domingo, 20 de agosto de 2017

Juego veraniego. El resultado


Llega el mejor momento de los juegos que hacemos en el blog: el momento de los resultados, el momento de compendiar todas las aportaciones que tan amable y salerosamente presentan ustedes.

Pero antes me gustaría referir algunas particularidades. Por ejemplo, aunque el texto con el que participasen ustedes podía ser de cualquier tipo, todos los lectores han elegido el formato de relato breve, salvo Juanra, que ha presentado dos textos y en el segundo ha optado por lo que podría ser un fragmento de microteatro;  y Guille, que ha escrito también unas líneas de diálogo pero independientes entre sí y sin reglas.
Por mi parte, yo me he atrevido con mucho atrevimiento a componer unos tristes ripios, que si algo han de dar, espero den más risa que pena.

Por otro lado, me complace el hecho de que casi todos han utilizado más de dos palabras (el mínimo establecido) de nuestra lista de palabras raras. Como curiosidad, cabe señalar que las más utilizadas (seis veces cada una) han  sido semicupio, polímata y numinoso; y las menos (dos veces cada una), congrua, apotropaico, icástico e inconsútil

Sin más, les dejo aquí todos los textos para deleite colectivo, e incluyo también el mío:

Macondo:
Aunque sus órdenes sagradas no le hubieran obligado, su entrapelia le impedía llevar una vida licenciosa. No obstante le resultaba ofensivo recibir una congrua más propia de un giróvago que de un polímata como él. Nadie se rasgaría las vestiduras porque al menos una vez al mes pudiera permitirse dejar tranquila al ama, para acudir al burdel a catar las prietas carnes y la concinidad de mujeres más jóvenes.

Sara:
A Teresa le ha crecido en el vientre un oso panda. Quizá sea hijo de un giróvago, porque, desde luego, Daniel "no sabe y no contesta". 
Cuando llegue el momento del alumbramiento, Teresa ha pensado en un semicupio. Y si ya lo del oso panda había sido la comidilla de familiares y allegados, lo del semicupio, ni te cuento.

Menos mal que llegó el polímata tío Luis y dijo: "Ya está, lo que pasa es que el oso panda es un infusorio".

Marisa:
Él se acercó muy despacio hacia ella. Esa concinidad suya la desarmaba; pocas veces había visto tal seguridad en uno mismo, tan aplastante, tan opuesta a lo que ella vivía cada día. El la cogió de la mano y la descarga eléctrica recorrió todos los impulsos de su cuerpo, y fue entonces cuando comprendió que caería rendida debido a lo numinoso de aquel personaje. 
  
Chaly Vera:
Indara sentada en el semicupio refregaba su bajo vientre para sacarse con agua y jabón la sensación que aun sentía cuando un giróvago al cruzarse con ella en la calle alargo una mano y le acaricio su zona prohibida, Indara aún recuerda el numinoso que su abuela le pronosticó cuando aquello sucediera.

Bubo:
La numinosidad de la mujer lo llevo al baño. El polímata entró desnudo en el semicupio. Buscaba el placer, el saber que no encontró como bibliótafo. Agarraba con su mano izquierda el medallón de una cruz apotropaica mientras se santiguaba con la derecha. Cuando la mujer comenzó a bañarlo los infusorios de su semén comenzarón a nadar por el agua. 
Supo en ese momento que la eutrapélica vida que había conocido había llegado a su fin. 


MJ:
Para muchos no era más que un giróvago, pero debajo se escondía un auténtico polímata. No le importaba lo que pensaran los demás, era feliz sabiendo que ella percibía su concinidad, que le inspiraba lo numinoso, por eso cuando se cruzaban por la calle, lo saludaba con gesto apotropaico.
  
JuanRa:
El polímata bibliótafo se sentía satisfecho observando los libros de su desván. Después de ocupar todas las estanterías, había continuado colocándolos por el suelo e incluso en el interior del semicupio de latón. Allí guardaba la primera edición de Viaje al centro de la tierra.

*****
- ¿Qué me dices, Gertrudis, qué te parece mi ático? ¿No sientes la concinidad que desprende?

- Sí, la concina es muy numinosa
- Querrás decir luminosa
- Ay, Eutrapia, nunca llegaré a tu altura.


Guille:
-Oye, te dejo, luego hablamos, me voy a pegar un infusorio en la semicupio. 
-Como te sigas portando mal te voy a dar una congrua que te hará dar dos giróvagos y te dejará icástico.
-Yo soy un eutrapélico debido a mi legendaria polimatía y eso fomenta mi concinidad.
-Unas bragas inconsútiles me producen una sensación numinosa.


Ángeles
¿Qué es un bibliótafoAlguien que esconde su libros.
¿Y qué significa inconsútilAlgo que no está cosido.
¿Qué quiere decir icásticoQue la realidad imita.
¿Y qué será un semicupioUna bañera chiquita.
¿Qué cosa es un infusorioUn gusarapo que nada.
¿Y qué será la eutrapeliaLa virtud de lo que agrada.
Así el polímata me explicó el misterio de las palabras.

☀ ☀ 

Muchas gracias a todos por su estival colaboración.


viernes, 4 de agosto de 2017

Juego veraniego


Imaginen ustedes una historia, un cuento clásico en el que un niño sube al desván de su abuela y empieza a curiosear entre los trastos que encuentra allí. Al lado de una mecedora y de una lámpara de pie, el niño ve un baúl. Como es lógico, lo abre, y dentro, entre vestidos y libros antiguos, encuentra un juguete de lata. El juguete está oxidado, pero conserva sus colores y además tiene puesta una llave en forma de corazón. El niño le da un poco de cuerda y descubre que el juguete sigue funcionando, que se mueve y suena. Lo mira, lo observa, sonríe ante lo curioso que le resulta y se entretiene un rato. Entonces lo vuelve a guardar en el baúl. Quizá no vuelva a usarlo nunca, pero le gusta saber que está allí. Y sabe que, si quiere, podrá volver a cogerlo, enseñarlo a sus amigos y volver a jugar con él.

Lo que quiero proponerles hoy a ustedes es que juguemos con unos juguetes antiguos y algo oxidados, esos que hemos ido sacando de un baúl de vez en cuando y que ahora están repartidos por el blog como juguetes por el suelo de un desván.
Me refiero, claro, a esas palabras raras y olvidadas que han ido apareciendo por aquí en diferentes ocasiones y que nos han llamado la atención con sus peculiares formas y significados. Son juguetes del viento raros, es decir, palabras un poco extrañas como semicupio, infusorio, apotropaico, bibliótafo

En fin, la propuesta consiste en concreto en que elijan ustedes al menos dos palabras de la lista que les doy a continuación; y que esas palabras las utilicen en un breve texto (digamos entre 50 y 80 palabras, un párrafo similar a éste) que habrán de escribir dando muestra una vez más de ese ingenio, gracia y creatividad que caracteriza a los lectores de este blog. Y el texto podrá tener cualquier carácter (cómico, serio, fantasioso, realista, narrativo, biográfico, ensayístico…).

Son palabras raras, es verdad, y es difícil que podamos incluirlas en nuestras conversaciones. Así que el objetivo del juego es precisamente ése: sacarlas del diccionario y darles un poco de cuerda, para ver que siguen funcionando y entretenernos un rato con ellas. Además de los textos que escriban, creo que también resultará interesante ver qué palabras escoge cada uno. Puede que incluso descubramos que alguna es la favorita de la mayoría, o todo lo contrario.
  
Ésta es la lista de palabras que les propongo, y en caso de que quieran saber más detalles sobre ellas, cada una es un enlace a la entrada que le dedicamos en su momento:

-infusorio (célula o microorganismo que tiene cilios para su locomoción en un líquido)

-congrua (renta mínima que se paga a un clérigo para su subsistencia) 
  
-semicupio (bañera de medio cuerpo, baño de asiento) 

-giróvago (vagabundo; derviche) 

-eutrapelia (la virtud que modera el exceso  de las diversiones o entretenimientos;  la gracia inofensiva, el juego inocente; conversación amable y amena) 

-icástico (que representa o imita la realidad tal como es, como en el arte realista; lo opuesto a lo fantastico) 

-polímata (sabio, persona de grandes conocimientos de diversas materias)

-concinidad (armonía, elegancia, belleza de estilo, equilibrio)

-numinoso (aquello que nos sobrecoge y nos inspira; lo que nos da miedo y a la vez nos fascina, nos causa temor y al mismo tiempo nos atrae) 
  
-inconsútil (sin costuras, uniforme, sin fisuras) 
  
-apotropaico (aquello -palabras, amuletos, gestos, ritos- que se cree que aleja el mal o propicia el bien) 
  
-bibliótafo (persona que posee libros valiosos y los esconde y oculta a los demás)


Como siempre, pueden dejar sus textos en los comentarios a esta entrada o enviármelos al correo, durante los próximos quince días, es decir, hasta el 19 de agosto inclusive. Yo misma escribiré también un texto y en la próxima entrada los publicaré todos para regocijo general. 
Y como siempre, muchas gracias a todos por su interés.


juguetes antiguos old toys

domingo, 23 de julio de 2017

Tres historias de amor aproximadamente


 Repitiendo aproximadamente

Quería la misma habitación que la vez anterior. Quería repetirlo todo: la ciudad, el hotel y la habitación. Iba a repetir aquel viaje tres años después, pero esta vez sin su mujer. La vida a veces es cruel, ya se sabe, pero otras veces nos compensa con momentos de esplendor.

Al entrar en la habitación sintió que ella lo acompañaba esta vez también. Pero fue sólo una sensación momentánea. Sonrió. 
Dejó la maleta en cualquier sitio y se tumbó en la cama. Sin quitarse los zapatos. Volvió a sonreír.
Después llenó la bañera y se bañó en espuma: por fuera, de violetas; por dentro, de la cerveza del minibar.
Se tumbó de nuevo en la cama, esponjoso, y encendió la televisión, el canal de deportes. Y el servicio de habitaciones le trajo su cena de capricho.
Esta vez sí. Esta vez no había nadie dándole instrucciones todo el rato. Nadie prohibiéndole todo lo que a él le apetecía. Nadie quejándose por todo.
Levantó la copa de vino y dijo: “Por mí. Por fin”.

                                                                   
                                                                    💦💦💦


Así pasan las cosas

-Mira, Paco, esos dos.
Paco no mira ni dice nada.  Está sentado en un banco del paseo marítimo, sin levantar la vista del periódico. Su mujer, a su lado, observa a una pareja de jóvenes. Están sentados en el murete, espalda con espalda, tecleando con los pulgares sin levantar la vista de sus teléfonos.
-Fíjate, Paco. Yo no sé para qué van juntos...
Paco no responde ni levanta la vista.
-Ahí están, sin mirarse, sin hablarse… 

La mujer sigue observando a los jóvenes en silencio. Paco sigue leyendo el periódico.
Los jóvenes siguen tecleando:
-Qué pasada el concierto de anoche... -escribe ella.
-Sí, pero, ¿cuánto crees que nos durará la afonía?


 💦💦💦


 Corazón de piedra

-Pero, ¿le has hablado de tus sentimientos? ¿Estás segura de que lo sabe?
-Se lo he dicho todo. Le he dicho lo que representa para mí; que es la primera vez que siento algo así; que es el ideal con el que yo siempre había soñado… Pero no reacciona. Como si no me oyera.
-¿Tan frío es?
-Sí, muy frío. De piedra. Lo noto sobre todo cuando intento abrazarlo. Es que no se inmuta.
-Y si es tan frío, tan insensible, ¿cómo puede gustarte?
greek ancient art male statue-Tú lo has visto: es perfecto. El único defecto que tiene es esa falta de sentimientos.
-Sí, pero menudo defecto.  La belleza física no vale nada si debajo no hay algo más.
-Es que yo estoy segura de que sí hay algo más. Por eso lo sigo intentando. Llegará el momento en que se conmoverá, se ablandará, y se manifestará todo lo que yo sé que tiene dentro.
-Me recuerdas a aquel muchacho griego, ¿cómo se llamaba? Él consiguió lo que quería.
-Ah, sí, Pigmalión. Pero es que él tuvo ayuda de los dioses.
-Claro, así cualquiera.

                                                                         💦💦💦


(Aquí, otras historias)


martes, 11 de julio de 2017

Te propongo una cita


Como ya he comentado aquí otras veces, yo soy de esos lectores que subrayan o señalan párrafos y frases de  los libros. Unas veces los señalo porque me gustan  estéticamente, porque me parecen frases construidas con especial belleza, o tino u originalidad. Otras veces, porque son reflexiones que me resultan interesantes, bien porque nunca había pensado en el asunto de que se trate, bien porque el pensamiento que refleja el autor coincide con el mío propio (aunque yo nunca hubiese sabido expresarlo con el mismo acierto).

“Las palabras se encadenan, se ajustan unas a otras, no hay que perder el tiempo amoldándolas; seguramente hacía tiempo que se preparaban para un gran momento, y cuando aparecieran, como las imágenes de un sueño, surgirían de pronto y cobrarían sentido, convertidas en imágenes y frases […] El significado de las palabras no es sólo lo que significan sino el ámbito que iluminan. Uno se pone en marcha en la oscuridad iluminada por unas pocas palabras…”
 Sándor Márai. La extraña (1934)

El caso es que también me gusta, cada cierto tiempo, repasar (o releer) los libros que ya he leído, y volver a fijarme en los pasajes que en su momento señalé.
Algunas veces me encuentro con esos pasajes por sorpresa: no los recordaba y el tenerlos destacados dentro del libro me permite recuperarlos y volver a disfrutarlos.
Otras veces, al contrario, recuerdo un pasaje, la idea que allí se trataba, y voy directamente en su busca para deleitarme de nuevo con esas certeras palabras.

“Por primera vez en la vida atisbaba la horrible cuestión de la inutilidad de los sacrificios personales. Hasta entonces ni se le había pasado por las mientes poner en duda los principios heredados que había regido su vida. Pensar en el beneficio de los demás antes 
que en el suyo propio le había parecido natural y necesario, porque había asumido 
que eso implicaba la consecución de ese beneficio. Ahora se daba cuenta de que renunciar a las alegrías de la vida no garantiza la transmisión de esas alegrías a aquellos 
por quienes se ha renunciado a ellas.”

Edith Wharton. Las hermanas Bunner (1892)

El verano pasado compartí aquí con ustedes unas cuantas citas literarias que había releído en esos días, y, como les comenté entonces, cada una de ellas me había hecho pensar, de forma casi inconsciente,  en una persona determinada. Es decir,  fui asignando cada cita a una persona en particular, ya fuese de mi entorno real o de mi entorno virtual. Aunque esta diferenciación –dicho sea de paso- me parece un poco innecesaria,  porque para mí el entorno virtual es tan real como el que llamamos real. ¿O es que acaso ustedes no son personas de verdad?

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de ya no verlo. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, 
y hacerlo durar, y darle espacio.”

Italo Calvino. Las ciudades invisibles (1972)

Volviendo a nuestro asunto, hoy vengo a proponerles lo mismo que en aquella ocasión: que cada uno de ustedes me diga, si le apetece, cuál de las citas que traigo hoy le parece más interesante, más bonita o más afín a su pensamiento. Así veré yo si hay coincidencia entre la que cada uno elige y la que yo le he asignado previamente según lo que me ha dictado mi intuición.

  
“[…] algunos días son un tesoro. No muchos, pero creo que en casi todas las vidas existen unos pocos. Aquél figura entre los míos, y cuando me siento triste, cuando el mundo 
se me viene encima y todo parece sórdido y cutre […], evoco aquellos momentos, 
aunque sólo sea para recordarme que la vida no siempre es un juego de embaucadores. 
A veces los premios son reales. A veces son tesoros.”

                                                                                                                 Stephen King. Joyland (2013) 


Quizá quieran elegir más de una cita, así que adelante,  porque en realidad yo también he asignado más de una cita a una misma persona y una misma cita a más de una persona.

Espero que les apetezca este pequeño entretenimiento veraniego y les gusten las citas.
Gracias.
  

“[…] no había nadie en el pueblo que pudiera enseñar a los niños que la realidad no es sólo lo que el ojo ve, lo que el oído oye o lo que la mano puede tocar, sino también lo que está oculto al ojo y al contacto de los dedos, y que se revela a veces, sólo un instante, a quien busca con los ojos del espíritu, a quien sabe escuchar con los oídos del alma 
y tocar con los dedos de la mente.”

Amos Oz. De repente en lo profundo del bosque (2007)

“Todo en este mundo viene a parar en simple nimiedad, y el hombre que por voluntad de otros, sin seguir sus inclinaciones o su propia necesidad, se consume trabajando por el dinero o por los honores, será siempre un loco.”
J. W. Goethe. Werther(1774)
 
“La idiotez y la ignorancia de los hombres con los que tratamos sin cesar no sirve más que para agrandar en nuestro espíritu el valor de aquellos que tuvieron el coraje de su originalidad y que han desaparecido incomprendidos, avergonzados y ridiculizados por la multitud de los imbéciles.”

Octave Uzanne. “El infierno del caballero de Kerhani” (1884)

“Vivimos en una escala ascendente cuando somos felices, y una cosa lleva a otra en una serie interminable. Siempre hay un horizonte nuevo para aquellos que miran hacia delante. […] Ser verdaderamente felices depende de cómo empezamos y no de cómo acabamos, de lo que queremos y no de lo que tenemos. Una aspiración es una alegría eterna.

 Robert Louis Stevenson. “El Dorado” (1878)
❁ 





miércoles, 28 de junio de 2017

Agentes secretos

Dedicado a Sara

Siguiendo la propuesta que les hice a ustedes en la entrada de aniversario, nuestra amiga Sara me dejó en el correo una sugerencia.  Según me comentó, estaba leyendo en esos días una novela de Vila-Matas, y de esa lectura surgió el tema que me proponía para reflexionar: la relación entre espionaje y literatura.
En la entrada previa yo me había referido precisamente a este autor, y aunque Extraña forma de vida no la he leído, en lo que me comentaba Sara reconocí un sello característico de Vila-Matas: la íntima relación entre ficción y realidad y el escritor como “espía”.

Lógicamente, este “espionaje” literario no tiene nada que ver con el de los agentes secretos que se infiltran en algún ámbito para robar microfilms, o microchips, para grabar comversaciones comprometidas, ni cosas por el estilo. El espionaje al que nos referimos es algo mucho más sencillo: la observación de la vida.
Los personajes-escritores de Vila-Matas se toman muy en serio eso de la observación; son tan espías —ellos sí— que llegan a involucrarse (o inmiscuirse) en las vidas ajenas con la excusa de su literatura.
Sin llegar a esos extremos, que no dejan de ser un juego metaliterario,  me parece que sí, que el escritor es en cierto modo como un agente secreto. Un 007 que observa, indaga e investiga la vida. Que vigila desde las esquinas de la realidad, toma nota de lo que ve, y después analiza, medita y saca conclusiones. 
Y finalmente escribe un informe —la obra literaria— que presenta a aquellos para quienes trabaja —los lectores—.

Y creo que no puede ser de otra manera: la escritura se nutre de la realidad, y aunque luego el escritor la disfrace de ficción, la camufle con los aderezos literarios, lo que leemos sigue siendo la realidad. Incluso aunque  parezca irreal.

Cabría pensar que todos somos algo espías, y que por lo tanto, en este sentido, todos podríamos ser escritores; porque todos, de una manera u otra, somos observadores de la realidad; todos nos fijamos en lo que ocurre, en el comportamiento de los demás y en nuestras propias circunstancias. Y casi todos meditamos sobre ello y sacamos conclusiones, aunque ni siquiera nos demos cuenta.
Pero, claro, no todos escribimos después literatura. En realidad, muy pocos escriben literatura.

Dice David Foster Wallace que no es que el escritor "tenga más capacidad que el sujeto medio. Es que el escritor está dispuesto a distanciarse, a apartarse de determinadas cosas… y limitarse a pensar con todas sus fuerzas. Cosa que no todo el mundo puede permitirse el lujo de hacer.”
En esencia estoy de acuerdo con esto, pero me parece que D. F. Wallace habla con mucha modestia. Porque yo sí creo que los grandes escritores tienen más capacidad que el sujeto medio. Esto no significa que entre los “sujetos medios” no haya grandes escritores en potencia. De hecho los hay. Lo que creo es que, como ya hemos comentado aquí alguna otra vez, algunos escritores, sobre todo los más grandes, son personas con una especial capacidad para observar la vida y el comportamiento de sus semejantes; para ver algo más de lo que ve la mayoría;  para reconocer y comprender  los misterios de la mente y el corazón humanos.
Son, siguiendo con nuestra metáfora, “espías” de primera categoría, porque no sólo son lúcidos observadores sino que también dominan el arte literario. Saben, con las palabras, dar forma, estructura y contexto a los pensamientos y las emociones.

Por lo tanto creo que, en efecto, ese especial espionaje del que estamos hablando, la observación y el análisis de lo que nos rodea, es imprescindible para la literatura; porque es el primer paso para crear una historia, unos personajes, una trama. Aunque en muchas ocasiones no nos hace falta la gabardina ni ese cómico periódico con agujeros para los ojos que vemos en las parodias detectivescas. Porque a veces, quizá muchas veces, basta con espiarnos a nosotros mismos, pues estamos, cada uno, tan rodeados de circunstancias y tan poblados de emociones, y hasta de personalidades, que con eso nos bastaría para crear un mundo literario.


Algunos grandes del espionaje

jueves, 15 de junio de 2017

Ciento ocho


El próximo domingo, día 18,  Juguetes del viento  cumple nueve años.
Nueve años. Ciento ocho meses.

Y tengo una sensación extraña: por un lado me parece una barbaridad que un blog se haya mantenido activo durante nueve años seguidos, sin periodos de inactividad, y sin modificaciones significativas en su orientación y contenidos.

Pero, por otro lado, me parece lo más lógico del mundo. Porque para mí escribir y todo lo relacionado con el lenguaje y la literatura, es algo sustancial,  innato. Así que mantener un blog centrado en esos temas  se convirtió desde el principio en una actividad natural, una más de mi vida cotidiana. Tanto que si no escribiera en el blog cada diez o doce días me sentiría rara, me faltaría algo importante. Para empezar, me faltaría la compañía de ustedes.
He pensado algunas veces que, como nada es eterno, en algún momento el blog quedará inactivo; pero intento imaginar qué razones podrían llevarme a abandonarlo y de momento no se me ha ocurrido ninguna. Se ve que no se me da bien imaginar catástrofes.

Tampoco se me dan bien los números, para infortunio mío, pero al meditar sobre este noveno aniblogsario no he podido evitar pensar en unas cuantas cuestiones numéricas. Por ejemplo, que en estos nueve años he publicado  doscientas setenta y seis entradas. No parece mucho, pero supone más de treinta al año, y eso ya sí me impresiona un poco; que en este último año bloguero han sido exactamente,  sin incluir ésta, treinta y cinco, es decir, una media de tres entradas al mes, que me parece que tampoco está mal; y que cada entrada tiene, por término medio,  dieciocho comentarios.

Se supone que las estadísticas están para sacar conclusiones de ellas, pero en este caso, estas comprobaciones las he hecho sin objetivo alguno, por mera curiosidad. Porque en realidad esas cantidades  no importan. Sean muchas o pocas las entradas publicadas; sean muchos o pocos los visitantes y los comentarios, a mí lo que me importa de verdad es seguir escribiendo; y que a ustedes, lectores, les agrade, claro está, para que, por lo que de mí depende, no falte su presencia y sus comentarios sigan siendo tan interesantes, inteligentes, ingeniosos y alentadores como hasta ahora.

Y como una forma de celebrar este nuevo aniversario bloguero, quisiera plantearles algo que se relaciona directamente con todo esto. La cosa consistiría en que durante los próximos doce meses me propongan, aquellos de ustedes que lo deseen, un tema en concreto sobre el que les gustaría que yo escribiese una entrada. Habrían de ser, claro, temas relacionado con los asuntos propios de este blog, ya saben: los libros, la literatura, el lenguaje, la escritura, la lectura, las palabras… en fin, el tipo de entradas que aparecen en  Juguetes del viento y que ustedes conocen bien.
Si les gusta la idea pueden ir dejándome sus sugerencias, peticiones o propuestas en cualquier momento, en los comentarios de cualquiera de las próximas entradas y a partir de ésta misma, o, si lo prefieren, en mi correo.
Para mí supondrá un reto difícil pero apasionante, y espero que para ustedes sea una forma interesante de sentirse parte, aún más, de este blog.

Para terminar solo añadiré algo que ya he dicho muchas veces: que los comentarios son la savia vital de los blogs y que, en particular, los comentaristas que vienen (o han venido) a Juguetes del viento convierten este blog en un lugar privilegiado.
Y así me siento yo. Por eso los llevo a ustedes en el corazón. 
En sentido figurado y literal.



¡Muchas gracias a todos!

jueves, 1 de junio de 2017

Otra quisicosa


Quizá recuerden ustedes que hace poco les hablé de una pregunta que me habían hecho, que me resultó difícil de responder y sobre la que, por cierto, entablamos aquí un interesante debate.
Pues bien, recientemente me han hecho otra pregunta sobre otro asunto peliagudo y que, cómo no,  me gustaría compartir con ustedes.

Vila-Matas Mac y su contratiempoMe contaba un amigo que unos días antes, paseando por su barrio, se había sentado en un banco con unos señores mayores a escuchar lo que hablaban; no por curiosidad indiscreta, sino por verdadero interés en las conversaciones de las personas de edad.
Y en esa actitud suya de pasear por el barrio fijándose en sus habitantes y hablando con ellos, me pareció que mi amigo era como un personaje de Vila-Matas, de quien precisamente en esos días estaba yo leyendo Mac y su contratiempo.

La cuestión es que mi amigo, recordando lo que hablaban aquellos señores,  sobre sus vidas, sobre la vida,  me preguntó: “¿Tú qué crees que nos aporta más, las pequeñas experiencias de cada día o leer obras literarias?”

En esta ocasión, al contrario que la vez anterior, respondí enseguida, pero sin comprometerme mucho, lo reconozco. Porque mi respuesta fue que las experiencias reales son, por supuesto,  insustituibles, pero que las obras literarias nos ayudan en gran manera a manejarnos en esas experiencias.

Por eso mismo, entre otras razones, nos gusta leer literatura: porque a través de las experiencias de los personajes aprendemos sobre las personas y sobre el mundo. Nos dan ejemplo de las actitudes que dan buen resultado y las que no. Vemos escenificadas situaciones, conflictos, muy diversas clases de relaciones humanas… Vemos, en resumen, modelos o "simulaciones" de situaciones y de comportamiento.


Todos los buenos libros se parecen en cierta manera,
ya que contienen más verdad que si hubieran ocurrido realmente,
y cuando terminas de leer uno, te parece que todo lo ocurrido te ha pasado a ti,
 y te pertenecerá para siempre.

-Ernest Hemingway-

Y así las páginas del libro, la  historia que leemos, se convierten en una gran ventana que nos permite una observación detallada y serena del mundo. O en un curso de formación emocional, en el que la teoría y la práctica se ven al mismo tiempo.
En la vida real necesitaríamos mucho tiempo para conocer a toda clase de personas y situaciones. En los libros, en cambio,  las tenemos todas, y nos sirven para comprender mejor las cosas que ocurren, las actitudes, las reacciones diversas que pueden darse en cada situación… Las historias literarias son, en este sentido, un muestrario de realidad vestida de ficción. La verdad disfrazada de mentira.
Por eso yo creo que la realidad y la ficción no se pueden desligar la una de la otra; que son consustanciales e inherentes la una a la otra. Que son, como la proverbial moneda, dos caras de una misma cosa. Porque la vida da origen a los relatos y los relatos explican  la vida. Por algo existen desde que el hombre tiene lenguaje y conciencia de sí mismo.


En los tiempos de las cavernas nuestros ancestros se reunían 
alrededor del fuego por la noche. Los lobos aullaban en la oscuridad, 
más allá del resplandor del fuego. Y una persona empezaba a hablar. 
Y contaba una historia, para que la oscuridad no nos diese tanto miedo.
                                                                 -“El editor de libros” (Genius, Michael Grandaje, 2016)-


El editor de libros GeniusComo ya comentamos hace tiempo en otra entrada, todo esto, que puede parecer una cuestión puramente sentimental, tiene en realidad una explicación científica. Y es que nuestro cerebro procesa y retiene mejor la información si ésta le llega con estructura narrativa que si la recibe como una mera comunicación de datos.

Por eso tantas veces vemos que la mejor manera de explicar algo es, sencillamente, mediante un ejemplo en forma de “historia”. 
Y creo yo que ésta es la razón por la que mi amigo se sentó a escuchar a aquellos hombres del barrio, y por la que a todos nos gusta que otras personas nos hablen de sus experiencias: porque al contárnoslas las están convirtiendo en historias.

Como decíamos en aquella ocasión, cuando el cerebro recibe una historia se ponen en funcionamiento no sólo las áreas que procesan el lenguaje, sino  también las que se activan cuando vivimos situaciones reales y las emociones asociadas a esas situaciones. Por eso una historia bien contada nos hace reír, llorar, indignarnos, compadecernos, etc, como si se tratase de hechos reales. 
Y esto, me parece a mí, indica que existe una relación indisoluble entre narración y existencia humana. Y entre lo que nos aporta una cosa y la otra.

Curiosamente, el protagonista de Vila-Matas tiene el afán de viajar al lugar donde hubiera nacido el primer relato de la humanidad; el afán de encontrar el origen de las narraciones, el primer cuento. Y lo más curioso de todo es que  un par de días después de esta conversación con mi amigo, leyendo ya las últimas páginas del libro, dice el personaje al escuchar una teoría sobre el origen de la vida:

¡El origen de la vida! Eso también debía concernirme a mí,
que tanto me interesa el origen de los cuentos.

Una vez más, y justo a tiempo, como me suele ocurrir, la literatura se utilizó a sí misma para confirmarme que algunas de esas ideas mías sobre la literatura no van mal orientadas.
Y creo que también me da la razón en que, tal y como sospeché, mi amigo es, en efecto, un personaje de Vila-Matas.






sábado, 20 de mayo de 2017

Palabras, palabritas, palabrejas


Ya saben ustedes que las palabras son como las personas en muchos aspectos. Bueno, en todos, diría yo.  Por ejemplo, hay palabras a las que conocemos muy bien, tratamos con ellas con frecuencia, y tenemos una relación de confianza con ellas. Incluso las queremos y nos enfadamos si alguien les falta al respeto.

Otras son palabras a las que sólo conocemos de vista; las reconocemos cuando las vemos pero en realidad no sabemos casi nada de ellas, de su intimidad. Es decir, de su significado.
También están las palabras traicioneras, que nos hacen creer que son una cosa y luego resulta que son otra; y las que nunca nos fallan, con las que siempre podemos contar… En fin, igual que hay personas de todo tipo, hay palabras de todo tipo.

En los últimos días me he encontrado yo con dos palabras curiosas, una a la que no conocía de nada y otra a la que sólo conocía de vista. Pero  resulta que, por raras que me parecieran,  las dos tienen parientes a los que todos conocemos.

La que no conocía en absoluto es congrua. La verdad es que al verla me resultó un poco estrambótica, un poco chocante. Muy chocante, en realidad, tanto que pensé que quizá era una errata. Me sonó a una mezcla de congrio y congruencia. Algo totalmente incongruente, por cierto.
Así que en seguida me puse a hacer averiguaciones sobre ella, como esas vecinas chismosillas que quieren enterarse de todo.
Y así supe que no había ningún error y que congrua es la “renta mínima” que se paga a un clérigo para su subsistencia.
La palabreja proviene del latin congruus, que significa “apropiado”, “adecuado”, “conveniente”, y es en realidad la mitad de la fórmula congrua portio, es decir, “la parte conveniente”.

Así que esa congrua que tanto me llamó la atención  sí tiene que ver con lo congruente y la congruencia, que no son otra cosa que “lo adecuado”.

Por el contrario, y como era de sospechar, lo que no pinta nada aquí es el congrio, porque ese pez tan feo no tiene que ver con congruus, sino con conger, que a  su vez se debe al griego gongros. Aunque, pensándolo bien, si se reparte un congrio entre varias personas, a cada uno le corresponderá también su congrua portio, ¿no? Bueno, ya me disculparán ustedes la tontería.

herbal tea infusiónLa otra palabra rara con la que me he encontrado en mis lecturas recientes, la que conocía de vista pero cuyo significado desconocía, es infusorio. Al verla, lo primero que me pregunté fue si tendría algo que ver con las infusiones. Pero, escarmentada por el caso del congrio, pensé que otra vez estaba dejándome llevar por la paretología, o etimología popular, esa especie de ciencia infusa que nos hace establecer relaciones incongruentes de parentesco entre determinadas palabras.
Vaya: infusorio, infusión, infusa… la cosa se complica.

El caso es que el diccionario me informó de que infusorio significa “Célula o microorganismo que tiene cilios para su locomoción en un líquido”. O sea, un gusarapo. Así que, me dije,  mejor que no tenga nada que ver con las infusiones.
Pero la cuestión es que entre la similitud de las dos palabras y que en los dos casos hay líquido por medio, el asunto se volvía muy sospechoso.
Sólo me quedaba recurrir a la etimología, a la verdadera, la científica, esperando que ambas palabras no tuviesen ningún antepasado en común.

Anton van Leeuwenhoek
Anton van Leeuwenhoek
preparándose una infusión
Y resulta que todo empieza con el verbo fundere, que además de “fundir” significa “derramar”.  Y que de fundere se deriva infundere, que significa “verter líquido en un recipiente” y de donde proviene “infundir”.
Por lo tanto, por culpa de los participios, el líquido que está “echado en un recipiente” está “infuso”, es decir, infusus,  infundido, de donde proviene la infusión.
Y lo peor de todo: lo que se echa junto con el líquido (por ejemplo, las hojas de tila) es lo infusorio.
Y así llegamos a  la desagradable conclusión de que el microorganismo, el gusarapo que se desplaza por el líquido elemento, y las reconfortantes bebidas de hierbas tienen un parentesco semántico irrefutable.
La culpa de todo esto la tiene el científico del siglo XVII Anton van Leeuwenhoek, considerado el “padre de la microbiología”, que fue el primero en observar esos bichejos y los llamó así, infusorios, con toda congruencia, pero con un poco de mal gusto.

Y volviendo a la otra ciencia, a la infusa, ya hemos visto que también es parte de la familia, porque se refiere a un saber  infuso, es decir, infundido, o  vertido en nosotros por alguna gracia divina, como quien vierte el agua en un recipiente.


En fin, una vez más se demuestra que cualquier palabra tiene tras de sí una historia interesante, y a su alrededor una serie de conexiones que a veces resultan de lo más curioso, inesperado y sorprendente. Que las palabras se funden, se confunden y se fusionan; que se infunden y se difunden; y que su efusión y profusión es siempre congruente y adecuada.