jueves, 11 de febrero de 2016

Palabras de alto copete



Hay palabras para todos los gustos y de todas las clases: bonitas, feas, sonoras, planas, graciosas, sosas… Y hay también palabras humildes y palabras aristocráticas. Palabras modestas, sin pretensiones, palabras de diario, como casa, lápiz, móvil, lechuga… y palabras de postín, de esas que sólo están al alcance de eruditos y sabiondos. 
Cuando nos encontramos con ellas nos preguntamos de dónde habrán salido, dónde habrán estado todo el tiempo, y, en casos muy graves de adicción léxico-semántica, cómo hemos podido ser felices hasta ese momento sin tener conocimiento de ellas.

Últimamente han llegado a mis ojos algunas de esas palabras postineras, de las cuales tres me han causado especial impacto.
Se trata de icástico,  polímata y concinidad, ante cuya sonoridad y contundencia no pude quedarme indiferente.

Icástico significa “natural, sin disfraz ni adorno”, y se refiere a la representación o imitación de la realidad tal como es.  La imitación icástica (por ejemplo, el arte realista) es por lo tanto opuesta a la imitación fantástica. 
El lenguaje también tiene una función icástica, o mimética: las palabras representan o evocan los referentes, es decir, los objetos o conceptos a los que designan. Por eso mismo, y por ejemplo, una traducción ha de ser icástica respecto al texto original. 


Una imagen icástica
de Galileo
Polímata es una persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas.  
Grandes polímatas de todos los tiempos son, por ejemplo,  Leonardo, Galileo, Aristóteles, Karl Marx, Einstein  y Umberto Eco.

Concinidad significa armonía, elegancia, belleza de estilo, el equilibrio que se consigue con la simetría y el paralelismo de elementos.
Es un concepto que se aplica  a la escritura, a la retórica y a la arquitectura.

Es interesante, claro está,  conocer los significados de las palabras que se cruzan en nuestro camino, aunque quizá no las vayamos a utilizar mucho; pero también es muy interesante saber de dónde salen estas palabras, de dónde vienen. 
A mí me parecen tan misteriosas, tan bien elaboradas y tan intrigantes, que quiero saber algo más de ellas, desvelar algunos de sus secretos, porque al conocer su porqué y su cómo aprecio aún más su belleza y su interés. 

Y, en efecto, me ha gustado mucho saber que icástico deriva del griego eikastikós, que significa “relativo a la representación de los objetos”;  que polímata viene del latín polymathes (“que sabe mucho”) y que este término  a su vez deriva de las formas griegas poly -mucho- y mathema -conocimiento-. Y también  que concinidad  proviene del latin concinnitas, (estilo elegante, bello), que deriva a su vez de concinnus (inteligente, elegante, ordenado, limpio, hermoso, placentero).

Y que cuando el término concinidad se aplica a un texto hace referencia a la belleza del estilo, a la hábil conexión de las palabras y las frases, y al buen orden y disposición del discurso.

Como la cuestión de la escritura me interesa especialmente, esta palabra me importa mucho. Y el conocerla me ha llevado a pensar, una vez más,  en los secretos de la escritura, en los misterios que hacen que un texto nos produzca deleite o no, independientemente de aquello de lo que hable; o que dos textos nos causen impresiones diferentes aunque hablen de lo mismo.
Y una vez más llego a la conclusión de que la forma importa; de que no sólo nos gusta un texto por lo que dice, sino también por la forma en que lo dice.

Y me llama la atención, pero no me sorprende, que toda esta idea de la concinidad, de lo que hace que un texto nos resulte deleitoso, derive, en primera instancia, de cinnus, que significa cómodo, agradable
Y es que leer un texto primoroso es como recostarse en un diván de mullidas y cálidas palabras.


Reading a story (Thomas Sully, 1783-1872) 



15 comentarios:

*entangled* dijo...

Esa última es una observación muy precisa. Un texto tiene que dejarse leer con comodidad. Un síntoma de que una frase no está bien escrita es tener que leerla dos veces. Con frecuencia el problema es sólo que el orden de las palabras en la frase no es el óptimo: Basta con cambiar el orden y la frase se vuelve fluída. Al menos a mí me pasa.

Y hay otras cosas como las rimas accidentales, las cacofonías, las aliteraciones, etc. que pueden ser deliberadas o por el contrario, quitarle fuerza a un texto. En fin, cosas que rebajan la eficacia de la escritura y hacen que pasemos más tiempo revisando y retocando que escribiendo de verdad. Excepto cuando a veces, el texto se escribe solo. Pero eso son pequeños milagros excepcionales y por lo mismo, muy gratificantes. La razón para escribir es quizá sólo esperar esos momentos. El famoso état second.

Saludos.

guille dijo...

Un buen ejemplo de "cocinidad" es tu texto. que además de cumplir con bello estilo, hábil conexión de palabras y buen orden del discurso, es absolutamente "Icástico" como todos tus trabajos por aquí leídos.

Venir por este rincón de palabras es un lujo, se aprende (siempre se aprende) y leer es una gozada fácil de hacer de un tirón.

Me gusta la pintura icastica, las personas polímatas y la cocinidad en todas sus acepciones.
¡¡Y yo viviendo diciendo realismo, sabio y me gusta un "guevo"!!

Menos mal que existen Ángeles que me reconducen por el buen camino.

Sara dijo...

Es curioso, con lo que me encantan los conceptos de "armonía". "elegancia", "goce" y todo lo demás, y lo poco que me gusta la palabra "concinidad". Yo la encuentro fea con avaricia...

Muy interesante tu reflexión sobre la forma en los textos. Yo adoro aquéllos que se escriben sin pedanterías, claros aunque hermosos y directos al tiempo que profundos. Por ejemplo, Muñoz Molina, para mí, coloca las palabras estupendamente... Y tú tampoco te quedas atrás. Haces que parezca tan simple escribir, que eres un canto de sirena para quienes no lo hacemos. Sí, me gusta tu estilo aparentemente sencillo, pero en el que se adivina mucho trabajo hecho a conciencia; ah, y de tu vena poética mejor ni hablar...

Besos.

Anónimo dijo...

Y sin embargo "móvil", me parece a mí que hasta hace veinte años no era tan de uso común como "lechuga". Ha sido una palabra rebajada de categoría a lo vulgar.
¿Quién sabe?...a lo mejor les sucede lo mismo que a "móvil" a estos tres palabros que nos propones hoy y las empleamos como si nada en casa y en el bar.¡Huy, qué difícil será eso...!
Por cierto, me encantan las palabras griegas por su sonoridad y porque, con su aparente hermetismo, describen cosas tan cotidianas.
Y tu última frase es muy "reconfortante". Casi siento una blandura y una dulce somnolencia al leerla.
carlos

Conxita Casamitjana dijo...

Interesante Ángeles, este descubrir nuevas palabras para los que no las conocemos, como era mi caso.

A veces las palabras por su sonoridad o por lo que te provocan...no te acaban de sonar bien, y como dice Sara, la palabra "concinidad" no me acaba de cuadrar del todo con elegancia ni armonía, quizá por eso, por como suena. ¡¡En fín tiene que haber de todo!!

Me gusta tu reflexión que comparto...¿Cómo es que textos perfectamente escritos no te hacen sentir ni vibrar? ¿Cómo se llega de las palabras al corazón de forma directa?
Gran tarea conseguir que unas letras motiven, emocionen, hagan sentir...ojalá supiéramos el secreto.

Un saludo

Ángeles dijo...


Estoy completamente de acuerdo, *entangled*, con todo lo que dices. La ‘comodidad’ y la fluidez son fundamentales para que un texto resulte grato de leer, para que no haya tropiezos, ni extrañamiento, ni confusión.
Y las ‘manchas’ que citas, las cacofonías, las rimas involuntarias, etc, son perfectos ejemplos de detalles que estropean un texto y lo desvirtúan, le hacen perder su intención verdadera. Una lástima.

Ah, el famoso etat second, del que ya hemos hablado otra veces, sí, quién lo pillara, je,je. No sé si esperar esos momentos es la razón para escribir, pero sí que merece la pena seguir escribiendo por si llegan.

Gracias.


Guille, una vez más, muchísimas gracias por tus palabras, que me llenan de satisfacción, en el sentido más icástico de la expresión ;)

Fíjate, tú ya estás empleando las tres palabras con soltura y gracejo y yo todavía intentando buscarles un hueco en mis conversaciones…
Y además has creado el concepto de los ángeles de la guarda lingüística! :D



Sara, muchas gracias por la generosidad de tus apreciaciones.

Estoy de acuerdo con lo que dices. Yo creo que el peso de un texto ha de estar en el mensaje, en el contenido, no en un lenguaje recargado ni oscuro.
Y eso de “haces que parezca tan simple escribir” es un gran piropo que te agradezco de corazón.

Besos


Pues sí, Carlos, los móviles y las lechugas se han puesto al mismo nivel de cotidianeidad. Aunque, no sé,seguro que hay quien usa el móvil a diario pero no come lechuga nunca :p

Me alegra mucho que la última frase te resulte “reconfortante”, eso me encanta, aunque espero que lo de la dulce somnolencia no signifique que te ha resultado soporífera…


Gracias, Conxita, me alegra mucho que te haya parecido interesante.

Tienes razón: hay textos impecables en su forma, en su técnica, que no emocionan ni transmiten nada. Les falta el alma. Son un ejemplo de “envoltorio” perfecto pero vacío de lo que importa.
“Llegar de las palabras al corazón”, ahí está la clave, sí.

Un saludo.

Macondo dijo...

Pues muchas gracias por estas tres, de las que por supuesto tenía un absoluto desconocimiento.

Holden dijo...

Lo mínimo que se puede decir es que este post y tu blog en general son de una concinidad que deja pasmado al lector. ¿He usado bien mi nueva palabra? :D

Para cuando un diccionario con las palabras que nos enseñas en tu blog, ¿Ángeles? De momento me conformaré con 'Palabras' en tu nube de etiquetas :P

Un paseante dijo...

Este tipo de entradas demuestra que la Filología es una disciplina tan apasionante como cualquier otra: el origen e historia de las palabras tiene tanto gancho como la de los números (Matemáticas) y no menos que la Historia social, del pensamiento o la que fuere; lástima que, como ocurre con otras disciplinas, algunos nos damos cuenta tarde. Pero en fin, más vale tarde que nunca.

Lo dicho: una entrada encantadora. Gracias.

Marisa C. dijo...

No sé cómo te las arreglas que nunca dejas de sorprenderme. Siempre aprenderé contigo, sobre todo, en lo maravilloso que es nuestro idioma y en lo mucho que lo desconozco. Y noto ciertos pellizcos en el alma cuando veo todo lo que desperdicio. Abrazos.

Ángeles dijo...

Macondo, auqnue suene un poco feo, me alegro de que no conocieras estas palabras, porque así te has quedado a leer :)

Gracias!


Qué bien, Holden, ¡muchas gracias!
Sabes, en esa escala de la felicidad que tú ya sabes, tu comentario es como ver por lo menos tres conejitos y un zorro. Casi nada :D


En efecto, señor Paseante, la Filología es tan apasionante como las demás disciplinas, pero más desconocida. Hay quien simplemente pregunta “¿Y eso qué es?” Y hay quien la confunde con la Filatelia.

¡Muchas gracias!


Pues espero, Marisa, que sigas encontrando sorpresillas por aquí de vez en cuando, porque me encanta tu entusiasmo.

Un abrazo.

JuanRa Diablo dijo...

Como siempre te diré: nunca dejes de usar ese pincelito con el que desentierras palabras, las limpias y las expones en tu vitrina junto a su interesante cartel explicativo.

Empiezo a pensar que el lema de la RAE es cosa tuya: Limpia, fija y da esplendor (con ese pincelito que es un primor) :)

Ángeles dijo...

Qué bonita imagen, JuanRa, las palabras expuestas en una vitrina :)

Y el lema de la RAE, aunque no sea cosa mía, gana mucho con lo del pincelito, sí :D

MJ dijo...

¡Qué bonita imagen el diván de mullidas y cálidas palabras!
Una vez más, gracias por descubrirnos palabras que desconocemos.

Ángeles dijo...

Gracias, MJ, ya sabes que la agradecida soy yo.