jueves, 2 de abril de 2026

El último encuentro

Cuando lo conocí, en el club de lectura, Andrés Hurtado tenía treinta y cuatro años y aún vivía bajo el cansado techo de sus progenitores. Según nos había contado él mismo, había dejado la universidad en el segundo año y desde entonces no había hecho ningún intento de buscar trabajo. Al contrario, había convertido el desván de la casa paterna en un estudio, para aislarse del mundo.

—De pequeño subía a jugar con los cachivaches que había por todas partes —nos dijo un día—, y ahora me paso el tiempo allí, leyendo, escribiendo y pensando. Porque yo pienso muchísimo; no lo puedo remediar, soy un filósofo de la vida. 

En el club de lectura no tenía aceptación; se mostraba arrogante y pamplinoso y todo el mundo lo consideraba un abusón, por cómo vivía a costa de sus padres, y un ignorante, por los comentarios que hacía de sí mismo y de los libros que leíamos.

Siempre llevaba sus opiniones escritas en un papelito, que sacaba del bolsillo y luego dejaba por ahí, en su silla, en alguna mesa de la librería o incluso en el suelo. Se notaba que los dejaba adrede, supongo que para que alguien los recogiera y tal vez se impresionara con sus reflexiones.  Y la verdad es que yo misma recogí muchos de esos papelitos y los conservo. Sus palabras eran tan disparatadas que me parecían unas entrañables obras maestras del absurdo. Por ejemplo, sobre El último encuentro, la novela de Sándor Márai, escribió:

«No está mal escrito. Se puede decir, que el autor tiene cierto talento, para relatar la susodicha  narración, pero manifiesta una prosa lacónica en esta obra de escritura. Como bien digo, el secreto que engloba a los personajes está edulcorado con un toque de misterio.»

En verdad sus intervenciones, como sus notas, eran siempre un batiburrillo de ideas deslavazadas y expresiones campanudas, que él creía profundas y elaboradas pero que no tenían ningún sentido.

A pesar de todo, a mí no me caía mal. Me parecía un pobre tipo con ínfulas de intelectual, empachado de críticas literarias que intentaba imitar. Pero lo veía tan solitario, tan menospreciado, y aun así tan conforme consigo mismo, que me inspiraba más ternura que otra cosa.

Un día nos dijo que había empezado a escribir una novela, y, con su habitual rimbombancia se mostró convencido de que el resultado sería incólume.

Le preguntamos de qué trataría la novela.

—Ah, no lo sé todavía —respondió, subiendo un poco los hombros.

—Pero si no lo sabes —le preguntó el coordinador del club de lectura—, ¿cómo la has empezado?

—Pues yo he empezado a escribir todo lo que se me ha venido a la cabeza y ya irá saliendo algo —explicó.

—¡Pero bueno! —exclamó Roberto, uno de los integrantes del grupo que más antipatía le mostraba, y que también estaba escribiendo una novela—. Tú no tienes respeto por la literatura. Tú lo que eres es un charlatán, un impostor, un... ¡un sicofante, hombre!

Andrés Hurtado se sobresaltó un poco, pero dijo, con aire satisfecho:

—No te pongas nervioso, Roberto, a ver si te crees que eres el único que sabe escribir.

Cuando nos reunimos al mes siguiente para comentar una nueva lectura, alguien le preguntó a Andrés cómo iba su novela.

—Ya llevo tres folios —dijo con cierto aire satisfecho—, pero ahora estoy atascado. Tengo el bloqueo del escritor —añadió casi con orgullo.

Yo me lo imaginaba en su desván, sentado ante el ordenador, con la vista perdida, esperando la visita de la musa que lo sacaría del bloqueo. Y al parecer la musa llegó y lo inspiró, en efecto, porque, en nuestra siguiente cita mensual nos dijo que había ido a despedirse porque dejaba el club de lectura.

Fingiendo interés, varios compañeros le preguntaron a qué se debía su abandono.

—Es que ahora estoy centrado en mi novela, y no quiero perder el tiempo con otras cosas.

Cuando se marchó, los demás, sobre todo Roberto, mostraron bastantes dudas sobre su constancia y su capacidad. Es verdad que lo teníamos por holgazán y mediocre, pero a mí también me parecía terco y competitivo. Esto puede ser negativo en muchas  circunstancias, pero también es cierto que las personas así no cejan cuando de verdad ponen su interés en algo.

Al cabo de casi un año y medio, Andrés Hurtado volvió al club de lectura. Nos sorprendió verlo allí de nuevo, y algunos no pudieron evitar un gesto de fastidio. A mí me pareció que había algo distinto en él, en su expresión, en su forma de moverse. Me daba la impresión de que se había vuelto más sencillo, más sereno, menos petulante. Más maduro, supongo.

—Quería compartir con vosotros una buena noticia —nos dijo, con una cierta timidez que resultaba novedosa en él—. Terminé mi novela y he ganado un concurso. La va a publicar la editorial Tisbe.

—¡¿Qué?! —exclamó Roberto, casi levantándose de su silla—. No me lo puedo creer.

Andrés Hurtado nos contó que después de dejar el club de lectura se matriculó en un curso de escritura, que trabajó mucho en su novela y que después de muchas correcciones y reescrituras la envió al concurso.

—Pero sobre todo —añadió—, he venido para pediros disculpas por todas las tonterías que dije aquí, en el club, y a daros las gracias por aguantarme tanto tiempo.

Después de decir eso, se volvió hacia mí y me miró de una forma peculiar. Me pareció ver en sus ojos gratitud, reconocimiento; como si supiera que yo siempre lo había visto de otra manera. Como si él hubiera visto más allá de mí, del mismo modo que yo había visto más allá de él.

Andrés Hurtado no volvió al club de lectura y no volvimos a saber de él. Pero yo leí su novela y, aunque no se haya convertido en un escritor de renombre, espero que siga escribiendo.


pixabay.com


21 comentarios:

Joselu dijo...

Me ha gustado mucho este relato sobre Andrés Hurtado, y eso que no suelen serme atractivos los textos de ficción en los blogs. Me ha resultado interesante y me he dejado llevar por la lógica interna de la narración. El protagonista, Andrés Hurtado, posee verosimilitud y coherencia narrativa, a la vez que suscita interés captado por la narradora que siente simpatia hacia él o por lo menos no la antipatía que tienen el resto de los compañeros del club de lectura. El giro final es muy bueno. El protagonista ha aprendido una lección de humildad a pesar de haber ganado el premio de la editorial Tisbe. Ójala que esto fuera más común entre los seres humanos. Saludos.

Beauséant dijo...

Estaba pensando en el personaje de la conjura de los necios, claro, en versión española, pero el que haya pedido disculpas al final, lo aleja de su adlátere....

Conocí a alguien así, tenía trabajo, todo más o menos encarrilado y, un día, se salió de esa senda. Se encerró en su cuarto a ver películas mientras a sus padres se les caía el mundo encima... La vida es complicada, a veces nos tritura demasiado y no hay forma de volver a juntar las piezas...

Me ha gustado la historia

Toy folloso dijo...

Leo muchas novelas con truculentos golfes de efecto, pátinas literarias, relatos troceados y mezclados para aumentar (¿?) el interés del lector y demás vericuetos que esconden falta de una gran historia, guión, trama, etc.
"Un artista, con su inquietud y oficio, crea ARTE; ¿el éxito?, eso depende de contactos, mánagers, etc.". Adolfo Estrada, escultor, dixit.
También, el moscardón picajoso de nuetro club de lectura, c'est moi. Vale, pero, ¿y ese lienzo/folio en blanco...?.

TORO SALVAJE dijo...

Me gusta mucho el relato.
Está muy bien escrito.
No sé cuánto tiempo te lleva escribir un relato así con tanta pulcritud y corrección.
No sé por qué me he ido fijando más en la forma que en el fondo.
No sé si tienes que repasar y repasar lo escrito hasta pulirlo o escribes así de natural.
En cuanto a Andrés Hurtado pues bien por él... no por el premio sino por el arrepentimiento.

Besos.

diego dijo...

Creo que todos hemos conocido un Rafael Hurtado en nuestros talleres de narrativa o lectura... El que describes al menos acabó arrepintiéndose de su petulancia y escribió un libro (lo buscaré en Amazon :) Quizás también tenga un hijo y haya plantado un árbol. Misión cumplida :)
Un beso, Ángeles.

Ángeles dijo...

Joselu, muchas gracias por tu valoración. Tu comentario denota una lectura atenta y técnica, y eso tiene mucho valor para mí.
Gracias de nuevo y un saludo.

Ángeles dijo...

Pues no, Beauséant, yo en ningún momento vi a este Andrés Hurtado como un Ignatius Reilly, y mira que me dejó huella en su momento, jeje.

El caso que comentas parece uno de esos hikikomori que ya han aparecido alguna vez aquí

Gracias!

Ángeles dijo...

Es verdad, Toy, hay autores que, a falta de algo interesante que decir, recurren a los fuegos artificiales, y en muchos lectores eso provoca rechazo más que interés, porque se ve la trampa.

Pero sí, el folio en blanco tiene mucha atracción, y parece que puede ser la redención de algunos.

Me ha gustado eso de "moscardón picajoso" para definir a nuestro personaje :D

Saludos!

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Toro, por tu apreciación del cuento y por tu interés.
Me gusta y te agradezco que te hayas fijado más en la forma que en el fondo, como dices, porque creo que eso no es algo habitual. Normalmente vamos sólo a leer la historia en sí, a ver qué nos cuentan, y pasamos por alto la mecánica que hay detrás.

En cuanto a tu pregunta, cuando me siento a escribir un relato ya lo tengo construido en la cabeza previamente. Sé cómo quiero empezar, cuál es el conflicto, quiénes y cómo van a ser los personajes, etc, y sobre todo hacia dónde va a ir la historia, es decir, cómo va a terminar y cómo va a llegar a ese final. Después, una vez que está todo eso escrito como borrador, le dedico un tiempo a pulir las formas, las palabras, los detalles; a modificar lo que me parezca necesario... en fin, que le doy unas cuantas vueltas hasta que me parece que puede considerarse terminado.
Nunca me he parado a ver cuánto tiempo me lleva escribir un texto pero son varias horas, desde luego, y nunca en una sola sentada.

Muchas gracias de nuevo por tu interés y tu valoración, significa mucho para mí.

Besos

Ángeles dijo...

Jeje, ¿te imaginas, diego, que vas a amazon y encuentras el libro de Andrés Hurtado? Si es así, dímelo, eh? :D

Es verdad que suele haber personajes interesantes en los clubs de lectura y los talleres literarios; parece que se demuestra ahí que la literatura y la vida real se alimentan mutuamente.

Un beso.

José A. García dijo...

Conozco a varios personajes así (pero quién no...) y que para peor, suelen salirse con la suya casi que sin el menor esfuerzo, como si no se lo propusieran en serio, sino solo para molestar...
¿De qué trataría la dichosa novela?

Saludos,
J.

Ángeles dijo...

Es cierto, José A. Hay personas que parecen tener una facilidad natural para hacerse molestas a los demás, hagan una cosa o la contraria.
La "dichosa novela" :D podría tratar, quizá, de sí mismo, con más o menos camuflaje, con cierta filosofía, y algo de introspección psicológica. Así me la imagino yo.

Saludos!

Rodión dijo...

Me ha gustado mucho tu cuento. Al comenzar, ya el nombre de tu personaje, tan verosímil y bien creado, nos ayuda a situarlo rápidamente. Pronto se ve que no es el Andrés Hurtado de ''El árbol de la ciencia'' de Baroja, aunque sí toma cierto aire familiar que ayuda a definirlo. El tuyo es uno de esos ''enfants terribles'' que todos hemos conocido alguna vez, ya sea con una u otra cara; un niño entrado en años que no termina de abandonar sus maneras que causan rechazo. Pero el texto se completa con el otro personaje principal, la voz narradora, empática y comprensiva. Es una historia de formación, una breve ''bildungsroman'', como quizá preferiría llamar el propio Andrés, con el club de lectura como telón de fondo. Y me ha gustado sobre todo por cómo, a pesar de los mimbres, evitas pisotear a la caricatura y te muestras tan humana. Está genial.

Rodión dijo...

Mención aparte esa reseña de Andrés sobre ''El último encuentro'', con las comas mal metidas, que hace que menospreciemos aún más sus pretensiones.

Ángeles dijo...

Rodión, en primer lugar muchas gracias por tu análisis y tu valoración, que aprecio mucho.

¿Sabes que no me había dado cuenta de que Andrés Hurtado ya existía? Recuerdo muy bien mi lectura de El árbol de la ciencia, aunque hace mucho de eso, pero el nombre no lo recordaba. Y yo pensando que le había dado un buen nombre al personaje, jaja. Sin duda en su momento se me quedó en el inconsciente y ahora salió a flote "a hurtadillas", nunca mejor dicho ;)

Gracias de nuevo por valoración y por fijarte en todos los detalles.

Doctor Krapp dijo...

Me gusta esta historia, sea real o ficiticia, porque juega con ese tema de la imagen que proyectamos en los demás y lo que en realidad somos, podemos o pretendemos ser. A veces olvidamos que la gente en soledad se forja un personaje que acaba creyéndoselo sin estar contrastado y luego la realidad le muestra su crudeza. Sí, podría ser el Quijote. También es cierto que la necesidad del reconocimiento ajeno te obliga a teatralizarlo todo, demostrar que eres imponente, aunque puedas acabar en una caricatura, en un chiste, en un Trump de medio pelo amenazando con la aniquilación a un pueblo con 4.000 años de historia para desdecirte horas despues. Si el éxito te acerca a la mejor versión de ti mismo bienvenido sea siempre.

MJ dijo...

Un relato muy interesante y muy bien construido. Andrés quería parecer intelectual, pero buscando palabras grandilocuentes y golpes de efecto, conseguía la antipatía general. Suerte que estaba la narradora con su sensibilidad para ver más allá.
El final es sorprendente. Ocurre lo contrario a lo que esperábamos: escribe el libro, gana un premio literario, vuelve para pedir disculpas y demuestra que siempre supo que la narradora había sabido traspasar la "primera capa". Además, el libro no era malo, porque a ella le gustó.
También es bonito que esté ambientado en un club de lectura, y que él mencione que hizo un taller de escritura. Creo que en ese mundo, entre los que disfrutan de la literatura y del aprendizaje, siempre se encuentran algunas personas que sueñan con escribir y ver publicada su propia obra.

Ángeles dijo...

Por si tienes curiosidad, Doctor, la historia es totalmente ficticia, aunque, claro está, con algunos detalles tomados de la realidad.

Tienes razón, aunque yo no lo había pensado, en que a veces uno se crea un personaje, ya sea para gustar, para impresionar, o para lo que cada uno necesite, y que ese personaje puede convertirse en una caricatura. Eso es quizá lo más triste, lo más peligroso de no ser uno mismo. Pero quizá es que que algunas personas no se conocen a sí mismas y tienen que ir descubriéndose a través de los demás. Y si el resultado es positivo, como dices, habrá merecido la pena.

Me alegro mucho de que te haya gustado.
Saludos.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, MJ.

Sí, en efecto, en los clubs de lectura y los talleres literarios siempre hay muchas personas con el afán o la ilusión de convertirse en autores publicados. Pero hace falta mucho esfuerzo, constancia y humildad para escribir, para reconocer las propias carencias, para aprender, porque una cosa es contar una historia y otra escribir, en el sentido más profundo de la palabra.
Y parece que nuestro personaje se dio cuenta de todo eso y le dio resultado.

Gracias.

JuanRa Diablo dijo...

Lo has contado con tanta naturalidad y tanta verdad que me deja pensando si en el fondo conociste a un Andrés Hurtado real o a alguien muy parecido.

Además tiene esa particularidad de ir creándose una transición, y empieza cayendo mal y termina despertando cierta ternura.

Por mi parte, no descalifico del todo a Andrés y dejo que pase a la siguiente ronda.

Ángeles dijo...

Pues no, JuanRa, este Andrés Hurtado es pura invención, pero me congratula que te parezca real.

Me alegra también lo que dices sobre la transición del personaje y la percepción del lector. Me lo apunto como elogio ;)

Muchas gracias, de mi parte y de parte de Andrés :D