lunes, 28 de diciembre de 2009

Amanecer

Hoy he visto desde mi terraza este amanecer. Yo creo que no hacen falta las palabras:






martes, 22 de diciembre de 2009

Costumbres navideñas

Mi vecina tiene un Papá Noel colgado en el balcón, como mucha gente. Pero la diferencia es que mi vecina lo tiene colgado desde el año pasado. El muñecajo ha pasado los doce meses ahí, a la intemperie, con lo que eso conlleva. Debe ser el único Papá Noel del mundo que ha visto pasar bajo sus pies las procesiones de Semana Santa. Lo cual por cierto, configura una imagen digna de una película de Tom Cruise.
Me imagino a mi vecina, llegado el momento este año de sacar las decoraciones navideñas, diciendo ‘¿Y dónde está el papanué?’ Y habrá ido a comprar otro, claro, porque a estas alturas, si no hay muñeco en el balcón, parece que no es Navidad.
No me explico yo por qué algunas modas arraigan en la población de tal manera que enseguida se convierten en tradición.

Pero ésta del adefesio balconero no es la única costumbre que me asombra. También me deja pensativa y con ganas de consultar a un antropólogo, esa otra moda que yo llamo ‘los balcones histéricos’. Consiste ello en adornar –es un decir- balcones, ventanas y terrazas con tiras luminosas, unas ristras de bombillitas metidas en una especie de manguera.
La idea primigenia es colocar dichas mangueras luminosas siguiendo el contorno del balcón, ventana o terraza a decorar, y que cuando se enciendan proporcionen una iluminación armoniosa y alegre. Pero un gran número de ciudadanos hace una interpretación libre del invento, y el resultado suele ser espantoso: balcones llenos de tirajos arrugados, colocados sin ton ni son, enganchados aquí y allá en completo desorden, y que se encienden y se apagan, parpadean y tiemblan sin orden ni concierto, sin ritmo y sin sentido, creando un efecto de balcón electrocutado que da espanto.

Tampoco me explico yo la pasión navideña por el petardo. ¿A qué se deberá ese gusto por el explotío, como se dice por aquí? ¿Será por molestar, por sacar de quicio al prójimo? ¿Será por el tufo que deja? ¿O por la posibilidad de chamuscarse algún miembro?
Sea por lo que sea, la única conclusión a la que yo llego, observando estas usanzas, es que a buena parte de la humanidad le encanta el ruido, las luces estridentes, los colorines y el feísmo.
Observen un poco y verán. Todo lo que se convierte en moda rápidamente, todo lo que consigue aceptación mayoritaria, es feo, o chillón, o ruidoso. O todo a la vez. Y observen que todas las celebraciones, públicas o privadas, religiosas (si es que queda alguna) o laicas, todas llevan aparejados el ruido, la matraca y la estridencia.
¿A qué se deberá?

domingo, 13 de diciembre de 2009

Cuento. El pueblo de los nadadores


En aquel pueblo eran todos muy aficionados a la natación.
Tanto les gustaba la actividad natatoria, que hasta tenían un Concurso Anual de Nadadores.
Todos los habitantes con edad y estado de salud adecuados se inscribían cada año en el concurso. No por el premio, que no era más que un trofeo de latón, sino por el honor y la satisfacción de ganar.
El concurso consistía en nadar hasta el campanario de la iglesia, que siempre fue, y seguía siendo, el punto más alto del pueblo y su orgullo arquitectónico.
Así pues, cada año, en una fecha determinada, los nadadores inscritos y los demás vecinos como espectadores, se desplazaban para el acontecimiento hasta las afueras de lo que había sido su hogar en otro tiempo.
Les parecía la mejor manera de conmemorar el hundimiento del pueblo en las aguas del pantano, y la mejor manera de homenajear a aquel campanario altanero que había mantenido su cúspide por encima del líquido elemento.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los títulos de las películas, IV

(viene de aquí)

A pesar de la tendencia actual a estrenar las peliculas extranjeras con su título original (Revolutionary Road, The Code, Good, Slumdog Millionaire, The Box, Cher ami...), la mayoría se sigue presentando con títulos en español.

Parece una tradición difícil de erradicar, aunque ello suponga a veces que identificar una película determinada se convierta en un verdadero lío. O que ese título 'postizo' nos confunda sobre el argumento y el género de la película.

Al margen de esto, cuando se le pone título en español a una película extranjera nos encontramos con varias posibilidades, a saber:


1. que el título español sea una mera traducción del original. Siempre que esto sea posible, es la mejor y más lógica opción::

El luchador (The Wrestler); La duquesa (The Duchess); Háblame de la lluvia (Parlez-moi de la pluie); Alta tensión (Haute tension); La última casa a la izquierda (The Last House on the Left)...

2. que se conserve el título original y se añada la traducción o un subtítulo. También es buena solución. Algunos ejemplos:

Frozen River se titula en España Frozen Riven (Río helado);
Frost/Nixon es El desafío: Frost contra Nixon;
The International resulta en The International: dinero en la sombra;
Shorts es aquí Shorts: la piedra mágica;
Fighting es Fighting: puños de asfalto

3. que se cambie el título porque la traduccón del original no es viable. Es lo que ocurre con títulos como :

-City Island. Es verdad que "isla ciudad" o "ciudad isla" suena raro. Lo lógico sería haber dejado el título original, pero para qué. Se le inventa uno y santas pascuas: Asuntos de familia.
-Hachico: A Dogs Story, se titula aquí Siempre a tu lado. Sí, vale, "una historia de perros" queda mal, parece una película de mal rollo. Pero Siempre a tu lado suena a comedia romántica, y se trata en realidad de una película sobre la fidelidad de una mascota.
-Last Chance Harvey. En este caso no tengo más remedio que estar de acuerdo con el cambio. El título original significa algo así como "Harvey el de la última oportunidad", que resulta una frase rara y lo menos apropiado que hay para un título. Así que hay que optar por otra cosa, en este caso Nunca es tarde para enamorarse, que deja muy claro el argumento y el género de la película.
-The uninvited es otro ejemplo de traducción difícil. La palabra 'uninvited' es una negativa que en español no existe. Lo más parecido sería “los no invitados”, pero claro, suena fatal, nada natural. Se ha traducido por Presencias extrañas, que, puestos a no respetar el original, me parece un título fenomenal, muy cinematográfico, comercial, directo, que da idea del argumento y bastante repelús.




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4. que el título en español sea una invención innecesaria, porque el original se podía traducir sin conflicto. Es entonces cuando surge la pregunta: ¿por qué?
Será que el distribuidor español considera que sus ideas para títulos son mejores que las de los que han hecho la película.
Y le da igual que haya casos en los que ese cambio arbitrario de título lleve a confundir una película con otra. Es lo que pasa con The Unborn (2009), que se titula aquí La semilla del mal, fácilmente confundible con las muy anteriores Semilla de maldad y La mala semilla. Pero es que además hay otras dos, de 2005, tituladas también en español respectivamente La semilla del mal y P: la semilla del mal, siendo sus títulos originales The Garden y P.

He aquí otros ejemplos de esos títulos innecesarios:

Deception, que se entiende perfectamente y no hace falta traducirlo ni nada, se llama aquí
La lista.Pride and Glory (orgullo y gloria), se transforma en Cuestión de honor.
500 days of Summer, en vez del lógico "500 días de verano", se cambia a 500 días juntos (hay manías raras, raras).
I Could Never Be Your Woman (nunca podría ser tu mujer, o nunca podría ser tuya) me la titulan El novio de mi madre. Y la cosa tiene más gracia, porque hay otra que se titula My Mom’s New Boyfriend, que significa precisamente “el nuevo novio de mi madre”, y le ponen Mi novio es un ladrón. La confusión está servida.
50 First dates (las 50 primeras citas) se cambia por Como si fuera la primera vez.





Más casos de cambio absurdos:

3000 Miles to Graceland (3000 millas a Graceland) se llama aquí 3000 millas al infierno.
Bedazzled (deslumbrado), se convierte en Al diablo con el diablo (qué ingenio, qué creatividad).
Blow (soplar, o soplo, o sopla) es aquí Inhala, que no solo significa lo contrario, sino que además suena feísimo.

If Only (ojalá) se estrenó como Un día inesperado, que no sé yo muy bien qué significa...

Puede pasar también que el título español sea, además de una invención innecesaria, una tontería de gran calibre.
Es la maldición de las comedias, a las que ponen títulos bastante idiotas y hasta ordinarios. Observando los títulos, se puede incluso establecer categorías: los genéricos, los que riman, los de super-algo, los castizos, los que incluyen la palabra pelotas... y los que mezclan categorías, que son ya el no va más de la agudeza y el gracejo:

Ghost Town (ciudad fantasma): ¡Me ha caído el muerto!
Four Christmases (cuatro navidades): Como en casa en ningún sitio.
You don’t mess with Zohan (no te metas con Zohan): Zohan, licencia para peinar.
Strange Wilderness (extraña naturaleza): Naturaleza a lo bestia.
The Game Plan (plan de juego): Papá por sorpresa.
License to wed (licencia para casarse): Hasta que el cura nos separe.
Blades of Glory (patines de gloria): Patinazo a la gloria.
Superbad (supermalos): Supersalidos.
Pineapple Express (que es un nombre propio): Superfumados.
Harold and Kumar Escape from Guantanamo Bay:
Dos colgaos muy fumaos: fuga de Guantánamo.School for Scoundrels (escuela de bribones, o de pillos...): Escuela de pringaos.
Step Brothers (hermanastros): Hermanos por pelotas.
The Rocker (el rockero): Un rockero de pelotas.
Mr. Woodcock (otro nombre propio): Cuestión de pelotas.
Tropic Thunder (trueno del trópico, o similar): Tropic Thunder: una guerra muy perra.
Old Dogs (perros viejos): Dos canguros muy maduros.

..

Conclusión: hay alguien por ahí que se considera muy gracioso.

(Aquí hay más)

sábado, 28 de noviembre de 2009

Cuento. Una semana de reposo

-No se preocupe, no es nada –dijo el médico mientras escribía la receta-. Que tome una cucharada de esto antes de las comidas, y que guarde una semana de reposo.

Esa misma tarde Gina ya estaba cansada de estar en la cama. Intentaba distraerse hojeando una revista cuando oyó que llamaban a la puerta de su habitación.
-¡Adelante! –dijo, y su aburrimiento desapareció al instante, al ver entrar a su mejor amiga.
-¡Eli, qué alegría!

Cuando la madre de Gina entró en la habitación con la cena y el jarabe, Gina se despidió de su amiga, pidiéndole que volviera al día siguiente.
A lo largo de la semana Gina recibió la visita de varios amigos. Incluso un día Eli llegó con un compañero de clase por el que Gina sentía un interés especial.
A la hora de la cena, la madre la encontró muy risueña.
-Es que estoy muy contenta con mis amigos, y especialmente con la visita de esta tarde.
La madre suspiró y dijo, con gran tristeza:
-Me alegro mucho, hija mía.

Por fin terminó la semana de reposo, y Gina se sentía como nueva. Se levantó llena de energía, desayunó y se fue a clase.
La madre se quedó sentada en la cocina, pensativa y preocupada por su hija. Entonces sonó el teléfono.
-¿Cómo se ha levantado Gina? –preguntó el padre desde la oficina.
-Bien. Se ha ido a clase, tan contenta, el angelito mío.
-Bueno, eso es estupendo. Pero entonces, ¿por qué tienes esa voz tan triste, mujer?
-Es que me da mucha pena, la pobre. En toda la semana no ha venido nadie a verla, y ella está convencida de que han venido esos amigos que dice tener, sobre todo esa supuesta gran amiga, esa Eli de la que tanto habla.
-Bueno, cálmate, cariño. Ya hablaremos luego tranquilamente de eso, ¿de acuerdo?

El padre colgó el teléfono, abatido, y enseguida marcó otro número.
-Sí, doctor, sigue con los delirios. Mi mujer está convencida de que no ha venido nadie a ver a nuestra hija, cuando han estado sus amigos viniendo toda la semana.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

FOXP2


Aunque todavía quedan elementos por descifrar, la ciencia va desvelando poco a poco uno de los grandes misterios del mundo: el origen del lenguaje, es decir, de la capacidad humana de hablar. ¿Por qué los humanos podemos hablar y otras especies no? ¿Y por qué los primeros homínidos no podían y los posteriores sí?

La respuesta sencilla es que nosotros tenemos un aparato fonador de diseño exclusivo, que nos permite articular un montón impresionante de sonidos diferentes, mientras que un mono o un pato no salen de un sitio.

Pero claro, para hablar necesitamos, además del aparato fonador, otros órganos, y sobre todo un cerebro que pueda, por un lado, procesar esos sonidos, y por otro, controlar y mandar órdenes a esos órganos, para que realicen los complejísimos movimientos que permiten la producción de sonidos articulados.

¿Y cómo ha conseguido nuestro maravilloso cerebro ser capaz de todo eso?
Pues según se descubrió hace unos años, se lo debemos todo a un simple gen, llamado FOXP2.

Pero resulta que este gen también lo tienen los chimpancés, así que, ¿por qué ellos no hablan?

La respuesta la tienen los investigadores de la UCLA, que hace unos días han descubierto que nuestro FOXP2 tiene una cosita que el FOXP2 de los monos no tiene.
¿Y qué cosita es? Pues un par de aminoácidos de nada.

O sea, que algo tan fundamental, básico y crucial en la evolución humana como es el lenguaje, depende de dos aminoácidos. Es como decir que estamos donde estamos y somos lo que somos por una gota de agua.

Muchos verán en esto la mano de Dios, pero sea su mano o sea la de la evolución, lo que yo concluyo es que somos una insignificancia en el cosmos; que dependemos por completo de aminoácidos, proteínas, moléculas y cosas así, que abultan menos que una mota de polvo.
Esto puede resultar decepcionante, pero, bien mirado, es prodigioso y magnífico.

También concluyo que este descubrimiento afianza mi convicción de que todo en el mundo y en la historia del hombre, todo, ha dependido siempre de esa capacidad asombrosa que tenemos de hablar, de comunicarnos con un sistema tan complejo, física e intelectualmente, como es el lenguaje; y del reflejo material de esa capacidad, que es la escritura.
La ciencia, el arte, la tecnología, el comercio... no podrían existir si no pudiéramos comunicarnos entre nosotros, y con nosotros mismos, mediante el lenguaje.
Es decir, que sin el lenguaje no seríamos lo que somos, ni nosotros ni el mundo. Probablemente ni siquiera seríamos.
Así pues, bendito seas, FOXP2, tú y tus aminoácidos.
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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Premios Gamba 2009. El regreso

Al poner la radio o la tele, sobre todo la tele, nos arriesgamos cada día a oír cosas, que, como diría el clásico, 'harían fablar las piedras'. Cosas que así, a lo tonto, nos pueden acarrear un disgusto y un desconcierto grandes.

Supongamos que estamos preparando la mesa para comer, y mientras, en el canal llamado Telecinco, se desarrolla una especie de debate en el que diversas personas exponen a grito pelado su opinión sobre algún asunto. En este caso, se trata de ver si una persona que lleva muchos años acostumbrada a algo determinado, puede cambiar esa costumbre. Una señora dice que no, porque "el hábito hace al monje".
Aquí tenemos, como en el supermercado, dos por uno.

En primer lugar, el refrán es negativo: el hábito no hace al monje. Y en segundo lugar, el hábito al que alude el refrán es la vestidura, especie de túnica, que llevan los monjes.
La señora trastoca el refrán y el sentido común y la presentadora encima la jalea: "Pues sí, el hábito hace al monje", dice. Y se quedan todos tan panchos.

Después, mientras comemos, empieza el telediario. Entonces don Pedro Piqueras nos informa de la detención de varias personas que se dedicaban a engañar a sus semejantes con amenazas satánicas, para quedarse con su dinero. Dice el periodista que los asustaban "para luego, literalmente desplumarlos".
Me parece a mí que nadie puede ser desplumado literalmente, a menos que sea un ave de corral. Seguro que los desplumaron figuradamente, que ya es bastante.

A los postres cambiamos de canal y nos vamos, pongamos por caso, a Cuatro. Ahí nos encontramos con una chica muy simpática que comenta los ires y venires de los concursantes de Fama, una escuela televisiva de baile. Y resulta que uno de los alumnos-concursantes no consigue aprenderse unos pasos, lo cual desata las iras del profesor. Por eso la presentadora dice que Fulanito, "en clase estaba c-g-d- de miedo".
¡Pero muchacha, qué maneras de hablar en la tele son ésas!

Se ve que meter la pata equivocándose, diciendo tonterías y usando mal las palabras ya no es suficiente. También hay que ser grosero, soez y vulgar. ¿Tendrá esto algún límite?

Pues parece que no, porque pocos días después, en el telediario nocturno de Telecinco intentan igualar la marca. Nos hablan de un desfile de perros y nos enseñan imágenes de los animalillos por la pasarela, y de otros que, inquietos, aguardan su turno para salir. Y dice una voz femenina: "Hay nervios en el backstage. Algunos hasta se mean."
Así, tal cual. En el telediario.
No, esto no tiene límite. La falta de educación, de preparación y de saber estar se adueñan del mundo sin remedio.

Otra de Cuatro: en una tertulia comentan que Oliver Stone ha estado en el festival de Cannes para presentar la película que ha hecho sobre Hugo Chávez. Y se refieren a ella diciendo "esta hagiografía" y "este documental hagiográfico".

¿Hagiografía? ¿Sobre Hugo Chávez? Me escama la cosa, porque yo creía que una hagiografía era una biografía de un santo, y de momento, el señor Chávez ni ha subido a los cielos, ni ha sido canonizado, me parece.
Pero después leo un artículo en XLSemanal sobre el mismo tema, en el que Carlos Herrera habla también de hagiografía.
Corro entonces a consultar con las autoridades y encuentro lo siguiente:
Diccionario de la RAE: hagiografía. Historia de las vidas de los santos.
Diccionario de M. Moliner: hagiografía. Historia de la vida de los santos.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox (Larousse): hagiografía. 1. obra literaria en la que se relata la vida de un santo. 2. género literario constituído por estas obras.
Diccionario Espasa-Calpe de la lengua española: hagiografía. Historia de la vida de los santos.
Además, la etimología de la palabra es clara: del griego hagios, santo, y graphos, escritura.
Digo yo que a lo mejor estos señores han usado la palabra hagiografía con sentido irónico. Pero el caso es que la ironía no se notaba nada, nada.

Para terminar, un gambazo radiofónico.
Dia 8 de noviembre, Radio 3. Entrevistan a la directora de un festival o feria de cultura mediterránea. Le preguntan por el programa de actuaciones y la señora se refiere a una de las cantantes que participan diciendo de ella que es "una gran icona" de este tipo de música.
Claro, y supongo yo que también será una ídola para sus seguidores. Y una modela.
Ay, Señor, Señor...

viernes, 30 de octubre de 2009

Más parejas complejas

Las parejas complejas nos esperan en cualquier esquina, como trileros de la lengua y timadores del significado.
Hay que tener cuidadito con ellas, porque con frecuencia nos embaucan con su aspecto engañoso y caemos en la trampa, incautos y desprevenidos.
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Es lo que le pasó hace unas semanas a un comentarista televisivo.
Antes de que se anunciara que Río de Janeiro será la sede de las Olimpiadas de 2016, se realizaron varias votaciones, resultando Chicago eliminada en la primera de ellas. Entonces fue cuando el citado comentarista dijo que en esta ocasión no había servido de mucho "el poder de convención de Obama". Pero claro, por lo que sabemos, lo que Obama tiene es poder de convicción.

Por lo tanto, pareja compleja a la vista:

convención: asamblea; acuerdo; norma o práctica que responde a la costumbre.

convicción: convencimiento; acción y efecto de convencer.--

Pepito tiene tal poder de convicción que accedí a organizar la convención. ---

Por cierto, ¿qué hacemos con las convenciones sociales? ¿las adoptamos o las adaptamos?
Bueno, en realidad podemos hacer las dos cosas: si las aceptamos tal cual y actuamos de acuerdo con ellas, las adoptamos; pero si además las amoldamos a nuestra forma de ser, sentir o comportarnos, las adaptamos.------

adoptar: adquirir modas, métodos, ideas, etc, de otras personas o comunidades; comportarse de un modo determinado; tomar resoluciones; recibir como hijo al que no lo es naturalmente.------

adaptar: ajustar una cosa a otra; adecuar; amoldarse a una circunstancia.

Hemos adoptado la fiesta de Halloween pero la hemos adaptado a nuestra forma de ser.-------

Aunque también hay quien se rebela ante las convenciones. Y así revela que no le parecen bien.--
rebelar: sublevar, oponer resistencia.
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revelar: proporcionar indicios; descubrir lo secreto; hacer visible la imagen impresa en la película fotográfica.
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Además, de la mano de revelar se cuela a veces relevar.---

relevar: reemplazar, sustituir.---

Me han revelado que a Pepito lo han relevado del cargo.-
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Y claro, a Pepito no le quedó más remedio que acatar la orden y dejar el puesto. Eso suponiendo que no le pase como a una señora a la que oí decir que las normas de tráfico hay que cumplirlas, "y si los conductores no las atacan, que los multen".---

Atención, señora:------

atacar: acometer; embestir; actuar contra algo.--

acatar: obedecer; aceptar una autoridad o unas normas; tributar sumisión y respeto.--------

Pero a veces ocurre que alguien no acata las normas y aun así queda impune. ¿O inmune?----

impune: que queda sin castigo.---

inmune: invulnerable; libre de ciertos cargos; protegido contra una enfermedad.-

Pepito quedó impune, pues por ser ministro es inmune.---

Está visto y probado que para evitar caer en las trampas que nos ponen estas palabras maliciosas, es conveniente hojear el diccionario de vez en cuando.
Un momento, ¿hojear u ojear?-----

hojear: pasar ligeramente las páginas de un libro o cuaderno.---

ojear: mirar superficialmente un texto.--

Por lo tanto, ¿un libro lo hojeamos y una hoja la ojeamos?
Hay que tener mucho ojo con esto.



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martes, 13 de octubre de 2009

Traducciones automáticas. La gramática descoyuntada.



La traducción es una disciplina apasionante. Requiere conocimiento de las lenguas, obviamente, pero también creatividad y talento artístico. Hombre, no es lo mismo traducir un texto técnico que uno literario, pero hasta para traducir las instrucciones de uso de un embudo hace falta un mínimo de coherencia en la redacción.
Bueno, pues siendo como es tan difícil hacer una traducción en condiciones, o sea, trasladar de un idioma a otro significados, sentidos, intenciones y estilo, todavía hay quien cree que eso lo puede hacer una máquina.
El deseo de inventar una máquina de traducir es algo casi tan antiguo como el deseo de volar. Y se ha conseguido casi lo mismo: un remedo, una imitación pasable, pero que de ningún modo iguala a la capacidad imitada.
En los años 50 los expertos creyeron estar cerca de la solución, pero de ahí no pasaron, de creerlo. Después, en los 80, con la campanada informática, pareció que la cosa estaba ya solucionada y que en poco tiempo la máquina traductora sería un sueño cumplido. Pero otra vez su gozo en un pozo.
Por mucho que se intente, yo estoy convencida de que jamás un ordenador, por avanzado que sea, podrá realizar una tarea tan delicada, tan exquisita y tan sumamente compleja como es la traducción.

Dicen los expertos que en los últimos años se han logrado grandes avances, sobre todo en la traducción de textos no literarios y entre idiomas de tipología afín. Por ejemplo, el español y el portugués. O el inglés y el alemán. Pero entre idiomas tipológicamente muy distintos, como el español y el inglés, la cosa deja mucho que desear.
Y dicen también que entre los mejores programas de traducción automática está el de Google.

El caso es que, algunas veces, cuando busco en Google información sobre algún tema, me entretengo en clicar la opción “traducir esta página” que aparece al lado de cada enlace. Y digo “me entretengo” con todo su sentido, porque es realmente un magnífico entretenimiento leer las traducciones automáticas de los textos, porque a veces ofrecen resultados verdaderamente cómicos.
Menos mal que las máquinas no se ofenden (de momento).


Por hacer una prueba, elijo una canción que me gusta, Down on the Corner, de Credence Clearwater Revival, para comparar la traducción automática con una traducción humana. Y compruebo que la mayoría de las frases, al ser traducidas automáticamente, quedan de lo más tonto.


Quiero dejar claro que las traducciones que hago aquí son sólo una posible versión; yo misma haría una traducción diferente en otro momento, y cualquier traductor profesional o aficionado podría hacer traducciones diferentes y sin duda mejores. Pero siempre manteniendo el sentido y la corrección gramatical, por supuesto.
Y tampoco estoy haciendo adaptaciones de la letra; ni me atrevería, porque eso requiere un talento añadido y compositora sí que no soy.


Bueno, veamos algunos fragmentos de la canción. Por ejemplo:

"Four kids on the corner trying to bring you up
Willy picks a tune out and he blows it on the harp".


Una traducción humana, en este caso la mía, podría ser:

"Cuatro chicos en la esquina intentando atraer tu atención,
Willy elige una melodía y la toca en el arpa".


Y un traductor automático, en este caso el de Google, nos da:



"Cuatro chicos en la esquina tratando de traer para arriba,
Willy elige una melodía y sopla sobre el arpa"


Otras frases de la misma canción:

1.Bring a nickel, tap your feet


Traducción humana: “Traiga una moneda, siga el ritmo con los pies”


Traducción automática: "Bring a nickel, toque en sus pies" (se ve que lo que no le gusta no lo traduce).

2. Blinky thumps the gutbass
Traducción humana: "Blinky aporrea el bajo"

Traducción automática: "Blinky golpes bajo la tripa


3. You don’t need a penny just to hang around
but if you’ve got a nickel, won’t you lay your money down?


Traducción humana: "No hay que pagar por acercarse a mirar,
pero si tiene una moneda, ¿nos la da?"

Traducción automática: "Usted no necesita un centavo sólo por estar en todo
pero si youve consiguió un centavo, no usted poner su dinero abajo?"

Lo dicho, la gramática descoyuntada: la sintaxis por los suelos, la semántica hecha polvo...

Pero en realidad, me alegro de que esto sea así, porque es una satisfacción ver que sigue habiendo cosas que los humanos hacemos mejor que los ordenadores.


lunes, 5 de octubre de 2009

Jaime Urrutia: desafiando la lógica

Ya dijo el sabio que el tiempo es relativo, y debe de ser verdad. O eso, o Jaime Urrutia y sus magníficos Corsarios tienen el poder de alterar su curso.
Lo digo porque el concierto que dieron el viernes pasado en el Auditorio de la Diputación de Málaga duró, teóricamente, una hora y media, la que va desde las 20’30 hasta las 22’00. Pero a mí –y creo que a todos los presentes en el evento- me pareció que entre el comienzo y el final sólo pasaron diez minutos.

Pero además del poder de comprimir el tiempo y hacer que pase en un pispás, tienen otro: pueden conseguir que una persona –en este caso yo- empiece a sonreir a plena potencia en cuanto asoman por el escenario, y no cambie mi expresión hasta que se van.
Porque las canciones de Jaime Urrutia tienen el don de producir en mí felicidad y alegría, hasta la más triste o melancólica.
Tampoco esto parece muy lógico, pero así es. Supongo que tendrá que ver con el gozo y la emoción que produce la mera contemplación -o audición- de lo que está hecho con maestría y talento, con elegancia y con gracia.







La cuestión es que yo siento la misma cantidad de felicidad –mucha- con Castillos en el aire que con La fuerza de la costumbre, por ejemplo, siendo la una un canto al optimismo, la esperanza y la capacidad de soñar, y la otra una canción intimista, que habla de intenciones, principios y afirmación de uno mismo, con un aire algo sombrío y melancólico.
Por cierto, la interpretación de esta canción en el concierto del viernes fue apabullante. Sobrecogedora.

Algunos amigos me dicen que parece que yo no escucho más música que la de Jaime, y que no me gusta ningún otro músico ni ningún otro grupo. Y no andan muy errados, ciertamente. Pero esto tiene una explicación muy fácil: en las canciones de Jaime Urrutia está todo. Están todos los estilos, todos los temas, todas las sensaciones, todos los puntos de vista... así que no necesito escuchar nada más. Ahí lo encuentro todo.

Y sin embargo, a pesar de esa diversidad de asuntos y estilos, sus canciones tienen todas ellas algo en común, esa cosa misteriosa que es como el espíritu: se sabe que existe, se nota su presencia y se percibe su efecto, pero es algo imposible de definir y que sólo se capta con el corazón.
Será eso que llamamos carácter, o personalidad, que se presupone en los artistas, pero que en realidad muy pocos tienen, y que distingue y hace valioso a quien lo posee.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Parejas complejas

Hace unos meses hablábamos aquí, bajo los títulos ‘Viva el lenguaje’ y ‘En efectivo’, de esas palabras que se unen en parejas para fastidiarnos, para dejarnos en mal lugar –bueno, y también para divertirnos- porque se prestan fácilmente a que las confundamos, a que tomemos unas por otras y nos pase como al chiquillo que dijo en efectivo cuando lo correspondiente era en efecto.

Y, en efecto, hay muchos de esos dúos difíciles, complejos, que se usan a veces al revés, a veces indistintamente, sin percatarnos de que, obviamente, no significan lo mismo ni se emplean en los mismos contextos.

Está claro que con estas traicioneras palabritas hay que tener cuidado, pero sobre todo, hay que ser especialmente cauto cuando pretendemos resultar finos y cultivados, porque hablar de temas cultos y usar mal las palabras, es una paradoja que deja en un lugar poco grato a quien las pronuncia.

Recientemente, el autor de un artículo supuestamente erudito, hablaba de “Don José Moreno de Alba, filólogo inminente”. Y una de dos: o don José Moreno de Alba se va a convertir en filólogo de un momento a otro –cosa difícil-, o el firmante del texto debería haber dicho “filólogo eminente”. Yo voto por la segunda opción: se trata de un resbalón digno de un premio Gamba.

Con esta pareja de palabras también se da el caso contrario. En una ocasión alguien me contó que en un edificio que se encontraba en muy mal estado, habían colocado un cartel que decía: “Peligro. Ruina eminente”. O sea, que el edificio se iba a venir abajo en cualquier momento, pero, eso sí, con mucha categoría.

Así que cuidadín con estas dos:

inminente: que amenaza o está para suceder prontamente.
eminente: que descuella entre los demás, que sobresale y aventaja en mérito [...] u otra cualidad.

Yo me reí mucho cuando leí que un estudiante había dicho en un examen que Camilo José Cela “fue embestido Doctor Honoris Causa”.
Y hay que reconocerlo: embestir e investir tienen muy mala idea. Pero fijémonos bien tanto en el significado como en la ortografía:

embestir: ir con ímpetu sobre algo o alguien.
investir: conferir una dignidad o cargo importante.

¿Y qué hacemos con salubre y salobre; canónigo y canónico; glacial y glaciar? Pues muy fácil: en caso de duda, consultar el diccionario, que para eso está, aunque muchos no lo saben.

salubre: bueno para la salud.
salobre: que tiene sabor a sal.

canónigo: eclesiástico que tiene una canonjía; que pertenece al cabildo.
canónico: con arreglo a las disposiciones eclesiásticas (aunque este término se utiliza también en otras disciplinas).

glacial: helado, muy frío.
glaciar: masa de hielo que se desliza lentamente.

De lo cual concluimos que un glaciar es glacial; que un canónigo es canónico, y que las aguas salobres no son salubres.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Cuento. Un trasto inútil

Llegué aquí en muy malas condiciones. Tenía la piel seca, tirante, incluso agrietada, sobre todo en los brazos. Tenía mal aspecto, mal color, y me sentía hundido y maltratado.
Oí decir a estas personas que podían hacer algo por mí, que no era demasiado tarde, pero yo no estaba seguro.

Quizá puedan hacer algo por mi estado físico, pero no podrán borrar los malos recuerdos, la tristeza, la sensación de ser un trasto inútil; la frustración y la pena de ver cómo quienes más me apreciaban han acabado abandonándome, arrinconándome como un mueble viejo. Y sí, soy viejo, pero todavía capaz de servir para algo.

Cuántas películas vimos juntos; cuántas charlas con las visitas; y cuántas veces pasamos la tarde del domingo, frente a un partido de fútbol, ese mismo hombre al que ahora tanto le estorbo, y yo.
Recuerdo su emoción, sus gritos de ánimo. Y recuerdo aquella vez que, en su entusiasmo, derramó la cerveza que estaba bebiendo, cayendo gran parte sobre mí. El pobre no sabía cómo arreglarlo; fue corriendo a la cocina, trajo un paño para secarme... Hasta ella le regañó por ser tan descuidado. Pero a mí no me molestó en absoluto. Fue un pequeño contratiempo doméstico, de esos que hacen entrañable la vida en familia, y que, curiosamente, se recuerdan mejor que otros acontecimientos más relevantes.

Y es que todos me cuidaban, todos vigilaban que no me pasara nada, y yo me sentía querido, valorado y era feliz.
Pero, cómo cambió todo casi de repente.

Los niños empezaron a crecer, y traían amigos a casa que no siempre me respetaban, y ellos no les decían nada. Poco a poco comprendí que todo el cuidado y el mimo y el cariño con el que me habían tratado hasta entonces, no era aprecio verdadero. Sólo me querían para su comodidad; y si procuraban que tuviera buen aspecto, buena presencia, era únicamente para presumir, para quedar bien con el resto de la familia y con sus amistades.

Y me convencí de todo ello el día en que los oí decir que yo ya estaba muy viejo, que era más un estorbo que otra cosa, y que mientras decidían qué hacer conmigo, me trasladarían a la habitación del fondo. No lo podía creer. Yo que siempre había tenido un lugar privilegiado en la casa, ahora me veía relegado a “la habitación del fondo”, que no era ni siquiera un dormitorio, sino un cuarto de desahogo donde se amontonaban los juguetes ya desechados por los niños, la tabla de planchar, la caja de herramientas que nunca se usaba... Qué tristeza, qué desolación. Qué sentimientos más amargos.

Y tras unas semanas en el abandono más absoluto, entraron en el cuarto diciendo que ya venían por mí, que ya me recogían para llevarme a no sé dónde. Ni siquiera me llevaban ellos; venían unos profesionales con un vehículo de “la empresa”. No cabía mayor frialdad, mayor desapego ni mayor indiferencia.
Y me llevaron. Y en mi marcha no recibí ni una despedida emocionada, ni una caricia... Es que ni siquiera estaban presentes los niños. Bueno, quizá fuera mejor así. Me gusta pensar que no estuvieron para no verme marchar, aunque en el fondo sé que no estaban porque tenían ocupaciones, cosas que hacer que les importaban más que yo. Yo ya no significaba nada para ellos.

Pero en los días que llevo aquí he comprobado que al menos eligieron bien el sitio. Quienes trabajan aquí me tratan muy bien, me cuidan y me dicen palabras muy bonitas.
Incluso han venido varias personas a interesarse por mí, y hay un matrimonio que podría quedarse conmigo en cuanto terminen de darme los tratamientos necesarios.
Ya me han puesto unas cremas especiales y mi piel tiene mucho mejor aspecto y está casi tan suave y flexible como antes.
Me están arreglando muy bien, y ya no estoy tan hundido.
Me han puesto tambien un producto antipolillas en las patas y en las molduras y me las han vuelto a barnizar.
Ahora empiezo a sentirme otra vez señorial, elegante, con categoría. Un auténtico sillón de piel de 1930.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Fragmentos veraniegos II

En el ascensor de un centro comercial

Entran dos señoras, luego yo y tras de mí, otra.
Las dos mujeres que van juntas no hablan, yo tampoco, y la cuarta, aprovechando el silencio y pasándose las manos por el pelo dice:
-Ay, por Dios, qué picor de cabeza.
La miramos con sorpresa, y en seguida esta sorpresa se convierte en ascomiedo cuando la interfecta añade:
-Entre el calor y los piojos van a acabar conmigo.

Las otras dos mujeres y yo nos miramos con ojos de espanto. Por suerte, en ese mismo momento se abren las puertas del ascensor y casi se oye el pensamiento: ¡Huyamos!


En la panadería

Otro día de calor espantoso. Entro a comprar una barra de pan. La dependiente me atiende con su habitual sonrisa (claro, el aire acondicionado ayuda a sonreir), y cuando me está dando el cambio entra un hombre.
-¿Qué le pongo, caballero?
-No, no quiero nada. Sólo he entrado por el fresquito.



En la calle

Estoy esperando que aparezca el hombre verde para cruzar la calle. Mientras tanto, un repartidor de butano se acerca al edificio que queda a mi espalda. Llama al portero electrónico y contesta una señora:

-¿Quién es?-Señora, ¿quiere butano?
-¿Butano? ¿Pero no sabe ya que aquí guisamos con la eléctrica?
-Señora, lo que me faltaba a mí es tener que saberme con qué cocinan en cada casa…


(Fragmentos veraniegos 2010)

martes, 1 de septiembre de 2009

Fragmentos veraniegos I

En la farmacia

El farmacéutico, un joven de unos veinticinco años, atiende a una señora, y mientras recorta cuadraditos de las cajas de medicinas y los pega en las correspondientes recetas, va dando su opinión de la feria o fiestas de la ciudad:
-A mí no me gusta nada. Hay mucha gente, mucho ruido, borracheras, peleas…
La señora contesta:
-Hombre, depende. Si te reúnes con amigos, con la familia, pues se vive la feria de otra manera.
-Sí, si mi familia se reúne en una caseta, y tiene caballos y demás…
-Claro, es otra forma de vivir la feria.
-Pero a mí no me gusta. A mí me llaman, y me invitan, porque tienen caballos y demás, pero yo no voy nunca, porque siempre hay peleas y escándalos…
-Sí, es que… son formas diferentes de vivir la feria.
-Yo agradezco mucho que me inviten, pero no voy. Y podría ir, porque ellos, como tienen caballos y demás…
-Claro, se vive la feria de otra manera.
Por fin la señora tiene lista sus medicinas y se marcha. El farmaceútico me mira, le pido lo que necesito, y mientras lo coje de un estante me dice:
-A mí la feria no me gusta. Y ya digo, que como mi familia tiene caballos y demás, podría ir, porque se reúnen todos en una caseta…
Yo estuve a punto de decir que son formas diferentes de vivir la feria, pero me contuve, y así pude escapar de allí.
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En la carnicería

Un hombre de unos sesenta años, gordote, de aspecto bonachón, habla sin parar con el carnicero, un joven de exquisita educación y trato correctísimo.
Mientras éste atiende mi pedido, el hombre habla y habla sin parar de cualquier cosa que se le viene a la cabeza, desde el calor que hace hasta el reloj que lleva, que lo tiene desde hace mucho tiempo.
El carnicero le sigue la corriente amablemente sin dejar de trabajar.
De pronto, el hablador me pide disculpas por tanto parloteo y yo, que en realidad me estoy divirtiendo mucho, le digo que no se preocupe. Entonces mira al carnicero y le dice:
-Pero, ¿a que soy simpaticote?
Y el carnicero:
-Hombre, Antonio, claro que sí.
Y el tal Antonio insiste:
-Yo soy más simpático que mi hermano, ¿verdad?
El carnicero, en un aprieto, echa mano de sus dotes diplomáticas:
-Los dos, los dos son muy simpáticos.
El hombre me mira otra vez y dice convencido:
-Yo, yo soy más simpático.





martes, 18 de agosto de 2009

Premios Gamba 2009. Esto es un no parar

Como era de esperar, el diablillo de las frases tontas no descansa en verano, y es fácil encontrar en los medios una buena colección de expresiones desafortunadas, desatinos léxicos y desaciertos de redacción. En fin, lo que se viene conociendo como metidas de gamba de diversa profundidad.


En la época estival el oyente o el lector de periódicos se retrepa en el sofá, aturdido por los calores, y pone la tele esperando quedarse dormido, confiando en la modorra generalizada que cunde en el país.
Pero resulta que no gana para sobresaltos, porque puede escuchar, por ejemplo, que Jesús Vázquez, en su lugar de veraneo ha coincidido con su compañero y futuro padre, Risto Mejide.
O sea, ¿Risto Mejide es el futuro padre de Jesús Vázquez?
Cosas veredes, Sancho amigo…

También se sorprendería mucho quien escuchara, así, de pasada, en el letargo de la sobremesa, que unos vecinos de Granada se las apañan para achicar sus casas.
Qué raro que alguien intente achicar su casa, ¿no? Y desde luego, ¿cómo se las apañan para tal menester? ¿Apretando por los lados?
Pero no era eso, claro. Es que había caído una tromba de agua la noche anterior y lo que intentaban era achicar el agua que había entrado en las casas.

En el diario Sur nos informan de que el actor Larry Hangman se encuentra en Marbella para intervenir en el rodaje de una serie de televisión, y leo : Ayer rodó a lomos de un yate en Puerto Banús.

Yo creía que en un yate uno iba a bordo, suponiendo que un yate es un barco. Pero se ve que no, que un yate es alguna raza de caballo. O de burro.

Hay casos en los que se debería poner especial atención en lo que se dice y tener un miramiento singular para no meter la pata, por respeto a los interesados. Me refiero a los casos de noticias trágicas.
La semana pasada, en un telediario, decían que se ha encontrado el cadáver de una mujer, en la oficina que limpiaba con una bolsa en la cabeza.Con lo fácil que es construir una oración al derecho, qué empeño ponen algunos en hacerlas al revés.


Pero hay casos peores de resbalones lingüísticos en contextos dramáticos: hubo a principios del verano un incendio horroroso que causó la muerte a varios bomberos. Uno de ellos pasó varios días en estado muy grave, y una reportera, a la puerta del hospital, nos dice que el paciente ha sufrido un fallo multiorgásmico.Eso es meter la pata y lo demás tonterías. En qué estaría pensando esta reportera, me pregunto.
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Ahora, una de estilo y diseño: en un programa de decoración, una señora experta en la materia da consejos sobre qué tipo de luces y lámparas utilizar según nuestros gustos y necesidades. Y nos dice que podemos utilizar una iluminación matizada para crear ambientes acogedores, y que si queremos una estancia con más luz, tendremos que utilizar una iluminación que ilumine.
Sin duda, una idea luminosa.
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Y ya puestos a redundar, también nos hemos encontrado con excesos como:
-fue apuñalado con un arma blanca (digo yo que la noticia sería que hubiese sido apuñalado con una pistola, que sería lo difícil);
-el detenido tiene antecedentes previos (como deber ser, porque tener antecedentes posteriores es que no se puede);
-a las 18'30 de la tarde (¿acaso existe las 18'30 de la mañana?)
-un vendaval de viento (pues sí, y a lo mejor incluso llovió lluvia).
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Así son las cosas, y así se las hemos contado.

viernes, 7 de agosto de 2009

Amigas

Hace años, siendo yo adolescente, una vecina nos habló de una amiga suya. Se conocieron de niñas, en la escuela, y treinta años después seguían conservando su amistad.
Nuestra vecina no había seguido estudiando una vez terminado el colegio. Estaba casada desde muy joven y tenía dos hijos. Su vida consistía en atender a su familia y su casa.
La otra sí estudió. Primero el bachillerato y luego música. Tocaba el violín en una orquesta clásica internacional. Era soltera y viajaba con la orquesta dando conciertos por toda Europa, llevando una vida cosmopolita y emocionante.

Dos vidas completamente diferentes, como se ve. Y a pesar de todo, seguían siendo amigas y se veían siempre que tenían ocasión.

A mí me sorprendió, y me pareció admirable, que aquellas dos mujeres conservaran su amistad, pues no parecían tener nada en común. Sus circunstancias eran como la noche y el día y además una de ellas pasaba la mayor parte del año fuera del país. Comprendí que ni el tiempo, ni la distancia, ni la condición social, económica o cultural, pueden romper los lazos de una amistad verdadera, lo cual me llenó de optimismo y esperanza.
Y comprendí también que para conservar a una persona a nuestro lado, lo principal es la voluntad, el querer realmente que esa persona siga con nosotros, esté donde esté y pase el tiempo que pase. Del mismo modo que decimos “dos no se pelean si uno no quiere”, podríamos decir que dos no son amigos si uno de ellos no tiene suficiente interés.

Pero lo que más me sorprendió de esta historia de amistad fue que las dos decían envidiar a la otra. La madre de familia envidiaba la vida mundana, socialmente plena y llena de satisfacciones profesionales, de su amiga. Envidiaba su cultura, sus amistades, sus viajes y sus aplausos.
La violinista, por su parte, envidiaba la estabilidad sentimental de nuestra vecina, su vida hogareña y su contacto permanente con la familia.

Y esto me llenó de intranqulidad y preocupación, pues comprendí, o más bien intuí, que estamos hechos de insatisfacción, de deseo permanente y de anhelo. Me pareció que el ser humano nunca se conforma con lo que tiene, por muy afortunado que sea, y que siempre nos parece mejor lo que tiene el otro.

Con el tiempo comprendí que quizá ese deseo constante de otra cosa es el impulso que nos hace seguir adelante; que el afán de conseguir lo que no tenemos es lo que nos empuja a lograr metas.
Más adelante pensé que la insatisfacción permanente es igual de negativa, o peor, que la falta total de ambición.
Por suerte, después supe que todo tiene un término medio, en el que, según dicen, está la virtud.

El caso es que creo que la historia de aquellas dos mujeres la he guardado siempre, de manera inconsciente, como un resorte que me avisa, un dispositivo que me recuerda esa tendencia que tenemos a la insatisfacción, a querer estar aquí cuando estamos allí y viceversa; a desear lo que no tenemos y a olvidar su valor una vez que lo conseguimos. Y gracias a ese resorte estoy alerta...
Y quizá por eso la mayor parte del tiempo yo soy feliz, pues creo que sé apreciar el valor de cada momento, disfrutar lo que tengo y seguir valorando aquello que consigo, por mucho tiempo que pase.

Por eso espero que la violinista y la madre de familia hayan sabido apreciar siempre el valor de lo que cada una tenía, incluida su valiosa amistad.





martes, 28 de julio de 2009

Cuento. Eulalia

Eulalia era una joven agraciada y de aspecto dulce. Era también inteligente, trabajadora, responsable. Era buena compañera, siempre deseosa de ayudar. Era generosa y detallista; culta y paciente; sencilla en sus gustos y necesidades. Era limpia y ordenada y no tenía maldad.
Sólo un defecto manchaba su pulcra personalidad. Y es que para Eulalia no existía diferencia entre hablar y respirar. Su verborrea era de tal calibre que, dejada a su aire, hubiera podido hablar durante días, sin parar siquiera para comer.
Los que la conocían huían de ella sin disimulo, olvidando las convenciones de cortesía y educación más elementales. Porque Eulalia estaba perfectamente capacitada para llevar a cualquiera a la desesperación. Una vez que empezaba a hablar era inútil esperar que callara. Y era inútil intentar conversar. El concepto de diálogo era desconocido para ella. Sus charlas eran como un denso e interminable párrafo, farragoso, sin puntos ni comas, y no había sitio donde un interlocutor pudiera encajar una frase.

Al conocerla, al tratar con ella por primera vez, todos coincidían en que era muy amable, educada y buena persona, y se sorprendían del ninguneo a que la sometían los compañeros.
-Pero si es muy agradable –decían.
-Sí, sí, dímelo pasado mañana –respondían los veteranos.
Y efectivamente, al cabo de un par de días, tres como mucho, ya estaban todos de acuerdo en que Eulalia era simplemente insoportable.

En consecuencia, siempre estaba sola, en el trabajo tanto como en la vida privada. Cuando se acercaba a un grupo durante un descanso, era recibida con algún saludo desganado y miradas de soslayo. Los presentes seguían su conversación mientras ella permaneciera en silencio, pero en cuanto empezaba a hablar, a contar alguna de sus numerosas e insulsas anécdotas, a repetirse, a darle vueltas a lo mismo, el grupo se disolvía en cuestión de segundos, como azúcar en agua caliente.

Y la pobre Eulalia, en su inocencia, en su candor, en su incapacidad para pensar mal de nadie, ni de sí misma, entendía que se marchaban porque tenían cosas que hacer. Nunca se le habría ocurrido que era ella, con su dicción aburrida, plana y somnífera; con su retahíla de experiencias laborales que a nadie interesaban, con su discurso cansino e inacabable, la que espantaba a la gente, la que ahuyentaba a todos de su lado.

He aquí cómo un solo defecto del carácter puede anular muchas virtudes, y cómo la palabrería, el cacareo, el hablar continuo sin decir nada que interese, divierta o emocione, cansa, adormece, aburre y hastía.
Y de pocas cosas huimos más lejos que de la perorata pelma y el parloteo redundante.

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miércoles, 22 de julio de 2009

Noticias frescas (o casi)

Creo que en psicología se dice, más o menos, que la anticipación es prever las consecuencias de un hecho, de un acontecimiento determinado. Y que esta previsión se basará en la experiencia y el conocimiento que el individuo tenga de hechos semejantes.

O sea, que si una persona ha tenido mala experiencia en un examen, por ejemplo, para el siguiente es probable que tenga expectativas pesimistas. Y si hemos visto tres películas de Viggo Mortensen que nos han gustado mucho, o alguien nos ha hablado maravillas del actor, o hemos leído comentarios y críticas favorables, confiaremos en que la siguiente también nos gustará.

Lo malo de la anticipación es que nos podemos llevar un chasco de primera categoría si nuestras previsiones son deleitosas y después la realidad no se ajusta a ellas.
Pero lo bueno es lo bien que nos lo pasamos mientras tanto, disfrutando de antemano, pensando en el regocijo que nos aguarda.
Además, hay casos en los que la anticipación positiva es inevitable y la posibilidad de decepción casi inexistente. Casos en los que tenemos la certeza casi completa de que todo será igual de bueno o incluso mejor que en las ocasiones previas, esas que nos hacen ahora anticipar grandes satisfacciones.


Y eso es lo que me pasa a mí estos días, que estoy anticipando como una loca. Y me queda que anticipar, porque esos deleites que me aguardan tendrán lugar el próximo otoño y son: un concierto de Jaime Urrutia, la publicación de la nueva novela de Stephen King y el comienzo -si nada se tuerce- del rodaje del biopic sobre Edgar Allan Poe que Sylvester Stallone lleva tiempo preparando .

Respecto al concierto de Jaime Urrutia, por experiencia propia y ajena puedo creer y creo que lo pasaré bomba. Jaime canta muy bien, tiene una voz fantástica; las canciones son fabulosas; los músicos que lo acompañan son maestros en lo suyo, y el ambiente de sus conciertos suele ser
de auténtica fiesta, porque los primeros que disfrutan son ellos y lo transmiten en cada nota.














En el caso de la novela de Stephen King (Under the Dome), la gloria está también garantizada. Habrá quien no esté de acuerdo, claro. Pero es que en una producción tan extensa como la suya tiene que haber de todo, porque una cosa es ser un genio y otra una máquina infalible. Y por lo que se sabe, King es humano; todavía no hay pruebas definitivas de lo contrario. Pero el caso es que la mayor parte de su obra es espectacular, y yo, personalmente, después de Just After Sunset, la colección de relatos que publicó en noviembre pasado, me ratifico en que tras treinta años escribiendo, Stephen King no hace más que mejorar.
Por eso me da un poco de coraje -dicho sea de paso- que en algunos ámbitos haya todavía reticencia a considerarlo un escritor ‘serio’. La etiqueta de ‘autor de libros de terror’ no se despega con facilidad y da mala fama, aunque lo cierto es que ni todos sus libros son de terror –ni mucho menos-, ni los de terror son sólo de terror.
Pero esta falta de reconocimiento
intelectual en realidad no nos importa ni a él ni a sus lectores. Porque no significa mucho. En realidad, en muchas ocasiones, no significa nada, o significa cosas que nada tienen que ver con el arte ni con el talento.




Y en cuanto a la película sobre la vida y muerte de Poe, parece ya seguro que será Robert Downey Jr. quien la protagonizará, aunque también se pensó en el antedicho Viggo Mortensen para interpretar al escritor. A mí me parece que Downey es más adecuado, porque creo que no está tan identificado como Mortensen con caracteres duros y heróicos y tiene en cambio bastante de personaje mentalmente torturado. Además ha mostrado interés personal en el papel y en trabajar con Stallone.
Lo más curioso de esta futurible película es que es un muy antiguo proyecto de Stallone, que tiene el guión escrito desde hace años, pero hasta ahora no había encontrado el respaldo necesario por parte de los estudios. Y precisamente este año que se celebra el segundo centenario del nacimiento de Poe, los estudios se interesan…
Bueno, sea como sea, lo que importa es que se lleve a cabo el proyecto y que si sale como cabe esperar, mi anticipación se transformará en experiencia real y me pondré contentísima. Más de lo que ya estoy ahora.


Anticipemos, pues.

jueves, 9 de julio de 2009

Premios Gamba 2009. Nuevos candidatos

Pues sí, parece que mi propuesta de crear un premio a las meteduras de pata más bonitas del año ha sido un éxito. No paran de presentarse nuevas candidaturas. Incluso diría yo que hay quien se ha 'picado' y está esforzándose realmente por meter la pata bien hondo.

Y es que hay algunos que están dispuestos a lo que sea con tal de ganar. Y no me extraña, claro, porque el galardón lo merece.


Veamos las nuevas candidaturas, y comprobemos que el telediario, y en particular el de mediodía de Telecinco, es realmente un filón:


-La noticia es que un hombre entra en un supermercado con una pistola y dispara varias veces. El locutor nos dice que mató a tres personas e hirió a varios clientes.
Muy bonito, pero le faltó aclarar de qué especie eran esos clientes.

-En un día lluvioso, un reportero habla de las terrazas de los bares, y señalando una en la que no hay nadie a causa del chaparrón que está cayendo, dice que hoy está completamente vacía y ayer la gente se daba tortas por sentarse aquí.

Se ve que a este periodista no le enseñaron en la facultad que al dar una noticia hay que emplear un registro diferente del que se usa en el bar con los coleguis.

-Hablando sobre las deficiencias de determinadas infraestructuras de nuestro país, dice la voz en off que este sector es otro callo en el zapato de España.
Yo no sabía que el calzado pudiera tener callos, pero ahora comprendo que a eso se refieren las personas cuando dicen que le duelen unos zapatos.


-Con ocasión de una visita del rey a no sé dónde, dice la voz que nos da la noticia: el monarca hizo gala de la cercanía que le precede.

Pues sí, y se quedó tan pancha la señora. En estos casos se suele decir "ha oído campanas y no sabe dónde". Supongo que lo que quería decir es que al monarca lo precede su fama de persona cercana. Y que hizo gala de esa sencillez. Pero la periodista se hizo un lío con las palabras y otro con el sentido común.

-Y una más de telediarios. Hace unos días, unos periodistas, haciéndose pasar por pacientes, van a la consulta de un falso médico, lo graban con cámara oculta y lo desenmascaran. El locutor, al dar la noticia, dice que el farsante pretendía operar a un reportero de cervicales.
Será que las cervicales es una nueva especialidad periodística.
Y yo creía que aquello de "tenemos camas para niños de madera" no era más que un chiste...


-Pero no sólo de telediarios vive el hombre. No. En una película, durante una autopsia, dice el sagaz investigador observando el cadáver: Parece que sangró de dentro afuera.
Anda que si hubiera sangrado de fuera adentro, menudo reto forense...


-En los castings de cantantes aspirantes a estrella se oyen muchas cosas que ponen los pelos de punta; yo creo que en esto todo el mundo está de acuerdo. Pero no siempre la culpa es de los que cantan. También los que seleccionan al personal dicen cosas que dan mucho miedo. Por ejemplo, yo oí a un señor del jurado decirle a una chica que imaginara que había sido seleccionada, que estaba en el programa, el público aplaude, el presentador te da paso, los focos chocan contra tu cara...
Yo había oído decir a los artistas que los focos son muy malos para el cutis, pero creía que se referían a otra cosa...


En fin, como se puede apreciar, la tarea de elegir a un ganador de los Premios Gamba no es nada fácil. El nivel de los participantes es altísimo y decidirse por uno requiere mucha meditación.


Y lo peor es que cada día se superan unos a otros.

jueves, 2 de julio de 2009

Feliz cumpleaños

Ya ha pasado un año desde que inicié, con mucha ilusión y muy poca idea, este blog.
Cuando empecé a oír hablar de esa cosa llamada blog, no conseguía hacerme una idea clara de en qué consistía el invento. No tenía ni idea de cómo se creaban y además creía que eran diarios online en los que algunos impúdicos contaban sus cositas a todo el mundo. De hecho, el primero del que oí hablar era el de una chica que relataba su día a día, sus problemas familiares y personales, que eran muchos y gordos. Leí por algún sitio que recibía cientos de visitas al día, lo cual, sabiendo del afán chismorreador de la población, no me extrañó nada.

Y en esa creencia estuve un tiempo, hasta que vi que no, que en un blog se puede hablar de todo, que los hay de todo tipo, con toda clase de contenidos, temáticos y personales: música, política, literatura, deportes, cine, recetas, fotografía, antigüedades, jardinería, viajes, relatos; de opinión, de economía, didácticos, esotéricos, humorísticos … todo lo que podamos imaginar, y todo lo que no podamos imaginar también.
Y además supe que no era necesario tener conocimientos informáticos para hacerlos.
Todo lo cual me llevó a querer tener el mío propio.
Mi intención al principio era solamente escribir en un sitio bonito, con colores, imágenes, formatos, que es más atractivo que un simple documento de word.

Después mi ambición creció un poco y ya me entraron ganas de que lo leyeran mis amigos. Así que me dediqué a darles la tabarra y la dirección para que echaran un vistazo.
Pero no tuve bastante con eso, no. Después pretendí que me dejaran comentarios, por aquello de la interactividad. Y algunos, generosos y complacientes, me dieron la satisfacción.
Y no contenta con todo esto, después quise que me visitaran otras personas, los pobladores del planeta en general. Pensaba yo, en el colmo de la soberbia, que mis entradas podían tener algún interés para alguien.
Como se ve claramente, el blog me hizo vanidosa.

Pero además de comprobar que me gusta que los demás lean lo que yo escribo, he constatado en este año otras cuantas cosas más, a saber: que tengo muy buenos amigos (cosa que siempre sospeché, por cierto), que me tratan muy bien y que son muy generosos; que hay personas que sin conocerme personalmente, tienen a bien dedicarme un poco de su tiempo y su intelecto, lo cual me alegra el día y hasta me emociona; que gracias a mi blog he conocido otros que me gustan mucho, con los que aprendo y disfruto y que me hacen sentir esa clase de envidia que está tan cerca de la admiración.

Por eso y por mucho más, me auto-felicito en este primer cumpleaños, esperando cumplir muchos más y que ustedes lo vean.
Gracias.

viernes, 26 de junio de 2009

Mis palabras favoritas

El pasado 20 de junio se celebró el día del español, por iniciativa del Instituto Cervantes. Se trataba de festejar nuestro idioma, que une a más de cuatrocientos millones de personas, aunque no nos lo creamos.
Una de las actividades llevadas a cabo para tal acontecimiento ha sido una votación, a través de internet, para elegir la palabra más bonita del idioma.
Recuerdo haber oído hablar de otras votaciones similares, en ocasiones anteriores, y convocadas por otras entidades. Pero en esos casos, las palabras se votaban por su significado. Y era un aburrimiento, porque siempre ganaban las mismas, y además se sabía de antemano cuáles iban a ser: amor, madre, amigo, paz… lo cual resultaba un poquito empalagoso, la verdad.
Pero ahora parece que se ha tenido en cuenta la forma, la combinación de letras y sílabas, y el sonido. Y la ganadora ha sido malevo, que a los españoles precisamente puede que no nos suene mucho. Aparece en el diccionario de la RAE como palabra usada en Argentina, Bolivia y Uruguay, para referirse a persona ‘de hábitos vulgares, propio de los arrabales’; ‘maleante, malhechor’, y ‘Hombre matón y pendenciero que vivía en los arrabales de Buenos Aires’.
A mí me suena más malevaje, por el grupo musical, y ahora sé que un malevaje es un ‘conjunto de malevos’. Todos los días son de aprender.
Yo, supongo que como todo el mundo, también tengo mis propias palabras favoritas, que son muchas. Entre ellas están: azul, libélula, anélido, brisa, clepsidra, lapislázuli y caracola . A mí me parecen fantásticas. Y tampoco están mal: papel, balaustrada, sofá, pusilánime y ocarina.
Y también tengo palabras ‘desfavoritas’, o sea, que no me gustan nada, y también son muchas: chorizo, morcilla, leche, nuera, cuñado, palangana, perro, chillido, servilleta, cartucho...

Pero se puede establecer otra categoría de palabras, aparte de las bonitas y las feas, que es la de las palabras graciosas. A mí me parecen muy graciosas éstas: peliagudo, badulaque, floripondio, velocípedo, mequetrefe, alícuota, alboroto, coliflor; muchos términos lingüísticos, como onomatopeya, retruécano, sinécdoque, pleonasmo, estrambote, y con mención de honor, epanadiplosis…
Pero una de las mejores, si no la mejor, es un término de geometría: paralelepípedo.
A mí me gustaría que estas palabras fueran más comunes, para usarlas con más frecuencia, y así nuestro discurso sería mucho más florido, rimbombante (otra genial) y festivo. Podríamos decir cosas como:

-¿Dónde has puesto las sinécdoques?
-Están ahí, con los pleonasmos.
-Ah, vale, es que como están delante los retrúecanos…

O también:
-Qué ricos están estos paralelepípedos.
-Pues si les pones un poco de estrambote, están mejor todavía.

Y con esto se confirma una vez mas que sobre gustos y colores no discuten los doctores.

Por cierto, ¿cuales son tus favoritas?