domingo, 10 de julio de 2011

Una niña y unos libros. Segunda parte

(viene de aquí)

Otros de los libros que había en casa  eran La cabaña del Tío Tom y el Viaje a la Luna, de Julio Verne.

Me encantaban las encuadernaciones. Los dos eran de tapa dura y de tamaño cuartilla. En la del Tío Tom se veía, en primer plano, la cabeza de un señor negro con el pelo blanco y rizado, con un fondo azul celeste y en el de Julio Verne, un cohete acercándose a la luna.

Teníamos también una edición de Robinson Crusoe, en tapa dura, de color crema, con un dibujo, o más bien un boceto, de un hombre caminando por una playa, cubriéndose con un parasol de hojas de palmera o similar.

Y me acuerdo de que ese libro me hizo sentir como una auténtica lectora fracasada.

Para empezar, yo veía la portada del libro y leía: Daniel Defoe. Robinson Crusoe, y no sabía quién era el autor y quién el personaje.
A lo mejor por eso, por intentar averiguar ese enigma, un día me dio por leerlo. O más bien por intentarlo, porque no leí más de dos o tres páginas. Es duro reconocerlo, pero es que no me enteraba de nada.

No sé exactamente qué edad tenía yo en aquel momento, pero seguramente no más de nueve o diez años, y tengo una imagen clarísima de mí misma diciéndole a mi hermano que no me gustaba leerlo porque estaba lleno de palabras que no entendía.
Y eso me hizo pensar que la lectura de libros no era cosa para mí, pues creía yo, ingenua, que siempre sería igual, que nunca sabría más palabras de las que sabía en ese momento.

Pero al verano siguiente hice un feliz descubrimiento.
Había en el barrio una pequeña biblioteca municipal de la que mi hermano se hizo socio.
Permítaseme aquí un paréntesis para señalar que mi hermano era también un niño, poco mayor que yo, pero intelectualmente mucho más maduro.
Tendría unos doce años y los sábado por la mañana iba a la biblioteca y se traía un par de libros.
Creo recordar que  me explicó que se podían sacar hasta tres libros cada vez, y renovar el préstamo todas las veces que hiciera falta.
Se ve que, a pesar de mis fracasos anteriores, mi curiosidad por los libros seguía funcionando porque le pregunté a mi hermano si podría sacar alguno para mí.
Así que a la vez siguiente fui con él, y curioseando por allí encontré algo que me llamó la atención: unos libros que se titulaban Los Cinco, y que contaban las aventuritas de una pandilla de niños y un perro que se pasaban la vida yendo de picnic al campo y siempre acababan metidos en andanzas detectivescas.
Me llevé a casa uno de esos libros y me lo pasé bomba leyéndolo.
Acabé leyendo un puñado de ellos, con gran deleite y afán. Cada vez que terminaba uno, mi hermano me traía otro de la biblioteca.

Gracias a estos libros descubrí un par de cosas que han marcado mi vida como lectora.
Una: que me encantaban las historias de misterio, miedo, emoción y peligros.
Dos: que no me gustaba nada leer libros de biblioteca, porque después de leerlos no los quería devolver.
Y no es que tuviera tendencias delictivas, ojo. Es que descubrí que a los personajes de los libros que nos gustan se les toma cariño –o algo parecido- y se convierten en ‘amigos’ de los que no nos queremos despedir; y que el propio libro se transforma en un objeto preciado, con valor sentimental, y que por tanto desprenderse de ellos es doloroso.

Así que decidí que no quería más libros prestados. A partir de entonces solo leería libros que fueran míos y de nadie más.
Y como la experiencia de Los Cinco me había gustado, quise leer más cosas de ese tipo, de aventuras, misterios y situaciones peligrosas.
Pero claro, ya necesitaba dosis más fuertes de adrenalina literaria, así que de las aventuras light de Los Cinco pasé directamente a las historias terroríficas de Stephen King.

Descubrí al maestro gracias a una revista de Círculo de Lectores, del que mi madre era socia. Yo no sabía quién era ese señor King, pero como decía allí que escribía novelas de miedo, le pedí a mi madre que me comprara uno de aquellos libros.
Y así, con once años o doce recién cumplidos, no más, me zampé El Resplandor, y me dio tanto susto y me lo pasé tan bien, que después de este pedí otro, y después otro... y desde entonces, Mr King y sus libros han estado siempre conmigo.

Después, lógicamente, fueron llegando a mi vida muchos otros libros y autores, algunos de los cuales pasaron  inmediatamente a ser miembros de mi club personal  de favoritos.  

Pero esto es ya  el comienzo de otra historia, de otra serie de experiencias relacionadas con los libros, la lectura y las sensaciones que nos produce.
Porque, en efecto, los libros producen emociones y sensaciones únicas, exclusivas, que no se encuentran de otro modo.
A veces basta incluso con tocarlos…



15 comentarios:

Sara dijo...

Pues no. Esta vez no coincidimos en nada en las lecturas subsiguientes. Yo, de adolescente, me decanté por H. Hesse, Nietzsche y autores así (por eso digo que me quedé sin entender nada). Pero, independientemente del rumbo que tome la lectura en una época temprama, creo que describes magistralmente todas las impresiones que embargan al lector primerizo, y el cúmulo de emociones y sensaciones que nos dominan a todos, leamos lo que leamos. Muchas gracias por recordárnoslo.

Un beso.

JuanRa Diablo dijo...

He estado asintiendo con la cabeza a todo lo que has ido contando, como si estuvieras hablando de verdades universales, ya ves. :)
Pero la realidad es que en este mundo de los libros y la iniciación a la lectura hemos vivido experiencias muy similares lo cual no deja de ser muy curioso.
También sentí mucha atracción por leer Robinson Crusoe y lo terminaba dejando porque no conseguía avanzar. Terminaría leyéndolo años después.

También me ocurre lo de la necesidad de poseer los libros que leo. Cuando me han prestado alguno que me ha gustado mucho, he ido a comprarlo. No quiero dejar de verlo en mi biblioteca. :p

Mi pasión lectora por un autor empezó, también gracias a Circulo de lectores, con Alberto Vázquez Figueroa. Océano, Yaiza, Maradentro... y decenas más con los años.
Pero el día que descubrí a Stephen King... ¡ja, la bomba! El Resplandor pudo ser una de las primeras. Me encantó, así como La zona muerta, Carrie, Cujo, Ojos de fuego...
Algunos de los libros que más enganchado me han tenido, con más ganas de leer y al mismo tiempo no queriendo que acabaran, han sido de este hombre. Perseguido, Maleficio, Misery... ¿los conoces? ¡¡guaa, qué intensidad, qué intriga, qué gozada!!

Un saludo, Ángeles

Azote ortográfico dijo...

Ooooh, ¡Viaje a la Luna! Precisamente en casa de mis abuelos había una llamativa edición de este libro de Julio Verne, de Bruguera, con dibujitos en el lomo y en la portada que parecían sacados de un cómic. Fue el primero que leí del francés y, desde luego, no el último.

A King lo sitúo en mi adolescencia tardía. En los años de la pubertad me pasó como a Sara: Hesse, Nietzsche... Peor aún: a los 10 años me leí La interpretación de los sueños de Freud. ¡Estaba fatal de lo mío! XD

Todas estas lecturas que me volvieron una pesimista recalcitrante. Luego se me pasó, afortunadamente, o habría acabado mutando en una pre-Emo. :P

Y sí, a mí también me pasa lo de la biblioteca. Los libros que me gustan los quiero para mí, en mi estantería. Aunque con el volumen que hemos juntado entre Homo libris y yo, te aseguro que las estrecheces abundan demasiado, jejeje.

¡Saludos!

Ángeles dijo...

Sara, eso lo sabía yo, como dijo aquel. Sabía que no íbamos a coincidir en nuestras lecturas, aunque yo también tuve en la adolescencia un ramalazo filosófico que me puso a leer a Nietzsche, y a otros "filósofos" como Kafka.
Pero, como dices, lo importante son las sensaciones y los descubrimientos.
Gracias.

JuanRa, yo, en cuestión de coincidencias contigo ya no me sorprendo. Pero lo de S.King es la repera, ¡y me encanta! Por supuesto he leído todos los que citas; bueno, es que lo he leído prácticamente todo y recuerdo con especial intensidad , Misery. Y La zona muerta es de mis favoritos, y Cadena perpetua ... Y sí, esa sensación de querer leer más, avanzar en la historia y al mismo tiempo no querer que acabe, es maravillosa. Y dejar el libro por la noche, porque el sueño ya no te deja seguir, y despertarte por la mañana y antes que nada ponerte a leer otra vez... es un gustazo que no tiene precio.
Gracias por compartir tu experiencia. Un saludo.

Azote, creo que sé a qué edición te refieres de las obras de Julio Verne. Unos libros preciosos, que ahora guarda mi hermano.
Y no me hables de estrecheces de espacio que me pongo nerviosa. Por aquí nos pasa lo mismo...
Gracias.

MJ dijo...

Me gustó mucho la primera parte de "Una niña y unos libros", pero esta... ¡me encanta!
Conozco muy bien la sensación que describes de quedarte despierta hasta la madrugada y querer seguir leyendo pero que te venza el sueño. Quieres seguir leyendo, pero a la vez no quieres que se termine ese libro. También conozco la tristeza de tener que despedirte de personajes a los que has tomado cariño (pero lo bueno es que siguen ahí, solo tienes que releer el libro) y el dolor de devolver un libro precioso a la biblioteca (pero devolverlo es darle la oportunidad a otras personas de conocerlo y querer a los personajes).
Aún conservo mis libros de "Barco de Vapor" y una pequeña colección que hice de "Elige tu propia aventura" donde tú decidías que iba ocurriendo y tenía un final diferente cada vez (hoy los miro y me doy cuenta de que no valen mucho, la verdad).
¡Ah! Por supuesto que en mi casa hay libros de Julio Verne, toda una colección de libros en rojo y oro :-)
Por cierto, ¡menudo salto de "Los Cinco" a King"! Hiciste un doble salto mortal sin red y te salió bien. ¡Eres una artista!

Ángeles dijo...

Muchas gracias, MJ.
Lo del salto de Los Cinco a S. King ya me lo han dicho en otras ocasiones, pero no me habían llamado artista...
Gracias por aportar tu experiencia librera. O librística ;-)

Mae Wom dijo...

Jajaja! Es cierto, leyéndote también he recordado esos momentos de confusión cuando leías algo y no lo entendías. ¡Y también me ha pasado eso de confundir autor con título!
Yo también me aficioné a Los Cinco y los personajes que más me gustaban eran Georgina, Tim (el perro?) y Julian, si no recuerdo mal.

Leía todo lo que caía en mis manos y claro, a veces tenías esa sensación de incógnita mundial o a veces te llevabas verdaderos sustos leyendo libros que todavía no eran adecuados para la edad porque daban miedo.

De pequeña siempre me ha gustado lo misterioso y recuerdo dos libros en concreto, uno de espiritismo y otro de quiromancia -que no sé cómo llegaron a casa- con las portadas negras que me daban mucho miedo. Por el morbo a veces los abría para ver las fotos en blanco y negro que me tenían acongojada, jaja.

No puedo más que coincidir porque con el tiempo me aficioné a King y ¡menudos buenos ratos he pasado -y paso- "sufriendo"!, casi me los leía del tirón.

A mí me gustan las historias largas, esas en las que los personajes ya parecen amigos o de la familia. Luego es tan difícil desprenderte de ellos cuando se termina el libro...

Leer es como viajar, es poder ser otra persona, vivir otras vidas, otras experiencias...¡y más barato que comprarse un billete de tren o de avión! ;)

Me ha encantado tu entrada, he recordado sensaciones olvidadas... :)

Ángeles dijo...

Muchas gracias, Mae.
Me alegra que compartamos recuerdos de Los Cinco, y mira por dónde, Georgina era también mi favorita. Y qué bien que tú también hayas pasado esos magníficos malos ratos que nos da Stephen King.
En fin, veo que todos tenemos recuerdos de experiencias similares, lo cual significa que los libros tienen un poder especial, una capacidad para crear hermandad y para evocar momentos y emociones únicos.
Gracias por compartir tus recuerdos también.

loquemeahorro dijo...

Yo me leí un libro "infantil" de pequeña (no recuerdo el título, y lo siento porque estaba francamente bien) en el que hasta, pongamos la mitad, no me enteré de que la protagonista era una niña.

Yo que sé, es que a lo mejor se llamaba C.J. o Casey, vamos que no se llamaba Susan, ni Jane y ... qué oprobio, lo de Daniel Defoe, a su lado pierde importancia.

Ah, yo a los 11 años me intenté leer Eugenia Grandet. Como 2 hojas de las que no entendí una sola palabra, claro.

Ángeles dijo...

Y cómo te diste cuenta, querida Loque, de que se trataba de una niña?

Por lo que veo, no soy la única que leía páginas sin entender ni papa. Ay, ya me quedo más tranquila...

Anónimo dijo...

Pues yo sí que leí Robinson Crusoe bastante pronto, aunque tengo que admitir que era una edición para adolescentes (se lo regalaron a mi hermano que me lleva siete años), con unas magníficas ilustraciones realistas del tipo del dibujante de El Capitán Trueno o El Corsario de Hierro. Me gustó mucho y eso me animó a leer Los viajes de Gulliver, en edición de Bruguera donde lees el texto y cada pocas páginas hay una página en forma de tebeo. Antes, había leído un montón de ejemplares de El Barco de Vapor. Después yo también descubrí Los Cinco, y me gustaron tanto que compré durante algunos años en Navidad y por mi cumple algunos libros. El que más me gustó fue Los Cinco en el Páramo Misterioso. También recuerdo una pandilla detectivesca española, más realista diría yo y más madura, que era fantástica y se llamaban Los JAguares. Leí dos libros que me parecieron estupendos: El hombre de las dos caras y otro sobre una sonámbula. Lo cierto es que en casa no había libros porque mis padres no eran lectores ( ya sabes, la posguerra y tal)y mis hermanos tampoco salieron coleccionistas, así que todos libros que hay los he ido comprando para mí. Cuando en Octavo descubrí las Leyendas de Becquer, comencé a amar los clásicos de terror: Poe, Drácula que fue un "trallazo"...los de Ciencia Ficción como LA Guerra de los Mundos o LA máquina del Tiempo a la vez que iba entusiasmándome con los clásicos de la Literatura Española (y el caso especial de García Márquez) y ya no los he dejado . Ahora ya voy terminando con Valle Inclán.

carlos

Anónimo dijo...

Y de los cuentos troquelados, ¿te acuerdas?

carlos

Ángeles dijo...

Carlos, para no haber tenido tradición lectora en casa, tuviste una gran iniciativa desde pequeño, y muy buen gusto, y eso tiene mucho mérito.

Sí que me acuerdo de los cuentos troquelados, sí, que ahora están de moda otra vez, ¿sabes? Tengo una amiga que se los compra para resarcirse de los que no pudo tener en la infancia :)

guille dijo...

Siiiiiii, el señor Verne y sus excelentes títulos.

Yo miro mis estanterías y pienso que a ver si mueves eso que se habló aquí de la biblioteca de lectores muertos que yo daré el 80 por ciento de los míos en vida...así me quedará sitio en casa.

Los otros son los que gustosamente releo.

Ángeles dijo...

¿Te quedará sitio en casa? Entonces volverás a llenarla de libros. Acéptalo, Guille: estás perdido :D