sábado, 13 de julio de 2013

Una palabra


Últimamente me he sentido perseguida por una palabra. Menos mal que es bonita y no parece peligrosa.
La verdad es que la conocía de vista, aunque no estaba muy segura de su significado. La asociaba con las historias de fantasmas, con lo gótico y lo misterioso, pero, como digo,  sin  tener una idea muy clara del concepto.

La palabra en cuestión es numinoso.

Hace un par de semanas, cuando realizaba alguna de esas búsquedas en internet que nos llevan de un sitio a otro pasando por lugares inesperados, me encontré con esta palabra y aunque pensé que me gustaría conocerla mejor no me detuve.
 
A los pocos días, por alguna razón, apareció en mi memoria, como diciendo “Pss, no te olvides de mí, que te estoy vigilando”.

Sheridan Le Fanu
Y por último, dos o tres días después, leyendo un estudio sobre J. Sheridan Le Fanu, me encontré, de sopetón y a bocajarro, con un epígrafe que decía “Lo numinoso en Le Fanu”.

Ahí ya me asusté, porque me di cuenta de que la palabra iba en serio conmigo. Y temiendo que siguiera apareciéndose y persiguiéndome cual fantasma en busca de venganza post mortem, me puse en seguida a averiguar cosas sobre ella.
El primer paso, el más obvio, fue consultar a la RAE, que me dijo lo siguiente:

numinoso: perteneciente o relativo al numen como manifestación de poderes religiosos o mágicos.
 
Bien, pero ¿qué es el numen? Pues numen, del latin numen,  es estas tres cosas:

1. Deidad dotada de un poder misterioso y fascinador.
2. Cada uno de los dioses de la mitología clásica.
3. Inspiración del artista o escritor.

La verdad es que no me quedé del todo satisfecha con la definición de numinoso, me parecía que faltaban detalles. Y como, llegado el caso, yo quería poder usar la palabra con propiedad (porque luego pasa lo que pasa), seguí indagando en la cuestión.
Por ejemplo, el diccionario Merrian-Webster dice que numinoso es aquello “que apela a las emociones más elevadas o al sentido estético”, y en diversos sitios de internet encontré otras deficiones que ampliaban el significado del término.
Así, leí también que numinoso es aquello que nos sobrecoge y nos inspira, y también lo que describe una experiencia que nos da miedo y a la vez nos fascina, que nos causa temor y al mismo tiempo nos atrae.
Efectivamente, como las historias de fantasmas y misterios diversos que a mí tanto me gustan.

En el Diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano encontré un dato más, a saber, que esta palabra fue acuñada por Rudolf Otto para denominar el “misterium tremendum que inspira temor y veneración”.
¿Y quién es Rudolf Otto?, me pregunté, sobrecogida por el misterium tremendum de mi ignorancia.

Rudolf Otto (1869-1937)  fue un teólogo y filósofo alemán, cuyas investigaciones sobre la experiencia humana de lo sagrado fueron muy influyentes en el ámbito de la filosofía. Según él mismo escribió, necesitaba una palabra para denominar el elemento no racional que hay en lo sagrado y que es independiente del concepto de bondad.
Entonces del término latino numen derivó numinoso y así creó la palabra que nos ocupa. 

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto de lo sagrado, lo místico y religioso, con las historias góticas?
Pues fue el propio Rudolf Otto quien relacionó este término con los cuentos de lo sobrenatural, que precisamente estaban en pleno apogeo en su época, porque estas historias planteaban el encuentro y la oposición entre la realidad y lo sobrenatural; entre el mundo físico y lo sublime; entre lo racional y lo misterioso. 
O, dicho de otra forma,  entre lo terrenal y lo numinoso.

Y así fue cómo en un rato y sin esfuerzo, tirando del hilo de una sola palabra, aprendí muchas cosas interesantes que no esperaba.
 
Es lo que pasa con lo numinoso, que siempre te sorprende.