Parejas
complejas ha habido muchas a lo largo de la historia: Marco Antonio y
Cleopatra, Napoleón y Josefina, Belén Esteban y Jesulín de Ubrique…
Aunque
algunas, más que complejas son espeluznantes, como el Doctor Jeckyll y Mister
Hyde o Rasca y Pica.
Sin
embargo, las que a mí más me sobresaltan y más miedo me dan son esas que se
deslizan subrepticiamente en cualquier conversación o alocución, consiguiendo hacer
una gracia como poco, o dejarnos a la altura de una babucha en los peores
casos.
Últimamente
una de esas parejas complejas ha pasado por mi lado varias veces. Es una pareja
que siempre me ha dado que pensar, porque en realidad no estaba segura de si
en efecto era una pareja o una sola palabra que unos pronunciaban de una manera
y otros de otra.
Pero
es una pareja, y sin duda una de las que más mala idea tienen. Se trata de espulgar
y expurgar.
Leí
en un periódico una noticia que decía:
“Ayer,
los agentes seguían expurgando contrarreloj los cientos de documentos
incautados en las oficinas municipales…”
Y
poco después, en un libro:
“Espulgábamos
los catálogos de las bibliotecas y, cuando leíamos ciertos títulos, nos
hacíamos ya una idea de los tesoros que nos esperaban.”
En
ambos casos tuve dudas, así que, como
siempre, consulté el diccionario y encontré lo siguiente:
espulgar:
1. Limpiar
de pulgas o piojos.
2.
Examinar, reconocer algo con cuidado y por partes.
expurgar:
1. Limpiar
o purificar algo.
2.
Mandar tachar algunas palabras, cláusulas o pasajes de determinados libros o
impresos, sin prohibir la lectura de estos.
De
lo cual deducimos que, tanto en la noticia del periódico como en el libro, la
palabra adecuada es espulgar, concretamente su segunda acepción, y
que por lo tanto quien redactó la noticia periodística cayó en la trampa tendida por la
parejita.
Otras
dos palabras que causan confusión cuando se desconoce su condición de dúo
travieso o cuando se usan sin cuidado son retraer y retrotraer.
Una vez oí a una señora que decía:
“Yo
me retrotraigo pero mi marido insiste…”
Y
después, leyendo otra noticia, encontré:
“…que
se inicien los trámites para retrotraer la titularidad de la parcela al
Ayuntamiento…”
He
aquí lo que cada una de estas dos palabras significa:
retrotraer:
Retroceder a
un tiempo pasado para tomarlo como referencia o punto de partida de un relato.
retraer:
1. Retirarse,
retroceder.
2. Ejercitar
el derecho de retracto. Retracto: Derecho que compete a ciertas personas para
quedarse, por el tanto de su precio, con la cosa vendida a otro.
Es
decir, que ni la señora se retrotrae del marido ni al ayuntamiento se le
retrotrae la parcela.
Sé
que puede parecer que me dedico a espulgar lo que dicen
los demás para encontrar deslices e incorrecciones en su discurso. Pero lo
cierto es que yo me retraigo, retrocedo ante la idea de fiscalizar cada palabra
y cada frase que oigo o leo.
Me
esfuerzo por centrarme en el mensaje exclusivamente, sin prestar atención a su
forma, pero tarde o temprano aparece una palabra que parece inadecuada en un
contexto determinado; que suena inapropiada, que no parece la mejor opción para
ese momento.
Y
entonces, sin que yo lo pueda evitar, la palabra en cuestión empieza a dar
vueltas, a rondarme por la cabeza, a veces durante días, y llega a ponerse tan
pesada que no me queda otro remedio que consultar diccionarios y ejemplos de
uso para quitármela de encima.
Es
lo que me pasó recientemente, cuando vi en la tele a un periodista que hablaba
con un religioso sobre la elección del nuevo Papa.
El reportero, en un momento
de la entrevista dijo:
“Y
ahora, hablando de algo mucho más terrestre…”
Y
claro, la duda era inevitable: ¿terrestre o terrenal? No olvidemos que se
estaba hablando de asuntos relacionados con la religión, la fe, lo divino
frente a lo mundano.
Entonces
encontré en el diccionario una interesante distinción:
terrestre: perteneciente
o relativo a la Tierra.
terrenal: perteneciente
o relativo a la tierra, en contraposición de lo que pertenece al cielo.
Es decir, lo terrestre es lo que se refiere al planeta
Tierra, con mayúscula pues es un nombre propio; mientras que lo terrenal
es lo relativo a la tierra, con minúscula, a lo que no pertenece al cielo, en
el sentido de “la mansión eterna de los bienaventurados”, como poéticamente lo
define la RAE.
Así pues, el reportero que hablaba primero de lo divino y
después de lo humano, debería haber dicho, efectivamente, terrenal.
Qué
bonito y ventajoso es esto de que las palabras tengan su significado preciso y
exacto para encajar divinamente en un contexto o en otro.
Lo
malo es que no siempre lo sabemos aprovechar.