viernes, 15 de octubre de 2021

La verdad de las palabras

Este verano pasado Juguetes del viento cumplió trece años. Para celebrar este aniversario recuperamos esta entrada (publicada originalmente el 28 de marzo de 2016), una de tantas que, junto con los comentarios de sus lectores,  han ido configurando la historia del blog. Gracias a todos.


Las personas tenemos muchas facetas; nuestro carácter o nuestra personalidad no son planos ni transparentes como el cristal de una ventana. Estamos compuestos de muchos factores y la combinación de ellos es lo que configura nuestra personalidad.

Y algo parecido ocurre con la mayoría de las palabras, que encierran en sí varios conceptos y se refieren a más de una idea.
Pero con frecuencia sucede que cuando conocemos superficialmente a una persona pensamos que los únicos rasgos de su carácter son los más evidentes, e incluso a veces  los confudimos y tomamos unos rasgos por otros. Y de la misma manera, de las diversas acepciones que la mayoría de las palabras tienen, sólo conocemos las más habituales, y a veces además les atribuimos significados inexactos.
Y tanto en un caso como en otro, descubrir esos aspectos más ocultos es casi siempre motivo de sorpresa y satisfacción.

Biblioteca de San Carlino, Roma.
En esto me paré a pensar no hace mucho, cuando dos amigos míos hablaron, por separado y en dos ocasiones diferentes,  de la escasa profundidad moral que observan, en general,  en la literatura contemporánea; de cómo echan de menos historias que apelen a la moral, que nos hagan meditar y nos conmuevan desde el punto de vista moral.

Y en las dos ocasiones, algunas de las otras personas que estaban en la conversación, creyeron que hablábamos de moral en el sentido que con frecuencia se le atribuye a esta palabra: el de principios religiosos,  o de convenciones sociales; de lo que se considera o no aceptable socialmente, lo que está bien o mal visto; de lo que  desde hace un tiempo se denomina  “políticamente” correcto o incorrecto.

Pero a lo que nos referíamos era a aquello que  tiene que ver con la conciencia y el respeto humano, incluido el respeto a nuestra propia conciencia; a los valores personales propios, no impuestos,  que nos indican cómo hemos de conducirnos; a las reglas de conducta que seguimos no porque nos lo mande una ley, una norma social o un precepto religioso, sino porque es lo que consideramos nuestro deber humano, lo que nos dicta nuestra conciencia que debemos o no debemos hacer. 

Dice Robert Louis Stevenson en su ensayo “La moral de la profesión de letras”:

El primer deber de cualquier persona que escribe es intelectual […] Debe cerciorarse de que su propia mente se mantenga ágil, compasiva y brillante […] El segundo deber, mucho más difícil de definir, es moral.

Y lo explica del siguiente modo: Sería deseable que todas las obras literarias […] surgieran de impulsos sólidos, humanos, sanos y potentes […] No existe el libro perfecto, pero hay muchos que deleitan, mejoran o animan al lector.

Y esto es precisamente lo que buscan mis amigos: esas obras que nos engrandecen y nos inspiran, porque surgen de esos “impulsos sólidos, humanos y sanos” y nos los transmiten.

Entonces, en aquellas dos conversaciones, yo sugerí que para encontrar esa llamada literaria a la moral hace falta recurrir a los clásicos. Y nuevamente hubo confusión, porque tendemos a asociar el concepto clásico con ideas de antigüedad, de cosa intelectual difícil y aburrida, o de tradición rancia.
Pero yo me refería a esa otra idea que encierra la palabra clásico y que se refiere a aquello que por sus cualidades se convierte en un ejemplo digno de imitar o seguir. Me refería a esos “clásicos” que lo son no por antigüedad,  sino porque forman parte de la literatura eterna: Dostoievski, Flaubert, Wilde, Stevenson, Sandor Marai, Stefan Zweig, Virginia Woolf, Edith Wharton, Italo Calvino... por nombrar sólo algunos de mis favoritos.

Y es curioso que estos dos conceptos que fueron malinterpretados en las dos conversaciones, tengan entre sí una relación literaria tan estrecha, pues sin duda estas obras clásicas y eternas, se convierten en tales precisamente porque tienen, entre otras cosas,  un carácter moral, que se advierte en lo que con ellas aprendemos sobre nosotros mismos, nuestro mundo y nuestros actos. Y sobre nuestras palabras.



Jehan Georges Vibert, The committee on moral books, 1866
Jehan Georges Vibert. El comité de los libros morales (1866)

24 comentarios:

Macondo dijo...

Muchas felicidades por el decimotercer aniversario de tu blog, que hago extensivas a quienes hemos podido disfrutarlo durante más o menos tiempo. En busca de los diez ando yo, aunque últimamente lo tenga un poco abandonado.
Celebro que hayas repescado esta entrada, porque me parece muy interesante y no la leí la vez anterior.

*entangled* dijo...

Citas a R.L. Stevenson: «Sería deseable que todas las obras literarias […] surgieran de impulsos sólidos, humanos, sanos y potentes».

No estoy de acuerdo: Si fuera como él dice, nunca se hubiera escrito "Lolita", por ejemplo. Los escritos de dos de mis novelistas favoritos —de épocas y caracteres diferentes— como son Edgar Allan Poe o Julio Cortázar no parecen obedecer a impulsos sólidos, humanos, sanos y potentes, como tampoco lo hace Mary W. Shelley. Son todos ellos "clásicos", pero no "morales", en el sentido que das a esos términos en tu texto.

La cita de Stevenson parecen basada en ideas bienintencionadas, propias de una época en que se consideraba que la literatura debía tener una función didáctica para las masas, como luego se dijo de la televisión, como ya decían los antiguos griegos del teatro. Pero paradójicamente, dice Henry James de Stevenson: «its success is credited with liberating children's writing from the "chains of Victorian didacticism"», lo que a mi modo de ver, revela la "doble vida" de Stevenson.

La literatura es, en gran parte, ficción, no educación. Lo que de ella aprendamos depende de nosotros, no de la intención del autor. Y respecto al clasicismo, citas a Dostoievski, a Flaubert… pongamos también junto a ellos a Poe, a Cortázar… y a Nabokov.

TGIF

Anónimo dijo...

Pero esos clásicos malditos a los que alude ENTANGLED se autocensuraban ¿no? porque los antihéroes de Poe o Shelley enloquecían o terminaban mal de uno u otro modo... Bueno, no sé si hasta los simbolistas franceses o su antepasado Sade lo malo no quedaba sin su castigo...digo yo...
Este debate lo tengo conmigo mismo; por un lado la necesidad de mostrar la realidad, en la que el mal suele triunfar, y por otro la apremiante necesidad de educar éticamente a la juventud (y ahora la "juventud" dura mucho más tiempo). Todavía más en estos tiempos en que esta juventud tiene un poder que nunca en la historia se le había concedido y que controla la tecnología. Y a la que se le ha dejado cada vez más a su aire desde los años sesenta en Occidente y desde los Ochenta en España, sin disciplinarla en un humanismo que vaya mucho más allá de lo aparente y lo hueco: cualquier mozo o moza en los años veinte o cincuenta tenía un sentido del deber y del compromiso familiar y con su pueblo superior al que puede tener un activista de una ONG hoy (y no porque sea debido a tal o cual régimen político sino porque no estaba tan desarrollado el individualismo, quizá por la necesidad del trabajo en común en una aldea sin maquinismo). Y si a esta inercia de la juventud "autóctona", le sumas la llegada de MENAS, de ésos que han crecido sin que nadie les haya inculcado un mínimo código de comportamiento social, estamos arreglados...¡Ay qué futuro
carlos

Rick dijo...

Antes de nada, felicidades por el nuevo cumpleaños. Poca gente queda en este mundillo tan fugaz que haya pasado la docena, así que ya eres una clásica como Stevenson, cada uno en su medio y en su época.

Y volviendo a Stevenson, me temo que estoy más cerca de la opinión de Entangled. Hay que tener en cuenta la época en la que vivimos, que a mí por lo menos me parece bastante nihilista y superficial (incluso podría ser que, de lo superficial que es, ni siquiera tenga constancia de su nihilismo). Y como las artes suelen ser actores y testigos de su época, y como los valores morales no están de moda, poco futuro le veo yo a ese buen deseo del maestro.

Pero también opino que la literatura no tiene por qué ser educativa, al menos en lo relativo a la moralidad. Se supone que un escritor busca ante todo el desarrollo estético de una idea, la sublimación artística de esa idea por medio de su estilo literario. Y claro, también echo mano de un Nabokov por ejemplo, o de un Joyce. Efectivamente, como otros cuantos, son clásicos pero no "morales"·

Buscar una "enseñanza moral", por utilizar la definición estándar, es perfectamente respetable, pero no deja de ser una posible alternativa. Y no creo que la mayoría de los lectores busquen justamente eso en una obra literaria: lo usual es buscar el éxtasis, la emoción o algo por el estilo, y si hay más "ingredientes" bienvenidos sean.


Albada Dos dijo...

Felicidades, en primer lugar, ya son años. Y para bien. Bueno, es que moral, como palabra, nos permite muchas interpretaciones, eso por lado. Y nos engañemos, las palabras se quedan cortas demasiadas veces, por eso conversando se puede malinterpretar tanto.

Un abrazo, y feliz finde

Ricardo Tribin dijo...

Me encantaron tus reflexiones.

Creo que Juguetes del viento es un magnifico blog con muy buenos aportes.

Felicidades en tu aniversario.

TORO SALVAJE dijo...

El otro día me "pasaron" un montón de libros de "rabiosa actualidad".
Empecé varios... un horror no, lo siguiente.
Basura de literatura para consumo de mentes cada vez más desnutridas.

Qué estoy leyendo?
Por tercera o cuarta vez "Crimen y Castigo", una nueva traducción que me está gustando.

Mi cabeza y yo nos hemos ido a San Petersburgo.
Sin moverme de casa y sin aguantar turistas insoportables.

Besos.

javierfuzzy.blogspot.com dijo...

Antes de enrollarme, muchas felicidades por tantas palabras. Planteas un tema muy interesante, el alcance semántico y moral de la palabra. Si, por ejemplo, hablo de un GRIFO, la mayoría de nosotros simplemente VEMOS un artilugio que girándolo vierte líquido sobre un recipiente, no somos capaces de concentramos sobre la dirección del giro, a la dcha agua fría, a la izqda caliente, ni sobre el material, estaño, aluminio, ni sobre su diseño, el clásico con la gota de loza en su cabezal o el moderno, en el que simplemente colocas las manos y sale el agua por arte de magia. Las palabras son el gran dique de contención contra los malditos algorritmos. La poesía, como la bandeja que ofrece todos los manjares posibles, debería ser considerada la summa artis de la palabra, el compendio feliz de sus múltiples significados.
Saludos,

Ángeles dijo...

Macondo, muchas gracias por tu felicitación y sobre todo por seguir viniendo y dejar tus siempre amables comentarios.

Me alegro mucho de que te haya resultado interesante la entrada.

Por cierto, no me pierdo tu décimo aniversario. Estaré pendiente.

Un abrazo.


entangled, no creo que con esas palabras Stevenson se refiera a que la literatura deba dictar qué es lo correcto y qué no lo es; es decir, no creo que se refiera a que la literatura deba ser educativa. Creo que esos "impulsos sólidos y sanos" de los que según él debieran surgir las obras literarias se refieren precisamente a la intención de apelar a nuestra condición humana, de reflejar nuestra naturaleza, para generar una respuesta en el ser humano, una reflexión sobre cómo nos comportaríamos nosotros en determinada situación o qué pensamos del comportamiento o las ideas de los personajes. Es decir, una reflexión o una pregunta sobre nuestro propio código moral, o ético.

Creo que si tuvieran el sentido que le atribuyes, el propio Stevenson no hubiese escrito Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, ni El ladrón de cadáveres. Ni hubiese creado un personaje tan complejo moralmente como John Silver.

También creo que Frankenstein, los cuentos de Poe, los de Cortázar, y Lolita sí surgen de esos impulsos, porque creo que son obras de una gran profundidad moral (en el sentido al que me estoy refiriendo), porque son obras que nos conmueven, que provocan en nosotros una reacción, sea la que sea, y una reflexión sobre el comportamiento humano, sobre el respeto al prójimo, sobre el egoísmo, la soberbia, etc., y sobre lo que nuestra conciencia nos dice al respecto.

Por supuesto todas las ideas, todas las obras literarias, pertenecen a su época y en ese contexto hemos de verlas e interpretarlas. Creo que si una misma persona viviese en dos épocas o en dos culturas diferentes, tendría distintos códigos de conducta (es decir, distinta "moral"). La cuestión es que tendría un código, fuese cual fuese, por el que regiría su comportamiento.

Y a eso me refiero en la entrada, a que mis amigos echaban de menos en la literatura actual esa profundidad, esa indagación sobre un código moral que guíe el comportamiento y nos haga meditar sobre nuestros propios valores y los ajenos.

Ah, sí, por supuesto que incluimos entre los clásicos a Nabokov, a Cortázar y, en un lugar de honor, a Poe ;)

Gracias, como siempre, por tus aportaciones.

Ángeles dijo...

No sé, Carlos, si es que los clásicos se autocensuraban, como tú dices, o es que cuando castigaban a sus personajes por sus acciones estaban precisamente manifestando su propio código moral; es decir, cuando el personaje perece o enloquece o se arruina a consecuencia de sus acciones, el autor nos está diciendo que considera que tales acciones son condenables.

Sobre ese debate que mantienes contigo mismo, creo que las dos posturas literarias que refieres son simplemente eso, dos opciones: o mostrar la realidad como es, con sus crímenes impunes, o crear otra realidad que nos satisface más, como vía de escape, como catarsis, o como una manifestación de lo que al autor le gustaría o considera deseable. Y también en una misma obra pueden convivir las dos opciones, claro, y ambas pueden tener una finalidad constructiva.

Pero desde luego estoy de acuerdo contigo en que la literatura puede ser edificantes, porque nos muestra realidades o reflejos de la realidad que pueden hacer que nos demos cuenta de aspectos de la vida, del mundo, que quizá de otra forma nos pasarían desapercibidos. Una novela puede ser una revelación, un despertar de ideas que nos ayudan a conocernos mejor, a saber qué pensamos de determinados asuntos.

Como he dicho otras veces, la literatura funciona como un simulador de vuelo: en ella podemos ensayar la vida, vernos en situaciones posibles y aprender a reaccionar, conocer cómo se puede actuar ante ellas, qué resultados pueden dar unos comportamientos u otros. Es como lo que se aprende sin que nuestros padres nos lo enseñen o nos lo expliquen directamente, sino que lo aprendemos por observación. Todo eso va dejando un poso que nos configura como personas.

Por eso, sin tener expresamente una intención educativa ni "moralista", la literatura puede enseñarnos mucho de la vida y del ser humano, y creo que debe ser parte de una verdadera educación moral, que construya un código de comportamiento, sin la que el ser humano queda desorientado, centrado en sí mismo y abocado a comportarse según sople el viento en cada momento, dejándose llevar, sin unas normas propias por las que guiarse en su vida personal y en la vida social.

Muchas gracias por tus reflexiones.

Rodión dijo...

Enhorabuena por el aniversario. Eso que ganamos los que te leemos, aunque algunos hemos llegado en los últimos tiempos. Por esto, agradezco tu recurrente iniciativa de rescatar antiguas entradas del blog, tanto para reencontrarte tú misma con viejas reflexiones, resucitarlas para los más fieles o dárnoslas a conocer a los que somos un poco más nuevos en esta casa.

El tema que rescatas siempre me ha interesado. Por contextualizar la cita de Stevenson, he buscado el artículo para leerlo, porque mi primera impresión ha sido parecida a la de algún comentarista anterior por eso de ''impulsos sólidos, humanos, sanos y potentes''. El didactismo me parece respetable, pero solo como tendencia parcial: jamás lo convertiría en cualidad universal de la buena literatura. Y como dices, Stevenson puede tener su propia sensibilidad y forma de entender la cultura pero, hasta donde he podido entender, cava más profundo que el mero didactismo. Aparte, aunque no sea algo que aprecie especialmente, también hay novelas ''de tesis'' que tienen interés.

Lo importante me parece, sin embargo, el debate sobre la moral. No coincido con Entangled y con Rick, pues creo que el ámbito moral es precisamente uno de los mayores intereses que se buscan en la literatura: conflictos entre valores personales, culturales, voces que nos interpelan y que nos remueven, que nos conmueven, nos escandalizan o nos atrapan.

Aunque a veces tenga sentido la separación, dependiendo lo que se analice (y la comparación entre Dostoievski como moralista y Nabokov como esteta es ya un clásico), otras se crea una falsa dicotomía entre la estética y la moral, como si fuesen caminos incompatibles. Por supuesto, una cosa es el talante moralista de algunos autores, que incluyen moralina o moraleja, y otro el más amplio ámbito de la moral. Si 'Lolita' es conocida incluso para quienes aún no la hemos leído (por cierto, es una de mis eternas pendientes, y le tengo ganas; solo he visto la película de Kubrick), es por la escándalo moral de un hombre maduro obsesionado con una nínfula de doce años. Hay temas o intereses que solo pueden abordarse con libertad y profundidad desde la literatura, porque la ciencia y el ensayo, que tienen mayor alcance para otras cosas, pueden aportar en ellos bastante poco. El marqués de Sade, que casi nunca se auto-censuró, profundizó en el mal moral y la transgresión de un modo tal que sería impensable concebirlo fuera del género del cuento y la novela.

Por otro lado, uno de mis escritores preferidos, Dostoieski, era efectivamente un autor moralista. Pero como sabes, lo que nos atrae a los seguidores de este ruso es lo que Batjín llamó 'polifonía' literaria. Me parece un buen ejemplo del tema que nos ocupa porque, si Dostoievski se hubiera dedicado solo al ensayo, seguramente me interesaría bastante poco, ya que no coincido con buena parte de sus ideas. Dostoievski era eslavófilo y reaccionario frente a, por ejemplo, un Turguenev ilustrado o un Tólstoi de un humanismo más cercano al progresismo de nuestros días, y por tanto más fácil de asimilar. Pero lo fascinante de Dostoievski es que creó un mundo propio como pocos que dio vida al alma rusa, con voces distintas y conflictos morales entre sus personajes.

Respecto al tema de si la literatura actual carece de contenido o no no me pronuncio, porque no tengo opinión formada. Creo que tanto en el pasado como en el presente ha habido buena y mala literatura. Es verdad que los libros de saldo, destinados únicamente a vender en un nicho pequeño, en general son más planos, pero hay de todo. Ahora mismo ando en pleno disfrute con John Le Carré. No me enrollo más.

Un saludo.

Ángeles dijo...


Muchas gracias por la felicitación, Rick. Y por la generosa comparación con Stevenson :D Yo estoy segura de que estos trece años hubieran sido muchos menos sin la presencia de unos lectores como vosotros, tan amables e interesantes.

Y sobre el tema que nos ocupa, sin duda, cada obra y cada pensamiento han de ser vistos en el contexto de su época, y creo que el hecho de que una obra refleje la moral de su época no significa necesariamente que el autor tenga una intención aleccionadora, sino lo contrario, una intención crítica.

Ya he comentado antes que yo sí creo que esos clásicos que estamos mencionando (como casi todos) tienen un carácter moral, pero -insisto- no en un sentido "moralizante" ni aleccionador, sino como reflejo de una forma de pensar, de concebir el mundo, el comportamiento humano. De hecho, me parece casi imposible que una buena novela no contenga ese carácter moral, aunque a veces ni siquiera lo veamos.

Gracias como siempre por tus reflexiones.


Muchas gracias, Albada, eres muy amable.

De eso se trata, de que las palabras tienen acepciones que con frecuencia desconocemos, nos quedamos en ese significado único, y es el que le atribuimos a la palabra en todos los casos, en todos los contextos, lo que produce esas malas interpretaciones a las que nos estamos refiriendo.

Por eso, aunque es verdad que a veces las palabras se quedan cortas, otras veces lo que se queda corto es nuestro conocimiento de ellas, aunque no seamos conscientes de tal cosa.

Un abrazo, y gracias por no dejar de venir.


Muchas gracias, Ricardo Tribin, por su visita y por sus amables palabras.

Me alegra mucho que le haya gustado el blog.

Saludos.


Pues te creo, Toro, por supuesto. Yo apenas leo nada actual, salvo dos o tres autores que son actuales pero muy veteranos (Stephen King, Cartarescu, Vila-Matas y casi nada más), pero esos "muy actuales" -los pocos que he leído porque me los han recomendado mucho, me han decepcionado o aburrido mucho.

Por eso siempre digo que yo voy a lo seguro, a los clásicos precisamente, y siempre disfruto con ellos. Hay tanto ahí que leer y de lo que sacar provecho, que leer esas otras cositas modernas me parece una triste pérdida de tiempo.

¿Verdad que se viaja divinamente transportado por Dostoievski y compañía?

Sigue disfrutando.

Besos.

Ángeles dijo...

javierfuzzy, antes de enrollarme yo, je-je, muchas gracias por tu felicitación y por tu presencia aquí.

Me ha gustado la contraposición que haces entre la poesía como manifestación de todas las posibilidades de la palabra, y las palabras "cotidianas" como dique de contención. Y es cierto que las palabras sirven para concretar la realidad, para acotarla. De otro modo la comunicación sería imposible.

Lo que me llama la atención respecto a la palabra "moral" es que lo habitual es que se le atribuya ese sentido de "doctrina", de instrucción o enseñanza, social o religiosa, cuando en realidad, si miramos el diccionario, ésa es la quinta acepción. Las cuatro primeras tienen relación con el sentido que estamos tratando aquí, es decir, lo relacionado con nuestra conciencia, con las normas personales sobre lo que está bien y lo que está mal, el comportamiento, el respeto, etc.

Gracias y un saludo.


Muchas gracias, Rodión. Yo estoy encantada de que hayas llegado al blog, y sobre todo de que te hayas quedado. Y me alegra mucho que te gusten estas entradas de recuerdo. Es verdad que es interesante ver lo que una escribió hace un tiempo, pero en realidad a mí lo que más me gusta de estas entradas es releer los comentarios que los lectores dejaron en su momento. Me parece algo muy interesante, sobre todo cuando los lectores son de tanta enjundia intelectual y personal como los que yo tengo la suerte de recibir aquí.

Me alegra ver que estamos de acuerdo, tanto en el sentido de la cita de Stevenson como en la idea de que el ámbito de lo moral es un pilar fundamental de la literatura, sobre todo de las grandes obras.

Muy atinada me parece también tu observación de que no existe dicotomía entre la estética y la moral, porque, en efecto, no sólo no son incompatibles, sino que la literatura, que, como bien dices, es el terreno perfecto para determinados planteamientos, está llena de monumentales ejemplos de su convivencia.

Ya que mencionas a Dostoievski como creador de un universo propio, te invito a leer esta entrada, si tienes tiempo y ganas.

Yo tampoco tengo mucho conocimiento de la literatura actual, pero lo poco que he leído me ha resultado insustancial y carente de la universalidad, y por lo tanto del potencial de permanencia, de las verdaderas obras literarias.
Siempre ha habido buena y mala literatura, por supuesto, pero creo que hoy se produce tanta literatura, y a tanta velocidad, que me parece imposible que toda esa producción tenga detrás el tiempo, el conocimiento, la meditación y la profundidad de ideas que se necesita para crear una obra de cierta trascendencia.

Y que conste que no desdeño la literatura "ligera", de entretenimiento, ni mucho menos. Mi queja respecto a muchas de esas obras actuales a las que me refiero como vanales o superficiales, es que me parecen en realidad pretenciosos intentos de "profundidad".

Un saludo, y muchas gracias por "enrollarte" de manera tan interesante ;)

Rodión dijo...

Hola Ángeles. Había leído esa otra entrada tuya, y de hecho también la recordé cuando escribí el comentario. Por cierto, sigo teniendo pendiente a Cartarescu (en realidad si tuviera que enumerar los libros que, queriéndolos leer, aún tengo pendientes, aburriría hasta a las ostras), pero cuando le hinque el diente, sea cuando sea, ya te comentaré.

'' ...hoy se produce tanta literatura, y a tanta velocidad, que me parece imposible que toda esa producción tenga detrás el tiempo, el conocimiento, la meditación y la profundidad de ideas que se necesita para crear una obra de cierta trascendencia ''.

Suscribo todo lo que dices. Desde el siglo XIX aumentaron exponencialmente los lectores y la industria, para bien y para mal. Y lo que dices es la conclusión negativa de todo ello. Un nicho de mercado (es inevitable usar términos mercadotécnicos, porque en muchos casos los libros en venta solo buscan enganchar su pequeña porción de la tarta, y eso los que lo consiguen) avanzan además rápido y uno se sorprende. No descarto tampoco que en medio del abono crezcan buenas flores.

Luego, por supuesto, uno siempre puede sorprenderse.

Anónimo dijo...

Contestándote a tu contestación...jejeje...yo no creo que todos los autores clásicos anteriores a los decadentes decimonónicos fueran tan morales como para escribir lo que sentían y castigar al "malo"; entre ellos habría (había como ahora) mucho inmoral y malvado en la intimidad. Pero debían de autocensurarse para poder publicar con su nombre, supongo y creo. Por eso el Lazarillo es anónimo...
Y otra cosa: la moral...¡cómo cambia! La novela Imán de Sender por ejemplo: cuando se publicara en 1930 supongo que sería una afrenta para la mayor parte del poder de la "Dictablanda", los militares, la Iglesia, etc, tan anarquista,antimilitarista y antireligiosa como es...Pero hoy, esos valores son comunes en nuestra sociedad (aunque no sé por cuánto tiempo
carlos

Ángeles dijo...

Entonces, Rodión, me he repetido inopinadamente. No sabía, o no recordaba que ya la hubieras leído. Gracias por ello.

Por supuesto espero tus opiniones cuando "le hinques el diente" a Cartarescu. Me interesará mucho lo que tengas que decir.

Yo también suscribo lo que dices tú: entre tanta literatura de usar y tirar siempre, sin duda, hay sorpresas. Lo malo es que cuesta mucho descubrirlas, porque suele quedar relegada a los estantes menos visibles, mientras las mesas de novedades y grandes éxitos acaparan toda la atención. Pero desde luego que también se publican joyas que relucen entre los pedruscos :D

Gracias.


Sin duda, Carlos, siempre habrá habido escritores que podríamos considerar malas personas, o cuyos comportamientos nos parezcan condenables. Pero seguramente mucho de lo que hoy no nos parece moralmente tolerable, en otras épocas si lo fue, así que quizá no tuvieran que censurarse mucho.

Más bien la censura se produce ahora, que se condena todo lo que no encaje en los estrictos parámetros morales de hoy día, y por eso en Canadá se queman en algunas escuelas los cómics de Tintín y de Asterix, por considerarse racistas. O se desaprueban los dibujos animados de Walt Disney por violentos, machistas, y todo lo que se les quiera achacar.

Porque en efecto la moral cambia mucho según las épocas. Pero la moral, como venimos diciendo, no es sólo el conjunto de comportamientos y actitudes que se consideran correctas o incorrectas, según las convenciones sociales de cada época, y por las que se juzga socialmente a quien las sigue o no.

Ya hemos dicho que con el concepto de "moral" nos referimos a todo lo relacionado con el comportamiento de cada uno, con su código de conducta personal, al margen de lo que dicte la ley, la religión, la propia sociedad. Nos referimos a la filosofía de vida de cada cual, al "universo emocional", que dijo Bertrand Russell, de cada persona; es decir, las ideas y motivaciones que guían y deciden el comportamiento de cada uno.

Gracias por tus refexiones.

MJ dijo...

Un año más de "Juguetes del Viento" es para celebrarlo... y más rememorando esta entrada tan interesante.
Muchas veces creemos que las palabras solo tienen un significado y que no pueden reinterpretarse. Pero estamos equivocados. Aquí comentas el caso de "moral" y "clásico" con otros sentidos a los que les solemos atribuir.
Es curioso que el mismo día que leí esta entrada (a principios de semana, aunque no pude comentar entonces), por la noche vi al gran divulgador musical Ramón Gener hablar de clásicos. Decía que cuando mencionamos la música clásica siempre pensamos en Beethoven o Mozart... pero que "clásico" es aquello que sienta un precedente y se convierte en algo muy imitado y que en ese sentido, clásicos son también los Beatles y Bob Dylan. Y me acordé de esta entrada. Casualidades ;-)
Estoy de acuerdo contigo en el sentido moral, como en ese concepto de comportamiento de cada uno y de su época.
Y creo que algún autor actual quedará como un clásico en el futuro. Sería muy raro que todos los siglos tuvieran sus grandes de la literatura y el fin del XX y principios del XXI no aportará ningún nombre propio.

Beauséant dijo...

Un tema interesante, y viendo la longitud de los comentarios (confieso no haberlos leído todos), veo que no soy la única persona que lo opina.

Supongo que la literatura, como la pintura y casi todas las artes, ha ido cambiando su motivación con el tiempo, ¿no? La pintura representaba la realidad, ahora eso ya casi no tiene sentido menos en un grupo muy pequeño de pintores realistas.

La literatura quizás sea una hija de nuestros tiempos, nos hemos vuelto más individuales, más metidos dentro de nosotros mismos y apelar a valores universales quizás no haría levantar una ceja.

Y luego, claro, la piel fina que tenemos ahora con lo que se puede decir y lo que no. Los linchamientos virtuales porque alguien dice algo que no me gusta. Hemos pasado de la moralidad a la mojigatería.

Me dejas pensando, vaya :)

Ángeles dijo...


Yo también celebro, MJ, que tú lleves estos trece años ahí, "al pie del blog", acompañándome, pendiente de cada nueva entrada y siempre con tan buena disposición.

Sí que es curioso que oyeras esa explicación sobre el sentido de "clásico" justo después de leer esta entrada. Y desde luego yo siempre he pensado en algunos grupos de rock como "música clásica".

Sin duda algunos autores actuales serán clásicos en el futuro, por supuesto. De hecho diría que algunos lo son ya, lo han sido desde el momento en que publicaron su primera obra y "sentaron precedente".


Sí, Beauséant, esa impresión tengo yo, que la entrada os ha resultado interesante, y me encanta el debate que hemos montado aquí, en el saloncito de los comentarios.

Claro, el arte a veces representa la realidad y otras veces intenta crear una realidad alternativa. Y tanto en un caso como en otro, las costumbres, las ideas y el pensamiento de cada época quedan reflejados.

Yo creo que si hay una falta de profundidad en la literatura actual en general, como lamentaban mis amigos, es porque la vida en general se ha hecho más frívola, más "externa", todo es apariencia y mirar hacia afuera. Y eso se refleja en lo que se escribe, claro está.

Pero también creo que la tecnología ha facilitado que casi cualquier persona pueda sentarse ante un ordenador y ponerse a teclear. Y claro, no todo el mundo puede tener un talento especial.
Hace algún tiempo oí a un editor decir que la generalización del uso del ordenador y los procesadores de texto había "creado en muchas personas la ilusión de escribir", y que las editoriales lo notaban en el sorprendente aumento de originales que empezaban a recibir en esa época.

Estoy totalmente de acuerdo, y me gusta cómo lo has dicho, en que hemos pasado de la moralidad a la mojigatería. El mundo se ha llenado de censores.

¿Acaso tú dejas de pensar en algún momento? ;)

Marisa C dijo...

Muchas felicidades y cumplas, por lo menos, 13 más. Es un gustazo poder pasearme de nuevo por aquí, y un gran dolor, saber lo que me he estado perdiendo. Como siempre, es imposible visitarte sin quedarme pensando en tus reflexiones. En esta ocasión, me has hecho cavilar sobre que seguir a nuestra conciencia a la hora de actuar, y no a leyes, normas sociales o religiosas. Y yo me pregunto, ¿no se forja nuestra conciencia con esas leyes y normas?
Como te decía, un placer pasarme por aquí. Abrazos.

Conxita C. dijo...

Hola Ángeles, antes que nada muchísimas felicidades por esos 13 años aportando tanto a la blogosfera y que sean muchísimos más los que podamos seguir leyendote y reflexionando a partir de tus entradas que tanto sugieren y en esta ocasión con esas dos palabras y las acepciones con las que nos quedamos que nos pueden limitar.
Me gusta la acepción de clásico que nos muestras se refiere a aquello que por sus cualidades se convierte en un ejemplo digno de imitar o seguir. Me refería a esos “clásicos” que lo son no por antigüedad, sino porque forman parte de la literatura eterna
Y qué decir de ese moral relacionado con la conciencia y el respeto, buff qué gran tema en un momento en el que parece que nuestra propia conciencia sea algo pasado de moda, en el que se echan de menos esos valores que nos indican cómo actuar sin que nadie nos lo mande sino porque sale de nosotros mismos y viendo como algunos han actuado en esta pandemia lo cierto es que los encuentro a faltar.
Creo que me quedo con ese volver a los clásicos y a esa moral.
Un beso enorme

Ángeles dijo...

Hola, Marisa! Qué alegría verte de nuevo por aquí, te echaba de menos.

Gracias como siempre por tus amables palabras, y en cuanto a tu reflexión sobre si no son las leyes y normas las que forjan nuestra conciencia, que me parece muy interesante, debo decir que no me refiero a esa clase de normas.

Me refiero a normas que no están recogidas en ningún código, esas otras que nos dicta nuestra conciencia y que acatamos sin que nada nos obligue.

Por ejemplo, si tú me cuentas un secreto, una intimidad tuya, nada me impide contárselo a mi vez a otra persona, pero mi conciencia me dice que eso no está bien, y por lo tanto no lo cuento. O si en la frutería se olvidan de añadir los aguacates a la cuenta, mi conciencia, mi moral, me impiden hacerme la sueca y ahorrarme unos euros, aunque no haya ninguna ley que me obligue a advertir a la frutera de su despiste, salvo mi propia "ley moral", por así decir.

Es esa moral, ese código de conducta, esa forma de conducirnos por la vida, lo que a unos nos impide mentir, engañar, hacer trampas, etc, y a otros no.

Abrazos!


Muchas gracias, Conxita, por tus palabras, que me alegran mucho.

Has explicado perfectamente el concepto de moral al que me refiero aquí, y me parece muy acertado el ejemplo que pones, el del comportamiento de algunas personas durante la pandemia.

Yo también creo que vivimos en tiempos escasos de valores. Parece que se lleva más el "yo primero", "yo a lo mío", y que el comportamiento honesto, los escrúpulos, están, como dices, pasados de moda, o se ven como un signo de debilidad, de falta de carácter.

Sin embargo, creo que siempre habrá, y sin duda las hay, personas que se comporten con nobleza, con conciencia de los demás, sin buscar el beneficio o la satisfacción propia por encima de todo, aunque otros puedan pensar que son unos "blandos".

Tú también lo crees, ¿verdad? ;)

Un abrazo.

Beauséant dijo...

Tienes razón en tu respuesta, pasa en la fotografía, en la escritura y supongo que en casi todas las actividades. Ahora, cualquiera con acceso a internet, puede dar a conocer su trabajo... y, claro, todos nos creemos especiales sin serlo... De vez en cuando aparece alguien que sí que lo es y ahí corremos todos diciendo, si el ha podido, pues yo también :)

Es lo malo de las democracias, ¿verdad?

Y, no, no dejo de pensar nunca, pero eso tampoco me ha hecho más inteligente, no te creas :)



Ángeles dijo...

Así es, Beauséant, gracias a la democratización de la tecnología (lo cual, en sí mismo, es algo muy bueno, obviamente) todos nos sentimos muy capaces y vemos muy posible la difusión de lo que hacemos.

Como bien dices, esto pasa en todos los ámbitos, pero a mí me gustaría saber en concreto cúantas de las personas que ahora escriben novelas las escribirían si tuvieran que usar los métodos tradicionales.

Y no digo ya la escritura a mano, sino con una máquina de escribir, metiendo y sacando folios, tachando y escribiendo encima, teniendo que consultar libros en vez de Google cuando surge alguna duda... Seguro que muchas menos, ¿no crees?

PD: Bueno, tú no dejes de pensar, por si acaso ;)