casos es el gusto personal lo que nos llevará a preferir una u otra.

Gracias por tu comentario.


Ya lo creo, Recomenzar, la traducción simultánea a mí también me parece algo dificilísimo.

Un saludo.

JuanRa Diablo dijo...

A propósito de lo que dice MJ, estoy leyendo un libro sobre la historia de la conquista de América y me llamó mucho la atención el importantísimo papel que tuvo una nativa de la actual Veracruz, pues fue una pieza clave para la conquista de México por Hernán Cortés.

La joven se llamaba Malintzin, pero fue conocida como La Malinche. Se sabe que conocía bien las lenguas de muchos de los pueblos de la zona, y después de ser dada como esclava a los españoles aprendió tan pronto y tan bien el castellano que sirvió como intérprete y traductora para Cortés, con quien llegó a tener un hijo. Esto abrió mucho el camino para que hubiera entendimiento y acuerdos entre las distintas civilizaciones, y hay indicios de que hizo una buena labor diplomática trasladando los mensajes con el tacto necesario para que no surgieran enfrentamientos.

Por esa razón para muchos ha pasado a la historia como una traidora y para otros es la apaciguadora y la madre simbólica del mestizaje.

Ángeles dijo...


Así es, Juanra, la Malinche tuvo un papel crucial en la conquista de México, no sólo como conocedora de las lenguas, sino también de la cultura y las costumbres locales de los indios. Para los españoles era difícil distinguirlos y ella les explicaba las diferencias entre las lenguas y las costumbres de unos y otros y les aconsejaba cómo comportarse. La diplomacia y el protocolo han sido siempre cruciales para evitar posibles ofensas al otro.

También es cierto que se la consideró una traidora, una espía, se podría decir, y, si no me equivoco, en México existe el término "malinchismo", con el sentido de deslealtad a lo propio.

En esta misma línea, también hay historias muy interesantes de los intérpretes locales (innuit, iroqueses...) que acompañaban a los exploradores franceses y británicos en la colonización de Canadá y parte de EEUU. También en esos casos eran mucho más que intérpretes. Eran también guías que mostraban rutas desconocidas para los europeos, "asesores" con los que aprendían a construir un iglú, por ejemplo, o sobre la caza, etc.

También se dieron casos de europeos secuestrados por los habitantes nativos; cuando aprendían la lengua, y sus simbolismos, sus metáforas, actuaban como intérpretes.

En fin, es un tema realmente interesante, así que gracias por haberlo traído a este nuestro saloncito de tertulias :)

Anónimo dijo...

! Qué guay el desarrollo de esta conversación, cómo ha derivado el tema hacia la historia de los traductores en la colonización...
Ya, ya sé que no es ético pero la tentación debe se ser grande...es que uno siempre tiene ambiciones creativas y limitarse a trasladar lo que dice el original, y menos si su estilo no te gusta (desde luego, no pienso en cambiar el significado o las ideas), debe de ser tostonífero.
carlos

MJ dijo...

Muy acertados vuestros comentarios JuanRa y Ángeles. No estaba yo pensando en la Malinche, precisamente cuando comenté lo de ser un intérprete que traduzca "limando asperezas" para evitar conflictos... pero es muy buen ejemplo, sin duda.

Si supiera idiomas tan bien como para traducir no intentaría cambiar el estilo, ni "enmendarle la plana" al autor al que estuviera traduciendo... Pero, en relaciones internacionales, ya sería otra cosa... ahí si viera una situación que pudiera desencadenar un conflicto armado, no dudaría en suavizar la cosa para intentar evitarlo... Si eso es ser mal intérprete, pues sería mala, pero evitaría una guerra... vale la pena.

Saludos a todos los de este saloncito de tertulias.

Una_Vida_Mundana dijo...

Yo creo que la escritura es un acto creativo y la traducción otro. Cuando lees una obra traducida, estás asistiendo a dos actos de creación paralelos.

Ángeles dijo...

Carlos, supongo que una de las habilidades que debe tener traductor es la de saber superar esas tentaciones.

En mi caso particular, tengo la suerte de que todos los libros que he traducido hasta ahora me han gustado mucho, ha sido un placer trabajar con esas obras, y me siento privilegiada, desde luego. Porque sí, es normal que a un traductor no le guste siempre el libro que traduce, o que le encuentre defectos de estilo, de estructura, o del tipo que sea. Con la cantidad de cosas que se publican, es normal que no todo sea alta literatura precisamente. Y sin duda, debe ser muy duro trabajar durante meses en un libro "tostonífero" (gracias por esta palabra :D).


MJ, en este asunto de "suavizar las cosas" para evitar un conflicto internacional, entra en juego la ética profesional. No conozco la profesión de intérprete con profundidad, pero existe un código ético por el que deben regirse en el desempeño de su función, y que se refiere a la veracidad, a la fidelidad al discurso que se traduce, sin alterar, omitir ni añadir. Otros aspectos son la imparcialidad, la confidencialidad...

Además, supongo que sería fácil descubrir cualquier alteración del mensaje que uno de ellos realizara.

Por otra parte, me imagino que para evitar un conflicto, una guerra, hace falta, por desgracia, mucho más que una interpretación bienintencionada.

Gracias por tu comentario.


Hola, Patricia Plaza.

Tienes toda la razón: la escritura y la traducción son dos actos creativos diferentes. Aunque íntimamente vinculados y con muchos elementos en común, cada uno tiene sus técnicas y sus retos propios.

Muchas veces surge la cuestión de si el traductor es también autor, precisamente por esa vinculación tan estrecha. La respuesta que a mí me parece obvia es que el traductor es autor de la traducción, precisamente porque a pesar de esa vinculación, son, en efecto, disciplinas diferentes.

Gracias por tu visita.

Rodión dijo...

Me ha llegado esta noticia y, como eres malagueña, me he acordado de ti: https://www.diariosur.es/culturas/libros/malaga-escribidores-vargas-llosa-20210609155409-nt.html

Y ya que estoy, te agradezco la explicación que dejaste sobre la traducción, la diferencia entre enfocarse a la cultura de llegada o a la de salida. Y sí, cuando mencioné ''traducción barata'' lo hacía como forma de hablar, no literalmente, pero es verdad que no es una expresión afortunada.

Es razonable también que, a partir de cierto nivel de profesionalización, la valoración de las traducciones sea relativa, lo cual nos lleva a que nunca podrá hablarse de una ''traducción definitiva'' de ningún texto, porque siempre cabrá una nueva adaptación, ya sea a nuevos tiempos, nuevas formas de expresión, etc. Yo valoro la fidelidad al texto y al autor, pero entiendo que no es tan sencillo.

Ángeles dijo...


Muchas gracias, Rodión. Me mandaron la noticia recién salida del horno, pero te lo agradezco igualmente. Eres muy amable.
Por cierto, de todo el plantel, quien más me interesa es Cartarescu (al que tuve la inmensa fortuna de conocer hace dos años). ¿Lo has leído?

No te preocupes por lo de "traducción barata"; se entendía que te referías a "ediciones baratas", pero no puede evitar puntualizar un poco. Soy así de recalcitrante ;)

Sí, efectivamente, una traducción no se considera nunca "definitiva", pero no solo porque cambien las formas de expresión, o que alguna palabra, con el tiempo, deje de tener un significado determinado, o deje de usarse en una de sus acepciones, etc, sino que el propio traductor podría estar haciendo modificaciones permanentemente. Lo que un día puede parecer adecuado, al día siguiente no lo parece tanto, o se encuentra una forma mejor de decir una misma cosa, o se descubre un detalle que antes pasó desapercibido... En fin, yo siempre digo que el lenguaje es infinito y por lo tanto sus posibilidades también.

Muchas gracias de nuevo.
Un saludo.

Rodión dijo...

Sabía que te interesaba Cartarescu :) No lo he leído nunca, aunque hará pocos meses me compré ''Nostalgia''; hace tiempo tuve curiosidad, por verlo en alguna librería, pero si me animé a dar el paso fue por cómo lo has recomendado en tu blog. Ahora ando bastante liado con oposiciones, pero en julio me pondré con ganas con libros pendientes. No sé cuándo caerá Cartarescu, pero caerá.

Respecto a lo que dices de la traducción, me da cierta envidia (sana). Creo que debe ser un trabajo apasionante. Como todos los trabajos, también tendrá sus malos momentos, su dureza, sus plazos de entrega y por supuesto su dificultad, pero esa creatividad y firma personal que dejáis los traductores en un libro no tienen precio.

Ángeles dijo...

Rodión, me alegra mucho que tengas interés por Cartarescu. Nostalgia fue también lo primero que leí de él, y me fascinó. Después leí Solenoide y fue una revelación. Algunas de sus otras obras son muy diferentes, pero creo que estos dos son fundamentales. Ya me contarás cuando lo leas.

En cuanto a la traducción, sí, es un trabajo apasionante, sin duda alguna. Como bien dices, tiene sus pegas, claro, pero para mí no hay ocupación mejor que trabajar con el lenguaje y la literatura.

No sé si has leído esta entrada. Te la dejo por si acaso, por si te apetece cuando tengas tiempo.

Muchas gracias por tus comentarios, y mucha suerte con tu tarea.