miércoles, 5 de agosto de 2015

Todos los libros son verdad


Uno de mis libros favoritos no es un libro.
Mejor dicho, es un libro que no escribió nadie.
O mejor aún, es un libro que no pretendía ser un libro.
Y además no estoy de acuerdo con lo que dice.

Esto, que parece un galimatías, se entenderá mejor si digo que me estoy refiriendo a 84, Charing Cross Road, el famoso libro que no escribió Helene Hanff.

Como es bien sabido, Helene Hanff fue una neoyorquina, guionista de televisión y escritora sin éxito, que, desde 1949 y durante veinte años, mantuvo correspondencia con la librería Marks & Co. de Londres, en especial con uno de sus responsables, Frank Doel.
Esas cartas empezaron siendo puramente comerciales, en las que ella solicitaba el envío de determinados libros, preguntaba sobre determinadas obras, la posibilidad de conseguirlas, el precio, etc.,  y a las que el señor Doel respondía con la información correspondiente.
Pero con el tiempo las  cartas fueron convirtiéndose en una verdadera correspondencia de amistad, en la que entre títulos de libros, nombres de autores, comentarios sobre las obras literarias y las ediciones, se intercalaban el interés personal, las bromas, las muestras de afecto, la preocupación por el bienestar del otro…

Es muy consolador sentir que hay alguien a muchísimos kilómetros de distancia capaz de ser  tan generosa y amable  con personas a las que ni siquiera conoce.


La idea de publicar las cartas que se escribieron la señorita Hanff y el librero londinense fue de un editor que, gracias a un amigo de ella, tuvo ocasión de leerlas.  Cuando el editor le dijo a Helene que quería publicarlas en forma de libro a ella la idea le pareció, precisamente, un disparate.

En el nº 84 de la calle Charing Cross Road (Londres), 
hay una placa que recuerda a Helene Hanff  y a la librería.

He leído este libro varias veces, y siempre me emociona el amor que transmite: amor a los libros, a la literatura y a las personas. Son cartas que  demuestran que los libros pueden hacer verdaderamente feliz a una persona, y que la distancia geográfica no es impedimento para que se creen verdaderos lazos afectivos gracias a la comunicación epistolar.
Pero la primera vez que lo leí además me sorprendió mucho un detalle en particular, cual es el hecho de que a la señorita Hanff no le gustaban las obras de ficción. Así es: ¡no le gustaban las novelas ni los cuentos!

…son sólo relatos inventados, y a mí no me gustan las ficciones.

… jamás he conseguido interesarme por cosas que sé que jamás les ocurrieron a personas que nunca han vivido.



Como dije al principio, este libro es uno de mis favoritos, pero ello no es óbice para que discrepe sobre esta cuestión.  Porque yo creo que las historias de ficción  son tan verdaderas como lo que se cuenta en las biografías, las memorias, los diarios y los ensayos.

La historia fue llevada al cine en 1987 por David H. Jones.
Las cosas que ocurren en las obras de ficción son verdad, son circunstancias y hechos que tienen lugar en la vida real, y los personajes a los que les ocurren son el reflejo de personas reales. ¿Acaso no han existido y existen en la vida real quijotes y sanchos? ¿Acaso no hay señoras Bovary y señores Finch en el mundo? ¿No hay en cada ciudad muchachas que lloran por el amor perdido, aunque no se llamen Nastenka, y hombres buenos que intentan remediar su pena?
Se nos presentan, claro,  bajo el disfraz de lo imaginado, de lo ficticio,  pero en esencia sus personalidades son las nuestras y sus historias nos ocurren a nosotros. Por eso nos interesan y por eso nos gusta leerlas, porque nos explican a nosotros mismos y nos ayudan a entender la vida.
Incluso las historias más fantasiosas son verdad también, porque no son sino un reflejo simbólico de las alegrías , los anhelos y  las cuitas del ser humano. ¿Acaso las invasiones extraterrestres o las hormigas mutantes no representan el miedo a lo desconocido, a potenciales enemigos o a todo lo que no podemos controlar?
 
La ficción es la realidad disfrazada de mentira, pero a Helene Hanff le gustaban los libros que hablan de la realidad vestida de calle.
Me gustaría saber que sentía al ver que ella misma fue origen y protagonista de un libro de los que tanto amaba.


Gracias a la máquina del tiempo de JuanRa Diablo
pude viajar al pasado y visitar la librería




20 comentarios:

Sara dijo...

¡Ay, Ángeles, qué emoción verte ahí, en la mismísima librería! ¡Y qué emocionantes -también- tus palabras sobre la ficción! ¡¡¡Tienes más razón que un santo!!!

Te agradezco, también emocionada, que me descubrieses esta obra, pues, gracias a ti, leí la novela y vi la película. Muchas gracias.

Besos.

Ángeles dijo...

Gracias a ti, Sara, siempre, por tu amabilidad y tu incombustible entusiasmo.
Y no sabes cuánto me alegro de que disfrutaras con el libro y la película :)
Besos!

Anónimo dijo...

A mí me parece que Juan Ra no necesitó máquina ¿no?; con sus poderes bastó un chasquido de dedos y ¡tachán! he ahí cómo Ángeles se trasladó en el tiempo y en el espacio.
¡Ay que majica estás! ¡ja,ja!...
Huy qué enigmática has comenzado la entrada ¿eh? ¡Me gusta! Y la historia que dio lugar al libro es muy hermosa y algo que también tiene que ver un poco con lo que hacemos por aquí en este blog donde acabamos cogiendo confianza ja,ja,ja.
Precisamente, en relación a lo que dices sobre la verdad de la ficción leía hace unos días las palabras que Augusto Pérez -el ente creado por Don Miguel de Unamuno_ le dice a su autor cuando éste le muestra cuál es su verdadera condición de engendro de su fantasía: "Mire usted bien, Don Miguel...no sea que esté usted equivocado y sea usted el ente de ficción y el que no existe ni vivo ni muerto...no vaya a ser que usted no pase de ser el pretexto para que mi historia llegue al mundo" ..."¿no ha sido usted el que ha dicho, no una sino varias veces que Don Quijote y Sancho son más reales que Cervantes?"
Oye, que digo yo que este recurso para escribir un libro no está nada mal: es un trabajo que van haciendo otros y además sin darse cuenta. MEnos esfuerzo no cabe.
carlos

Ángeles dijo...

Bueno, Carlos, no vamos a desvelar los misterios de los poderes de JuanRa. Quien dice máquina del tiempo dice chasquido de dedos, clics de ratón... En fin, lo importante es el traslado :D

Me alegro de que te hayan gustado mi enigmático comienzo y la historia de Helene Hanff y el librero londinense. Yo también he pensado que hoy día se habrían conocido por medio de un ordenador en vez de cartas, pero la conclusión sería la misma: que la distancia física no impide que surjan lazos afectivos entre las personas. He ahí, una vez más, el poder de la palabra escrita como reflejo de lo que somos.

Muy adecuada tu referencia al personaje de Unamuno, al que ya trajiste a colación en otra entrada hace algún tiempo, y que abunda en la idea de que realidad y ficción se parecen tanto que con frecuencia se mezclan y se confunden.
Si ya lo dijo Shakespeare, que algo sabía de esto :)

Metalsaurio dijo...

Hay veces que los personajes de ficción son tan reales o más que los de verdad. Más reales que mucha gente de la que ni has oído hablar, o de la que has oído hablar pero siendo de otras épocas pudieran pasar por ficción...e incluso más que la gente real y conocida que no te aporta tanto como uno inventado pero interesante.

Pero sin pasarse, claro, todo en su justa medida :)

Holden dijo...

Pues me has dado unas ganas enormes de leerlo, mira tú por dónde. Lástima no tenerlo durante mi viajecito :(

También parece el típico libro por el que años más tarde visitaría ciertas partes de Inglaterra.

Ángeles dijo...

Estoy de acuerdo, Metalsaurio: muchas personas reales nos parecen menos reales que algunos personajes de ficción, porque éstos tienen para nosotros mayor significado. Y también en sentido yo en ocasiones que personas del pasado, aunque sean de mi propia familia, me parecen irreales y sus vidas una especie de ficción...

Un saludo.


Qué bien, Holden, me alegro de que te apetezca leer el librito; seguro que te gusta, entre otras cosas porque la señorita Hanff tenía un sentido del humor irónico estupendo.
Y también de ganas de visitar ciertos sitios, sí :)

JuanRa Diablo dijo...

¡Qué suerte tienes de que mi máquina te transportara a la puerta de Marks & Co! Yo intenté ir al Brighton de 1974 para ver a ABBA ganar Eurovisión y sólo conseguí que se me quemaran las suelas de los zapatos :(

Esta ha sido una de esas películas que me impulsaron a ir en busca del libro. La personalidad de Anne Bancroft como Helen me enamoró, y tantas veces como la he visto me ha emocionado la historia de esa amistad tan particular.

Curiosamente otra de las películas que me gustaron tanto como para "obligarme" a comprar y leer el libro fue Las amistades peligrosas, y también se trata de literatura epistolar, pero en el caso de 84, Charing Cross Road tiene el encanto de que fueron cartas de verdad y nunca fue concebido para ser un libro, pero aquellas cartas cuentan realmente una historia que había que publicar, que debía darse a conocer.

Tampoco yo estoy de acuerdo con esa afirmación de Helen. ¿Que jamás han ocurrido esas cosas inventadas? Creo que no reflexionó realmente al decir aquello.

La ficción es la realidad disfrazada de mentira. ¡Qué grande! Usted sí que reflexiona y hace reflexionar al ser leída.
Y ahora que caigo, a usted la conozco solo por escrito, pero ¿verdad que es de verdad? Yo no lo soy, pero vos sí, ¿no? :p

Marisa C. dijo...

Me vas a dar una colleja, y con toda la razón, cuando sepas que he tenido este libro entre mis manos y lo dejé en un ladito para luego, cuando los ojos se me fueron detrás de otro... soy así de casquivana. Pero después de leerte, volveré arrepentida a por él. Abrazos.

Ángeles dijo...

Pues sí, JuanRa, menos mal que en mi caso la máquina del tiempo funcionó perfectamente. Imagínate que aparezco yo en la librería con los zapatos en llamas… ¡No quiero ni pensarlo! :D
Ya sospechaba yo que usted no era de verdad, aunque, bien mirado, si los personajes de ficción, según hemos acordado, pueden ser más verdaderos que muchos de los reales, entonces ¿quizás usted es más real que yo, que soy de verdad? Porque yo soy de verdad, ¿no? Ay, ya no estoy segura… :p


No, Marisa, no te doy colleja sino que me alegro por ti, porque todavía tienes la ocasión de leer el librito por primera vez, con lo que eso supone de sorpresa y regocijo. Ya verás qué contento te recibe cuando vayas por él y qué bien os lleváis :) 
Abrazos!

Lan dijo...

Muchos libros se llaman de ficción por nuestro empeño en poner nombre a todo.
Estoy seguro que gran parte de ellos son reales pero con una realidad que el autor ha preferido que quede anónima. Quizás para sentirse así más libre sabiendo que sus opiniones o relatos no dañarán a ninguno y aprovecharán a todos.
Nice to see you in the pictures.
Thanks.

Ángeles dijo...

Es verdad, Lan, la ficción es también una forma de contar la realidad pero disimulando, sin que se note mucho.

Thank you :)

MJ dijo...

Una entrada preciosa, Ángeles. No puedo estar más de acuerdo contigo. La ficción es una forma de enmascarar la realidad. Y muy bien traído por Anónimo el personaje de Unamuno, llega un momento en que el personaje, para los lectores, es más real que el escritor.
P.D. Me gustó mucho la película y tengo pendiente el libro.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, MJ :)
Ya me comentarás tus impresiones cuando leas el librito.
Besos.

Gerardo Perez Perez dijo...

La ficción es la realidad disfrazada de mentira, que bonito Ángeles, creo que con esta frase habrías convencido a la propia Helen.
Pienso que una de las mayores expresiones de esa mentira es la ópera en la que se alían varias artes con el prodigio de las voz humana.
Me han encantado tus comentarios aunque no estoy de acuerdo con algo. No es Nastenka la que pasa las noches blancas, ni la que sufre por el amor perdido que al final encuentra, y además por partida doble con la posibilidad de poder escoger, sino el soñador... <>,el cual se despide y anima patéticamente con las frases finales: <<¡Dios mío! ¡Sólo un momento de felicidad! Pero,¿acaso es poco eso para toda una vida humana?>>
(Nota: he cambiado bienaventuranza por felicidad, ¿qué opina la traductora?)

Ángeles dijo...

Gracias, Gerardo :)

Al hablar de Nastenka me refiero sólo a la primera parte de la historia para no revelar mucho y menos el final, cosa que siempre intentamos evitar por si alguien quiere leer la obra... :p

Respecto a "felicidad" por "bienaventuranza", el cambio me parece muy acertado. De hecho, en las dos ediciones de Noches blancas que tengo yo, una antigua y otra moderna, ambos traductores han elegido también "felicidad".

Gerardo Perez Perez dijo...

Gracias, Ángeles, tendré cuidado con los finales aunque realmente con lo que digo creo que queda un poco en el aire. Quizá añada un punto de curiosidad.

Ángeles dijo...

Don't worry, Gerardo. Gracias a ti :)

guille dijo...

Tu enigmático principio es de los que obligan a leer el resto de la entrada.

La historia de esos dos es genial. Buen libro. Buena peli.

Si me resulto curioso que una amante de la lectura no disfrutara con la ficción, pero con los libros hay campo para todos los gustos.

La magia de Mr Diablo me ha encantada, la modelo too (¿o sería mas correcto also?).

Ángeles dijo...


Qué bien, Guille, me encanta que el principio te haya “enganchado”.
Y también que compartas el gusto por la historia de "esos dos" :D
Y que te haya gustado “la magia de Mr. Diablo”. 
Y ese “too” al final de la frase está perfecto.
Gracias!