miércoles, 16 de marzo de 2016

El capricho del filósofo



No sé si conocen ustedes a Jeremy Bentham.
Hasta hace poco yo sólo sabía que era un filósofo británico. Pero hace ese poco, en un libro que nada tiene que ver con Jeremy Bentham leí una referencia a él que me sorprendió, me “inspiró viva curiosidad” y me llevó a querer saber más de este personaje.
Jeremy Bentham
Jeremy Benthan, 1827
Y resulta que, ahora que sé algo más, el buen señor me ha caído muy bien, y por eso quiero hablarles de él, por si no lo conocen, porque creo que a ustedes también les va a resultar simpático.

Jeremy Bentham nació en Londres en 1748, y fue un niño prodigio. A los tres años empezó a estudiar latín y a los doce estudiaba leyes en Oxford.
Pero no quiso ser abogado, porque las leyes de la época no le gustaban, y le pareció mejor escribir sobre cómo se podrían mejorar y hacerlas más justas.

En sus escritos Bentham defendía la reforma de las prisiones, el sufragio universal, la despenalización de la homosexualidad y el buen trato a los animales; la libertad de prensa y el debate público. También le preocupaban el bienestar de los desfavorecidos y las políticas sociales, y cuestionó la utilidad de las instituciones, los valores morales y religiosos,  etc.
Por otra parte, lo más destacado de su teoría filosófica es su concepto del utilitarismo, que consiste, dicho de manera simple, en que el criterio para determinar si una acción es correcta o no, será el “principio de la mayor felicidad”. Es decir, será correcto todo aquello que proporcione la mayor felicidad al mayor número de personas. Y como Bentham creía que lo que mueve al ser humano es el placer y el dolor, la felicidad consistirá en aumentar el placer y disminuir el dolor.  Y esta idea  es lo que debía servir como fundamento de las leyes. Ni más ni menos.

Pero lo más sorprendente de esta ilustre figura no es su mentalidad moderna y altruista, lo que ya sería suficiente para despertar nuestra simpatía. Lo más sorprendente es el capricho que tuvo para después de muerto; un antojo post mortem que consistía básicamente en que lo disecaran y lo expusieran en una vitrina.
Y así lo especificó en su testamento, donde dio instrucciones sobre cómo se debía cumplir su voluntad:

“El esqueleto se dispondrá de manera que la figura completa quede sentada en la silla que habitualmente he utilizado yo en vida, en la actitud  que adopto cuando estoy enfrascado en mis pensamientos mientras escribo.”

También especificó que “el esqueleto se vista con uno de los trajes negros que suelo utilizar”, y que  “el cuerpo así ataviado, junto con la silla y el bastón que he llevado en los últimos años, se coloquen en un mueble o vitrina adecuados”;  y añadió que a ese mueble se fijaría una placa grabada con su nombre y su fecha de defunción “en caracteres llamativos”.
A su figura así conservada la denominó “auto-icono”.
Por último, dejó escrito en su testamento que si sus amigos y discípulos tenían a bien reunirse cada año “con el propósito de conmemorar al fundador de la teoría de la mayor felicidad”, su albacea se encargaría de que el mueble o vitrina que contendría su auto-icono se llevara a la sala en la que fuesen a reunirse.

Jeremy Bentham auto-iconComo ya se imaginarán ustedes, sus amigos, su médico y sus abogados cumplieron estrictamente la última voluntad del finado, y hoy día, el auto-icono de Jeremy Bentham está expuesto, desde 1850 y en una especie de quiosco de madera, en un vestíbulo del University College London, para sorpresa o sobresalto de todo el que pasa por allí.
Conviene especificar que la cabeza del difunto quedó tan maltrecha después de embalsamada que resultaba terrorífica, y en una concesión al buen gusto se decidió sustituirla por una reproducción de cera. La auténtica, la orgánica, se conserva en una caja fuerte y sólo se puede contemplar en circunstancias muy especiales. Bueno, y también en internet.

Todo este asunto, claro, se presta al debate y a la especulación. Muchos creen que la intención de Bentham al pedir que sus restos se conservaran de este modo tan peculiar era simplemente gastar una broma de ultratumba; otros creen que era un arrogante y un creído; y otros que era una forma de cuestionar las concepciones religiosas de la vida y la muerte.

A mí me parece que quizá había un poco de todo, y también creo que Bentham, que era tan listo,  supo prever que la sociedad, en las décadas y siglos posteriores, se volvería cada vez más frívola, más olvidadiza y más indiferente a su propio pasado; y que, convencido como estaba de las bondades de sus teorías, quiso que las generaciones futuras no se olvidasen de ellas; que no quedasen reducidas a una lección más en los libros de texto. Y siendo, como parece ser que era, un filósofo guasón, pensó que la mejor manera de que se siguiese hablando de él, y por ende de su pensamiento, era darnos a nosotros, a los frívolos habitantes del futuro, un motivo a nuestra medida para que nos fijásemos en él.
¿O acaso no es eso lo que me ha pasado a mí?



old london engraving


13 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

¡Encantado quedo con esta historia!
Porque tu forma de narrarla me ha embelesado hasta el final.
¡Admirado quedo con este filósofo!
Porque pocas cosas tan útiles como dedicar su profesión a intentar mejorar las leyes y por lo tanto la vida de las personas.
¡Fascinado quedo con su último deseo!
¿A quién no le llaman poderosamente la atención las momias?
Y perplejo quedo con lo que investigo.
Y es que descubro que Bentham nació un 6 del 6 y que hace 166 años que su cuerpo asoma por una vitrina.

¡Yo necesito hablar con este hombre!
Aunque ahora no sé si debo hacerlo a su cabeza de cera o a la otra, más zombi pero más verdadera.

Conxita Casamitjana dijo...

Pues me ha encantado este filósofo y sus ideas, era un avanzado para su época y hasta le disculpo el macabro gusto por seguir presente embalsamado, que tampoco hacía falta, aunque sí que es una manera provocadora de que se siga hablando de él.

Un gran descubrimiento porque es una gran manera de vivir basada en el positivismo, en aquello que importa, en proporcionar la máxima felicidad y en disminuir el dolor, ¿quién no puede estar de acuerdo con esos principios?
Un saludo y gracias por compartirlo.

Holden dijo...

Muy fan de tu texto, y muy fan del comentario de JuanRa XD

Admito que no sabía quien era, aunque ahora después de haberle buscado en google he descubierto que tiene algunas citas famosas. El caso es que es uno de esos personajes históricos que creo que hubiera molado conocer en persona, ¿no? Y todo el asunto de la broma final es una maravilla... aún se me tiene que ocurrir algo así para cuando me llegue el momento.

Anónimo dijo...

Paso de mirar cómo quedó su cabeza de verdad...¡qué miedo!
Yo creo que, de tanto estudiar ya la perdió algo en vida y por eso pensó ese macabro lugar de descanso, que sí, que será divertido pero...¿que pensarán los señores de la limpieza?.
Lo que pasa, también, es que, en realidad, ¿qué es lo que nos aporta la verdadera felicidad? ¿hacemos leyes para alcanzar la felicidad más vulgar e inmediata -que es la que todos queremos así sin pensar, por ejemplo que todo Dios tenga un automóvil- o hacemos leyes que la proporcionen a largo plazo y a un público pensante y crítico, verbigracia restringiendo el uso del coche ahora para poder disponer de un futuro más feliz aunque eso suponga la infelicidad de la mayoría, ahora?...No me extraña que perdiera la cabeza este hombre.
carlos

Un paseante dijo...

Decididamente, mister Bentham tenía un curioso sentido del humor; lo cual nos recuerda a otros ilustres prodigios, como Einstein, que según la Historia también tenía su coña. Parece que esa cualidad frecuentemente está relacionada con un alto grado de inteligencia.

Otra cosa es cómo se van desarrollando luego las teorías de estos personajes: del mismo modo que Einstein se horrorizó ante la contemplación de la bomba atómica, consecuencia más o menos directa de sus estudios, también el pobre Bentham se apenaría ante lo que la mayoría de la gente considera hoy como principio de la mayor felicidad; que viene siendo la telebasura, la ostentación dineraria y ese tipo de cosas. Lo cual no quita para reconocer que este tipo de personas dignifica a la raza humana, y que algunos de sus actos, teatrales, estrafalarios, son también una liberación para la seriedad con la que nos acercamos a ellos.

Sara dijo...

Llego tardeeee, llego tardeeee, porque yo iba a decirte (aunque no tan requetebién) las mismas cosas que ya se han dicho: que has contado la historia sensacionalmente, que este hombre engrandece e ilumina a la raza humana y que su idea del auto-icono, aunque al Diablo le parezca genial, se me antoja una barbaridad.

Muchas gracias y muchísimos besos.

MJ dijo...

Al igual que Sara, yo también iba a decir las cosas que ya se han dicho arriba. Pero a su macabra broma le añado un ¡¡¡Qué fuerte!!!

Ángeles dijo...



Qué bien, JuanRa, gracias.

A mí también me llama la atención esa concatenación de seises que has ido a descubrir como quien no quiere la cosa. Y creo que eso es suficiente indicio de que debes dirigirte a la cabeza zombi, sin duda :D


Gracias a ti, Conxita.
Me alegra mucho que te haya gustado el filósofo y su pensamiento, que al fin y al cabo es lo que importa. Pero, ya ves, si no llega a ser por ese capricho suyo tan peculiar seguramente no habríamos llegado a conocer su teoría tan bonita de “la mayor felicidad”.
Un saludo :)


Thank you, Holden.
Me congratula que hayas tenido curiosidad de googlear al señor Bentham para saber algo más de él.

Y estoy de acuerdo contigo: es una de esas personas que merecería la pena conocer. Si pudiéramos charlar con él, igual te daba alguna idea para tu posteridad :D


Quién sabe, Carlos, si no es cierto que don Jeremy había perdido un poco la cabeza; ya sabes lo que se dice: que la genialidad y la locura van casi de la mano.

Me parece muy interesante lo que dices sobre la verdadera felicidad, ya que todo es relativo. Supongo que tratándose del bienestar social y personal más básico, todos estaríamos de acuerdo, pues todos tenemos las mismas necesidades elementales. Pero probablemente Bentham no contaba con el egoísmo, el materialismo y la falta de visión de futuro de las generaciones posteriores.


Estoy de acuerdo, Paseante, en que la inteligencia superior y el sentido del humor (aunque sea un poco tétrico) están sin duda relacionados.

También me parece interesante tu reflexión sobre cómo una teoría o un descubrimiento en principio positivo, pueden transformarse hasta quedar vueltos del revés como un calcetín.

Y lo que me parece más interesante de todo, es que vengais a dejar comentarios de tal calibre que superan en interés a la entrada que los ocasiona.


Gracias, Sara, yo aprecio tu comentario como si fuera el primero :)
Muchos besos para ti también.


Gracias, MJ. Ya me imaginaba yo que la idea de Bentham te iba a parecer, como mínimo, “muy fuerte” :D

guille dijo...

Primero lo importante; las ideas de ese hombre tendrían que estar en cualquier constitución nacional que se precie.

Sin conocerle anteriormente me declaro discípulo suyo, pues su teoría de la felicidad es la que sigo. Y la simplifico: Me gusta, lo hago.

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que cada uno puede desear lo que le salga de lo que hay que hacer con sus restos cuando solo son carne y huesos. Y su deseo final es mucho menos importante que las ideas que llevan a la UCL a mostrarlo en su vestíbulo.

El principio de la mayor felicidad es una idea que sigue vigente.
¿Cuantas personas se atreven a seguirlo?

Macondo dijo...

A mí es que la gente con afán de protagonismo me pone un poco de los nervios, pero hay que reconocer que el hombre puso su inteligencia en beneficio de la sociedad.

Ángeles dijo...

Ya suponía yo, Guille, que te iba a caer bien este filósofo y te ibas a sentir identificado con su teoría de la felicidad :)

Y estoy de acuerdo: el principio de la mayor felicidad, que parece algo tan obvio y tan lógico, debería ser el fundamento de las leyes de cualquier país. Pero eso se acerca tanto a las utopías…


Es verdad, Macondo, el afán de protagonismo está un poco feo, pero es que ni los más grandes escapan a las debilidades humanas.

Lan dijo...

De lo que cuentas de este señor me gustó lo que dices que le parecían las leyes y su afán por mejorarlas.
De ahí saqué el irónico artículo corto de "Ley y costumbre".
Así que todo lo que se lee, a veces pronto, a veces tras más tiempo, deja en nosotros alguna especie de semilla. Claro que hay quien lee tanto que debe tener un semillero entero en la cabeza y las semillas, que carecen de cualquier sentido púdico, se les mezclan de tal modo que lo que expresan es tan complicado que no hay quien lo comprenda.
Como eres tan amante de lo extraño, aunque esto tal vez no lo sea tanto, te propongo un artículo sobre párrafos ininteligibles.
Perdona, sé que te sobran temas y también capacidad.
Saludos.

Ángeles dijo...

Me encanta, Lan, que de algo que leas aquí salga algo que escribes allí ;)
Yo también estoy segura de que todo lo que leemos deja en nosotros alguna semilla, como dices, de la que tarde o temprano puede surgir algún fruto nuevo. Por eso te agradezco y me anoto tu sugerencia. La iré regando, a ver...
En cuanto a los semilleros descontrolados, también yo intento siempre descifrarlos, pero nunca estoy segura de entender algo correctamente, lo cual me produce cierta desazón.

Gracias también por la generosa confianza.