sábado, 5 de marzo de 2016

¿Qué haré con ellos?


Hace un par de años leí Nadie acabará con los libros*,  donde Umberto Eco y Jean-Claude Carriere charlan sobre diversos temas relacionados con los libros: el coleccionismo, la evolución de los soportes, la censura a través de la historia, etc.

El último capítulo del libro tiene el explícito título de “¿Qué hacer con nuestra biblioteca cuando morimos?”, y en él los dos polímatas comparten ideas sobre lo que se puede hacer con los libros que dejamos tras de nosotros, y comentan sus planes personales para cuando llegue la hora.

Leyendo ese capítulo medité yo al respecto y sobre mis propios libros. Porque aunque mi modestísima biblioteca es una risa comparada con los cincuenta mil volúmenes de Umberto Eco o los de tantos grandes lectores y coleccionistas que andan por el mundo,  yo tampoco quisiera que un día mis queridos libros fueran simplemente a parar a un contenedor de reciclaje.

El mes pasado, cuando supe la noticia del fallecimiento de Eco, lo primero que pensé fue: “¿Y qué pasará ahora con sus libros?” Recordaba haber leído que el destino que él tenía previsto para su biblioteca era la donación. Releí el pasaje y en efecto, quería que su familia la donase a una biblioteca pública o la vendiese, completa, en una subasta, a una universidad.

Aparte de esto, dice Eco en el libro que en su testamento dejaría libros determinados a determinados amigos. Y también que tenía montones de ejemplares de sus libros en traducciones a diferentes idiomas y que muchos de ellos los había donado a las cárceles, donde hay presos de toda las nacionalidades.
Por su parte, Jean-Claude Carriere habla de la posibilidad de crear una fundación, como forma de que las instituciones oficiales se encarguen de conservar las bibliotecas de personalidades ilustres. Y respecto a sus propias colecciones,   dice que quisiera cederlas a museos o bibliotecas especializadas.

Así pues, parece que éstos son los destinos de las grandes bibliotecas cuando sus dueños ya no están para leer mucho: la venta, la subasta, la donación a diferentes entidades, y la creación de fundaciones.

Pero, claro, éstas son las soluciones para las colecciones de postín, para los libros que poseyeron los personajes célebres. A ellos les dejamos las grandes cifras y las soluciones trascendentes,  pero ¿qué se hace con los trescientos, los quinientos o los mil doscientos libros que puede tener una persona cualquiera? ¿Dejarlos simplemente atrás, a su suerte, al capricho del azar o a la decisión de unos herederos que quizá no sepan qué hacer con ellos?

En una ocasión conté aquí cómo llegaron a mis manos unos libros cuyos dueños quisieron asegurarse de que fuesen a un lugar donde estuvieran calentitos y a gusto.
Y espero que del mismo modo en que yo recibo ahora libros que pertenecieron primero a otras personas, los míos, incluidos estos heredados, vayan a parar algún día a otras manos interesadas.

No me gusta ponerme trascendental, y menos antes de tiempo, pero a veces es inevitable pensar en ciertas cosas e imaginar qué nos gustaría hacer en determinados momentos y circunstancias.
Por eso a veces he pensado que a mí me gustaría donar mis libros a las bibliotecas del instituto y la universidad en los que estudié, o a alguna biblioteca pública.

Pero antes de enviarlos allí, seleccionaría los más queridos y los regalaría a personas concretas, incluidas algunas de las que pasan por aquí. A veces incluso me entretengo en fantasear con esta idea y trato de decidir qué libros regalaría a cada quien, según lo que sé o creo saber de los gustos, intereses y personalidad de cada uno.

Otras veces, después de hacer este reparto mental,  pienso que quizá lo mejor que podría hacer con los restantes sería llevarlos simplemente a alguna librería de segunda mano, pero no para venderlos, sino para donarlos también. Me parece que dejarlos en esas estanterías que dan una segunda oportunidad a los libros y quizá una primera a muchos lectores, es la mejor manera  de que los libros sigan su trayectoria natural, que es ser vendidos y comprados, cambiar de manos, recorrer el mundo.

Porque me parece que los libros están con nosotros para cumplir una función: enseñarnos y acompañarnos, darnos consuelo y alegría y procurarnos una clase única de felicidad. Después, al cabo del tiempo, cuando su función con nosotros ya está cumplida, cuando ya no los podemos disfrutar,  han de ir a otros sitios, a otras personas. Así es cómo se mantienen vivos y cómo conservan su sentido.
Ésa es la naturaleza de todos los libros, aunque se trate de modestas ediciones económicas, fabricadas en serie, y no hayan pertenecido a ningún lector ilustre.


casa abandonada en Bélgica
Casa abandonada en Bélgica


* Editorial Lumen, 2010. Traducción de Helena Lozano Miralles

22 comentarios:

Chaly Vera dijo...

Yo tambien estoy con el mismo dilema,me gustaria encontrar gente que les guste leer y que mis libros no terminen en manos no cuidadosas, no se, tendre que dejarlas en la biblioteca municipal.

Un abrazo

Anónimo dijo...

¡Guay!Yo me pido tu famoso libro naranja, ese del Anacronópete...¡Que sí, que he sido el "primer"!
¡¡¿Que cualquiera puede tener 1500 libros?!!,...bueno, si son de bolsillo...y de los de Alianza Cien, que costaban 100 pts...je,je,je.
Ayyyy!...¿sabes una cosa? Hubo que pintar en casa, subí todos los libros al desván y ahora no los echo de menos en las paredes; incluso me siento "liberado". Allá arriba están los pobres en un montón pasando el invierno desamparados...
Además es descorazonador mirar al futuro -bueno, incluso al presente- y ver la "afición" que tienen los críos al libro de papel. Igual lo más bonito, lo más simbólico y ritual es, al final de mi vida, hacer una bonita hoguera con ellos. De todas formas no se iba a perder ningún volumen especialmente valioso por su ser material.

carlos

Conxita Casamitjana dijo...

Muy interesante reflexión Ángeles.
Estoy contigo que los libros cumplen una función en nuestras vidas, al menos así lo ha sido en la mía, creo que ellos me han descubierto con frecuencia, tengo libros que han aparecido en el instante justo en que los tenía que leer, que han abierto puertas, enseñado a reflexionar, a vivir y a disfrutar, y que me producen mucha ternura al verlos en la estantería. Es evidente que no me había planteado nunca qué pasaría con ellos, esa opción de regalarlos a los que aprecian me ha parecido preciosa, no tanto por el valor del libro sino por el gesto de amor que lleva a regalarlo.
Un saludo

Holden dijo...

Hay que querer a nuestros libros. Yo los trato cn mimo y dedicación, y hasta ahora mismo nunca me había planteado qué hacer con mi biblioteca tras mi más que segura muerte tarde o temprano. Al tipo de la guadaña no se le derrota, me temo.

Si fuera a tener hijos, me gustaría poder transmitirles mi amor por el papel y mis libros, pero como no tengo del todo claro que eso vaya a suceder... maldición, la donación es la única opción.

Muy buen post Ángeles, por cierto. Me ha gustado mucho leerlo.

Sara dijo...

EN TER NE CE DOR. Me ha parecido enternecedor el post. Qué bello y delicado que pienses en dejarnos nada más y nada menos que tus libros cuando te encuentres en un trance tan... (perdona, no sé cómo calificarlo) como es la muerte. Te lo agradezco de veras.

Yo tampoco me había parado a pensar qué haría con mis volúmenes cuando me llegase la parca, pero, como los tengo en régimen de gananciales (jajaja), voy directamente a consultarlo con Joaquín.

Muchas gracias y muchos besos

Marisa C. dijo...

Nunca había pensado en ello, pero es cierto que me gustaría que tuvieran un destino especial. Además, yo que tengo la costumbre de anotar impresiones en los márgenes (los post-it de colores se pierden con demasiada facilidad), me gustaría pensar que quienes los lean se comunicarán en cierta forma conmigo. Me has dado en qué pensar: el destino de mi enanísima biblioteca (el tamaño no importa, dicen ;D). Abrazos.

Ángeles dijo...


Ojalá encuentres a quién dejarle tus libros, Chaly, por lo menos los más queridos, que no es algo tan fácil como pueda parecer.

Saludos!


Carlos, si te digo que el “famoso libro naranja” te lo tengo mentalmente adjudicado desde hace tiempo, me crees ¿verdad? Ése y algunos más.

Y aunque a lo mejor no me crees, entiendo lo que dices sobre sentirte “liberado”; a veces las posesiones materiales, aunque sean libros, pueden ser un poco abrumadoras.
Y por eso también entiendo, y me parece que tiene algo de poesía, tu idea de la hoguera.
¡Pero el Anacronópete no lo quemes! Déjalo que dure un poco más ;)


Gracias, Conxita, me alegra que pensemos igual y que los libros te inspiren ternura por lo que han significado para nosotros. Sobre eso mismo hemos hablado aquí otras veces :)

Saludos.


Muchas gracias, Holden :)

Me alegra que digas que tratas a tus libros “con mimo y dedicación”; eso significa que has recibido mucho de ellos y que sabes agradecerlo.

Espero que tus libros encuentren un buen lugar donde quedarse cuando tú no puedas hacerte cargo de ellos. Pero no te preocupes mucho por eso: de aquí a que llegue el de la guadaña pueden pasar tantas cosas….


Muchas gracias a ti, Sara, como siempre.

No se me ocurre mejor destino para un libro que dejarlo al cuidado de alguien que sepa apreciar su valor, es decir, el valor que le otorga la persona que lo cede.

Besos.


Marisa, a muchos lectores nos gusta encontrar en los libros la huella que dejaron sus dueños anteriores. Es, en efecto, una forma de comunicación, y una señal de que el libro no pasó sin más por aquellas manos.

Gracias!

Macondo dijo...

No había llegado a planteármelo seriamente, pero la verdad es que es una muy buena reflexión. Aunque mi biblioteca es muy limitada, la quiero.

guille dijo...

Si que he pensado en que pasará con mis mas de 1000 libros.

Con la lata que me da moverlos cada vez que me he mudado de casa, malo sería que al final se tiraran.

Lo de regalar algunos a personas de mi entorno está clara como opción.
Es mas hay personas que ya se han pedido varios de los fundamentales, sino se los hubiera regalado en vida.

Quizá una buena solución para la mayoría sea dárselos a una librería de segunda mano. Igual obtienen una segunda vida.

Van subrayados, a mi me gusta encontrar "marcas" en un libro. Espero que las mías gusten a quien las encuentre.

Te diré mas, cuando dejo un libro le pido a quien lo va a leer que subraya para ver en que se fija (les sugiero que subrayen en rojo, yo lo hago en azul).
Es curioso ver en que se coincide y que les llama la atención que a mi no.

Me ha encantado la entrada.
Que rara.
Siempre que vengo es lo mismo.

MJ dijo...

No lo había pensado nunca. Es cierto que a los libros se les tiene cariño, se les cuida y se les mima y uno espera que su siguiente dueño haga lo mismo. Los libros tienen vida y se merecen una segunda oportunidad en forma de más lectores.

Un paseante dijo...

Afortunadamente tengo dos hijas muy listas que heredarán mis libros y mis discos, pero conozco a algunas personas que están en esa situación inquietante. Y digo "inquietante" porque en efecto llega un momento en que libros, discos o cualquier otro material cultural o simplemente "coleccionable" se convierte en una parte tan importante de la vida de uno como un animal de compañía o incluso una persona. Y sí, puede llegar a dar una tristeza enorme no saber qué hacer con ellos. Pero por suerte creo que hay destinos suficientes si uno quiere asegurarse de que no les pasará nada malo.

Ángeles dijo...

Gracias, Macondo, y desde luego no tiene nada que ver el tamaño de nuestra biblioteca con el amor que le profesemos.


Muchas gracias, Guille.
Creo que coincidimos en todo, incluido el subrayado de libros, que para mí es algo fundamental. Lo que no he hecho nunca es pedir a otros lectores que subrayen también, y creo que no lo haría, salvo en casos muy selectos. Aunque sí me gusta encontrar la huella de lectores anteriores en libros que llegan a mí.

Y ya que dices esto de las “marcas”, no me queda más remedio que dejarte esto por si te apetece leer otra cosilla.

Thank you!


Así es, MJ, es inevitable que amemos nuestros libros y nos preocupemos por ellos. Son parte importante –o esencial- de nuestras vidas.


Qué bien, Paseante, me alegra que tengas resuelto el problema.
Y entiendo perfectamente la inquietud y la tristeza de la que hablas, porque
sí, destinos hay, pero a veces sólo en teoría: sé de algún caso en que bibliotecas interesantísimas que se han querido donar han sido rechazadas, así como suena, por diversas instituciones.
Y es que el país en que se vive tiene mucho que ver.
Gracias!

Ana Blasfuemia dijo...

Hace tiempo que he pensado en este tema y lo tengo claro. Afortunadamente conozco a personas que son enormes y sensibles lectores, podrán quedarse con aquellos libros que sepan son para ellos sin necesidad de que yo haga ningún reparto. Una especie de "jornada de puertas abiertas", jajajaj. Que entren, que cojan, que se lleven. Y si queda algún libro irá a alguna biblioteca, no de mi ciudad, mejor de un pueblo, una biblioteca de esas que resisten contra viento y marea. Hay aquí también una tienda de segunda mano cuyos beneficios van a una asociación de niños con cáncer. Es un lugar también inmejorable.

Sé que los libros me sobrevivirán, ha de ser así, y sé que seguirán latiendo en otras miradas.

Un abrazo

Lan dijo...

Podríamos ponernos de acuerdo y, entre todos, formar la "Gran Biblioteca de los Lectores Muertos". Y, a medida que vayamos entregando la cuchara, dejar en ella nuestros libros. Si la idea triunfase, y se divulgase convenientemente, probablemente habríamos fundado la biblioteca con más ejemplares del mundo.

Sara dijo...

¡¡¡Lan, voy a llorar!!! ¡¡¡Qué idea tan magnífica!!! Por supuesto que me apunto.

Besos.

Ángeles dijo...

Qué bien, Ana Blasfuemia, tienes unos planes estupendos para tus libros.
Lo de la biblioteca de pueblo es una buena idea; a veces en sitios pequeños las cosas resisten mejor.
¡Gracias!


Lan, tu idea me parece maravillosa, romántica a no poder más. Y el nombre me encanta. Como mínimo habría que escribir un cuento...
Y ya ves que no soy la única a quien le ha gustado :)
¡Gracias!

guille dijo...

La idea de Lan merece ser estudiada.

Justamente hoy me acaban de comentar de un tipo que acaba de abrir una biblioteca popular en un pueblo pequeño. Y pide libros.
Casi seguro que algún centenar de esos libros míos ya leídos que no piden ser revisitados acabaran ahí.
Unos cuantos irán a manos que los esperan.
El resto, ya leídos pero muy releídos y que quedaran ahora en casa, podrían acabar gustosamente en alguna idea que surja por aquí como la de Lan.

Ángeles dijo...

Otra idea estupenda, Guille, gracias. ¿Sabes si hay alguna web o blog donde informarnos sobre esa biblioteca?

guille dijo...

No, pero intentaré una comida con la fuente primaria y ya te contare el resultado.

...de la información.

Ángeles dijo...

:D OK, thank you.

JuanRa Diablo dijo...

Nunca me había parado a pensar en este tema, la verdad. Siempre miro mi biblioteca con orgullo y cariño, por ser tantos los buenos momentos que he pasado con esos libros, que tan familiares me resultan que hasta reconozco de lejos.
A mi me gustaría que mis hijos se aficionaran a leer, pues entonces heredarian todos mis libros, pero de momento solo Aitana parece interesada.

La idea de Lan es una semilla que debe crecer en este blog y que el viento la expanda. Mi voto a favor por esa Gran Biblioteca de los Lectores Muertos. Es algo tan bonito que hasta me lo imagino como película.

Ángeles dijo...

Sí, JuanRa, sí que es bonita la idea de Lan. Y mira, yo había pensado en que era buen material para un cuento, pero ahora que lo dices, para película es también perfecto. Si no la podemos traer a la realida real igual la podemos llevar a alguna de esas otras realidades alternativas, que para eso están ;)

Espero que Aitana se quede con tus libros y los conserve al menos durante una generación más. Si no, ya sabes, ve pensando en otra de las opciones posibles (incluida la pira vikinga de Carlos :D)