jueves, 10 de mayo de 2012

Sospechas sospechosas

Segunda parte
(viene de aquí)

La cuestión que nos ocupa hoy es sin duda peliaguda e interesante. Se trata, como ya adelantamos en la entrada anterior, del empeño que tienen algunos eruditos (llamados "anti-stratfordianos") en demostrar que William Shakespeare, nacido en Stratford-upon-Avon en 1564,  no escribió las obras que llevan su nombre, sino que el autor de las mismas fue un “escritor fantasma” cuyas obras han llegado hasta nosotros bajo el nombre de Shakespeare. 
 
El problema en realidad es doble, porque, por un lado, hay quienes afirman que William Shakespeare era un actorcillo de poca monta y además analfabeto, que pudo haberse apropiado de las obras escritas por otro; y por otro lado, hay quienes  creen que  "William Shakespeare" es el seudónimo de alguien que por un motivo u otro no podía firmar las obras con su verdadero nombre. De este modo William Shakespeare no sería más que un nombre utilizado para figurar públicamente como autor.

¿Y quién pudo ser entonces ese genio que supuestamente escribió Romeo y Julieta, Hamlet, Enrique V y todas las demás obras maestras que llevamos cinco siglos  atribuyendo al hombre de Stratford?

A lo largo del tiempo se han propuesto muchos candidatos, pero los tres que más atención han atraído son Sir Francis Bacon (1561-1626), insigne filósofo y poeta; Edward de Vere, conde de Oxford (1550-1604) y Christopher Marlowe (1564-1593) maestro de las letras universalmente reconocido.

Los que defienden la teoría 'baconiana’ sostienen que es imposible que un paleto como el de Stratford hubiera escrito las obras que se le atribuyen, pues tales obras requieren unos conocimientos que William no podía tener de ninguna manera; que Bacon, en cambio, era noble, culto y viajado, pero a causa de su elevado rango social no podía publicar las obras con su nombre (en la época isabelina ser noble y dramaturgo estaba muy mal visto, pues el teatro era cosa de la plebe); que hay numerosas coincidencias y similitudes entre las obras de Bacon y las de Shakespeare…

Pero entonces no me queda claro  si es que ese tal Shakespeare  le copió las obras a Bacon o es que "William Shakespeare" era un seudónimo utilizado por Bacon, que además escribió numerosas grandes obras con su propio nombre.


Por otra parte, los oxfordianos, o partidarios de la llamada ‘teoría de Oxford’, utilizan los mismos argumentos que los baconianos para defender que fue Edward de Vere el autor que o bien utilizó a William Shakespeare como fachada para hacer públicas sus creaciones, o bien fue engañado por el rústico actorzuelo para hacerse con ellas y presentarlas como propias. Y engañar de paso también a sus compañeros actores, al público, a los patrocinadores y a los intelectuales contemporáneos.
Sobre esta segunda posibilidad, por cierto,  se construye Anonymous (Roland Emmerich, 2011), que presenta a Shakespeare como un patán borrachuzo, frescales, manirroto, timador, mujeriego y robaobras. Y a su amigo y sano rival literario, el ilustre Benjamin (Ben) Jonson, como un pelele en manos del conde Edward de Vere y manejado también por William.

Lo que no me imagino en este caso es cómo se las apañó el pobre William para escribir El Rey Lear, entre otras, después de la muerte del aristócrata.

La teoría que intenta apear a Shakespeare de su trono para sentar en él a Marlowe (que tiene el suyo propio), es la que a mí más me gusta. Por romántica.

Marlowe fue dramaturgo y poeta y a nadie se le oculta su influencia literaria sobre Shakespeare. Ambos eran de la misma edad, pero el talento de Marlowe brilló con precocidad, mientras que Shakespeare desarrolló el suyo  a lo largo de los años.



Christopher (Kit) Marlowe era un joven combativo y apasionado, que no se resistía a una buena polémica y a decir lo que pensaba sin cortarse.

Tampoco le hacía ascos, al parecer, a una farra en la taberna, y se cree que murió, a la edad de veintinueve años, apuñalado en un callejón; según unos, en una pelea; según otros, en un asesinato político (pues también se dice que trabajaba como espía para la reina).



Pero, siguiendo otras versiones más románticas, en realidad ese asesinato no se produjo. Habiéndose ordenado su arresto, acusado de hereje, ateo e inmoral,  el entorno de la corona fingió la muerte del joven irreverente. No bastaba con que se ocultase para evitar  el arresto: tenía que ser dado por muerto para que no lo buscaran y para evitar que las personas cercanas a él fuesen detenidas y torturadas para que confesaran su paradero.
Y así, con el acta de defunción firmada por el forense de la casa real, y un cadáver falso, se ponía fin al asunto y todos a salvo.

Pero,  ¿qué fue de Marlowe entonces? Pues según esta teoría, huyó a Italia, y allí siguió escribiendo bajo un nombre falso. Ya se imaginan ustedes qué nombre. Efectivamente: William Shakespeare.

Y así volvemos a lo que ya conocemos: los defensores de la autoría de Marlowe argumentan (oootra vez) que el tal Shakespeare de Stratford era un ignorante que no fue a la universidad, mientras que Marlowe había estudiado Teología, hablaba idiomas y había viajado por Europa; que William no había salido de su pueblo más que para instalarse en Londres a vivir del cuento (bueno, del teatro); que muchas de las obras de Shakespeare se desarrollan precisamente en Italia (El mercader de Venecia, La fierecilla domada, Romeo y Julieta, Otelo…), y que precisamente Shakespeare empezó a destacar como autor después de la desaparición de Marlowe.

Esto significaría que Marlowe escribía en Italia, mandaba las obras a Inglaterra firmadas con el nombre de Shakespeare, y allí, el actorzuelo iletrado se hacía pasar por el autor de las mismas.
Sin duda, una trama magníficamente organizada. Y que desbarata, a mi modesto entender, la teoría de que Shakespeare, el verdadero, fuera un actor de poca monta: tenía que ser un actor fabuloso para que nadie se percatara del engaño, sobre todo teniendo en cuenta que era un desinformado que no sabía ni escribir su nombre.

De todo esto me parece deducir, por ejemplo, que según estas teorías, una persona que no haya recibido educación superior y no pertenezca a las clases altas no está capacitada para el arte. Se ve que algunos no creen en el talento nato, en la capacidad natural, en la sensibilidad innata para crear, ni en el afán por aprender. Ni  que un autor pueda y deba informarse y asesorarse para cubrir los conocimientos que no posee.


También me parece que los argumentos que se dan para demostrar que Shakespeare no pudo escribir su obra se podrían aplicar con la misma alegría a muchos otros.
Y que a lo mejor alguien, alguna vez, tuvo la idea de crear polémica poniendo en duda la autoría precisamente del más famoso y aclamado autor de todos los tiempos, y otros vieron ahí un filón en el que ahondar para salir en los papeles académicos. Puestos a especular…

Pero en el fondo de la cuestión, detrás de las teorías, de los estudios, las investigaciones, las especulaciones y las sospechas, ¿qué queda?
Pues queda lo más importante: las obras.
Supongamos que se acabara demostrando fehacientemente que Dumas no escribió El conde de Montecristo, que Shakespeare no escribió Hamlet, y, ya que estamos, que Leonardo no pintó la Mona Lisa. ¿Qué pasaría? Habría un gran revuelo académico, desde luego, y habría que modificar muchas cosas, pero las obras seguirían siendo lo que son: creaciones inmortales que superan a sus autores, sean estos quienes sean. Y seguirían llenando nuestras vidas de emociones, poesía, misterio y deseos.
Porque lo que nos hace feliz no es el nombre que figura en la portada del libro, sino lo que hay dentro.

Así que, mientras los entendidos y los doctos elaboran sus sospechas, yo me quedo aquí disfrutando El sueño de una noche de verano, escrita al parecer por un tal William Shakespeare, al que lo que le interesaba no era la fama ni la posteridad, sino ver sus historias interpretadas en el escenario.

20 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Qué gran razón tienes, la teoría de que la gente que no tiene apenas estudios, o que los pasa de cualquier manera, no puede ser escritor, se viene abajo con prácticamente cualquiera.

Véase si no, el caso de este pésimo estudiante.

"pasó a la Universidad de (...), donde se matriculó en la Facultad de Letras, carrera que abandonó para cursar Derecho.

Estos cambios, no obstante, hicieron que mejorasen muy poco sus pésimos rendimientos académicos y probablemente no hubiera coronado nunca con éxito su instrucción de no haber atendido sus examinadores al alto rango de su familia. "


Un "impostor" llamado Tolstoi.

(copiado y pegado de)

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/tolstoi.htm

loquemeahorro dijo...

Y Dickens fue dos años al colegio y le sacaron para ponerse a trabajar.

pd. Perdón, una vez más, por lo pesadita que me pongo a veces.

MJ dijo...

¡Cuánta razón! Y, efectivamente, a William solo le interesaba ver sus historias representadas en el teatro :-) Pero, ¡menos mal que quedaron por escrito! (sea quien sea el que las haya escrito) ;-)

Sara dijo...

Vaya, vaya, estas teorías son netamente conspiranoicas y, a la vez, alucinantes. ¿A qué obedecerán? ¿Será la envidia que siempre despiertan los grandes genios? Sea como fuere, las desarmas de maravilla. El argumento que más me ha gustado, como a loque, ha sido el de que los pobres no pueden crear. ¡Qué elitismo, Dios! Yo pienso, en efecto, que lo tienen más difícil, pero que, precisamente por ello, cuando brillan, brillan más.

Un saludito

Ángeles dijo...

Gracias, loque. No conocía el caso de Tolstoi, pero son tantos los autores que surgen de entornos humildes o que han sido malos estudiantes, que no me sorprende.
Sin embargo, permíteme un pequeño matiz referente a Dickens: no es exacto que fuera solo dos años al colegio. Asistió al colegio, y como alumno aventajado, hasta los doce años; después lo pusieron a trabajar, pero el padre, en cuanto pudo, lo sacó de la fábrica y lo mandó otra vez a estudiar, durante otros dos años. Además, ya de niño, Dickens fue un ávido lector.
Es decir, que conocimientos no le faltaban. Pero desde luego, no era noble ni aristócrata ni universitario, ni falta que le hacía.

Ah, y de pesada nada, querida. Tu presencia aquí siempre se hace escasa.

Pues sí, MJ, suerte que quedaron por escrito sus obras, pero ello gracias a sus amigos y compañeros que se encargaron de reproducirlas e imprimirlas, porque él no se preocupaba de eso. Y precisamente los anti-stratfordianos se agarran a que no se han encontrado manuscritos de Shakespeare, para poner en duda su autoría. Pero tampoco hay manuscritos que apoyen sus teorías y eso no parece importarles...

Gracias, Sara. Yo también creo que hay elitismo y clasismo en algunos ambientes intelectuales; pero la historia está tan llena de grandes creadores y genios provenientes de entornos humildes y con escasa formación académica, que no entiendo cómo todavía alguien puede considerar que esa condición modesta sea un impedimento para hacer grandes cosas.

JuanRa Diablo dijo...

En tus útimas palabras pensaba yo cuando leía toda esta exposición de "sospechosos", que la falta de estudios no implica necesariamente una falta de inteligencia. Pudo muy bien ser tan avispado (y buen actor) como para representar el papel de erudito escritor, ¿por qué no?

Pero de todas formas, creo que soy reacio a que me replanteen las cosas que me enseñaron, más que nada porque uno se ha aprendido la historia de una forma y que se la cambien después de muchos años da hasta pereza, jajaja

Como lo que acabo de leer en prensa, que ahora todo apunta a que Jack el destripador fue una mujer! La esposa del médico real, tratornada por no poder tener hijos salía a matar prostitutas. ¿A estas alturas vamos a cambiar a Jack por Jackie?

No, no y mil veces no. De ser esto así qué hacemos con las novelas, las películas, las canciones y todo lo nos contaron sobre el tema.
Lo dicho, qué perezaaa!

juann dijo...

Ah, ¡el revisionismo!, esa gran tentación de ciertos sectores políticos, deseosos de remodelar mentes. Y cuando se alía con la desinformación, devenida en las últimas décadas en sobreinformación, se consigue el efecto deseado: no sabemos ya qué creer. Y en ese momento nos "comen el coco" más fácilmente. La persona sensata, sin embargo, no se dejará engañar con cualquier cosa.
De todas formas, no perdamos de vista lo importante. La autoría deja de tener relevancia al cabo de un tiempo más o menos largo. Lo importante es la obra, lo que nos enseña, lo que nos hace disfrutar ( o padecer), los sentimientos que produce.
Como siempre, un placer leer tus entradas, Ángeles. Interesante, ameno, jugoso todo lo que escribes.

Ángeles dijo...

JuanRa,esto de "Pudo muy bien ser tan avispado (y buen actor) como para representar el papel de erudito escritor, ¿por qué no?", ¿significa que te unes a los anti-stratfordianos? ¿Qué crees en la teoría del Shakespeare actor haciendo el papel de autor?...
Lo de Jack el Destripador no lo sabía, pero no me extraña. Se han barajado tantas posibilidades referentes a quién sería en realidad el asesino de White Chapel, que la teoría que faltaba es que fuera una señora. Pero yo no me lo creo.

Juann, muchas gracias por tus amabilísimas palabras. Y por tu interesantes reflexión sobre el revisionismo y el exceso de información desinformadora.

Manuela dijo...

Ángeles, magnífica exposición.

En torno a los genios, teorías conspiranoides hay muchas. Algunas son tan rocambolescas que podrían ser verdad.
Siempre puede haber un paleto que diga que otro paleto no es el autor de algo.

Un abrazo.

Ángeles dijo...

Gracias, Manuela. Se dice que los que ponen en duda la capacidad de otros para alcanzar ciertos logros son los que se saben incapaces de logros similares.
Si yo no puedo, ¿cómo va a poder ese, que además es más feo?
Pues eso.

Un abrazo.

JuanRa Diablo dijo...

Bueno, yo he sido un anti-stratfordiano de los de carnet. Nos reuníamos cada Friday en el Angels Pub para echar por tierra el mito de Shakespeare xDD

No, no, me refiero a que no se debe dar nada por hecho ni descartar que gente sin estudios pueda llegar muy alto en la vida. Solo eso.
Fulano de tal no pudo ser porque no fue jamás a la Universidad. ¿Y si el abuelo del tal Fulano era un sabio con cien mil libros que le instruyó mejor que en las Universidades? No se puede saber todo.

Digo yo.

Ángeles dijo...

Ok, JuanRa, estamos de acuerdo.
Aunque lo del Angels Pub... ya me parecía a mí que me sonaba tu cara (sí, era yo la waitress que os servía la cerveza calentorra y las salchichas frías):-D

JuanRa Diablo dijo...

Ohh, pues yo adoraba la cerveza calentorra y las salchichas frías, sobre todo cuando te equivocabas y las servías al revés. :D

...y cuánto te disgustó ver que dejé grabado un poema en la mesa. Somewhere in time, ¿recuerdas?

Ángeles dijo...

:-)

Mae Wom dijo...

Me he quedado con la boca abierta!! Me ha encantando tu entrada :)))

Ahora yo quiero saber la verdad!! Desentrañar el misterio!! (se dice así? Me suena raro...)

Es verdad que lo que quedan son las obras pero es triste que no puedan ser reconocidas a quien las hizo (y no lo digo en plan SGAE).

Me gusta imaginarme/saber de la vida personal del/la autor/a porque me permite fantasear con la relación que existe entre la persona y su obra y me hace más cercana la Historia. :))

Ángeles dijo...

Gracias, Mae, me alegro de que te haya gustado.

Es verdad que lo suyo es que el reconocimiento por las obras se lo lleve el verdadero creador, pero yo estoy convencida de que en este caso no hay misterio que desentrañar: el reconocimiento lo tiene aquel a quien le corresponde.

Metalsaurio dijo...

Sabía de las sospechas sobre la obra de Dumas, pero no sobre la de Shakespeare. Muy interesante la "Marlowe connection", pero como dices, más vale quedarnos con realmente importante, la obra en sí :)


Un saludo!

Ángeles dijo...

Eh, Metalsaurio, qué alegría verte por aquí.
Es verdad que la "Marlowe connection" es interesante, y raro que no se haya hecho todavía una película sobre ello. Solamente, según yo sé, hubo hace unos años un proyecto pero de ahí no pasó la cosa.

Saludos.

guille dijo...

Yo me quedo con que lo que firmo Shakespeare lo escribió Shakespeare.

Y sino, que el autor hubiera reclamado su autoría.

Además con lo que me costó aprender a escribir lo de Chespir me voy a conformar ahora con un pequeño trozo de bacón.

Ángeles dijo...


Guille, tu última frase es el razonamiento más contundente que se puede dar en este debate :D