domingo, 7 de enero de 2018

Una tarea maravillosa


Dedicado a Conxita, Mar y Javier


Esta entrada corresponde a otra de las sugerencias presentadas por los lectores con motivo del aniversario del blog. En este caso, Conxita, Javier y Mar coincidieron en su interés por conocer el proceso de traducción de una obra literaria, y en concreto cómo abordo yo la traducción de un libro.

Y creo que lo primero que debo decir  es que me resulta muy difícil hablar sobre esto con brevedad y orden, porque son muchos  los elementos que intervienen y se entrelazan en el proceso de la traducción. Pero intentaré dar una idea clara y sin extenderme demasiado.

Untitled Jan Frederik Pieter Portielje
Mi primer paso ante cada nueva traducción es la lectura de la obra, o parte de ella, si de antemano no la conozco. Hay traductores que prefieren trabajar sin conocer el texto previamente, para tener la misma sensación de “novedad” o de “sorpresa” que tiene el lector, que va leyendo sin saber lo que viene a continuación. 

Lo cierto es que casi nunca hay tiempo de leer el libro entero antes de empezar a trabajar en él, pero yo siempre leo al menos unos capítulos, un cierto número de páginas, para familiarizarme con el estilo, los temas, los personajes, etc., y hacerme una idea general del tipo de obra de que se trata.

Igualmente, si el autor es desconocido para mí, también me informo sobre su vida y su contexto social e histórico. Porque creo que, en general,  para comprender a fondo una obra literaria, su sentido, su origen, en suma, su porqué, es conveniente conocer al autor  y sus circunstancias. Y esto puede ser particularmente importante en las obras que tienen un carácter metafórico.

Y después de este primer acercamiento empieza la traducción en sí, que, grosso modo, podría resumirse en lo que muchas personas creen verdaderamente que es traducir: ir leyendo el libro en un idioma y escribiéndolo en otro. 

Pero cada idioma tiene sus estructuras propias y su carácter, por lo que rara vez las frases se pueden traducir palabra por palabra, sobre todo cuando se trata de idiomas cuyas estructuras sintácticas y sus formas de expresión son muy dispares entre sí, como ocurre por ejemplo entre el inglés y el español. Ya lo dijo san Jerónimo: non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu”, no palabra por palabra sino sentido por sentido.

Porque la obra, que está hecha de lenguaje, es como un mar: tiene una estructura superficial y una estructura profunda; lo  que dicen las palabras y cómo lo dicen, por un lado,  y lo que significan,  sus connotaciones, por otro. 
Y, dependiendo del nivel de complejidad de cada obra,  estas estructuras no siempre se pueden descifrar a la primera, o al mismo tiempo, o no siempre con total certeza. 

Por eso con el paso de las páginas trabajadas es como se va conociendo verdaderamente la personalidad de la obra. Y por eso, conforme ésta se va revelando a sí misma, es con frecuencia necesario ir volviendo atrás, para cambiar palabras, recomponer pasajes, y hacer cualquier modificación que se revele necesaria a la luz de las nuevas informaciones que la propia obra nos va proporcionando.

stack of books libros apilados
Otro aspecto del proceso de traducción, y sobre lo que Conxita preguntaba expresamente, es la documentación. En ocasiones, sobre todo con libros de tipo ensayístico, hay que dedicar un tiempo considerable a documentarse sobre determinados conceptos, para poder entenderlos plenamente y por lo tanto traducirlos con propiedad. 
Si en una obra se habla de un hecho histórico, o de un concepto filosófico, por ejemplo, debo cerciorame, primero, de si estoy interpretando correctamente lo que dice el autor sobre ese hecho o concepto; y segundo, de cuál es la manera habitual  de referirse a ellos en español. Porque no podemos traducir sólo las palabras que denominan ese concepto,  sino el concepto en sí; es decir, no darle otro nombre -aunque literalmente sea correcto- a algo que ya tiene una denominación establecida. 

Para terminar  este somero recorrido nos iremos directamente a la última fase del proceso, que es la revisión final, es decir, una lectura (o dos) de toda la obra ya traducida, para resolver dudas y  hacer modificaciones de carácter semántico, o fonético, o de ritmo, de tono, de estilo, cuya conveniencia se percibe  al leer la obra como un continuo, como un todo; también para detectar posibles equivocaciones o imprecisiones de sentido o de redacción; para eliminar erratas, etc. 

En fin, hay libros y más libros dedicados a la traducción, a todos sus aspectos, que son innumerables si no infinitos, como infinitas son las posibilidades del lenguaje. Esto es sólo una visión muy escueta y reducidísima de esta tarea maravillosa que requiere tiempo, dedicación, meticulosidad, paciencia, mimo… y por supuesto amor y pasión por el lenguaje y su manifestación más exquisita, la literatura. 

Old books and key Libros Antiguos y llave



21 comentarios:

Macondo dijo...

No sabía o no recordaba que eras traductora, pero la profesionalidad y el mimo con que desempeñas tu profesión es el mismo con que te desenvuelves en tu blog.

TORO SALVAJE dijo...

Jo...
Desde hoy valoraré mucho más y como se merecen a los traductores.
Después de leerte comprendo mucho mejor la dificultad de vuestro trabajo.
No lo imaginaba tan farragoso, intenso y comprometido.

Gracias por la explicación.

Besos.

Marisa C. dijo...

Como se nota que amas lo que haces, ¡qué pasión desprendes! Yo, que como correctora he tenido que corregir más de una traducción, veo en tu método la profesionalidad y el trabajo bien hecho. Abrazos.

Sara dijo...

Me he quedado A- NO- NA- DA- DA... Y la verdad es que no sé por qué, porque, como lectora que soy de casi todas tus traducciones, siempre he percibido esa profesionalidad absoluta que hace de la mano del traductor algo imperceptible, siendo, a la vez, algo tan importante. Eso es lo que percibe el lector, el amor lo pones tú.

Un besazo, Ángeles.

guille dijo...

Muestras la gran diferencia entre traducir palabras y traducir un libro.

Que te elijan para traducir un libro es una suerte para su autor. Traspasaras a los lectores lo que quien lo escribió en origen quería traspasar.

Rick dijo...

Llegar aquí y encontrarme con una entrada como esta, con un inicio de año tan luminoso, me ha sentado como una de las primeras bendiciones del 2018 (sí, lo reconozco, la primera ha sido un disco del que no tenía noticia). Porque como bien dicen quienes me preceden, aquí no hay solamente la demostración de un proceso técnico impecable, sino lo que es más importante: amor por la profesión. Que ya sé que la palabra "profesión" es una arma de doble filo, o de más, pero bien entendida es el fundamento de cualquier artesano.

Se hace un buen trabajo porque se disfruta haciéndolo, y porque cuando lo terminas no te importan las horas, los días o los meses que te hayas echado modificando la base original, puliendo, limpiando... porque el esfuerzo y el cansancio tienen un premio mayor que el dinero: la satisfacción personal de haber tratado con cariño a una obra que justifica el porqué de tus estudios y de tu, otra vez, profesión.

Suerte y salud para este año que empieza. Bueno, y que sigas disfrutando con lo que haces. Decían las viejas que el trabajo es la mayor suerte que se puede tener; si aún encima se disfruta con él, la cosa ya es de nota.

JuanRa Diablo dijo...

Siempre me ha parecido una labor admirable la del traductor, y no la imagino nada, pero nada fácil. También supongo que una vez concluida debe de ser de lo más gratificante.

Para mi ha sido un gozo haber tenido la oportunidad de leer unos cuantos libros traducidos por ti (¡y los que vendrán!) y en todos me paraba a pensar en tu labor: cómo llegarias a determinados datos históricos, o cómo investigarías a los autores y obras que se citaban, o cómo te resultaría la traducción cuando el argot es muy específico... Lo dicho, qué labor tan concienzuda y compleja.

Los que te conocemos sabemos que le tienes tanto amor al lenguaje, que te lo tomas tan en serio, que este oficio te viene como anillo al dedo. Por eso haces traducciones tan excelentes. Y no lo digo solo yo, ¡que lo dicen los críticos literarios!

Felicidades, Ángeles

Conxita Casamitjana dijo...

Muchas gracias Ángeles, me ha encantado la manera de explicarlo.

No conocía el proceso y me parecía que era muy importante establecer ese contexto que tan bien has explicado y que acaba estableciendo diferencias entre las traducciones y los traductores. Eso y el amor a lo que se hace, como es tu caso, amor por las letras y por la literatura. Ciertamente no se trata solo de traducir, sino saber lo que el autor quiere contar, transmitir y hacer sentir y eso es lo complicado.

Me parece que es fundamental el trabajo que hacéis los traductores y es muy poco conocido, y es la clave para aquellos que no lo leemos en el idioma original, porque una mala traducción puede hacer que no entiendas algunos de los conceptos o incluso que el libro no te guste. O que te encante y eso no es solo gracias al escritor, también tiene su mérito el traductor y ha de ser una grandísima satisfacción. Mis felicitaciones por esos libros que también escribes.

Te imagino muy de "detective", buscando entre diccionarios, en ese proceso de revisión constante que te hace volver sobre tus propias palabras para afinar el significado y te veo eligiendo justo a aquella palabra que mejor defina lo que quieres que diga para ser fiel al autor.

Me ha gustado mucho, muchas gracias por compartir tu saber y tu pasión.
Besos

Ángeles dijo...


Muchas gracias, Macondo, me alegra mucho que tengas esa impresión.


Gracias a ti, Toro, por tu valoración y tu interés.
Y me ha gustado eso de “intenso y comprometido”, es muy atinado :)

Besos.


Qué bien, Marisa, me alegra mucho que hayas percibido eso, y más si has tenido experiencias profesionales contrarias ;)
Muchas gracias por tus palabras.
Abrazos.


Sara, gracias por esas palabras tan bonitas y amables.

Un beso.


Guille, eso mismo es, o debe ser, la traducción: la transmisión o el traspaso no solo de las palabras, sino de los sentidos y las intenciones del autor.

La suerte es mía, te lo aseguro, pero es muy amable lo que dices.
Muchas gracias.

Soros dijo...

Y, seguramente, la aventura de perderse en cada libro como si fuera un bosque desconocido y sorprendente.
Saludos.

Ángeles dijo...


Rick, a mí tu comentario también me ha sentado muy bien, te lo aseguro :)

Has dicho justo lo que yo pienso y siento: no importa el tiempo que se dedique a una tarea, ni el cansancio, si esa tarea es en realidad una “obra de amor”, y el propio trabajo y su resultado son una recompensa en sí mismo. Y si además hay personas que saben valorarlo y lo dicen, la satisfacción es tal que en seguida estaremos dispuestos a empezar de nuevo.

Sí, el trabajo en sí es una suerte, pero decía el sabio (no recuerdo cuál, pero sabio era), que si trabajamos en lo que amamos, en realidad no trabajamos.

Muchas gracias por tu comentario, y suerte y salud para ti también.


Sin duda, JuanRa, la traducción es una labor muy gratificante en sí misma, pero el reconocimiento o el aprecio de otras personas es un gran aliciente añadido.

Yo también creo que no puede haber actividad que cuadre mejor conmigo, y por todo esto yo me siento una persona privilegiada.

Muchas gracias por tu reconocimiento.


Gracias a ti, Conxita, eres muy amable y me alegro mucho de que te haya gustado la entrada.

Es verdad que el trabajo de los traductores es poco conocido, a pesar de que todo el mundo lee traducciones de un idioma u otro. Sí que se nota que hay una traducción por medio cuando ésta es defectuosa y entorpece la lectura, como señalas. Así que quizá lo bueno sea que la labor del traductor no se note :D
De todas formas, sí que es una gran satisfacción cuando los lectores la apreciais.

Sí, un poco detectivesca sí que es la labor de traducción a veces. Con frecuencia hay que indagar en el contexto social, temporal, cultural, etc., del autor para averiguar a qué se está refiriendo con alguna alusión determinada, para poder entender su sentido. Y muchas veces es algo recóndito, algo muy peculiar. Recuerdo un caso de una palabra que no conseguía encontrar en ningún diccionario y cuyo significado era imposible deducir del contexto. Tras mucho indagar pude descubrir que el autor había escrito mal la palabra originalmente y así se había reproducido al publicarse el libro.

También es muy interesante indagar en el propio idioma para, como supones, encontrar las palabras o las frases más precisas en cada caso.

Muchas gracias de nuevo, para mí ha sido un placer.
Besos.
(ah, y no, yo no escribo libros, si te refieres a originales míos)


Pues sí, Soros, algo así. Yo a veces me imagino que voy buceando entre las líneas de las páginas, para ver el fondo, lo que hay “debajo” de las palabras. Pero tu imagen del bosque es también muy apropiada.

Saludos.

MJ dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Guille y Conxita.

Desde luego, a mí siempre me ha parecido que traducir es una labor muy complicada, porque no solo tienes que conocer en profundidad los dos idiomas, es que además no se trata de trasladar palabras, se trata de trasladar sentidos, intenciones, cultura... Por eso hay que indagar, investigar en el transfondo histórico, en las costumbres del lugar o de la época (si no es la actual) y eso lleva mucho tiempo, mucha dedicación, mucho empeño y esto solo se consigue con gusto, con amor por lo que estás haciendo. Y el amor al lenguaje y a la literatura se te nota y mucho. Por todo eso y por tu profesionalidad y tu seriedad eres tan buena traductora. Y estoy de acuerdo en que quizá se nota más el trabajo del traductor cuando esta mal hecho y que, incluso, puede hacer que no te guste un libro. Así que pienso que, como ha dicho Guille, los libros que traduces tienen suerte de caer en tus manos, no sabemos qué resultado habría tenido en manos de otro traductor... seguro que no tan cuidado y estupendo.

Esperamos muchas más traducciones tuyas :-) ¡Enhorabuena!

P.D. Me encanta la foto que has puesto al final del artículo. Preciosa :-)

Ángeles dijo...

Muchas gracias, MJ, me abrumas con tu amabilidad :)

Sí, hay libros que han fracasado en otros países por haber tenido traducciones desacertadas, e incluso hay autores que se han negado a ceder los derechos, por temor a las malas traducciones.
Pero yo estoy segura de que lo habitual es que los traductores profesionales hagan excelentes trabajos, y algunos, o muchos, en condiciones laborales nada favorables, por cierto.

Gracias por todo.

Conxita Casamitjana dijo...

Ángeles tienes razón que igual lo que interesa es que no se note al traductor ;)
Sobre escribir libros, me refería a que de alguna manera cuando uno los traduce también está "escribiendo" un libro, de otra manera y aunque parezca un tanto exagerado, pero aporta un buen granito de arena.
Un abrazo

Ángeles dijo...

Conxita, muchas gracias por volver y sacarme de mi malentendido :)

Y no, no es exagerado lo que dices. La idea de que el traductor es también autor es muy defendida no ya por los traductores, sino por muchos autores, editores, críticos y lectores. En realidad la traducción es también una forma de creación literaria, y el traductor es, obviamente, el autor de la traducción.

Un abrazo, y gracias de nuevo, eres muy amable.


Javier CF dijo...

Detectivesca, documentación, indagar, su porqué, descifrar, eliminar, paciencia, dedicación... las palabras que has utilizado me parecen muy representativas de tu trabajo, y transmiten muy bien tu labor. Aunque claro, me temo que esas palabras también las empleará un sicario en su blog para explicar su trabajo ;)

Me ha parecido muy interesante la exposición de tu maravillosa tarea, de algunos libros traducidos tendrás tanta información del autor, de la época, de los escollos que has solventado, etc que es una pena que no se saque partido de ese espléndido trabajo. No estaría mal que en algunos libros los traductores pudieran incluir un apéndice con aquellos aspectos más significativos/curiosos que les ha ocurrido en la traducción (por ejemplo, como la de ese autor que había escrito mal la palabra). La verdad es que ayudaría a comprender la obra y, además, a poner más en valor vuestro trabajo. Propónselo a tu editorial!!

Ángeles, magnífica entrada y estupendo trabajo el que haces como traductora. Felicidades!

Ángeles dijo...


Javier, me alegra mucho que te haya parecido interesante lo que he contado.
A mí también me ha parecido interesante tu idea de un sicario bloguero explicando su trabajo :D

Sí, como supones, en algunos casos he reunido datos y detalles muy interesantes y curiosos sobre determinados asuntos; lo veo como un "beneficio colateral" de la traducción. Pero no creas que siempre queda desaprovechada esa información, y las consiguientes conclusiones y reflexiones que pueden suscitar; a veces se escriben postfacios a modo de análisis o breve estudio de la obra en cuestión, su significado y su relación con las circunstancias sociales, históricas o personales en que fue escrita.

Lo del apéndice con detalles sobre el proceso de traducción no es habitual pero tampoco inédito. Aunque no sé si al lector general le interesan mucho los entresijos del trabajo, sobre todo porque a veces pueden resultar un poco farragosos de explicar.

Muchas gracias por tus palabras!



*entangled* dijo...

Creo que ya he comentado en alguna ocasión que las traducciones me parecen siempre en algún grado, frustrantes.

Si alguien ha leído una traducción —incluso una muy buena, como el caso de la traducción que hizo Julio Cortázar de los cuentos de Edgar Allan Poe para Alianza Editorial— ¿puede realmente decir que "conoce", que ha "leído" al autor original? ¿o sólo que ha tenido acceso a una "versión" del texto?

En cierta ocasión hice una traducción para un libro de un amigo, y me encontré con muchos de los aspectos de los problemas de traducir que tán bien describes. Y me dí cuenta, desde la primera frase traducida, de que, aunque suene pesimista, la traducción es un imposible. Es, en el mejor de los casos la única forma de acceso a un autor de una lengua desconocida, pero siempre. siempre, se pierde algo, demasiado, me temo, en una traducción. De ahí la expresión "lost in translation".

Un conocido caso extremo es el de Sigmund Freud, que aprendió español con el solo propósito de poder leer El Quijote en versión original. Y aún así, dudo mucho que fuera capaz de captar los matices y las guasas tan españolas que el texto contiene.

La traducción es una labor heroica, pero necesaria. De otro modo sólo podríamos conocer a un conjunto limitado de autores. Así que, vaya desde aquí mi admiración por los traductores.

Saludos.

Ángeles dijo...


*entangled*, yo prefiero ver la traducción precisamente como lo que nos libra de una frustración mayor: la de no poder leer a autores de lenguas extranjeras.
Pero entiendo lo que dices, por supuesto.

No estoy de acuerdo, sin embargo, en que siempre se pierda algo, ni en que se pierda demasiado. Como dice Umberto Eco, hay pérdidas absolutas, como en los casos de los chistes, los juegos de palabras o las palabras con connotaciones muy específicas. Pero, como también señala el sabio, esos casos son los menos. Y en otros casos, las posibles pérdidas no suelen ser relevantes para la obra en conjunto.
Y también a veces las pérdidas pueden deberse meramente a la impericia del traductor, que todo es posible.

El caso que citas de Freud (que no es el único que ha hecho tal cosa) es el ejemplo perfecto de lo que refiere Eugene Field en Los amores de un bibliómano, y que no me resisto a copiarte:

“Yo dije con toda franqueza que no tenía interés en el original porque tenía varias traducciones realizadas por las manos más competentes. Entonces mi librero se permitió ese viejo y trillado argumento que durante siglos ha prestado tan buen servicio al negocio de los libros; es decir, que en cada traducción, independientemente de lo buena que pueda ser, es seguro que se pierde algo del sabor y del espíritu del significado.
«¡Paparruchas!», dije yo. «¿Crees que esos traductores que han dedicado sus vidas al estudio y la práctica de este arte no son capaces de interpretar las diferentes sombras y colores de las palabras mejor que un mero aficionado a las lenguas extranjeras? Y además, ¿no es la vida demasiado corta como para que el amante de los libros pierda su valioso tiempo escudriñando las acepciones más recónditas, diccionario en mano? Querido señor mío, es una economía perversamente falsa el gastar tiempo y dinero en algo que otra persona sabe hacer mucho mejor y por mucho menos coste».

Por otra parte, me ha gustado eso de que la traducción es una labor heroica, jeje, y la gran verdad de todo el asunto es lo que dices al final: que si no fuera por las traducciones, estaríamos limitados a la literatura escrita en nuestro idioma, con todo lo que ello implicaría.
Y en este sentido, tampoco me resisto a dejarte esta famosa cita de Saramago: “Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal.”

Saludos, y thank you!

Anónimo dijo...

Mucho se ha comentado ya en este post, pero me gustaría aportar mi granito de arena, aunque algunos aspectos ya se hayan mencionado.

Mi perfil es de lectora, siempre con un libro empezado, en la mano, a todas partes. En ese contexto, últimamente y cada vez más, me empecé a interesar por las personas y las vidas que habría detrás de esos nombres que siguen al consabido "Traducción de". De alguna forma las sentía personas más cercanas a mi que el mismo autor, por compartir idioma, pero también por acercar la obra a aquellas personas que no supieran o no quisieran leer el original. Porque de alguna forma se estaban 'preocupando' de esos lectores potenciales.

Es una profesión de esas que se suelen idealizar, que a mí me parece maravillosa, tal y como defines en el título del post. Muy bohemio todo.

Quizá la parte más difícil, creo, sería dónde poner el límite a las tareas de documentación y refinamiento, una lucha de la perfección contra el tiempo finito.

Qué bueno que disfrutes tanto de tu profesión. Me encanta ver gente que ama lo que hace, sea lo que sea, porque eso se transmite al resultado final y al receptor de su trabajo.

Ángeles dijo...


Hola, “Anónimo”.

Me parece curioso, y de agradecer, tu interés por los traductores y lo que dices al respecto. Y creo que hay mucho de verdad en tu idea de que el traductor de alguna forma se preocupa por el lector. Así lo siento yo, porque aparte del puro interés por la literatura y las lenguas que implica esta profesión, también importa mucho el deseo de poner al alcance de otras personas obras que no pueden leer en su lengua original, el deseo de compatir y difundir la sabiduría y la belleza que se encuentra en los libros.

También es cierto, como supones, que a veces cuesta dar por teminada una traducción, porque siempre habrá algo que se pueda modificar o mejorar. Por eso se dice que una traducción nunca es definitiva. Pero tampoco conviene “manosear” demasiado las obras, porque el afán de perfección podría dar el resultado contrario.

Muchas gracias por tu visita y por tu interesante comentario.