miércoles, 6 de mayo de 2009

Tres historias

El hombre



Un día un hombre llegó a nuestra casa y dijo que venía a quedarse una temporada. No era amigo ni pariente, pero mis padres tuvieron que aceptarlo.

Mi madre se apresuró a servirle un plato bien repleto y un vaso de vino. Luego el hombre pidió postre y una taza de café, y todo le fue servido con presteza.
Dormía en la habitación de mi hermano, usaba el baño con preferencia y nunca salía de casa. No ayudaba en las tareas domésticas, ni a mi padre en la carpintería.
Mi padre hablaba con él de política, mostrándose siempre de acuerdo con lo que el hombre decía. Mi padre hablaba también de la vida, con esa filosofía humilde que las personas sencillas van extrayendo de la experiencia cotidiana.
Mi hermano le enseñaba sus dibujos.

Mi madre, no contenta con servirle la comida y lavarle la ropa, le tejió un jersey de lana. Y yo, que no tenía nada que ofrecer, me limité a escucharlo cuando quiso hablar de su vida.

Al cabo de dos meses el hombre se marchó. Nos prometió que su informe sería favorable y que no debíamos temer nada.
Y debió cumplir su palabra, porque nunca recibimos ninguna notificación.


El compromiso


Lo matamos con esmero, con cariño incluso. Sí, porque no queríamos que sufriera. Las circunstancias nos obligaban a acabar con su vida, pero eso no implicaba que el pobre tuviera que sufrir.
Pensamos en el modo más rápido de finiquitarlo y lo pusimos en práctica.
Y puedo jurar que funcionó, que no se enteró de nada, porque no intentó huir ni oímos el más mínimo lamento. Y eso fue un alivio.
Lo cierto es que al principio el asunto me repugnaba, me causaba desazón y cierto temor al remordimiento. Pero me había comprometido y no podía echarme atrás.Bueno, por lo menos la cosa iba a ser rápida y supuse que a los pocos días habría olvidado el mal trago.
Y así fue, efectivamente. Lo malo es que ha pasado un año y ya me están pidiendo mi colaboración otra vez.
No sé, no me gusta esto, porque estoy viendo que voy a estar en las mismas cada vez que se acerque la Nochebuena.


Asesinado

Soy un fantasma, un espectro, un alma en pena.
Estoy muerto. Tieso. Fiambre.
Me han dado el pasaporte; me han mandado al otro barrio; me han dado matarile.
Y mientras no encuentren al culpable y lo condenen, el condenado soy yo.
Condenado a vagar por los callejones, arrastrando las cadenas invisibles del odio y el resentimiento.
Condenado a no descansar, a vivir entre dos mundos, transparente y etéreo, consciente pero incorpóreo.
Y sobre todo, aburrido.
Esto es muy aburrido.

lunes, 27 de abril de 2009

Una conversación pintoresca

Hace algún tiempo vinieron unos pintores a remozar la fachada de nuestro edificio.
Estuvieron varios días trabajando, y yo los veía ir y venir por la pared, en sus andamios, dando color.
Cuando llegaron a la altura de mi piso, y en concreto a la ventana de mi habitación, cerré la persiana, de manera que ellos no me viesen a mí ni yo a ellos. Pero los pintores, al parecer más concentrados en sus conversaciones que en el trabajo, hablaban sin recato de sus cosas, y yo, aun con la persiana cerrada, podía oírlos perfectamente.

Esta conversación, no sé por qué, se fue fijando en mi memoria al tiempo que la escuchaba, y me pareció tan pintoresca que hasta les di nombre a esos dos interlocutores. Me pareció probable que sus nombres en la realidad fueran Paco y Antonio. En mi imaginación, desde luego, así se llamaban. Y esto fue lo que se dijeron:

Paco: ¿Tú sabes de lo que me he enterado?
Antonio: ¿De qué?
Paco: De que en Francia las mujeres no llevan ropa interior.
Antonio: ¿Cómo no van a llevar ropa interior, hombre?
Paco: Que no, que no llevan. Y cuando están con “eso”, la llevan negra.
Antonio: ¡Qué tontería! ¿Y a ti quién te ha dicho eso?
Paco: Me enteré yo cuando estuve en Francia.
Antonio: ¿Pero tú has estado en Francia alguna vez, hombre?
Paco: Que sí, que yo he estado allí.
Antonio: A ver, ¿cuándo?
Paco: Cuando terminé la mili, fui con mi primo. Y no veas, las mujeres que hay allí, sabes. Estuve yo con una, que no veas qué mujer.
Antonio: Ya. Entonces, si has estado en Francia, habrás estado en Picadilly, ¿no?
Paco: ... Sí, claro que he estado...
Antonio: Ya ¿Y cómo era aquello?
Paco: Aquello... muy bien. No veas lo bien que estaba aquello...
Antonio: Anda, anda, que eres más tonto... Tú ni sabes dónde está Picadilly, ni has estado en Francia, ni...
Paco: Que sí, hombre, que he estado allí, con mi primo. Te puedo enseñar fotos.
Antonio: Bueno, ¿y dónde está Picadilly, eh?
Paco: ... Pues allí... al lado de la Estatua de la Libertad...
Antonio: ¡Ja! Pero qué tonto eres, tío. ¿Cómo va a estar...?
Paco: No, si lo he dicho de broma, hombre, ¿no te has dado cuenta de que era de broma? Yo sé que la Estatua de la Libertad no está en Picadilly...
Antonio: Ya, ¿y dónde está entonces?
Paco: Pues... en San Francisco...
Antonio: ¡Anda y vete por ahí, chalao! Tú ni has estado en Francia, ni sabes dónde está nada... Mira que eres tonto...
Paco: ... ...
Antonio: Qué tonto eres...
Paco: Pues yo me he enterado de que a tu padre le dicen “el tortuga”...

lunes, 20 de abril de 2009

Premios Gamba 2009

Estoy pensando que sería conveniente y justo establecer un premio para reconocer las meteduras de pata-o de gamba- más sonoras del año en materia de expresión lingüística.

Habría que establecer, antes que nada, las bases por las que se regiría la concesión de dicho premio, y la primera sería que la metedura de pata sea, ante todo, pública. No valdrían, por lo tanto, los gambazos enunciados en la intimidad del hogar ni en cualquier otro lugar en compañía de unos pocos. Pero sí podrían ser candidatos aquellos resbalones que hayan podido oírse o leerse en cualquier entorno y circunstancia en que la concurrencia fuese igual o superior a, digamos, veinte personas.

Por lo tanto, todos aquellos desatinos y expresiones poco afortunadas oídos o leídos en los medios de comunicación, serán tenidos en cuenta como candidatos al galardón. E igualmente, todos los patinazos oídos o leídos en mítines, carteles, publicidad, eventos deportivos, aulas, celebraciones, etc.
Lo cierto es que candidatos hay por doquier, y tengo unos cuantos ejemplos:

1. En un telediario de Telecinco, al dar la noticia de un estudiante que mató a varios compañeros, se dijo que la policía había encontrado el arma con la que el asesino se había ido cargando a sus víctimas.
No se puede ser más basto, señor P.
2. En un centro público de enseñanza, durante la celebración de unas actividades lúdico-deportivas, el animador del evento, micrófono en mano y megafonía a tope, invitó a participar en un juego a los profes y las profas.
Será que en ese colegio hay profasoras...

3.Hace unas semanas el Papa declaró que los preservativos no sólo no sirven para evitar el sida, sino que agravan el problema. Haciendo referencia a estas palabras, la presentadora de un telediario de La Sexta dice que eso fue lo primero que salió por su boca.

Creía yo que no se podía ser más basto que el señor P, pero esta señora me demuestra que me equivocaba. La ordinariez no tiene límites.

4. En el trailer de una película se ve a un joven enamorado que, usando una delgada rama a modo de pincel, está dibujando el rostro de su amada. Entonces le dice a la bella que se acerque porque quiero sacarte bien los ojos.


¡Qué miedo! Ni en las películas de tripas y sangre se oyen cosas así.

5. En un programa de noticias sobre famosos, una colaboradora dijo que no sé qué celebridad había participado en la Semana Santa de Málaga portando un trono, y que la esposa del susodicho había actuado como mayordoma de la cofradía.

Pues sí, la mayordoma es una miembra de las cofradrías.


6. Hay una edición nueva, (ya disponible en su librería), de la novela de Jack Kerouac 'En la carretera'. En la portada del libro se lee, debajo del título, El rollo mecanografiado original.

Digo yo, si es un rollo, ¿para qué lo advierten? No van a vender ni uno... Ah, que querían decir que es el texto original... ¿y por qué no lo dicen así, independientemente de que tal texto se conserve enrollado?.

El texto mecanografiado original


Como se puede comprobar, no hay más que pegar la oreja o el ojo al mundo cotidiano y aparecen candidatos a los Premios Gamba por todas partes. ¿Querrá eso decir algo?

lunes, 13 de abril de 2009

Los nombres de las plantas

Me encantan los nombres científicos de las plantas. Me parecen muy bellos, de gran sonoridad, aunque también difíciles de recordar:euphorbia milii, graptopetalum paraguayense, tradescantia zebrina, tradescantia pallida, kalanchoe daigremontiana, sansevieria trifasciata, crasula arborescens, crasula ovata...


Los nombres comunes, en cambio, son, en ocasiones, menos bellos, pero casi siempre muy ingeniosos, pintorescos y descriptivos. Y desde luego, mucho más fáciles de recordar.

De todas formas, cuando se conoce el porqué de las cosas, todo se asimila con mayor facilidad, se comprende y se retiene mejor. Y todos esos nombres científicos tienen, lógicamente, un porqué y una razón. N
os indican características de las plantas: el color o el aroma o la forma de las hojas, del tallo o de las flores; o su origen geográfico; o hacen referencia al nombre de una persona...


Por ejemplo, la sansevieria trifasciata es una planta muy común en nuestros hogares, aunque este nombre quizá no nos permita identificarla. Es una planta muy elegante y señorial, que quizá por eso tiene nombre de príncipe. La denominación sansevieria hace referencia precisamente al príncipe Raimond de Sanseviero, un apasionado patrocinador de expediciones botánicas del siglo XVIII. Por otro lado, el epíteto trifasciata significa "con tres franjas".

Pero sin duda, los nombres populares de esta planta tienen más gracia. La conocemos como "espada de san Jorge", "rabo de tigre" o "lengua de suegra" (qué sutileza).

También son bastante comunes la crasula arborescens y su compañera la crasula ovata. El nombre de crasula deriva del latín 'crasus', que significa 'grueso', en alusión a sus hojas carnosas; mientras que arborescens y ovata, como es fácil imaginar, significan respectivamente 'similar a un árbol' y 'ovalada'. Pero popularmente las llamamos "árbol de jade", que es un nombre rebonito.



La euphorbia milii tiene un nombre muy exótico pero poco descriptivo, que hace referencia, por un lado, al médico griego Euphorbos, y por otro, al barón Milius, que introdujo esta especie en Francia en el siglo XIX.

Esta euphorbia está llena de espinas, aunque también tiene una delicadas florecillas rojas que parecen de sangre con una gota de oro enmedio.
Sin duda, su nombre común es mucho más gráfico: "espina de Cristo"; o, como la llaman los angloparlantes, "corona de espinas" y "corona de Cristo".

La leyenda dice que la corona de espinas que llevó Jesús en la cruz estaba hecha con los tallos de esta planta... 



Y si de nombres exóticos hablamos, no podemos olvidar el kalanchoe daigremontiana. La palabra kalanchoe nos habla de su origen chino-mandarín, y daigremontiana alude al navegante francés Prosper Philippe d'Aigremont de Pepinvas (mon Dieu!), que en el siglo XVIII participó en una importantísima expedición científica mundial.

El nombre popular de esta planta es sensacional: "espinazo del diablo". Magnifique!

                                                    

Y para nombres rimbombantes, el graptopetalum paraguayense. Del griego 'graptos' y 'petalon', graptopetalum significa 'pétalo pintado', y paraguayense indica claramente una referencia geográfica.


Ésta es una planta asombrosa, cuyas hojas parecen estrellas de piedra. O de nácar, y quizá de ahí su nombre popular: "madreperla".


Las tradescantias deben su nombre al botánico inglés del siglo XVII John Tradescant, que también viajó lo suyo y trajo a Europa nuevas especies botánicas para regocijo de todos nosotros.
                                                            

La tradescantia zebrina, que se conoce popularmente como "panameña", debe su 'apellido' a sus hojas pintadas a rayas, y la pallida, conocida  como "amor de hombre", se llama así por el color rosa pálido de sus flores. Aunque sus hojas son de un color morado intenso fantástico.


Los nombres populares ingleses son también muy sugerentes: "wandering jew" (judío errante), "purple queen" (reina púrpura) y "purple heart" (corazón púrpura).


Yo creo que los nombres, tanto científicos como populares, de plantas o de cualquier otra cosa, son siempre un alarde de imaginación, de creatividad y de fantasía, y no hacen sino añadir belleza a las cosas mismas y transmitir nuestro deseo de conocer el mundo. Y cuanto mejor conozcamos el mundo y las cosas que en él se encuentran, más lo amaremos.


                                                         


Nota: todas las fotografías fueron realizadas durante diversas expediciones botánicas a mi terraza.


jueves, 2 de abril de 2009

Los correctos incorrectos

Leo en un artículo del pasado mes de marzo, que el Parlamento Europeo quiere acabar con el lenguaje sexista de los textos oficiales.
Yo creía que eso era una manía exclusivamente española, pero ya veo que en todas partes cuecen habas.
Resulta que el lenguaje puede ser discriminatorio porque las palabras que acaban en 'o' suelen ser de género masculino, y si decimos 'los médicos' y 'los eurodiputados', puede parecer que nos estamos refiriendo sólo a señores con bigote.
Quienes opinan así olvidan una cuestión elemental: que en español -como en otros idiomas- el masculino no sirve únicamente para referirse a individuos de sexo masculino; sirve también para referirse a todos los individuos de una misma clase, ya sean de sexo masculino o femenino ('los gatos son felinos'; 'los romanos hablaban latín'...).

Pero según el artículo, en el manual de estilo que ha publicado el Parlamento Europeo se dice que la utilización de las formas masculinas con sentido genérico "se percibe cada vez más como una discriminación contra las mujeres". Pues claro, porque algunos se han empeñado en que así se perciba.

Antes de que empezaran a darnos la matraca con lo políticamente correcto no había ningún problema en decir 'Los alumnos irán de excursión acompañados por los profesores'. Y a nadie se le ocurría pensar que las alumnas y las profesoras se iban a quedar sin excursión, ¿a que no?

Y es que en el uso del género masculino para referirnos tanto a hombres como a mujeres, no hay ninguna intención discriminatoria ni sexista. Se trata simple y llanamente de esa ley o norma de toda lengua que es la economía expresiva.

No faltan voces que digan -y yo con ellas- que en Europa hay cosas más urgentes e importantes que hacer que andar enredando con las palabras. A este respecto, la directora del Programa de Género y Subjetividad de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, dice que se trata de una "batalla simbólica", y que es importante llevar a cabo esa batalla porque "las palabras no son neutras, tienen sexo".
Pues no señora, las palabras no tienen sexo. Tienen sexo los seres vivos; las palabras tienen género, y en español, cinco nada menos: masculino, femenino, neutro, común y epiceno.

Lo que ocurre es que se suele dar por hecho que las palabras de género masculino aluden a personas de sexo masculino, y las palabras de género femenino a personas de sexo femenino. Y ya sabemos que no es necesariamente así.
Además del uso genérico de las palabras masculinas, tenemos el género epiceno, es decir, que hay palabras que aun teniendo género masculino o femenino se refieren a ambos sexos. Por ejemplo: el bebé, el cadáver, el personaje; la persona, la criatura, la víctima...
Pero, para llevarle la contraria al sentido común nos proponían, primero, hablar doble, diciendo los ciudadanos y las ciudadanas; los compañeros y las compañeras; los niños y las niñas... y como hablar así es obviamente una pesadez y un engorro, se pusieron a buscar otras fórmulas para evitar esa supuesta discriminación lingüística. Ahora proponen por ejemplo, en vez de los médicos, que es machismo puro, y en vez de los médicos y las médicas, que es una pejiguera, decir las personas que ejercen la medicina. De ello deduzco que para referirnos a los albañiles sin resultar sexistas habrá que decir las personas que ejercen la albañilería, y los bomberos serán las personas que se dedican, entre otras cosas, a la extinción de incendios.
Pues no sé qué es peor, si hablar doble o tener que construir a cada momento oraciones compuestas subordinadas adjetivas. Con lo fácil que era antes...
Esta costumbre de hacer siempre referencia explícita a los dos sexos me resulta a mí un tanto paternalista y un poquito ofensiva. La igualdad no está en utilizar el lenguaje de una forma determinada (e incorrecta), sino en los hechos. Porque, ¿de qué le sirve a una mujer que la nombren, que se diga trabajadores y trabajadoras, españoles y españolas ... si luego la despiden por quedarse embarazada o le pagan menos que a un hombre por el mismo trabajo; si no la contratan porque está gorda o porque tiene más de treinta años; si se desconfía de su capacidad para determinadas tareas por el hecho de ser mujer; si su marido sigue pensando que él tiene más derecho que ella al ocio y al descanso y que las tareas del hogar no son cosa suya...?
¿Creerán los 'feministas del lenguaje' que por eliminar una norma gramatical van a solucionar las desigualdades y las injusticias?
Para terminar, un ruego personal: a las mujeres que conducen aviones, por favor, no las llamen pilotas. Y a las que son perito industrial, judicial, etc, no las llamen peritas. Gracias.

lunes, 23 de marzo de 2009

En efectivo, segunda parte

La semana pasada oí en la tele a una famosa de poca fama hablar de la enfermedad que padece, y, al referirse a las pruebas médicas que le habían hecho, dijo que había sido "un periodo exhausto de análisis". Error. En todo caso caso, la exhausta sería ella. El periodo de análisis habría sido exhaustivo:

exhausto: muy cansado y débil; agotado.
exhaustivo: que se hace con profundidad; completo.

Por cierto, qué afición tiene algunos a salir en la tele contándolo todo. Parece que tengan adicción a las cámaras. Adicción, que no adición:

adicción: dependencia del organismo de alguna sustancia o droga a la que se ha habituado
adición: añadidura, agregación; en matemáticas, operación de sumar.
Un poco más fácil nos lo ponen rebelar y revelar, que sólo nos pueden dejar en evidencia por escrito, ya que suenan igual:
rebelar: sublevar; faltar a la obediencia debida; oponer resistencia.
revelar: hacer visible la imagen impresa en la película; descubrir lo secreto; proporcionar indicios.
Pepito reveló que se rebeló contra su jefe.
De todos estos dúos malévolos de palabras, uno de los más peliagudos, a mi parecer, es el formado por actitud y aptitud, que menuda sutileza fonética se gastan:

actitud: postura del cuerpo; disposición del ánimo, conducta, aire.
aptitud: capacidad y buena disposición para desempeñar una determinada tarea.

Pepito tiene aptitud para ser jefe, pero su actitud chulesca lo estropea.
Tampoco se queda corta la parejita formada por pluvial y fluvial, que suena líquida y acuática:
pluvial: de la lluvia o relativo a ella
fluvial: de los ríos o relativo a ellos

En estos depósitos se recogen las aguas pluviales
Pepito es aficionado a la pesca fluvial

Si en vez de a la pesca somos aficionados a la música, debemos andarnos con cuidado y decir que somos melómanos; porque si decimos que somos megalómanos, nos calificamos de otra manera
melómano: apasionado por la música
megalómano: que sufre megalomanía, es decir, delirios de grandeza

Aunque, claro, también se puede ser un melómano megalómano...

lunes, 16 de marzo de 2009

En efectivo

Hace tiempo oí a un niño decir “En efectivo”, cuando su madre le preguntó si le había gustado la comida. Obviamente, el chiquillo confundía “en efectivo” con “en efecto”, y aparte de la equivocación, hay que reconocer que el niño tenía madera de académico.
El caso es que un error así, en boca de un niño, produce risa sana y hasta ternura. Por el contrario, si es un adulto el que confunde dos palabras o expresiones similares en sonido y estructura, lo que produce es sonrojo y una risa no tan sana.

Pero es que hay veces en que las palabras parecen querer burlarse de nosotros, ponernos la zancadilla verbal y hacernos tropezar con los significados. Se asocian contra nosotros en parejas, y hasta en tríos, y nos ponen en situación de desamparo léxico. Vamos, que tienen mala idea. A lo mejor es para vengarse de nosotros, por el maltrato que tantas veces les infligimos.

Vaya, he aquí una de esas palabritas traicioneras: infligir, que se confabula con infringir para liarnos de mala manera. No me queda más remedio que consultar el diccionario para asegurarme de que la uso correctamente:

Infligir: causar, ocasionar, imponer, un castigo o un daño.
Infringir: quebrantar o incumplir leyes, órdenes o normas.

Mejor no infringir la ley, no nos vayan a infligir un castigo.

Esto de los daños, los castigos y las leyes infringidas me suena a perjuicio, que no a prejuicio:

Perjuicio: daño material, físico o moral.
Prejuicio: opinión generalmente negativa, que se forma sin tener el conocimiento suficiente de lo juzgado.

No cabe duda de que el prejuicio es un perjuicio.

Con estas palabras, a ver quién no se hace un lío. Por cierto, ¿a ver o haber?:

A ver: tiene diferentes valores y usos; en general expresa expectación, interés, temor o mandato.
Haber: es un infinitivo que denota presencia o existencia; forma los infinitivos compuestos de la conjugación.

A ver si tenemos cuidado, que puede haber confusión.

martes, 3 de marzo de 2009

Edgar Allan Poe




Cuando yo tenía siete u ocho años me sentía fascinada por un libro que había en casa de unos familiares. Se titulaba Narraciones Extraordinarias, estaba escrito por alguien llamado Edgar Allan Poe y tenía en la cubierta un dibujo de una mansión sombría, sobre la cual brillaba una luna llena. Yo lo abría y leía algunas frases; no entendía mucho, pero me atraía y me causaba una extraña y dulce emoción.

Con el tiempo supe quién era Poe y cuánto misterio, pasión y tragedia hay en su obra y en su propia vida. Y supe que Poe no es, como muchos creen, un mero escritor de cuentos ‘de miedo’, que eso en realidad es lo de menos. Porque lo que importa es su condición de verdadero creador, su capacidad para innovar, para idear algo nuevo, diferente, para abrir nuevos caminos que otros seguirían después.
Importa la elegancia de su estilo, la belleza de su expresión, la magnificencia de sus imágenes; y el ritmo, la sonoridad y la música de sus poemas; su genio, su ingenio, y su capacidad de análisis de los detalles. De hecho, creó a August Dupin, el elegante detective parisino que fuma en pipa, y que es el primer criminólogo de la ficción, después del cual vinieron tantos otros, desde Sherlock Holmes hasta Grissom.

En su tiempo Poe fue criticado y menospreciado por las mismas razones por las que después sería admirado y alabado. Lo que para unos eran poemas artificiosos y rimas exageradas, para otros eran creaciones llenas de magia y musicalidad. Y donde unos vieron historias siniestras y absurdas, otros encontraron la expresión de un alma sensible, de gran capacidad intelectual y aguda percepción psicológica.

Poe vivió apenas cuarenta años y todos ellos marcados por un destino trágico y un genio creador único. Y este año yo celebro el segundo centenario de su nacimiento conservando la misma dulce emoción que sentía cuando cogía aquel libro en casa de mis tíos.




La casa de Poe en Nueva York, su última residencia



martes, 24 de febrero de 2009

En observación

Unas pequeñas llamitas han aparecido entre el verde.
Apenas se ven, pero su brillo y su fulgor avisan de la llamarada primaveral que surgirá pronto en mi balcón.

***
Hacemos fotos para no olvidar los momentos. Pero luego, cuando los queremos recordar, esos momentos no se presentan.
Lo único que viene a la memoria es una imagen cuadrada. No recordamos lo vivido, sólo recordamos la foto.
***


Con frecuencia el ser humano se aferra a la vida como si no tuviera otra opción. Como si estar vivo fuera la única manera de existir.
***

Cuando algo sale bien decimos "Gracias a Dios". Sin embargo, cuando algo sale mal no decimos "Por culpa de Dios".
***

Observo a las gaviotas que van sobrevolando la plaza.
Después se posan en las cornisas, las azoteas y las grúas.
Normalmente nos ignoran, pero a veces miran hacia abajo y al vernos se ríen a carcajadas.






lunes, 2 de febrero de 2009

Presentaciones impresentables


Todo aquel que utilice el correo electrónico y que tenga un par de amigos o conocidos, recibirá constantemente presentaciones de PowerPoint de variado carácter. Unas son colecciones de fotos de animales, de paisajes, de flores, muy bonitas, algunas de ellas acompañadas de mensajes bienintencionados, muy new age; otras son para meter miedo a la gente, como ésas que informan de lo malo que es tomar refrescos de cola, o chicles o filetes a la plancha…; hay también colecciones de chistes machistas y feministas, para que cada cual elija; otras te amenazan con las penas del infierno si no reenvías la cosa a muchocientos usuarios… En fin, para todos los gustos y disgustos.

Últimamente parece haber un nuevo género de presentaciones, que podríamos denominar 'reivindicación de lo andaluz'. En éstas abundan las zafiedades, las expresiones chabacanas y las incorrecciones gramaticales y léxicas. Todo ello, por supuesto, intencionadamente y con el objetivo de resultar divertidísimo y muy étnico, muy racial, muy nuestro. Ole.

Los andaluces nos hemos quejado siempre de ser considerados como los payasitos de España, y de que en las películas, las obras de teatro, los programas humorísticos y las series de televisión, el personaje cómico sea siempre andaluz: la chacha dicharachera y gritona, andaluza; el obrero inculto y atontao, andaluz; el pobre hombre humilde y mendicante pero con una grasia que pa qué, andaluz.
Eso a algunos nos molesta mucho, porque en Andalucía hay de todo, como en el resto de este mundo facundo. Ni más ni menos.


Ahora las instancias políticas y sociales se preocupan mucho por hacer ver al resto de la humanidad que Andalucía es una tierra moderna, tecnológica, culta y glamurosa, que nada tiene que ver con los tópicos que nos presentan como gentes sin conocimiento y holgazana; gente basta, vociferante, malhablada y cómica.

Pero, hete aquí que hay andaluces a los que parece que les gusta ese papel de incultos y paletos; andaluces que se empeñan en que se siga teniendo de nosotros esa imagen tan zarrapastrosa y arrabalera; encantados de mantener viva la idea de que los andaluces no sabemos hablar ni escribir. Y, orgullosos de ser azín, hacen presentaciones reivindicativas, presumiendo de que hablamos peor que nadie y a ver quién es el guapo que nos entiende, ea.


Y es que si  catalanes,  gallegos y vascos reivindican sus  lenguas respectivas, nosotros no vamos a ser menos. Y a falta de idioma propio hacemos alarde de lo bien que destrozamos el español y de las muchas palabras malsonantes que adornan nuestra salerosa charla.

Es muy triste que para resaltar nuestra identidad no se nos ocurra otra cosa que presentarnos como gente inculta, juerguista y sainetera.

Si en eso consiste ser andaluz, yo me borro.


lunes, 19 de enero de 2009

Lo hace, no lo hace


Desde hace unos pocos años vengo observando una de esas modas lingüísticas que empiezan no se sabe dónde y acaban apareciendo por todas partes, como un virus recalcitrante.

La moda a la que me refiero consiste en la utilización del verbo 'hacer' como sustituto de cualquier otro verbo usado previamente en la misma oración.
Para ejemplificar la cosa, recurro al telediario, donde se aburre una de oír cosas feas. Y más concretamente, recurro a la previsión meteorológica, donde nos acarician el entendimiento con preciosidades como Ha nevado con fuerza esta mañana y ahora mismo continúa haciéndolo; Hoy ha llovido en Andalucía y mañana lo hará también. ¿Cómo? ¿Quién hará qué? Con lo fácil que es decir que hoy ha llovido y mañana lloverá tambien. Si no es malo repetir el verbo llover. Aunque los mismos que evitan esa supuesta redundancia son los mismos que redundan como locos en cuanto tienen ocasión, y dicen cosas como Se emitió en su emisora; Nos posicionamos en una posición...
También gusta mucho últimamente el modelo Pepito Pérez se sube al escenario y lo hace para presentar su nuevo disco, cuando lo natural sería decir simplemente que Pepito Pérez se sube al escenario para presentar su nuevo disco. Son ganas de alargar la frase innecesariamente y meter con cuña el dichoso hace.

Este uso rarito del verbo hacer me huele a imitación del inglés, como tantas veces. A imitación mala del inglés malo, claro, porque en inglés tampoco se habla así. En inglés hay verbos auxiliares que sustituyen a otros para precisamente abreviar la expresión. Pero no significan 'hacer'. De hecho, no significan nada por sí mismos, sino que adquieren el significado del verbo al que sustituyen. Y esos verbos axiliares no existen en español. Al construir oraciones con estructuras que no son propias de nuestro idioma se produce un habla forzada, chocante y fea, pero que, al parecer, deja muy satisfecho al que la usa.

Con estas modas imitativas y cursilonas se transparenta la ignorancia y la catetez intrínseca de algunos medios de comunicación y de algunos que traducen textos sabiendo algo de inglés pero muy poquito español; y también se transparenta el consabido complejo de esos que creen que el español es un idioma poco chic, y que el inglés es mucho más cool.

Lo malo es que de tanto oír y leer esas cosas en la tele, en las películas mal traducidas, en los periódicos, el hablante común, el vecino, acaba adoptando esas formas creyendo que son las correctas y que así es como hay que hablar.
Un día una amiga me escribió diciéndome ...espero que no te moleste, pero si lo hace, dímelo.
Y se lo dije, claro.

martes, 28 de octubre de 2008

Yo enseño, yo aprendo

Una de las razones por las que me gusta la enseñanza de adultos es que con ello tengo la ocasión de conocer a personas de muy diversos ámbitos sociales y laborales. Personas de toda índole y condición.

Un grupo de adultos en un aula es un mundo por descubrir. Son personas que tienen en común el deseo o la necesidad de formarse en una materia determinada, y el sólo hecho de que decidan dedicar su tiempo a recibir esa formación ya habla bien de ellas. Quieren aprender, y mi misión es enseñar, pero creo que al final soy yo quien más aprende.
Aprendo detalles y aspectos de profesiones o disciplinas de las que sé poco o nada, y descubro que todo es interesante, que todas las ocupaciones requieren conocimientos, habilidades, capacidades y actitudes específicos, lo que me hace pensar en lo poco que generalmente valoramos el trabajo de los demás. Pero sobre todo descubro aspectos humanos y personales que, nuevamente, dan para meditar un rato.
 
Además de alumnos españoles, he tenido o tengo alumnos venidos de diferentes países (de Argentina a Rusia, pasando por Colombia, Ecuador, Uruguay, Rumanía...), que se emocionan hablando de su tierra, que siempre tienen algo interesante que contar, que aportan una visión diferente del mundo, de la sociedad, de la vida en suma, lo cual abre el alma y ensancha el pensamiento.
 
Hay también alumnos que me sorprenden por su modestia, o por su optimismo, o por su inseguridad, o por su desparpajo... Hay alumnos que demuestran una gran inteligencia aunque su formación cultural sea escasa. Hay otros que me emocionan con su gratitud y con lo mucho que valoran mi modesta labor. Otros me conmueven porque teniendo una complicada situación personal o familiar, mantienen, sin embargo, incólume su ilusión por aprender, por mejorar y salir adelante contra viento y marea.
 
Hay, en fin, alumnos que resultan interesantes y sorprendentes por sus conocimientos, por sus aficiones, por su educación exquisita, por su capacidad de trabajo o porque tiene un talento artístico fuera de lo común. He conocido, por ejemplo, a alumnos que parecían tener un ángel entre los dedos, por su asombrosa manera de dibujar o de tocar un instrumento musical;  o con una  voz portentosa  que pasma a quien la escucha.
 
No dejo de sorprenderme cada día con lo mucho que aprendo en clase. Yo doy lecciones de inglés, pero a mí los alumnos me dan lecciones de superación, de modestia, de constancia, de convivencia, de sensatez, de gratitud...