sábado, 8 de abril de 2017

Ser o no ser


Recientemente me han hecho una pregunta que me pareció difícil de contestar. No porque no supiera la respuesta, sino porque no sabía cómo darle forma a esa respuesta. La tenía en la mente, de forma intuitiva, pero hasta ese momento no me había parado a pensar en ello con palabras.

La pregunta era: “Si una persona descarga 1500 ebooks, ¿tiene una biblioteca?”.
La cosa tiene su cosa, ¿verdad?

Se supone que una biblioteca es una colección de al menos cien libros. Así que, en ese sentido, se podría decir que quien tiene  mil quinientas  obras digitales a su disposición tiene una biblioteca considerable.

Sin embargo, a la pregunta yo respondí que no, que los libros electrónicos, sean muchos o pocos, no conforman, a mi modo de ver, una biblioteca. Son, desde luego, una enorme fuente de lectura, pero creo que una verdadera biblioteca es otra cosa.
Conste que no menosprecio la lectura de ebooks, ni mucho menos. La lectura es, o debe ser, algo tan personal y tan libre que sería absurdo poner objeciones a un medio que proporciona posibilidades infinitas de acceso a la literatura.

Por eso quizá la clave del asunto está en que no es lo mismo tener una biblioteca que  formar una biblioteca.
Porque una biblioteca verdadera, personal, no se forma solo con libros.
Una biblioteca se forma también con tiempo. Porque el tiempo es imprescindible para que la biblioteca sea lo que se supone que es: una colección de libros que habla de su dueño. 
En cada momento, en cada etapa, nos interesan unos libros o unos tipos determinados de libros. A lo largo del tiempo cambian nuestros gustos, nuestros criterios, nuestros intereses o nuestros medios económicos. Y dependiendo de estos factores, nuestra biblioteca adquirirá formas determinadas. Irá cambiando igual que cambiamos nosotros.
Por eso será nuestra biblioteca, única y personal.

Pero en una descarga virtual en masa no hay nada de eso. Falta el interés sostenido a lo largo del tiempo,  la meticulosidad. No hay meditación ni condiciones que nos lleven a descartar un libro a favor de otro… No hay búsqueda, ni reflexión, ni espera…
Creo que en muchos casos, cuando se descargan tantos libros de golpe no es porque se desea de verdad cada uno de esos libros, sino simplemente porque se puede.

También creo que con las obras virtuales sólo se puede satisfacer el amor a la lectura, pero no el amor a los libros, que es otra cosa.
El amor a los libros es algo más amplio, que además del interés por la obra que se lee incluye también el gusto por el libro como objeto.
Y el valor del libro como objeto puede venir dado por muchos factores diferentes: porque es un libro regalado, porque tiene una dedicatoria, porque es una edición especial, porque lleva años con nosotros, porque perteneció a alguien…
Luego están los casos de bibliomanía desatada, claro, en los que los libros se coleccionan exclusivamente como objetos, por las peculiaridades de su edición, sin importar la obra que contienen, porque el interés principal no es leerlos. Pero ése es otro tema.

El amor al libro, frente al amor por la lectura, también incluye el hecho de tener las páginas entre la manos, las páginas que se van pasando, que es una forma de tocar la historia que leemos, de sentirla más de cerca. Porque cada obra tiene su tacto particular, su textura propia, y eso se aprecia mejor si lo percibimos físicamente además de intelectualmente. El tacto del libro, me parece a mí, hace que la lectura sea más intensa.

Por estas razones considero que una colección de libros intangibles no es lo mismo que una biblioteca.
Pero todo esto no es más que mi visión personal de esta cuestión. Porque, en realidad, qué importa que se les llame biblioteca o no a los libros digitales.
Lo que importa en un caso como éste es que  una pregunta interesante puede llevarnos  a meditar sobre algo en lo que no habíamos pensado hasta el momento, como  he meditado yo ahora  sobre estos aspectos de la lectura y la bibliofilia.

Ah, y también importa la opinión de ustedes sobre el asunto.


En el ojo del huracán (Storm Center, Daniel Taradash, 1956)



24 comentarios:

Chaly Vera dijo...

La librería tiene muchos libros y no es una biblioteca, alguien podrá tener mil libros que no los ha leído ni los leerá y tampoco eso es una biblioteca, es obvio que ya entiendes lo que quiero decir.

Besos

Soros dijo...

Coleccionar "amigos" vía digital, no es lo mismo que tener esos amigos.
Y no es que me caracterice por tener muchos amigos.
Pero tenemos, cada vez más, la tendencia a confundir lo virtual con lo real. Y, sin quitarle ningún misterio y utilidad a lo virtual, lo real es lo verdadero.
Del mismo modo, no es lo mismo hacer un viaje que hacerlo virtualmente por Internet.
Bueno, seguro que todo el mundo pondrá muchos ejemplos.
Saludos y gracias por tu artículo.

Sara dijo...

Aunque estoy de acuerdo contigo en muchas de tus reflexiones, yo considero que tengo una biblioteca de 51.000 volúmenes (50.000 digitales y 1.000 en papel, aproximadamente). Y es que desde una perspectiva meramente pragmática, resulta muy útil tener una biblioteca digital. Quitando el nada desdeñable motivo de que en las estanterías ya no cabe ni un libro más, es sumamente tranquilizador saber a ciencia cierta que el libro que estás buscando (a menos que sea muy moderno) lo vas a encontrar seguro. Además, creo que todo depende del porqué se haga la descarga; te aseguro que también puede haber mucho amor en una colección digital. Para mí depende más de cómo se haga y con qué criterio que del hecho en sí.

Besitos, Ángeles.

Macondo dijo...

Me ha convencido tu meditación, así que no he tenido que meditar por mi cuenta. Efectivamente, no es lo mismo.

Conxita Casamitjana dijo...

Cierto que no es lo mismo tener una biblioteca que formar una biblioteca, por lo que implica ese formar pero a partir de ahí creo que se puede hacer (con algunas diferencias) en el formato físico y en el electrónico, la clave para mi está en lo qué significa cada uno de los libros que adquieres, lo que has sentido con ellos y todo lo que los rodea y aunque en el formato digital puede resultar un poco más complicado porque falta ese tacto, olor, esa dedicatoria, ese paso del tiempo, pero los sentimientos que pueden generar los libros creo que se pueden dar en ambos formatos.
Y es más con el avance del ebook creo que cada vez se puede dar más. De hecho, los vendedores de libros electrónicos intentan buscar experiencias similares a las de los libros en papel y se ofrece la posibilidad de dedicatorias, envoltorios especiales para asimilar esa emoción que se siente (algunos) al comprar un libro físico.
Para mi, no son lo mismo en papel que en formato electrónico pero en mi casa ya no caben más libros en papel y me he pasado al ebook, me resulta muy cómodo pero con contradicciones porque cuando un libro me llega mucho, tengo que seguir comprándolo en papel y me preocupan mucho mis queridos libros en papel.

La descarga masiva y acumulación de libros digitales me parece un error pero igual que las bibliotecas que se compran para hacer bonito en algunas casas, para mi los libros se tienen por lo que te aportan y no para acumular o por decoración, son una parte muy importante de mi y me han hecho como soy.

Un abrazo

*entangled* dijo...

Hola Ángeles. En mi comentario a la entrada de tu blog titulada La biblogteca de Brautigan dije: «Yo veo una diferencia nada trivial en el soporte, en el medio físico: Coge un libro entre las manos y sabrás a lo que me refiero».

Y tú dices: «El tacto del libro, me parece a mí, hace que la lectura sea más intensa». Creo que está claro.

Pero respecto al comentario de Sara, coincido con su visión pragmática. También yo hago acopio de libros que no he leído —y que puede que no lea nunca— pero no hace falta descargárselos, están accesibles en internet y los podemos leer cuando queramos.


Saludos.

guille dijo...

Es evidente que si los tienes en internet no tienes una biblioteca.

es evidente que en internet puedes bajarlos uno a uno, o cinco a cinco igual que los compras en la librería.

A los de las descargas masivas solo los compararía a quienes compran un montón de libros a la vez, si puede ser con las cubiertas del mismo color, para hacer bonito en las estanterías.

Si estas por los mil libros a) has intentado cambiar de casa? b) es posible que de esos mil, ochocientos no los vuelvas a leer nunca?

Si viajas por una quincena o mas a un país del que desconoces el idioma, ¿has probado a llevarte libros para cubrir tu afición, de imprenta? en el e-book?

No tengo libro electrónico, nunca me he bajado un libro. Tengo mas de mil en mis estanterías.

creo que el e-book es un avance.
pero tener libros guardados no es tener una biblioteca.

Aunque te dejan hacer biblios muy "monas" en la pantalla para organizar tus posesiones literarias.



Rick dijo...

"La cosa tiene su cosa", en efecto. Y siguiendo esa línea de pensamiento, yo barro para casa y te recuerdo uno de mis trabajos: "Tener y no tener", que se complementa a las mil maravillas con el "Ser y no ser".

Tener medio millón de descargas digitales no signifca nada ni por el continente ni por el contenido. Por el continente está claro, y por el contenido también porque nadie va a leer ese medio millón. Los acaparadores digitales suelen comportarse así por si "el día de mañana" tienen tiempo (o ganas) de usar ese archivo (libro o disco, o fotografía, o cuadro, ya da igual: es el mismo formato). O por querer tenerlo todo, que también. Gratis, a poder ser.

La sensación de disfrutar de un libro impreso o de un vinilo clásico son incomparables, aunque también para eso hay acaparadores con mucho dinero que compran por comprar. Así que lo fundamental, entonces, es la actitud: buscar el placer de los sentidos (en todos los sentidos) y ser humilde, ir de uno en uno,o de dos en dos. Escuchar diez discos al día no es escuchar, es oír; y leer un libro en horas es la mismo. Pura gimnasia. Poder decir luego a tus amigos que has escuchado, que has leído. Que conoces.

Marisa C. dijo...

Querida Ángeles. Cuando he empezado a leerte no estaba muy de acuerdo contigo, y eso me ponía un poco nerviosa. Poco a poco, la cosa ha empezado a cambiar. Entiendo que el problema no es el soporte, sino el camino que lleva a "crear" una biblioteca. A parte de los que adoramos el libro en sí, por todo lo que ya has mencionado, está el placer del proceso: la búsqueda, la comparación, la selección..., algo que existe también en el mundo digital.
Luego, los que somos anteriores a este era, tenemos unas necesidades sensoriales que nada tienen que ver con el contenido.
Abrazos y gracias por hacerme pensar siempre.

Ángeles dijo...


Muchas gracias a todos por sus opiniones y puntos de vista sobre este asunto. Son, como siempre, comentarios muy interesantes e inteligentes, que me aportan una visión muy amplia de la cuestión.

Ángeles dijo...

Chaly, sí, así lo considero yo: que una colección de libros no es en sí misma una biblioteca si no hay “otra cosa”.

Gracias por tu visita, como siempre.
Besos.


Es cierto, Soros, se denominan conceptos con palabras que no les corresponden, como esos “spaghetti” que son verduras cortadas en largas tiras. Y así se desvirtúan y se confunden tanto las palabras como los conceptos a los que sí denominan.

Saludos y gracias a ti.


Sin duda, Sara, el libro electrónico es lo más práctico del mundo para ahorrar espacio, peso y polvo. Y yo no dudo de que haya amor en una colección digital. Por eso he señalado la diferencia entre amor a la lectura y amor al libro-objeto; a la obra literaria en sí y a su soporte tradicional.
Y en cualquier caso, sólo me refería a descargar montones de libros por el simple hecho de que se pueden descargar. Como quien se baja un montón de películas cada día porque sí.

Gracias por tu punto de vista.
Besos.


Gracias, Macondo, me alegra que estés de acuerdo conmigo.


Conxita, me parece que en esencia estamos de acuerdo en todo.

Creo que cada formato tiene su sentido propio y no creo que haya rivalidad entre ellos. Y por eso creo que el concepto de biblioteca corresponde a los libros tradicionales, porque, quizá de una manera algo sentimental por mi parte, ese concepto encierra mucho más que la mera disponibilidad de lecturas.

Es interesante lo que dices sobre el deseo de tener en papel un libro que te ha gustado mucho al leerlo en formato digital. Y cómo los vendedores de libros digitales intentan crear con ellos experiencias semejantes a las del libro de papel. Eso tiene que significar algo, ¿no crees? Yo creo que significa que nuestro cerebro, por naturaleza, prefiere el libro de papel (y nuestro corazón, ahora que no me oye nadie, también ;))

También estoy de acuerdo en que las descargas masivas se parecen a la acumulación de libros de papel por motivos ajenos a la lectura: por decoración o para aparentar, por alarde o vanidad, como ya señalaban los clásicos.

Gracias por tus opiniones y un abrazo.

Ángeles dijo...

Hola, *entangled*. Es verdad, he dicho lo mismo que dijiste tú, pero no es extraño, pues es obvio que en ciertas cuestiones solemos coincidir.

Sí, el aspecto práctico del libro electrónico es incuestionable; y está muy bien que exista esa posibilidad, para que cada uno pueda elegir un formato u otro según sus prioridades o necesidades.

Ésa es otra cuestión interesante: qué necesidad hay de hacer esas descargas profusas que hacen algunos, si las obras en ese formato están disponibles en internet en todo momento. Será que se tiene con ello la sensación de posesión, la sensación de biblioteca ;)

Gracias por tus ideas, como siempre.
Saludos


Eso creo yo, Guille, que si los libros están en internet no se tiene una biblioteca. O, en ese caso, todos tenemos una biblioteca inmensa.

Sin duda tenemos muchos libros que no volveremos a leer nunca, pero hay algo que nos impulsa a conservarlos, por lo menos durante todo el tiempo que nos sea posible. Es que los libros son objetos muy particulares; la palabra, el pensamiento transmitido en ella, ejerce una atracción muy particular en nosotros, y el libro es la forma natural de contenerla, de hacerla nuestra. Es parte de nuestra condición humana.

Otros libros, además, los leemos y releemos con frecuencia; acudimos a ellos como quien acude a un amigo en busca de compañía, de apoyo, de consejo, de consuelo…

En cuanto a lo de llevar libros de viaje, yo no viajo mucho, y para quince días tengo bastante con un libro mediano: ya conoces mi manera de leer, lenta cual tortuga parsimoniosa :D
Pero, bromas aparte, me parece fantástico que exista el ebook, por las posibilidades prácticas que ofrece y que tantas personas encuentran de provecho.

Muchas gracias por tu comentario.


Rick, ya que mencionas uno de tus trabajos, le diré que soy una gran fan de ellos desde que empecé a ver cine con conciencia.

Sí, desde luego, el afán de acaparar o de acumular se da en todos los formatos y en todos los ámbitos. Pero creo que la posibilidad de acumular obras sin ocupar espacio en casa, y a veces sin coste económico, favorece en muchos ese afán, que quizá de otra forma no se manifestaría.

Estoy de acuerdo también en que leer libros o escuchar discos en tropel no es realmente leer o escuchar. Son actividades que requieren tiempo, atención y meditación, pero estos conceptos parece que no combinan bien con el ritmo acelerado y la sensación de urgencia que parecen haberse instalado en el mundo últimamente.

Muchas gracias.


Querida Marisa, me alegro de que hayas visto la verdadera intención de mis palabras.
Por supuesto que se puede ser amante de los libros tradicionales y no por ello rechazar el formato digital. A mí me encanta el mundo digital y las maravillosas posibilidades que ofrece.
Como digo siempre, el papel y el libro digital no son rivales, como no lo son las escaleras y los ascensores.

También comprendo que pueda haber amor y dedicación en la búsqueda y elección digital, como señalas. Es sólo que yo creo que una biblioteca propiamente dicha es una colección de libros de papel; y si es una biblioteca personal, es una colección que implica una serie de factores que creo no pueden estar presentes en el formato digital, simplemente porque es un formato diferente con características diferentes.

Abrazos y gracias a ti, ya lo sabes.

Anónimo dijo...

Ángeles, me parece muy interesante el tema que planteas, más aún cuando, me temo, discrepo con la mayoría de las opiniones, aunque no sé si lo hago simplemente por llevar la contraria ;). Si lo he entendido bien hay dos aspectos:
1. considerar o no que los libros digitales puedan conformar una biblioteca
2. considerar o no como biblioteca unos libros que no han sido elegidos premeditadamente

En cuanto al primer punto, personalmente no leo libros digitales, pero, en mi opinión, creo que está claro que sí. Un conjunto (más o menos grande) de libros electrónicos sí son una biblioteca; de hecho, ya hay bibliotecas digitales http://andalucia.ebiblio.es/opac/#indice. Para no extenderme, entiendo que el formato no limita el concepto de biblioteca; hemos pasado de biblioteca de papiros, a biblioteca de códices, a biblioteca de libros, y ahora a biblioteca de libros electrónicos.

En cuanto al segundo punto, creo que hay un valor sentimental (no sé si es la palabra adecuada) en el concepto biblioteca que se ha expuesto que no comparto, pero que de forma paradójica practico; es decir, no se me ocurre comprar los libros al peso, anoto los que me gustan y, poco a poco, los voy comprando. No sé como defender esta postura, la verdad, lo intentaré con un contraejemplo. Si heredo una biblioteca de, pongamos, 500 libros, cuando los pongo en mi librería ¿deja de ser una biblioteca por no haberlos elegido yo? (para no ser tan tétrico, me vale también que me haya tocado un premio de 500 libros en una rifa). Entiendo que sigue siendo una biblioteca una vez que los guardo en mi librería.

Gracias por la entrada, me ha gustado mucho comprobar la disparidad de opiniones.

Un saludo

JuanRa Diablo dijo...

Comparto tu visión sobre el tema. Tampoco yo considero que a una descarga masiva de libros electrónicos se la pueda considerar biblioteca, sobre todo porque carece de ese aspecto afectivo del que hablas.
Cada libro físico en nuestras estanterías tiene su pequeña historia ligada a nosotros. Pudo ser un regalo especial, o un hallazgo en un rastro que nos hizo mucha ilusión o, después de haber apartado el dinero para ese fin, una compra a conciencia de un libro que deseábamos tener.

Los libros digitales guardados son como un ente abstracto que no despiertan la misma emoción que yo siento cuando, por ejemplo, toco los lomos de los libros y extraigo uno al azar y busco los subrayados de las partes que me gustaron.
Mi biblioteca está repleta de libros que amo. No creo que pudiera decir los mismo de una acumulación de libros digitales.

Matías dijo...

Mi opinión es que las verdaderas bibliotecas pasaron a la historia hace muchos años, no, no consiste en tener cientos de libros en las estanterías, cada uno de un autor y de una editorial distinta.
En los años sesenta o setenta salían a la venta colecciones enteras de libros y diccionarios con encuadernaciones exquisitas, que una vez leídos servían como decoración de una hermosa biblioteca.
Un saludo.

Ángeles dijo...

Me alegra mucho que te haya interesado el tema, Anónimo, y argumentas muy bien tus puntos de vista como para que sean sólo una manera de llevar la contraria :D

Me parece muy interesante todo lo que planteas, y estoy de acuerdo en que hay por mi parte, hasta cierto punto, una visión sentimental del asunto. Pero es que creo que una biblioteca tradicional está inevitablemente ligada a las emociones.

Pero creo que hay algunos aspectos que no he dejado claros. Lo que planteo se refiere sólo a las bibliotecas personales, que es a lo que se refiere la pregunta que me hicieron, y mi intención era plantear la diferencia que hay entre formar una biblioteca tradicional (con el tiempo y la dedicación que eso requiere) y el hecho de descargar en muy poco tiempo una gran cantidad de obras digitales.
Yo creo que son dos cosas muy diferentes, y por eso me cuesta darles el mismo nombre.

Otra cosa son las bibliotecas virtuales, como señalas, que a mí me parecen una maravilla, por las posibilidades que ofrecen de acceso a obras antiguas, descatalogadas, en otros idiomas, etc. Y esto me lleva a pensar en otro aspecto del tema, relacionado con tu idea de que el formato no limita el concepto de biblioteca. Porque hay una diferencia entre, por ejemplo, la biblioteca del Trinity College, la pública de mi barrio y la mía personal, y todas se llaman biblioteca. E igualmente hay una diferencia entre una biblioteca digital, como la que citas, o el Proyecto Gutenberg, por ejemplo, y los trescientos libros que alguien se descarga en un rato.
Por eso yo restringía mis reparos a las bibliotecas personales.

En cuanto al segundo aspecto que señalas, si los libros que no han sido elegidos por uno mismo forman o no una biblioteca, creo que no he planteado esa dualidad en mi entrada. Al contrario, lo que digo es que en una biblioteca tradicional hay, entre otros, libros que tienen un valor especial porque, por ejemplo, han pertenecido a otras personas previamente, y que ese tipo de valor no se puede dar en una biblioteca digital.
Aquí ya hablamos de esta cuestión hace tiempo.

Muchas gracias por tus aportaciones a una cuestión que ha resultado más poliédrica y apasionante de lo que yo imaginé al principio.



Ya suponía, JuanRa, que coincidiríamos en este asunto.
Has explicado muy bien ese lazo afectivo que puede llegar a existir entre nosotros y nuestros libros, porque es difícil desligar la obra en sí del objeto que la contiene, de cómo llegó a nosotros, del contacto visual y el tacto… Como bien dices, un libro físico siempre tiene una historia detrás.

Gracias por tu comentario.





Hola, Matías, bienvenido.

Es cierto lo que dices, que muchas bibliotecas son pura apariencia. Pero creo que eso no indica que las verdaderas hayan pasado a la historia.
Esas bibliotecas de vanidad, por llamarlas así, no son algo moderno, sino que han existido desde siempre; los libros han sido siempre un signo de prestigio, y siempre, siglos atrás, ha habido quienes los han expuesto en sus casas para aparentar una cultura y un refinamiento que no poseían.

Y algo parecido ocurre con las bibliotecas usadas como adorno. Pero claro, es que los libros son muy decorativos, no lo pueden evitar. De todas formas, si se han leído al menos una vez, ya han cumplido además su función esencial.

Un saludo, y gracias por tus opiniones.

MJ dijo...

Estoy de acuerdo en muchas cosas contigo y me he sentido identificada con los comentarios de Conxita y Anónimo.

Me ha gustado también la "evolución" de bibliotecas que nos ha enumerado un compañero por ahí arriba.

Es un tema que da qué pensar. Es cierto que cuando se llega a un punto en el que ya no caben más libros en tus estanterías, el ebook es una buena solución y además es muy cómodo. Pesa menos y es mas fácil de sostener que los grandes volúmenes que leo a veces (y especialmente haciendo equilibrios con el brazo en la cama), además no me importa subrayarlos y ponerles notas, mientras que en los de papel me da apuro.

Colecciones de libros por aparentar han existido siempre. Como dice Matías, hubo una época en la que se vendían ya formadas y muchas personas las compraban porque quedaban bonitos en el salón de casa y por vanidad pero, la mayoría, no tenían intención de leer esos libros que habían adquirido. Simplemente consideraban que debían tener "El Quijote" o "Fuenteovejuna". Ahora, ni siquiera se compran libros por ese motivo, ya tiene poco (o ningún) prestigio la lectura. En ese sentido debemos tomarnos a aquellos que descargan libros masivamente como la versión actual del que acumulaba volúmenes por aparentar. En ambos casos es un error. Pero, creo que como el libro digital ya no es algo que se vea físicamente, sí que, a muchos, les mueve un "por si acaso" algún día tienen tiempo de leerlos y ya no estuvieran disponibles, por lo que sí veo una potencial intención de leer.

Pienso que estamos de acuerdo en lo práctico que es un ebook y en lo apreciado que es un libro en papel como objeto (un objeto digno de colección, de admirar, de elegir ediciones, encuadernaciones, de pasar sus páginas, de oler a libro, etc).

Creo que la mayoría de los libros solo se leen una vez, y confieso que yo escojo muchos de mis libros porque me parezca bello el título o la portada. En ese sentido, me resulta muy práctico el ebook, porque si el libro es uno más o me he equivocado en su elección, no me ocupa espacio y si me ha parecido especialmente bonito, me lo compro en papel y le intento buscar un hueco en mis apretadas estanterías. Es decir, que hay libros que me compro dos veces (una en versión digital y otra en papel).

Si eliges los libros uno por uno, comprando (o bajándote, según cada persona) los que realmente te interesan y no los adquieres de forma masiva, sí que puede considerarse una biblioteca, ya que el modo de proceder ha sido el mismo que con los libros de papel.

En resumen, yo sí creo que se pueda tener una verdadera biblioteca de libros electrónicos.

Ángeles dijo...

MJ, sabiendo que eres usuaria del libro electrónico, ya suponía con qué aspectos del tema estarías de acuerdo y con cuáles no.

Es verdad que los libros digitales son un recurso estupendo para disponer de lecturas cuando no tenemos sitio o medios económicos para adquirir libros.

Pero yo sigo dudando que tener acceso a obras literarias sea lo mismo que tener una biblioteca.
Porque entiendo que el concepto de biblioteca hace referencia a una colección material de libros, independientemente de otras consideraciones relacionadas, como que esos libros se lean o no.
Por eso quizá haría falta un término específico para denominar las colecciones digitales.
Por cierto, podríamos intentar inventar uno ;)

Muchas gracias por dejarnos tus opiniones.

Kristalle dijo...

Pero eso depende de la opinion de cada uno supongo ¿no? yo tengo un ebook también y considero que si tienes una gran cantidad de libros seria como una biblioteca, biblioteca digital. Almenos para mi
Una buena reflexión.
Saludos!

Ángeles dijo...

Claro, Kristalle, lo que aquí compartimos, tanto en la entrada como en los comentarios, son nuestras opiniones, lo que cada uno considera al respecto. No puede ser de otra manera.

Saludos, y gracias por tu visita.

Anónimo dijo...

Estoy leyendo Pura alegría (de Antonio Muñoz Molina), al leer el siguiente fragmento me he acordado de lo que aquí hemos comentado:
«'El astillero', que estaba milagrosamente publicado en la colección Libros TVE, lo sustraje sin remordimiento de la estantería de un conocido, que poseía la colección completa e intacta, aritmética, alineada en un solo anaquel, en el mismo mueble de formica que ocupaba una pared entera y en el que estaba empotrado el televisor.»

Este conocido de AMM creo que ahora tendrá un ebook repleto de libros descargados indiscriminadamente ;)

Ángeles dijo...

Je,je, pues sí, Anónimo, muy oportuno.

Gracias!

Metalsaurio dijo...

Supongo que podemos hacer distinción entre biblioteca física y biblioteca virtual sin temor a que nos reprendan los sabios, sin embargo, yo asocio biblioteca a biblioteca física, pues mentalmente ato contenido y soporte en una unidad indisoluble. Y le llamaré biblioteca cuando esos libros hayan sido leídos o se tengan intención de leer. Si no...son libros de una colección...que pasarán a formar parte de esa biblioteca cuando surja el interés en su lectura.

Tengo curiosidad sobre qué responderíamos a esta misma pregunta dentro de unos años.

Ángeles dijo...

Estamos de acuerdo, Metalsaurio: una biblioteca, estrictamente hablando, es una biblioteca física.
Otra cuestión es que los libros estén ahí para lectura o como objeto de adorno. En este caso, el llamar o no biblioteca a esa colección ya tiene más que ver, diría yo, con nuestra visión "emocional" de la cuestión que con el rigor semántico. Pero eso, claro está, es una cuestión personal.

Interesante tu última reflexión.

Gracias.