lunes, 23 de marzo de 2009

En efectivo, segunda parte

La semana pasada oí en la tele a una famosa de poca fama hablar de la enfermedad que padece, y, al referirse a las pruebas médicas que le habían hecho, dijo que había sido "un periodo exhausto de análisis". Error. En todo caso caso, la exhausta sería ella. El periodo de análisis habría sido exhaustivo:

exhausto: muy cansado y débil; agotado.
exhaustivo: que se hace con profundidad; completo.

Por cierto, qué afición tiene algunos a salir en la tele contándolo todo. Parece que tengan adicción a las cámaras. Adicción, que no adición:

adicción: dependencia del organismo de alguna sustancia o droga a la que se ha habituado
adición: añadidura, agregación; en matemáticas, operación de sumar.
Un poco más fácil nos lo ponen rebelar y revelar, que sólo nos pueden dejar en evidencia por escrito, ya que suenan igual:
rebelar: sublevar; faltar a la obediencia debida; oponer resistencia.
revelar: hacer visible la imagen impresa en la película; descubrir lo secreto; proporcionar indicios.
Pepito reveló que se rebeló contra su jefe.
De todos estos dúos malévolos de palabras, uno de los más peliagudos, a mi parecer, es el formado por actitud y aptitud, que menuda sutileza fonética se gastan:

actitud: postura del cuerpo; disposición del ánimo, conducta, aire.
aptitud: capacidad y buena disposición para desempeñar una determinada tarea.

Pepito tiene aptitud para ser jefe, pero su actitud chulesca lo estropea.
Tampoco se queda corta la parejita formada por pluvial y fluvial, que suena líquida y acuática:
pluvial: de la lluvia o relativo a ella
fluvial: de los ríos o relativo a ellos

En estos depósitos se recogen las aguas pluviales
Pepito es aficionado a la pesca fluvial

Si en vez de a la pesca somos aficionados a la música, debemos andarnos con cuidado y decir que somos melómanos; porque si decimos que somos megalómanos, nos calificamos de otra manera
melómano: apasionado por la música
megalómano: que sufre megalomanía, es decir, delirios de grandeza

Aunque, claro, también se puede ser un melómano megalómano...

lunes, 16 de marzo de 2009

En efectivo

Hace tiempo oí a un niño decir “En efectivo”, cuando su madre le preguntó si le había gustado la comida. Obviamente, el chiquillo confundía “en efectivo” con “en efecto”, y aparte de la equivocación, hay que reconocer que el niño tenía madera de académico.
El caso es que un error así, en boca de un niño, produce risa sana y hasta ternura. Por el contrario, si es un adulto el que confunde dos palabras o expresiones similares en sonido y estructura, lo que produce es sonrojo y una risa no tan sana.

Pero es que hay veces en que las palabras parecen querer burlarse de nosotros, ponernos la zancadilla verbal y hacernos tropezar con los significados. Se asocian contra nosotros en parejas, y hasta en tríos, y nos ponen en situación de desamparo léxico. Vamos, que tienen mala idea. A lo mejor es para vengarse de nosotros, por el maltrato que tantas veces les infligimos.

Vaya, he aquí una de esas palabritas traicioneras: infligir, que se confabula con infringir para liarnos de mala manera. No me queda más remedio que consultar el diccionario para asegurarme de que la uso correctamente:

Infligir: causar, ocasionar, imponer, un castigo o un daño.
Infringir: quebrantar o incumplir leyes, órdenes o normas.

Mejor no infringir la ley, no nos vayan a infligir un castigo.

Esto de los daños, los castigos y las leyes infringidas me suena a perjuicio, que no a prejuicio:

Perjuicio: daño material, físico o moral.
Prejuicio: opinión generalmente negativa, que se forma sin tener el conocimiento suficiente de lo juzgado.

No cabe duda de que el prejuicio es un perjuicio.

Con estas palabras, a ver quién no se hace un lío. Por cierto, ¿a ver o haber?:

A ver: tiene diferentes valores y usos; en general expresa expectación, interés, temor o mandato.
Haber: es un infinitivo que denota presencia o existencia; forma los infinitivos compuestos de la conjugación.

A ver si tenemos cuidado, que puede haber confusión.

martes, 3 de marzo de 2009

Edgar Allan Poe




Cuando yo tenía siete u ocho años me sentía fascinada por un libro que había en casa de unos familiares. Se titulaba Narraciones Extraordinarias, estaba escrito por alguien llamado Edgar Allan Poe y tenía en la cubierta un dibujo de una mansión sombría, sobre la cual brillaba una luna llena. Yo lo abría y leía algunas frases; no entendía mucho, pero me atraía y me causaba una extraña y dulce emoción.

Con el tiempo supe quién era Poe y cuánto misterio, pasión y tragedia hay en su obra y en su propia vida. Y supe que Poe no es, como muchos creen, un mero escritor de cuentos ‘de miedo’, que eso en realidad es lo de menos. Porque lo que importa es su condición de verdadero creador, su capacidad para innovar, para idear algo nuevo, diferente, para abrir nuevos caminos que otros seguirían después.
Importa la elegancia de su estilo, la belleza de su expresión, la magnificencia de sus imágenes; y el ritmo, la sonoridad y la música de sus poemas; su genio, su ingenio, y su capacidad de análisis de los detalles. De hecho, creó a August Dupin, el elegante detective parisino que fuma en pipa, y que es el primer criminólogo de la ficción, después del cual vinieron tantos otros, desde Sherlock Holmes hasta Grissom.

En su tiempo Poe fue criticado y menospreciado por las mismas razones por las que después sería admirado y alabado. Lo que para unos eran poemas artificiosos y rimas exageradas, para otros eran creaciones llenas de magia y musicalidad. Y donde unos vieron historias siniestras y absurdas, otros encontraron la expresión de un alma sensible, de gran capacidad intelectual y aguda percepción psicológica.

Poe vivió apenas cuarenta años y todos ellos marcados por un destino trágico y un genio creador único. Y este año yo celebro el segundo centenario de su nacimiento conservando la misma dulce emoción que sentía cuando cogía aquel libro en casa de mis tíos.




La casa de Poe en Nueva York, su última residencia



martes, 24 de febrero de 2009

En observación

Unas pequeñas llamitas han aparecido entre el verde.
Apenas se ven, pero su brillo y su fulgor avisan de la llamarada primaveral que surgirá pronto en mi balcón.

***
Hacemos fotos para no olvidar los momentos. Pero luego, cuando los queremos recordar, esos momentos no se presentan.
Lo único que viene a la memoria es una imagen cuadrada. No recordamos lo vivido, sólo recordamos la foto.
***


Con frecuencia el ser humano se aferra a la vida como si no tuviera otra opción. Como si estar vivo fuera la única manera de existir.
***

Cuando algo sale bien decimos "Gracias a Dios". Sin embargo, cuando algo sale mal no decimos "Por culpa de Dios".
***

Observo a las gaviotas que van sobrevolando la plaza.
Después se posan en las cornisas, las azoteas y las grúas.
Normalmente nos ignoran, pero a veces miran hacia abajo y al vernos se ríen a carcajadas.






lunes, 2 de febrero de 2009

Presentaciones impresentables


Todo aquel que utilice el correo electrónico y que tenga un par de amigos o conocidos, recibirá constantemente presentaciones de PowerPoint de variado carácter. Unas son colecciones de fotos de animales, de paisajes, de flores, muy bonitas, algunas de ellas acompañadas de mensajes bienintencionados, muy new age; otras son para meter miedo a la gente, como ésas que informan de lo malo que es tomar refrescos de cola, o chicles o filetes a la plancha…; hay también colecciones de chistes machistas y feministas, para que cada cual elija; otras te amenazan con las penas del infierno si no reenvías la cosa a muchocientos usuarios… En fin, para todos los gustos y disgustos.

Últimamente parece haber un nuevo género de presentaciones, que podríamos denominar 'reivindicación de lo andaluz'. En éstas abundan las zafiedades, las expresiones chabacanas y las incorrecciones gramaticales y léxicas. Todo ello, por supuesto, intencionadamente y con el objetivo de resultar divertidísimo y muy étnico, muy racial, muy nuestro. Ole.

Los andaluces nos hemos quejado siempre de ser considerados como los payasitos de España, y de que en las películas, las obras de teatro, los programas humorísticos y las series de televisión, el personaje cómico sea siempre andaluz: la chacha dicharachera y gritona, andaluza; el obrero inculto y atontao, andaluz; el pobre hombre humilde y mendicante pero con una grasia que pa qué, andaluz.
Eso a algunos nos molesta mucho, porque en Andalucía hay de todo, como en el resto de este mundo facundo. Ni más ni menos.


Ahora las instancias políticas y sociales se preocupan mucho por hacer ver al resto de la humanidad que Andalucía es una tierra moderna, tecnológica, culta y glamurosa, que nada tiene que ver con los tópicos que nos presentan como gentes sin conocimiento y holgazana; gente basta, vociferante, malhablada y cómica.

Pero, hete aquí que hay andaluces a los que parece que les gusta ese papel de incultos y paletos; andaluces que se empeñan en que se siga teniendo de nosotros esa imagen tan zarrapastrosa y arrabalera; encantados de mantener viva la idea de que los andaluces no sabemos hablar ni escribir. Y, orgullosos de ser azín, hacen presentaciones reivindicativas, presumiendo de que hablamos peor que nadie y a ver quién es el guapo que nos entiende, ea.


Y es que si  catalanes,  gallegos y vascos reivindican sus  lenguas respectivas, nosotros no vamos a ser menos. Y a falta de idioma propio hacemos alarde de lo bien que destrozamos el español y de las muchas palabras malsonantes que adornan nuestra salerosa charla.

Es muy triste que para resaltar nuestra identidad no se nos ocurra otra cosa que presentarnos como gente inculta, juerguista y sainetera.

Si en eso consiste ser andaluz, yo me borro.


lunes, 19 de enero de 2009

Lo hace, no lo hace


Desde hace unos pocos años vengo observando una de esas modas lingüísticas que empiezan no se sabe dónde y acaban apareciendo por todas partes, como un virus recalcitrante.

La moda a la que me refiero consiste en la utilización del verbo 'hacer' como sustituto de cualquier otro verbo usado previamente en la misma oración.
Para ejemplificar la cosa, recurro al telediario, donde se aburre una de oír cosas feas. Y más concretamente, recurro a la previsión meteorológica, donde nos acarician el entendimiento con preciosidades como Ha nevado con fuerza esta mañana y ahora mismo continúa haciéndolo; Hoy ha llovido en Andalucía y mañana lo hará también. ¿Cómo? ¿Quién hará qué? Con lo fácil que es decir que hoy ha llovido y mañana lloverá tambien. Si no es malo repetir el verbo llover. Aunque los mismos que evitan esa supuesta redundancia son los mismos que redundan como locos en cuanto tienen ocasión, y dicen cosas como Se emitió en su emisora; Nos posicionamos en una posición...
También gusta mucho últimamente el modelo Pepito Pérez se sube al escenario y lo hace para presentar su nuevo disco, cuando lo natural sería decir simplemente que Pepito Pérez se sube al escenario para presentar su nuevo disco. Son ganas de alargar la frase innecesariamente y meter con cuña el dichoso hace.

Este uso rarito del verbo hacer me huele a imitación del inglés, como tantas veces. A imitación mala del inglés malo, claro, porque en inglés tampoco se habla así. En inglés hay verbos auxiliares que sustituyen a otros para precisamente abreviar la expresión. Pero no significan 'hacer'. De hecho, no significan nada por sí mismos, sino que adquieren el significado del verbo al que sustituyen. Y esos verbos axiliares no existen en español. Al construir oraciones con estructuras que no son propias de nuestro idioma se produce un habla forzada, chocante y fea, pero que, al parecer, deja muy satisfecho al que la usa.

Con estas modas imitativas y cursilonas se transparenta la ignorancia y la catetez intrínseca de algunos medios de comunicación y de algunos que traducen textos sabiendo algo de inglés pero muy poquito español; y también se transparenta el consabido complejo de esos que creen que el español es un idioma poco chic, y que el inglés es mucho más cool.

Lo malo es que de tanto oír y leer esas cosas en la tele, en las películas mal traducidas, en los periódicos, el hablante común, el vecino, acaba adoptando esas formas creyendo que son las correctas y que así es como hay que hablar.
Un día una amiga me escribió diciéndome ...espero que no te moleste, pero si lo hace, dímelo.
Y se lo dije, claro.

martes, 28 de octubre de 2008

Yo enseño, yo aprendo

Una de las razones por las que me gusta la enseñanza de adultos es que con ello tengo la ocasión de conocer a personas de muy diversos ámbitos sociales y laborales. Personas de toda índole y condición.

Un grupo de adultos en un aula es un mundo por descubrir. Son personas que tienen en común el deseo o la necesidad de formarse en una materia determinada, y el sólo hecho de que decidan dedicar su tiempo a recibir esa formación ya habla bien de ellas. Quieren aprender, y mi misión es enseñar, pero creo que al final soy yo quien más aprende.
Aprendo detalles y aspectos de profesiones o disciplinas de las que sé poco o nada, y descubro que todo es interesante, que todas las ocupaciones requieren conocimientos, habilidades, capacidades y actitudes específicos, lo que me hace pensar en lo poco que generalmente valoramos el trabajo de los demás. Pero sobre todo descubro aspectos humanos y personales que, nuevamente, dan para meditar un rato.
 
Además de alumnos españoles, he tenido o tengo alumnos venidos de diferentes países (de Argentina a Rusia, pasando por Colombia, Ecuador, Uruguay, Rumanía...), que se emocionan hablando de su tierra, que siempre tienen algo interesante que contar, que aportan una visión diferente del mundo, de la sociedad, de la vida en suma, lo cual abre el alma y ensancha el pensamiento.
 
Hay también alumnos que me sorprenden por su modestia, o por su optimismo, o por su inseguridad, o por su desparpajo... Hay alumnos que demuestran una gran inteligencia aunque su formación cultural sea escasa. Hay otros que me emocionan con su gratitud y con lo mucho que valoran mi modesta labor. Otros me conmueven porque teniendo una complicada situación personal o familiar, mantienen, sin embargo, incólume su ilusión por aprender, por mejorar y salir adelante contra viento y marea.
 
Hay, en fin, alumnos que resultan interesantes y sorprendentes por sus conocimientos, por sus aficiones, por su educación exquisita, por su capacidad de trabajo o porque tiene un talento artístico fuera de lo común. He conocido, por ejemplo, a alumnos que parecían tener un ángel entre los dedos, por su asombrosa manera de dibujar o de tocar un instrumento musical;  o con una  voz portentosa  que pasma a quien la escucha.
 
No dejo de sorprenderme cada día con lo mucho que aprendo en clase. Yo doy lecciones de inglés, pero a mí los alumnos me dan lecciones de superación, de modestia, de constancia, de convivencia, de sensatez, de gratitud...





miércoles, 20 de agosto de 2008

Viva el lenguaje

Para mí no hay nada más fascinante que el lenguaje humano. Creo que es el mayor éxito de la evolución, y creo que sin él ningún logro de la humanidad hubiera sido posible. Todo se basa en la comunicación entre unos seres humanos y otros, y de esa capacidad de comunicarse deriva el mundo que hemos creado: la sociedad, la ciencia, la guerra, el arte, la tecnología... Sin el lenguaje, la civilización humana no sería lo que es. Puede que ni siquiera fuese. Porque sin el lenguaje -creo yo, con permiso de sabios como Piaget- no existiría el pensamiento, o por lo menos el pensamiento complejo. Sería en todo caso un pensamiento primitivo, elemental, más parecido al instinto que al razonamiento.

Es fantástico que con sólo un puñadito de sonidos y un puñadito de símbolos que representan esos sonidos, hayamos podido crear, y sigamos creando, la barbaridad de palabras que tenemos para nombrarlo todo, lo material y lo abstracto, y que podamos expresar la barbaridad de ideas que cualquiera expresa al cabo del día, desde un simple hola hasta el discurso más retórico y florido; desde el concepto más genial a la tontería más tonta. Con los mismos elementos.

Y es que el lenguaje es como una maquinaria maravillosa de posibilidades infinitas. Y como un juguete extraordinario cuya capacidad para entretener nunca se agotara. Porque las palabras son mágicas.

Digo esto porque el lenguaje, usado convenientemente, puede ser la monda, y procurarnos más diversión que cualquier juego de cualquier clase.
Es obvio que para crear diversión con el lenguaje hace falta un cierto grado de ingenio, de creatividad y de conocimiento. Pero es que también es cierto que, a veces, cuando el lenguaje se cruza con la ignorancia, produce expresiones jocosas involuntarias que pueden llegar a ser más divertidas que cualquier chiste premeditado.
Hace poco oí en la calle a una señora que hablaba con otra sobre alguien que ambas conocían. Por lo visto, ese conocido común había fallecido recientemente, y según la señora que lo contaba, "iba por la calle tan tranquilo y de pronto le dio un infarto fumigante".
Al parecer, el mundo de la medicina da para muchas de estas creaciones hilarantes. Recuerdo a una vecina que decía que su marido tenía "una hernia fiscal". Si el hombre se hubiera dedicado al Derecho la cosa tendría su lógica, pero no era el caso.
Y otra vecina nos decía que su padre seguía en el hospital pero ya le habían quitado el "engranaje", como si el pobre señor fuera un reloj de cuerda. Reconozco que tardé un rato en comprender que lo que le habían quitado era el drenaje.
Fuera del ámbito médico, un amigo mío oyó a alguien decir que iba a instalar "una antena parapléjica". Quizá fuera el mismo que dijo que a la plancha había que echarle "agua destinada". Y hablando de destino, hay quien encuentra milagroso que una carta o un paquete lleguen donde tienen que llegar, y quizá por eso un señor decía que conviene mandar las cosas "por correo santificado". Y el caso es que creo que algo de razón tenía...

Estos ejemplos provienen de gente de la calle, gente común y corriente, como yo, pero no quiere esto decir que no se den casos semejantes, y con más delito y menos gracia, entre los que pasan por listos y cultivados. Algunos sueltan perlas lingüísticas que deberían tener multa.

Ya dije antes que creo que para pensar hacen falta las palabras. Pero se ve que para usar las palabras no siempre es imprescindible pensar...

lunes, 11 de agosto de 2008

En la penumbra (última parte)

Cuando estaba en casa, solo, invadido por la pereza, incapaz de nada que supusiera un mínimo de acción, pensaba en ella. Pero esos pensamientos no traicionaban el recuerdo de mi amada esposa, porque la mujer de la iglesia no me inspiraba amor, ni nada parecido a él. Mi amor seguía y sigue siendo para mi esposa, y lo que en verdad deseaba era haber podido hablar con ella sobre la misteriosa figura enlutada.
Aunque ella, con su talante práctico y su carácter alegre y mundano, probablemente se habría reído dulcemente y me habría dicho que tanto trabajo me había alterado el entendimiento.
Y realmente, todo aquello era algo completamente absurdo. Tanto que ni para mí mismo tenía sentido.

Así pensando, concluí que aquella mujer etérea no podía ser más que una ilusión de mis sentidos, embotados no por el trabajo sino por la soledad, por la melancolía, por la falta de resignación ante la muerte de mi esposa, por el dolor insuperado. Y llegué a sentir verdadero temor a obsesionarme y a que mi mente se trastornara y enfermara seriamente. De modo que resolví no volver más a la iglesia. Era el único modo de apartar de mi vista a esa persona, o fantasma, o ensoñación, o lo que quiera que fuese. Y apartándola de mi vista, conseguiría, tarde o temprano, apartarla de mi pensamiento, y evitar así un desconcierto permanente de mi ánimo.

Pero, por otro lado, no podía renunciar al sosiego y la paz que la iglesia me proporcionaba y que ahora necesitaba doblemente.De modo que elegí al azar una nueva iglesia en la que sentarme a recibir la balsámica influencia.
En pocos días fui visitante asiduo de una iglesia muy pequeña, muy antigua, en el centro de la ciudad. Un reducto de silencio y penumbra en medio del agotador ajetreo mundano.
Sentí por fin mi cuerpo y mi alma descansar. Pero este descanso sólo duró unos días, pues al cabo, la volví a ver. Allí estaba la figura negra, ella, buscándome. Y me encontró. Me miró, no de frente, sólo moviendo lentamente la cabeza, dirigiendo sus ojos hacia mí, con tal intensidad que me pareció que me tocaba.
Y he de decir ahora que sentí miedo. No porque esa mirada pareciera cruel ni amenazante. Sentí miedo porque empecé a comprender.
Pero aun mayor que el miedo fue la curiosidad. Y fue la curiosidad, y el deseo de saber y comprender, y estar seguro, lo que me llevó al día siguiente a otra iglesia. Y al día siguiente a otra, y a otra... Y en todas ellas, cada día, la encontré. Y cada día me miró, y con su mirada, esa mirada que como dedos me tocaba, me envió un mensaje que aún no he logrado descifrar por completo.
Ahora, mi único deseo, mi único afán, es que esa mujer quimérica me hable, o que de algún otro modo me haga comprender por fin. Porque ya no temo nada. El miedo ya lo he perdido. La esperanza la conservo. La duda permanece.

viernes, 8 de agosto de 2008

En la penumbra (2ª parte)

No supe ni sé si lo que sentí al ver aquella figura fue temor o esperanza, o ambas cosas a la vez. Pero indiferencia, ninguna.
Volví a la iglesia muchos días desde entonces, y allí estaba siempre ella, de pie, vestida de negro, rozando el suelo el leve vuelo de la falda, y en las manos, el misal.
Siempre parecía concentrada en el altar, fija la mirada, y sin más movimiento que el de la respiración y el lento parpadeo.
Yo no la veía llegar, sino cuando ya estaba allí, de pie, a un lado de la nave. Y nunca se marchaba antes que yo. Cuando me levantaba para partir, ella se volvía y la veía alejarse, hacia una puerta interior.Era hermosa, pero no era su belleza lo que me hacía mirarla, sino su misterio. No parecía tener edad, como tampoco parecía tener una vida fuera de la iglesia. Tan frágil aparentaba ser, tan silenciosa y quieta, que no podía ser imaginada formando parte del bullicio exterior. No podría sobrevivir.
Nunca la había visto mirarme, pero sabía, aunque no tengo explicación para esta certeza, que ella estaba allí por mí. Sabía que entre nosotros tenía que haber alguna clase de comunicación, y yo deseaba que esa comunicación se produjera.
Llegó un momento en que no pensaba en otra cosa. Ya iba a la iglesia a diario, y su imagen, su forma de moverse y de estar quieta, ese aire fantasmal, me intrigaba y me fascinaba.Quise acercarme a ella en alguna ocasión, pero me detuve, sin saber cómo dirigirme a tan sutil criatura. ¿Qué le diría? Y en algún otro momento fue ella quien, intuyendo mi intención de acercarme, impidió tal cosa, girando lentamente su oscura silueta y desapareciendo de mi vista aún no sé cómo...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cuento. En la penumbra (1ª parte)

No soy creyente. No tengo fe religiosa ni devoción por lo sagrado. Pero es en una iglesia donde mejor me encuentro. Es en su ambiente espeso de silencio y cera donde mi espíritu encuentra la serenidad que le falta. Donde mi mente se aquieta y mis pensamientos se detienen por fin a descansar.Es esa callada luz que envuelve el murmullo de los rezos la que ilumina mi alma y la salva por un momento de sus tinieblas.

Desde que mi esposa murió no he sabido vivir. Porque en realidad era ella la que guiaba tanto su vida como la mía. Porque yo, voluntariamente, dejé que ella se convirtiera en brújula y timón de mi existencia. Y ahora sé que no debí llegar al extremo de dependencia al que llegué. Qué gran error es dejar que sea otro quien lleve las riendas de la propia vida, aun siendo ese otro la vida misma.

Pero yo siempre fui un hombre aburrido, sin iniciativa, para el que lo más fácil era dejar que ella, llena de energía y empuje, me indicara el camino, y señalara los obstáculos y la forma de salvarlos.

Y sintiéndome perdido sin ella, abandoné el deseo de vivir, porque dejar pasar los días, sumido en la penumbra de los recuerdos y el lamento, no es vivir, sino dejarse morir lentamente.

Cuando comprendí que nada de lo que hiciera o dejara de hacer volvería las cosas a su estado anterior, empecé a salir de mi abatimiento e intenté retomar mis ocupaciones.Así, volví de vez en cuando a mi despacho, aunque sólo para resolver lo imprescindible y delegar en mi secretario todo lo demás.



Fue en una de esas escasas salidas cuando reparé en un edificio amarillento, encajado en una estrecha callecita, abriendo humildemente sus puertas a quien por allí pasara; esperando pacientemente, desde hacía un siglo, para ofrecer el bálsamo de su atmósfera a las almas como la mía, necesitadas de consuelo.
Y entré, no a rezar, sino a descansar mi cuerpo y sosegar mi ánimo. Y encontré el descanso y el sosiego, pero también la duda.
Yo, que nunca había tenido más que la certeza de los números, de los resultados, de todo lo que se puede contabilizar, medir, pesar y reflejar en un documento, me encontraba ahora desbordado por una visión...

jueves, 31 de julio de 2008

N. Stephen King se divierte

En noviembre se editará (en Estados Unidos) una nueva colección de relatos de Stephen King. Su título es Just After Sunset y uno de los relatos que incluye es N.

Lo novedoso del caso es que este relato se presenta previamente como una historia videográfica, de 25 episodios de unos dos minutos de duración cada uno. La historia se puede ver en internet (www.NisHere.com), o recibirla en el móvil, o descargarla desde iTunes; y también añadirla a tu blog, o a tu MySpace o a tu página . Y es totalmente gratuito. Es que a Mr. King le gusta mucho jugar con las posibilidades que ofrece la tecnología y las diversas formas de edición que existen, y no pierde ocasión de utilizarlas para hacerles un regalito a sus fans, lo cual se agradece mucho.

N, que se podrá seguir a razón de un episodio diario, de lunes a viernes, hasta el 29 de agosto, trata sobre un psiquiatra que se ve afectado por la misma obsesión que su paciente: salvar el mundo, nada menos.

Aunque pueda parecer lo contrario, yo lo pongo aquí de forma totalmente desinteresada, por supuesto, porque me gusta y me parece divertido. Lo que no me gusta es la publicidad que se incluye entre episodios, pero... el mundo en que vivimos es un puro panel publicitario, y de eso no hay quien lo salve.