sábado, 10 de mayo de 2014

Atención: Pelibro


Siempre se ha hablado  de los  peligros que acechan a los libros. Entre los clásicos, es decir, entre los peligros clásicos, están el fuego, el agua, los roedores y otros bichos más innobles aún; y, por supuesto, la intolerancia, el fanatismo y el afán de controlar el pensamiento, que prohíbe, esconde y destruye.
Y entre los peligros más modernos siempre se nombra al pobre libro electrónico, que, según algunos, acabará con su hermano mayor, el libro de papel, como si hubiera entre ellos una rivalidad bíblica.
En realidad, creo yo, el peligro más peligroso es la  falta de interés por la lectura. Eso sí que haría desaparecer los libros, si la cosa alcanzara dimensiones apocalípticas.
 
La cuestión es que se habla de los peligros que acosan a los libros, pero  no suele hablarse del peligro que los propios libros representan, es decir, de lo peligrosos que son ellos para los lectores.  
Porque los libros a veces se comportan como tiranos. Y lo peor de todo es que nosotros nos sometemos con gusto a esa tiranía. No lo podemos remediar.


Robert Louis Stevenson
Ya hemos dicho  otras veces que los libros tienen sus propias artimañas para llegar hasta nosotros. A veces, pobrecitos, es porque se sienten solos, ignorados o en peligro, y es lógico que hagan lo que puedan para llegar a nosotros, para hacer que los rescatemos, y eso no se les puede reprochar.
Lo que no está bien es que se aprovechen de nuestra debilidad.
Una de las tretas de las que se valen para hacerse con nuestra voluntad es lo que se denomina referencia. La referencia es menos tajante que la recomendación, pero a veces la sutileza cala más hondo que la contundencia. Y cuando alguien en cuyo criterio confiamos nos refiere algún libro, aunque sea de pasada, el efecto puede ser importante.
Es lo que me ha pasado a mí recientemente, que dos personas muy apreciadas me han hablado en poco tiempo de una misma obra. Quizás las conozcan ustedes: son Robert  Louis Stevenson y Fiodor Dostoievski.

Dostoievski

Resulta que el señor Stevenson, con su chaqueta de terciopelo y su melena, me habló, a través de uno de sus ensayos literarios, de una novela que yo no conocía titulada El último día de un condenado a muerte, escrita por otro insigne caballero llamado Victor Hugo. Stevenson no la considera entre las grandes obras del francés, pero a mí el título me resultó tan sugerente, intrigante y emocionante que me entraron unas ganas irresistibles de leerla.
Y poco después llegó Dostoievski, con su mirada perdida y su barba de ogro, refiriéndose, en la nota introductoria que escribió para su novelita La dulce,  a la misma obra de Victor Hugo y en términos bien elogiosos.
Esta segunda referencia, tan cercana a la anterior, me convenció de que, por alguna razón, el dichoso libro estaba empeñado en que yo lo leyera. Así que El último día de un condenado a muerte está ya en mis estantes, en el lugar reservado a las lecturas inminentes, y además sabe que se ha colocado por delante de otros que ya estaban ahí antes.
Sí, los libros tienen voluntad propia, poder sobre nosotros e incluso sobre sus cómplices, y además son conscientes de su poder. Por eso a veces dan un poco de miedo.

Victor Hugo
 
Post Scriptum: Quizás recuerden ustedes que no hace mucho hablamos aquí de cómo todo parece estar conectado con todo, y de cómo muchas de esas conexiones a mí personalmente se me presentan con frecuencia y de manera asombrosa ligadas al mundo de la literatura.

Pues bien, mientras preparaba esta entrada, ayer tarde, recordé que otra de las novelas de Victor Hugo referidas por Stevenson en su ensayo es El hombre que ríe, lo cual a su vez me llevó a acordarme  de una antigua película del mismo título, interpretada por el maravilloso Conrad Veidt. 
Me pregunté entonces si dicha película sería una adaptación de la novela, y comprobé que, en efecto, así es.
Tras esta comprobación dejé en reposo el borrador y me puse a leer el libro que tengo estos días entre manos (El cuarto de las estrellas, de J. A. Garriga Vela). Iba por la página 116, y en la 117 me encontré con lo siguiente: “Mi madre guardaba mucha similitud con el protagonista de la película muda El hombre que ríe.”

Yo también me quedé muda. Y muy seria.

 

13 comentarios:

Zazou B dijo...

Voluntad propia y pasmosa, la de los libros. A veces incluso amenazan con adueñarse de tu vida. Y con las interconexiones me estás haciendo pensar en algún tipo de conspiración... :-)) Como siempre, me encantan tus reflexiones.
Besucos.

Marisa C. dijo...

Estoy totalmente entregada a ese sometimiento de mi espíritu a lo libros. Es una "enfermedad" de la que no me pienso curar. Y si ellos me llaman yo acudo, de cabeza. Otra cosa es lo que me encuentre dentro, pero eso tiene remedio sometiéndome a otro libro nuevo. Como ves, estoy totalmente contaminada, ;D. Abrazos.

Sara dijo...

¡Muda me he quedado yo! Es abracadabrante esto de las interconexiones y cada vez que lo mencionas...

Me ha encantado el artículo.

Besos.

Anónimo dijo...

Yo "El hombre que ríe" no la he visto. Yo sólo he visto el anuncio de "La vaca que ríe" ¿Te vale? Sin embargo sé que es una peli muda con un protagonista que es capaz de aterrorizar si más recurso -aparte de las dotes del actor- que el mero maquillaje. Y esto lo sé porque esto de las interconexiones también se da entre los blogs, ya que no hace mucho tiempo hablaban de ella en mi blog de Cine preferido.
Los libros son un "pelibro" pero bien grande por lo adictivos que son. Mi madre, cuando yo era crío y no hacía los deberes porque me pillaba "colgado" de algún tebeo o novela, siempre trataba de aleccionarme poniéndome el ejemplo de una mujer que ella conoció en su juventud, que descuidaba sus obligaciones en el hogar porque siempre andaba leyendo "noveluchas". Es lo que ahora nos pasa con Internet, supongo.
Pero yo sí creo que el libro electrónico pone en peligro al de papel...¿Pobrecito, dices? ¡Y un cuerno!. Él será el responsable, no de que desaparezcan las ediciones impresas pero sí que un día, cuando se hundan un montón de editoriales después de la guerra de precios para intentar mantenerse, los precios del libro de papel lo conviertan en un objeto de lujo. ¡Qué asco de mundo digital!...lo único que lo salva es la comunicación que nos permite mantener.
¡Ah! Y respecto a las referencias que estos autores dan sobre el libro de Víctor Hugo, quiero creer que fueran sinceras y no hubiera algún interés comercial oculto...A ver si te gusta.

carlos

loquemeahorro dijo...

Hay un cuento de J.D. Salinger que va de El hombre que ríe, pero la verdad es que no sé si es el mismo personaje, porque conozco el cuento, pero no la película ni el libro de los que hablas.

Sí, realmente todo está conectado y cuando un grande te recomienda a alguien merece la pena echarle un ojo.

Ya Lope en "La viuda valenciana" habla de varias obras y autores de su época a los que recomienda.

Ángeles dijo...

Gracias, Zazou.
Sí, yo estoy cada vez más convencida de que los libros conspiran, se ponen de acuerdo, se organizan y traman para hacerse con nuestra voluntad. Y como nosotros no oponemos mucha resistencia… je, je…

Besos.


¿Ves,Marisa? De eso se valen, de ese sometimiento voluntario, de esa enfermedad bibliófila, que no tiene cura ni queremos que la tenga, claro :)

Abrazos.


Muchas gracias, Sara, y espero que hayas recuperado el habla :D
Sí, 'abracadabrante' es un término muy apropiado para estas casualidades-conexiones-magias tan desconcertantes.


Pues no, Carlos, la vaca que ríe no es lo mismo, ja,ja, aunque a mí la vaca esa me da bastante repelús, la verdad.

O sea, que ¿en ese blog de cine leíste hace poco sobre El hombre que ríe? ¿Otra conexión más? :O

Oye, te veo muy enfadado con el libro electrónico, pero yo creo que los de papel –salvo las ediciones muy económicas y de poca calidad- han sido caros siempre, ya antes de que llegaran los ebooks. Y creo que, al margen de batallas de precios y esas cosas, los ebooks han propiciado, sin querer, que los libros de papel adquieran ese valor añadido, ese atractivo que toman las cosas que siempre han estado ahí, que resultan tan obvias y evidentes que no les hacemos caso, hasta que surge un elemento nuevo de comparación o de amenaza y entonces las valoramos más que nunca.

Shhh, no te quejes del mundo digital, que te va a oír, y nos beneficia mucho más de lo que parece. Shhh..

Y seguro-seguro que en esas referencias a la obra de Victor Hugo no había ningún interés comercial oculto. Se debían simplemente a la sincera admiración. De hecho, Stevenson critica muchos aspectos de la obra de Hugo y de otros; pero vamos, que no se corta un pelo, ¿eh?


Es verdad, loque, no me había acordado yo del cuento de Salinger… Sí, la historia y el personaje son diferentes, pero sí trata el mismo mito.
Gracias por recordármelo.
¿Ves? Ahora me lo tengo que leer(releer) sin remedio.

Supongo que le haces caso a don Lope, ¿no? ;)

JuanRa Diablo dijo...

Ándate con ojo, Ángeles, pues los libros siempre han sabido muy bien cómo son los lectores que los toman en sus manos.
A estas alturas ya deben haber descubierto tu alma curiosa y saben de tu sed de conocimientos, por lo que te llevarán de un lado a otro y te tendrán sometida a su voluntad y antojo.

Pero lo que me preocupa es que tú te has dado cuenta de esto y nos lo estás contando, ¿no será esto un riesgo? Mira que desconocemos hasta qué punto esto puede molestarles, y yo me sé de un caso en que los libros hicieron algo horrible. :p

Ya tengo ganas de que me digas si tras la lectura de El último día de un condenado a muerte (desde luego el título es un auténtico luminoso de neón) te acercas a la opinión dostovieskista o a la stevensoniana. :D

Yo he recordado otro caso de esas "referencias sutiles" por parte de los libros que nos llevan de cabeza a donde ellos quieren. Acababa de leer El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. El protagonista atravesaba el asfixiante Río Congo buscando a un tal Kurtz. Al terminarlo repasé títulos para empezar otro y me topé con El desconocido, de Carmen Kurtz, y, claro, fue el siguiente en ser leído.

¿Una decisión mía? Ni mucho menos. ¡ELLOS me obligaron!

Lan dijo...

Vaya, parece que suceden ante tus ojos milagros de la literatura.
Saludos.

Ángeles dijo...


Ay, JuanRa, yo ya tenía un poco de miedo, pero tus advertencias me dan que pensar y me estoy asustando de verdad. Y además, no me acordaba de ese caso escabroso que refieres. Gracias por recordarlo. ¡Qué miedo!

Ya veo que a ti también te dirigen y te van diciendo “¡Ahora yo, ahora yo, léeme a mí! Y es mejor no resistirse, claro.

Ya te contaré sobre El último día…, pero te puedo decir que por ahora, leyendo solo el prólogo del propio Victor Hugo, ya estoy decantándome por la opinión dostoievskista. Y sumamente impresionada.



Eso parece, Lan, y no lo he contado todo…

Saludos

Anónimo dijo...

Desde luego, aquí hay una conspiración, porque esta es la tercera vez que escribo este comentario. Espero que no salgan los tres seguidos ¡o ninguno! ¿Por qué no querrán los libros o tu blog que yo comente?
Lo que te había dicho las dos veces anteriores es que menuda conspiración has descubierto y te sigues dejando seducir por ella. Pero no me extraña, porque si las obras vienen con esas recomendaciones, no hay quien se resista.

Gracias por tus reflexiones y por compartir estas historias de casualidades y causalidades. Me has hecho reflexionar.

Respecto al tema de los e-books (que parece que tanto le preocupa a Carlos) en mi humilde opinión, el e-book no va a acabar con el libro en papel. Los clásicos "saben" mejor en papel, con una encuadernación bonita... y los modernos ¡también están mejor en papel! En mi caso el e-book me ha dado la oportunidad de comprar a un precio más barato (hay obras a 3 o 4 euros) novelas que no me hubiese podido comprar a 15 o 20 euros. Muchas de ellas han sido un feliz hallazgo para mí. En varias ocasiones después de leerme esa obra en e-book la he comprado en papel para mí o para un regalo :-)

MJ

Anónimo dijo...

¡Viva, viva! ¡Se ha publicado mi comentario! :-)

MJ

Juan M Santos dijo...

En mi caso, uno de los peligros para el libro es el sueño. El sueño del cansancio del día que, a la hora de acostarse -mi momento de paz preferido para leer-, me impide mantener los ojos abiertos más allá de dos o tres páginas. Por ello, hay épocas en que tardo semanas en acabar un libro. Pero hay libros que consiguen vencer al sueño, cuando, con el interés que "despiertan", consiguen mantenerme en vilo atentos a lo que cuentan. Últimamente observo, además, una extraña alianza entre ambos contendientes. Libro y sueño. Sueño mezclado con libro. Cuando ya no podemos mantener la atención y se cierran los ojos, la historia continúa, siguiendo extraños derroteros. Sueños trapezoidales en los que la realidad queda subvertida en ángulos imposibles. Desenlaces inesperados, historias surrealistas...quizá la génesis de un nuevo libro o de una nueva historia se esté forjando en la mente. Seguramente no para mí, pedestre alma embrutecida por el ruin devenir de una vida ordinaria y palurda. Pero puedo imaginar a las fértiles mentes de los genios de la literatura como ávidas matrices en las que los sueños que forjaron y los libros que leyeron se fundieran en portentosa fecundación para dar a luz una nueva obra, un nuevo libro.

Ángeles dijo...

MJ, disculpa, please, se me había escabullido tu comentario no sé como. Otra conspiración...

Gracias por compartir tus experiencias sobre el e-book :)


Juan M, eso de "pedestre alma embrutecida por el ruin devenir de una vida ordinaria y palurda" sí que me ha parecido a mí "trapezoidal y surrealista". Dudo yo mucho que tu alma esté tan achacosa cuando te da para esas florituras lingüísticas :)