jueves, 12 de enero de 2012

El año de Dickens

La época victoriana me parece una etapa histórica apasionante.

Hay quien solo ve en ella el hollín y los humos de las fábricas; la pobreza de las clases desfavorecidas, la explotación de los obreros y el trabajo infantil; la injusticia y la desigualdad entre sexos.
Por desgracia todo eso es una realidad de la época. Pero no la única.

Con todos sus defectos y sus fallos, el victorianismo (1837-1901), y en general todo el siglo XIX, es un periodo de enorme desarrollo científico y tecnológico que permitió que las condiciones de vida mejoraran de manera espectacular, sobre todo en lo que se refiere a la salud y la higiene.
Pero también se produjeron avances extraordinarios en el ámbito social,  educativo y cultural.
Se creó la policía, con lo que las calles y los barrios fueron mucho más seguros; se humanizaron las prisiones; se dio a la educación una importancia capital y se implantó la escolarización infantil obligatoria y gratuita. Igualmente se crearon escuelas dominicales para adultos, de manera que por primera vez en la historia los obreros podían dejar de ser analfabetos.
Esto, junto con la popularización de ediciones baratas de libros, hizo que la lectura se convirtiera en una afición nacional, extendida a todas las clases sociales. Y esto a su vez favoreció que se forjara la conciencia de clase y la rebelión ante la injusticia, el abuso de poder y las restricciones morales sin fundamento. Porque los trabajadores tenían acceso a la cultura, podían leer, podían desarrollar opiniones y podían compartir ideas. Menuda revolución, y no menos trascendente que la Industrial, desde luego.

Pues resulta que en esta época fascinante vivó y escribió sus maravillosas historias el señor Charles Dickens. Y resulta que en este 2012 se cumplen doscientos años de su nacimiento (7 de febrero de 1812). Eso hay que celebrarlo por todo lo alto.
En Londres, por supuesto, no van a faltar acontecimientos, pero también va a haber celebración en Francia, Alemania, Suiza, Estados Unidos… no, en España no.
Bueno sí, en mi casa.

La cuestión  es que habrá exposiciones, talleres, conferencias, actividades lúdicas para niños y adultos, teatro, fiestas callejeras, comidas, lecturas colectivas, etc,  durante todo el año. De hecho algunas de estas actividades empezaron ya en noviembre pasado.
Habrá también una ceremonia pública en la abadía de Westminster, donde está enterrado, e incluso se ha acuñado una moneda oficial del bicentenario, que entrará en circulación en primavera y que lleva la silueta de Dickens formada por los títulos de sus obras más representativas. No me parece especialmente bonita, la verdad, pero sí sumamente simbólica y sentimental.
O sea, sí, muy bonita.

Bueno, ya no hace falta decir que a mí Dickens me gusta mucho, pero sí quiero especificar que además de sus historias, me gusta el propio Dickens como persona, me resulta muy simpático.
Fue un hombre muy humano, también un poquito guasón, muy querido por su familia y por sus muchos amigos, y agradecido con sus lectores; un triunfador que supo disfrutar de su éxito con modestia, y que se preocupaba muchísimo por los desfavorecidos, especialmente los niños.
De hecho, sus novelas más importantes son una dura crítica contra esos abusos e injusticias de los que hablábamos hace un rato.
Pero es que además él mismo podría ser un personaje creado por su propia imaginación. Por eso a mí me parece que su vida y su obra forman un tejido mágico en el que se entrelazan los hilos de la realidad, de su propia experiencia vital, con los de la ficción. Seguramente por eso sus personajes resultan tan verdaderos y por eso son universalmente reconocidos y queridos, hoy tanto como en su día.
Esto, por cierto, nos lleva directamente a la anécdota de “La tienda de antigüedades” (The Old Curiosity Shop): las novelas de Dickens se publicaban por entregas, cada semana o cada mes, un capítulo, y esta en concreto estaba teniendo un éxito enorme no solo en Reino Unido sino también en Estados Unidos. Y tal era la expectación ante el último capítulo de la novela, que varios miles de lectores esperaban en el puerto de Boston la llegada del barco que llevaba los ejemplares para su distribución y venta. Y según cuentan las crónicas, cuando los marinos bajaban del barco, la gente, impaciente,  les preguntaba qué pasaba finalmente con Nell, la protagonista.
No voy a decir la respuesta por si a alguien le han entrado unas ganas irrefrenables de leer el libro.
El caso es que, como se ve, Dickens se adelantó dos siglos al fenómeno harrypotteriano.

Por todo esto y mucho más, no me extraña que su muerte, acaecida en 1870, se sintiera como una tragedia nacional, ni que ahora se celebre su vida y su obra de forma tan espléndida y magnífica. 
Celebración en la que yo, discretamente, participo.

Las fotos están tomadas en su casa de Doughty Street, 48, en Londres.
De las casas que habitó, esta es la única que se conserva, y entrar en ella, recorrer sus habitaciones, con muebles y objetos que fueron de su propiedad, es un verdadero viaje en el tiempo y una experiencia sentimental extraordinaria.






26 comentarios:

Manuela dijo...

Pues no recordaba que este año se cumple el bicentenario de Dickens; y eso que nació un día antes que yo (¡cómo me conservo!).
El caso es que este año hay mucho que celebrar, aunque les pese a algunos.

Mucha y buena información nos ofreces en el artículo. Gracias.

Abrazos.

loquemeahorro dijo...

A mí también me encanta Dickens y me alegra saber que van a hacer tantas celebraciones por el bicentenario.

Oye, tú cuál recomendarías:
- Nicolas Nickelby
- Casa Desolada (es demasiado triste?)
- Historia de dos ciudades


¿Qué vas a hacer en casa? Yo quiero sumarme ¿hacemos algo?

Sara dijo...

Pues yo me había enterado de lo del bicentenario por "El país semanal".Y me pregunto: En España, ¿por qué no? La sensibilidad social de este escritor es universal e intemporal y debe ser celebrada universalmente y más allá de cualquier moda o tendencia.

Enhorabuena por el artículo.

MJ dijo...

¡Me ha encantado la entrada! ¡Es preciosa y muy cierta!

A mí también me gusta mucho el siglo XIX, considero que pese a sus cosas malas es el siglo en que realmente empieza la "modernidad", el mundo que hoy conocemos y disfrutamos , con sus comodidades.

Lamento que España no se una a las celebraciones. Dickens es un escritor universal y magnífico que se merece el mejor de los homenajes. Ya sabes, estamos esperando que organices una tertulia en tu casa para apuntarnos todos :-)

¡Qué historia más bonita la de la gente que esperaba en el puerto que llegara el último capítulo de la novela!

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Manuela. Y sí que te conservas bien para tener un bicentenario encima, chica ;-)
Saludos.

Loque, las tres obras que nombras son especiales por alguna razón, así que me resulta difícil decantarme por una.
No creas que Casa desolada es demasiado triste. Es seguramente más seria que las demás obras, y se dice que la más perfecta en cuanto a técnica literaria.Desde luego, las imágenes que dibuja con palabras, el lenguage tan preciso, hacen de su lectura un placer.
Nicholas Nickelby es también diferente a la mayoría de obras dickensianas porque el prota es un verdadero héroe romántico, un joven atractivo y enamorado.
Y en Historia de dos ciudades la peculiaridad está en que, por una vez, Londres no se lleva todo el protagonismo.
Bueno, espero que después de estas tremendas simplificaciones sigas teniendo ganas de leértelas todas.
Y si me permites, te recomendaría también los cuentos de misterio, que son menos conocidos pero son un gustazo.
En cuanto a la celebración, me refería a que yo levantaré mi taza de té a la memoria de Dickens, daré gracias, leeré en su honor y me morderé las uñas por no estar en Londres.
Pero si nos lo pensamos bien, montamos una sesión de lectura en común, una fiesta de disfraces (me pido Nell) y un concurso de relatos. Y habrá por supuesto té a raudales, cerveza caliente (hay que ambientarse), pastas y pan con salchichas.
Está todo el mundo invitado.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Sara. Estamos totalmente de acuerdo, pero ya conocemos el paño...

MJ, como siempre, me encanta y te agradezco tu entusiasmo.
Me alegra muchísimo que te haya gustado.
Nos vemos en la fiesta-tertulia ;-)

JuanRa Diablo dijo...

Bonita entrada conmemorativa, Ángeles. Me han entrado ganas de leer más obras de Dickens pues solo conozco dos (que yo recuerde), su Cuento de Navidad -hubo un tiempo que leía cada año al acercarse la Nochebuena- y Oliver Twist.

Sobre la época leí este verano una novela que retrataba muy bien todo esto que cuentas de la policía, los duros oficios, los niños trabajando (y toda esa pillería, consecuencia de la precariedad)etc... : El gran robo al tren, de Michael Crichton.

En España no se hará homenaje pero tenemos a un político que es 100% personaje de Dickens. Ponle una chistera y un bastón a Rubalcaba y no me digas que no parece salido de alguna novela suya xDDD

Ángeles dijo...

Gracias, JuanRa.
Estoy segura de que te gustarían sus cuentos góticos: "Para leer al atardecer", "La novia del ahorcado", "La historia de los duendes que secuestraron a un enterrador", "La casa hechizada"; "El manuscrito de un loco"...

No sabía que la novela de Crichton que citas se desarrollara en la época victoriana, así que te agradezco la información.

Y ahora que lo dices, sí, me imagino fácilmente al señor Rubalcaba caracterizado a la manera dickensiana, je-je.

Moisés Raya dijo...

Querida Ángeles, me parece un fragmento muy bonito y con una carga cultural importantísima. El concepto del XIX como piedra angular crucial para la sociedad tal como la conocemos hoy día se basa también necesariamente en un sufrimiento inicial que padecieron los trabajadores de la primera etapa de la revolución industrial, pero ¿qué habría sido de los trabajadores contemporáneos sin aquellos? Es más, aquellos sindicalistas sí que los tenían bien puestos.
Un abrazo, Moisés Raya.

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Moisés, por tu visita y por tu interesante aportación. Lo de los sindicalistas es a very good point.
Saludos.

Kleurrijk dijo...

Thank you for visiting my blog, and leaving a comment.
http://kleurrijkbrontesisters.blogspot.com/

I never heard of the Narnia Chronicles and I did not mention it on my blog. But... you make me curious and I will go to read more about it.

Have a nice day, greetings from Geri.

Mae Wom dijo...

Me han entrado ganas de leerme todo Dickens!
Cuento de Navidad me encanta y me hace gracia que hagan tantas versiones distintas.
La historia de Oliver Twist me dio tanta pena en su día (la leí más bien de pequeñita) y recuerdo que el ambiente era tan sórdido que después no he querido acercarme al autor por miedo (e ignorancia) de encontrarme más de lo mismo. Creo que la leí demasiado pronto y me identifiqué demasiado con el niño.

Visitar la casa de un personaje histórico al que admiras o sigues es increíble. Desde que ví la peli de María Antonieta, de Sophia Coppola -que ya ves tú que acercamiento tan superficial- me fascinó y cuando visité su domaine, no me lo creía, y el palacio, no hacía más que mirar los tiradores de las puertas y pensaba: "esto seguro que lo ha tocado". Era como si ella me lo fuera enseñando todo a mí. :)

Perdona el ladrillo que estoy metiendo pero ya solo añado que me encanta la estética victoriana, que estoy enganchadísima a cualquier película o serie que la recree (a partir de ahora añadiré lectura) y que me hace muchísima gracia la formalidad con que se hablaban (y qué hipocritillas que eran también).

Tu entrada genial. Yo me uno a tomarme esa taza de té el día D con el meñique convenientemente estirado...o a lo que sea. ;)

Ángeles dijo...

Thank you, Kleurrijk, for visiting. I'm happy I made you curious, and hope you enjoy what you read.
Best wishes.

Muchas gracias, Mae Wom, y de ladrillo nada, que todo lo que comentas es muy interesante y de agradecer.
Lo que te pasó a ti con Oliver Twist de pequeñita me pasó a mí con La pequeña Dorrit. No sé por qué algunas obras las editan como literatura juvenil o incluso infantil, cuando el hecho de que los protas sean niños no hace sino darle mayor dramatismo a la historia. Y además suelen ser obras de mucha enjundia social, filosófica y psicológica.
Pero si lees ahora a Dickens, además de apreciar esos valores verás que aunque las situaciones que presenta puedan ser dramáticas, los personajes buenos son felices porque están llenos de esperanza, de empuje y de amor. Y los malos son ridículos y además acaban pagándolas todas juntas, lo cual es una catarsis muy sana.

¡Nos vemos en nuestra celebración virtual!

Anónimo dijo...

Tú lo cuentas mejor...

http://www.elmundo.es/especiales/2012/cultura/dickens/londres.html

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Anónimo, por el enlace y por lo otro, je-je.
Pero la verdad es que los de El Mundo se lo han currado, ¿eh? Me parece un trabajo estupendo.

Saludos.

Anónimo dijo...

Y además, no sé si ves alguna vez este programa, que es muy entretenido... están toda la semana con el tema. Te mando enlace a un blog, no a la web de la tele. Hablan de La Pequeña Dorrit (creo que de pequeña debí leer la misma edición que tú)

http://derechocultura.blogspot.com/2012/02/charles-dickens-y-el-departamento-del.html

Ángeles dijo...

Gracias otra vez, Anónimo. Sí, ayer vi el programa, que estuvo por entero dedicado a Dickens, y el resto de la semana le dedican la sección que llaman 'el duelo'.
Gracias también por el enlace al blog. Acabo de echarle un vistazo, pero lo veré con más detenimiento.
Saludos.

Mae Wom dijo...

Ayer me acordé de ti, pensé: "¿Estará tomandose el té con el meñique estirado?" :P Yo no pude, me tomé un café y rápido ;)
Hoy he visto que esta semana en Fnac es la semana de Dickens, con descuentillos y esas cosas. A lo mejor ya lo sabías pero por si acaso...

Ángeles dijo...

Gracias, , Mae Wom.
En la Fnac, y gracias a las ediciones especiales que se han hecho para el bicentenario, me encontré con una de A House to Let, una obra curiosa, escrita en colaboración con otros autores del momento, bastante poco conocida y creo que hasta ahora inédita en España.
Y sí, me tomé el té, pero se me olvidó lo del meñique, fíjate.
Eso en el mundo real, claro, porque en el virtual, qué estupenda celebración nos organizamos, ¿eh?

Mae Wom dijo...

Ya lo creo! ;)

Anónimo dijo...

Una bonita noticia... Saludos

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/08/una-rareza-de-dickens-.html

Ángeles dijo...

Gracias, amable Anónimo, por pensar en nosotros y traernos esta noticia.
Saludos.

Anónimo dijo...

Coincido con tu fascinación por el Siglo XIX. Cuando era crío la parte de Historia que más me gustaba (supongo que como a la mayor parte de la chiquillería) era la Edad Media. Después me sentí atraído por Egipto, Grecia y Roma. Pero hoy en día, el siglo que nos ocupa y el que nos vio nacer, me apasionan por la cantidad de Ideas que han visto surgir, una tras otra, una como reacción a la anterior, y también por la cantidad de sucesos y las formas de vida tan diametralmente opuestas de la gente que los hemos vivido, desde 1800 hasta 2014.

carlos

Ángeles dijo...

A mí, Carlos, la Edad Media siempre me pareció una época terrible y siniestra. Me daba verdadero miedo y compadecía a las personas que vivieron esos tiempos. Con el tiempo aprendía a valorarla de manera más ecuánime, claro, pero de pequeña me aterraba.

En cambio el Egipto clásico sí que me gustaba, cuando también tenía sus aspectos temibles, claro. Supongo que ciertas películas influyeron lo suyo.

Me alegra que compartamos la admiración por lo decimonónico :)

Anónimo dijo...

Ah, pues tu autorretrato semioculto en el espejo me ha gustado mucho.
Lo siento, pero no he podido evitar curiosearlo.
carlos

Ángeles dijo...

Te equivocas, Carlos, lo que has visto semioculto en el espejo no es mi autorretrato, sino la imagen de un fantasma que habita en la casa...

Bueno, vale, sí, es un autorretrato, pero involuntario. Si hubiera sido voluntario habría hecho algo para evitar parecer un espectro :(
Así que gracias por tu buena voluntad (y tu mala vista) :D