martes, 28 de octubre de 2008

Yo enseño, yo aprendo

Una de las razones por las que me gusta la enseñanza de adultos es que con ello tengo la ocasión de conocer a personas de muy diversos ámbitos sociales y laborales. Personas de toda índole y condición.

Un grupo de adultos en un aula es un mundo por descubrir. Son personas que tienen en común el deseo o la necesidad de formarse en una materia determinada, y el sólo hecho de que decidan dedicar su tiempo a recibir esa formación ya habla bien de ellas. Quieren aprender, y mi misión es enseñar, pero creo que al final soy yo quien más aprende.
Aprendo detalles y aspectos de profesiones o disciplinas de las que sé poco o nada, y descubro que todo es interesante, que todas las ocupaciones requieren conocimientos, habilidades, capacidades y actitudes específicos, lo que me hace pensar en lo poco que generalmente valoramos el trabajo de los demás. Pero sobre todo descubro aspectos humanos y personales que, nuevamente, dan para meditar un rato.
 
Además de alumnos españoles, he tenido o tengo alumnos venidos de diferentes países (de Argentina a Rusia, pasando por Colombia, Ecuador, Uruguay, Rumanía...), que se emocionan hablando de su tierra, que siempre tienen algo interesante que contar, que aportan una visión diferente del mundo, de la sociedad, de la vida en suma, lo cual abre el alma y ensancha el pensamiento.
 
Hay también alumnos que me sorprenden por su modestia, o por su optimismo, o por su inseguridad, o por su desparpajo... Hay alumnos que demuestran una gran inteligencia aunque su formación cultural sea escasa. Hay otros que me emocionan con su gratitud y con lo mucho que valoran mi modesta labor. Otros me conmueven porque teniendo una complicada situación personal o familiar, mantienen, sin embargo, incólume su ilusión por aprender, por mejorar y salir adelante contra viento y marea.
 
Hay, en fin, alumnos que resultan interesantes y sorprendentes por sus conocimientos, por sus aficiones, por su educación exquisita, por su capacidad de trabajo o porque tiene un talento artístico fuera de lo común. He conocido, por ejemplo, a alumnos que parecían tener un ángel entre los dedos, por su asombrosa manera de dibujar o de tocar un instrumento musical;  o con una  voz portentosa  que pasma a quien la escucha.
 
No dejo de sorprenderme cada día con lo mucho que aprendo en clase. Yo doy lecciones de inglés, pero a mí los alumnos me dan lecciones de superación, de modestia, de constancia, de convivencia, de sensatez, de gratitud...





7 comentarios:

Francesca dijo...

Y qué se puede decir despues de todo lo que tú ya has dicho, solo puedo decirte que eres una persona increible, detrás de la profesora, hemos ido descubriendo a la mujer: seria y divertida, paciente y exigente, confiando en nuestras capacidades más que nosotros mismos, una mujer polifacética que intenta (y lo consigue)sacar de cada uno lo mejor de si mismo, alguien capáz de unificar un grupo de lo más variopinto, una persona que se preocupa por nuestras inquietudes culturales y personales, siempre y cuando nos expresemos en el idioma de Shakespeare, una especie en peligro de extinción:
UNA GRAN PROFESORA.

Francesca.

Lan dijo...

Si llevas poco tiempo, como profesora, estás haciendo un excelente inicio; si llevas mucho, es para abrazarte.

Ángeles de los Santos dijo...

Pues me doy por abrazada. Muchas gracias.

Anónimo dijo...

O sea que eres una profa a tiempo completo. Lo de traductora, a tiempo parcial, je,je.
Lo bueno es que los alumnos de esa edad ya no deben ser unos trastos revoltosos y gritones.

carlos

Ángeles dijo...

Siento desengañarte, Carlos, pero con alumnos "de esa edad" muchas veces he pensado: "son como niños".
Y es que yo estoy convencida de que en realidad nunca dejamos de ser niños, y lo siento por aquel que sí deje de serlo :-)

guille dijo...

Cuando me preguntaban donde trabajaba yo decía siempre: En un centro de enseñanza...y se enseña mucho. Hasta mas de lo necesario.
En un centro de aprendizaje. Y algunos no se dan cuenta que es la palabra clave. Lo que los alumnos aprenden. No importa cuanto se enseña, importa cuanto aprenden.
Y en un centro de educación y después me reía.

Por lo que dices -y leo- tienes que ser una excelente profesora.
Apuesto que la profesora shy mas buena del mundo mundial.

De esas mujeres que cumplen retos.



Y CINCO.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Guille.
No sé si era tan buena, pero tengo recuerdos muy bonitos de la respuesta de los alumnos a mi trabajo.


Muchas gracias también por estos cinco viajes al pasado. Espero que no te hayas mareado :)