miércoles, 2 de mayo de 2018

El gran descubrimiento de Pascualito


Un domingo soleado Pascualito fue con sus padres a pasear por el puerto. 
Iba Pacualito pensando que los domingos casi siempre son amarillos, cuando llegaron al recinto. Desde la entrada vieron un barco blanco y enorme que a Pascualito se le figuró una tarta gigante.
–Eso  es un crucero -dijo el padre.
Y Pascualito anotó en su memoria esa palabra nueva, para soltarla por ahí en cuanto tuviera ocasión. “He visto un curcero”, le dijo más tarde a su abuela.

Siguieron el paseo, y después de ver barcos de otras clases la madre de Pascualito dijo:
–¡Mira! ¡Un velero antiguo!
Y aceleraron el paso para acercarse a verlo.
Pascualito miraba sorprendido aquella maraña de palos y cuerdas y velas, mientras su padre, embelesado y con mirada soñadora, le decía el nombre de algunas de aquellas cosas. Era asombroso que todo eso tuviera un nombre, y era asombroso que alguien los supiera, pensaba Pascualito sin saber muy bien que estaba pensando eso.
–En una época –dijo el padre–, a mí me hubiera gustado ser marino, ¿sabes? -Y de pronto empezó a recitar: “Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín…”
Pascualito escuchaba muy atento, extrañado y un poco conmovido. Porque no entendía nada de lo que estaba diciendo su padre pero le encantaba el sonido especial que tenían aquellas palabras.
–Papá, dilo otra vez –pidió Pascualito cuando su padre terminó la recitación.

Varias semanas después, cuando Pascualito ya casi se había aprendido de memoria aquella poesía, de tantas veces como quiso escuchar "lo del velero mercantil", su madre lo llevó a comprar un regalo de cumpleaños para el padre. Estuvieron en una tienda donde vendían muchas clases de regalos. Pascualito miró por aquí y por allá, y aunque vio muchas cosas que le gustaron hubo algo que le pareció lo más especial de todo.
–¡Esto, mamá! –dijo entusiasmado, señalando un barquito de madera, con sus palos, y sus cuerdas, y sus velas.

Durante el resto del día y al día siguiente, Pascualito estuvo especialmente pensativo y meditabundo, y cuando la madre le preguntó si estaba preocupado por algo, Pascualito respondió con otra pregunta:
–Mamá, ¿yo puedo hacer una poesía?
Incluso la madre de Pascualito, que estaba acostumbrada a este niño académico, se sorprendió ante tal pregunta. Pero como siempre lo tomaba en serio, le respondió simplemente:
–Claro que sí.
De manera que Pascualito –con la ayuda de su madre, la verdad sea dicha–  empezó a escribir en un papel las palabras del poemita que ya tenía dentro, no se sabe si en la cabeza o en el corazón, o a medio camino.
 
Cuando llegó el día del cumpleaños de su padre Pascualito estaba muy contento y emocionado, y tenía muchas ganas de darle su regalo, a ver qué le parecía.
Así que antes de merendar, los abuelos le dieron su regalo, la madre le dio su regalo, y Pascualito le dio su regalo. Cuando el padre abrió el envoltorio de colores y apareció  aquel velero tan bonito hubo un aplauso unánime y espontáneo de todos los presentes, lo que a Pascualito le hizo aplaudir también, de puro contento.
–¡Es precioso, Pascualito, me encanta! ¡Muchas gracias! –dijo el padre al tiempo que abrazaba al niño, y Pascualito estaba tan orgulloso que el estómago le hacía cosquillas.
Entonces la madre le hizo un gesto, y Pascualito, algo inseguro y nervioso, le dio a su padre un sobre de color azul. El padre cogió el sobre con la mano un poco temblorosa, lo abrió y sacó una hoja azul en la que había algo escrito.
–Léelo, léelo –dijeron los abuelos.
Y el padre leyó la poesía de Pascualito, que decía:

“Este barquito velero
no navega por el mar,
no flota ni corta el viento
ni pone rumbo a Panamá.

Pero si sueñas despierto
en noches de luna llena
este barco chiquitito
te llevará donde quieras.”

–¿Te gusta, papá, te gusta? –preguntó Pascualito impaciente.
Y el padre, sin soltar el papel, volvió a abrazar a Pascualito, muy fuerte y sin decir nada. 
Qué otra cosa podía hacer.



old sailing boat barco velero antiguo



24 comentarios:

*entangled* dijo...

Al pasar el cursor por la ilustración del velero dice: «dreamstime.com». No sé si será coincidencia, pero es muy adecuado.

¿No es un poco joven Pascualito para escribir poesías? Le calculo… ¿cinco años? Los mismos que Elizabeth la sirena ;)

Saludos.

TORO SALVAJE dijo...

Me ha parecido tiernísimo.
Pascualito es todo corazón... y a su edad todos los sueños son posibles.
Sueños, imaginación y mil futuros por conquistar.
A esa edad la vida es un caleidoscopio de emociones.

Besos.

Macondo dijo...

Me encanta la ternura que eres capaz de transmitir a través de ese niño.

guille dijo...

Pascualito es un crack,

Cuando crezca será un habitual de lugares como el Hope (ya tu sabes).

f dijo...

me he emocionado.
muy bueno.

Sara dijo...

Emotivo texto en el que la idiosincrasia de Pascualito se explaya a gusto y hasta nos deja un poema para la posteridad ;). Supongo que algunos de nuestros comentaristas se habrán sentido identificados con ese querer hacer poesía de Pascualito, pero a mí, particularmente, lo que me ha traído a la memoria han sido algunas que otras fiestas de este tipo en el seno familiar, ¡y con textos de envergadura incluidos, no vayas a creer! Claro que por “de envergadura” entiendo que superaban las expectativas y que nos saltaban las lágrimas a todos.

Me he tronchado con esa lógica torpeza de Pascualito, pero que es una más de tus ocurrencias, sí, la del “velero mercantil”. Graciosa a más no poder.

Me ha gustado. Ah, y los domingos no son amarillos, son morados, como las iglesias ;).

Millones de besos, Ángeles.

Conxita Casamitjana dijo...

Vaya bonito regalo de Pascualito, no me extraña que su papá se emocionara y es que cuando las cosas se hacen de corazón no tienen precio y tu Pascualito está lleno de ternura, ojalá la sepa preservar y se la regale y la regale, faltan más Pascualitos así.
Besos

Ángeles dijo...

Pues sí, *entangled*, Pascualito es muy joven para escribir poesías. Yo lo imagino como un niño de cinco o seis años, en efecto. Pero, aparte de que le ayuda su madre a escribirla (y tú como lector puedes decidir hasta qué punto le ayuda), es que Pascualito es precisamente un “niño académico”, o, como dijo un amigo del blog en uno de los cuentos anteriores, un “superhéroe infantil de las letras” :D
Pero sobre todo es un niño de fantasía, idealizado. Al contrario que Elizabeth la sirena, que es real ;)

Ah, lo de dreamstime no ha sido intencionado, pero, ahora que lo dices, sí que es adecuado, sí.

Saludos.


Gracias Toro :)
De eso se trata justamente: de poner, por unos momentos, los sueños, las ilusiones y la emoción por delante de todo lo demás de lo que ya tenemos mucho.

Besos.


Muchs gracias, Macondo, me ha gustado mucho lo que dices :)


Gracias Guille.
No creo que Pascualito crezca nunca, pero si creciera sería posiblemente para poder ir al Hope ;)


Qué bien, f, si te has emocionado no puedo estar más contenta.

Gracias!


Gracias, Sara.
Me alegro de que el cuento te haya traído recuerdos agradables, y también de que te hayas reído con el “velero mercantil” :D

Besos.


Gracias, Conxita.
Pues sí, yo creo que Pascualito es un niño listo, bueno, sencillo y feliz, y creo que eso se refleja en lo que hace, que, como tú dices, es de corazón.
Ojalá, ojalá hubiera muchos pascualitos, de todas las edades :)

Besos.

JuanRa Diablo dijo...

Yo es ver asomar a Pascualito y ya soy todo ojos y oídos por saber qué hace y qué dice.
Me gusta (y me divierte) su constante inquietud, observando, preguntando e intentando aprender, pero en esta ocasión me ha llegado a emocionar.

Y es que me he visto en el papel del padre, recibiendo uno de esos regalos que no cuestan dinero porque no habría oro en el mundo para pagarlos, sobre todo sabiendo la ilusión que ponen muchas veces los niños por contentar a sus padres.

¡Viva Pascualito y viva la madre que lo creó! :p

Ángeles dijo...

JuanRa, me alegro mucho de que Pascualito te guste y te divierta, que no es poca cosa.
Y veo que comprendes muy bien tanto al padre como al niño, lo cual no me sorprende, claro, no podía ser de otra manera.

Muchas gracias.


Rick dijo...

Esta entrada podría tener un título alternativo: “De cómo Pascualito se metió a poeta”. Ya se le notan maneras cuando asocia los domingos con el amarillo (no se me había ocurrido, pero tiene su lógica), o el barco-tarta.

Es una verdadera factoría de figuras poéticas. Y ese amor por las palabras, aunque cometa fallos técnicos debido a su corta edad (me ha encantado lo del “velero mercantil”), parece que ya lo está marcando: cuando llegue el 27 de este siglo podría haberse convertido en un adolescente febril que vaya a ponerle velas a alguno del siglo pasado…

Ángeles dijo...

Rick, veo que has captado muy bien la esencia de este cuento, porque, en efecto, el gran descubrimiento de Pascualito es la poesía como tal, como concepto, y que él ya lleva dentro.

Y me alegra mucho que te hayas fijado en detalles de forma y hayas visto el sentido que tienen en el cuento.

Thank you, truly :)

Beauséant dijo...

qué pena que la infancia dure tan poquito y pongamos en su lugar tantas cosas y tan malas...

Muy tierno.

Ángeles dijo...

Pues sí, Beauséant, la infancia dura poco, y hasta me da la impresión de que cada vez dura menos, que hay niños con prisa por hacerse mayores, o adultos con prisa por hacerlos mayores ante de tiempo. Por no hablar de los que ni siquiera tienen infancia, que es lo más terrible.

Gracias :)

Metalsaurio dijo...

Me ha gustado mucho, mucho. Es precioso. Es el que más me ha gustado (o de los que más, al menos) de los que te he leído.

Todo...desde el padre recitando con diez cañones por banda, a Pascualito eligiendo el regalo, el poema...Pascualito aplaudiendo y el abrazo final.

Ángeles dijo...

Qué bien, Metalsaurio, cuánto me alegro de que te haya gustado (y mucho!).
Gracias, de verdad, estoy encantada :)

Finca Lo Arrabal dijo...

¡Soy muy fan de Pascualito! :)

Ángeles dijo...

Oh, muchas gracias, Anabel, de parte de Pascualito :D

MJ dijo...

¡Me encanta Pascualito y sus historias! Es estupendo y es una pena que no sea un niño de verdad, aunque lo bueno es que puede seguir siendo niño siempre :-)

Esta historia "marinera" me ha gustado mucho, está llena de descubrimientos, guiños graciosos, poesía, imaginación y ternura. ¡Qué bonito como se impresiona al oír a su padre recitar el famoso poema y cómo quiere él meterse a poeta también! Cuando han entrado en la tienda y ha dicho: "esto, mamá"... ya me imaginaba que había visto un barquito para su padre y es que es tan detallita, tan observador y tan tierno este niño que no podía ser más que algo que cumpliera los sueños de su padre.

Muy bien, Ángeles. Un cuento encantador.

Muchos besos.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, MJ, me alegro mucho de que haya gustado y de que hayas encontrado tantos detalles en la historia y en el protagonista.

Besos míos, ¡y de Pascualito! ;)

Manuela Mangas Enrique dijo...

Querida Ángeles:

No sé si te he dicho que Pascualito es uno de mis héroes por su ternura y bondad, cualidades que tanto admiro (hoy en día, parece que quien es tierno y bueno también es tonto).

Yo sí creo que un niño chico puede escribir poesía, acorde con su edad, claro. Tengo ejemplos cercanos que pueden servir de ejemplo.

Deliciosos, como siempre, tus cuentos.

Un gran abrazo desde el campo,

Ángeles dijo...

Hola, Manuela, me alegra mucho verte de nuevo por aquí :)

Me encanta que Pascualito sea uno de tus héroes, ¡nada menos! Y sobre todo que lo sea por esas cualidades que, sí, parecen un poco denostadas en estos tiempos.

Yo creo que la mente infantil es en cierto modo poética, por su forma peculiar de interpretar el mundo; y si hay portentos de la música o las matemáticas, supongo que también los habrá de las letras. Y si no, Pascualito es el primero, ea :D

Muchas gracias y un abrazo.

Soros dijo...

Los descubrimientos de algunas palabras suelen ser preámbulos de otros descubrimientos, así como los descubrimientos de algunos escritos nos llevan a la comprensión de otros. La vida parece una concatenación de revelaciones que raramente descubrimos solos y más frecuentemente con la ayuda de otros. Por eso me gusta tanto la comunidad de los escritores y de los lectores. Hay un tenue lazo de ilusión que nos une. Eso es el descubrimiento. :-)

Ángeles dijo...

Soros, a mí también me gusta mucho “la comunidad de escritores y lectores”, porque me permite leer comentarios y textos como los tuyos.
Gracias.