Bueno, no es eso exactamente.
En realidad debería decir, para ajustarme más a la verdad, que yo deseé los blogs antes de que estos se inventaran.
Porque cuando yo era adolescente, preadolescente incluso, imaginaba -o deseaba- un lugar donde uno pudiera escribir cosas y otras personas pudieran leerlo.
Sí, claro, existían los periódicos, las revistas y los libros, pero eso era inaccesible para la gente normal y corriente y sobre todo para los niños.
Lo que yo anhelaba era un lugar, un medio, donde pudiera escribir cualquiera, por ejemplo yo, y que fuera público. Un sitio donde hablar de lo que a uno le interesaba o le gustaba; de lo que uno pensaba sobre cualquier asunto, o contar algo interesante que nos hubiera pasado; algo que fuera importante para nosotros…
Y pensaba y pensaba qué sitio podría ser ese, cómo se podría llevar a cabo lo que yo imaginaba. Pero no se me ocurría nada que no fuera lo que ya existía, y que, efectivamente, no estaba a mi alcance.
Por aquel entonces yo me conformaba –qué remedio- con escribir para mí misma: un diario para las cositas personales, y una libreta donde apuntaba otras cosas que sí me hubiera gustado "publicar". Por ejemplo, juegos de palabras que se me ocurrían; cuentecillos y sobre todo, errores de expresión encontrados en diferentes medios o curiosidades lingüísticas escuchadas por aquí y por allá. Recuerdo, por ejemplo, haber anotado una frase que oí en una película, en la que unos amigos iban a un restaurante y decía uno de ellos: “Vamos a ordenar una pizza”. Y continuación de la frase yo comentaba que deberían haber dicho “vamos a pedir una pizza”, y que sin duda se trataba de un error de traducción.
Ya se sabe: el repipi no se hace; nace.
De manera que para dar rienda suelta a mi vocación de correctora repelente, de cansina notaria de lo cotidiano y de narradora pretenciosa, lo único que podía hacer era esperar a ser mayor, estudiar periodismo y, cuando trabajara en un periódico o una revista, escribir artículos sobre esas cosas.
O, directamente, hacerme escritora (risas).
Por supuesto, estamos hablando de la era paleozoica, de modo que los ordenadores no eran todavía, ni mucho menos, de uso doméstico, y de internet no conocíamos ni el nombre.
Durante un breve espacio de tiempo, pude en cierto modo dar satisfacción a esos anhelos míos de escribir cosas y que aparecieran en algún sitio. Fue cuando algún profesor del instituto, con mucha voluntad y pocos medios, puso en marcha una revista. Y allá que fui yo a contribuir con articulillos y comentarios.
La experiencia no duró mucho, pero sirvió para que me diera cuenta de una cosa: aquello no era lo que yo buscaba.
No. Seguía sin saber qué era, en qué consistía lo que yo soñaba, pero no era una revista de instituto.
Era otra cosa. Tenía que haber otra cosa.
Y ahí me quedé, en ese anhelo, en ese echar de menos algo que no sabía qué era pero que, estaba segura, tarde o temprano tendría que aparecer. Hasta que un buen día, ya en el siglo XXI, y ya con internet en nuestras vidas como elemento cotidiano, oí hablar de los “diarios online”, de los weblogs y de los blogs.
Al principio no sabía muy bien qué eran realmente, pero cuando lo comprendí y empecé a ver algunos me dije: ¡Tate! Ahí está. Eso era.
Y efectivamente, eso era.
Lo que hoy llamamos blogs tan alegremente, que consideramos algo de lo más normal y que está al alcance de cualquiera, es aquello con lo que yo soñaba, lo que yo esperaba, aunque no supiera ni cómo denominarlo.
Y es que como todos somos humanos y todos tenemos los mismos sueños y las mismas necesidades, no hay más que esperar –con paciencia, eso sí- a que alguien invente o dé forma a lo que otros solo podemos intuir vagamente.
Y siempre ocurre. Siempre hay alguien que, tarde o temprano, es capaz de hacer realidad lo que para otros no es más que una mera fantasía, una ilusión sin sustento.
Demos gracias por los listos del mundo.


10 comentarios:
¡Qué sorpresa, Ángeles, con esta nueva entrada!
Muy bonita y muy tierna tu experiencia de "anticipativa" bloggera. Mi enhorabuena por haber encontrado un hueco a tu medida.
Besos.
¡Emocionante! ¡Y qué bien escrita! Una de las cosas que me hacen sentirme mejor e incluso conmoverme es oír o leer historias personales, emocionantes, reales, de las personas. Te agradezco esta y te pido más. Salud(os).
Es un poco alucinante, verdad? Que haya un sitio no dónde puedas escribir, no. ¡Que la gente te lea!
¡Y le interese! Incluso algún psicópata a veces te pregunta por una entrada nueva.
A mí me sigue pareciendo como algo que no es verdad del todo.
Sara, muchas gracias. Me alegra que te haya gustado mi 'experiencia anticipativa', que a mí me sorprende más que a nadie.
jaramos, una vez más, muchísimas gracias por tus amables palabras. A mí me conmueven comentarios como el tuyo. Y desde luego me animan a seguir escribiendo más cosillas.
Saludos.
Efectivamente, loque, me alucina que haya personas tan generosas que dedican un rato de su valioso tiempo para venir a leer lo que yo escribo. Y además se toman la molestia de decir que les gusta. Es fabuloso.
Veo que también tú te fías de la literatura, incluso si ésta viene metida en un blog. Tal vez, alguna vez, la literatura más pura y más genuina pueda encontrarse en Internet, pues en este medio los cradores no necesitarán pelearse con editoriales, ni libreros y se dedicarán simplemente a escribir sin esperar a cambio otra cosa que no sean lectores.
¿Quién sabe? ¿Desbancará alguna vez la literatura al negocio editorial? ¿O es que la misma literarura es ya una empresa cultural?
Saludos y, como otras veces, me agrada lo que escribes.
Gracias, Soros.
Me gusta la distinción que haces entre la literatura y el negocio editorial.
Me imagino que pasará como pasa ya con la industria discográfica: enfados, exigencias, reivindicaciones, para al final encontrar cada uno su parcela y cada uno sacar el partido que pueda o le dejen.
Digo yo, que no soy experta en nada.
Un saludo.
Una entrada estupenda... y me alegra saber que no soy la única que echa de menos cosas que aún no existen o que no sabemos qué son, algo que estamos esperando. Lo malo de eso es que no se sabe a ciencia cierta si llegará eso que echamos de menos. Son sentimientos extraños para muchos, pero muy reales, como tu "visión" del blog antes de que existiera.
Yo también me alegro mucho de que existan los blogs, y en concreto, uno tan bueno como el tuyo.
Muchas gracias, MJ, guapa.
En efecto, son sensaciones muy reales, lo suficiente para convencernos de que ese algo está ahí, en algún lugar del futuro.
Y lo suyo, por cierto, es que aparezca en buen momento, ni demasiado pronto ni demasiado tarde.
Es verdad, es algo grande. Y el otro día decía yo que la fuerza de la costumbre está haciendo que nos parezca ya hasta normal algo que es increíble.
Me pregunto cómo habrían utilizado este invento algunos escritores de antaño que ni siquiera soñaron con internet.
Esta entrada me ha recordado mucho a otra que escribí hace tiempo, en la que también expresé esa inquietud que tenía de joven por mostrar a los demás aquellas cosas que más me gustaban y que necesitaba compartir.
Hemos coincidido a la hora de decir que nosotros ya soñábamos con este mundo de los blogs. :)
http://miescribania.blogspot.com/2009/05/mis-blogs-de-adolescente.html
JuanRa, ¡no me digas que coincidimos en algo! No me lo puedo creer ;-)
Voy rauda a leer tu entrada. Thank you.
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